# taz.de -- Kommentar Journalismus in Kuba: Die Dinge beim Namen nennen
       
       > In den offiziellen kubanischen Medien ist es nicht möglich, Klartext zu
       > schreiben. Das muss sich ändern. Niemand darf unantastbar sein.
       
 (IMG) Bild: Parteizeitung „Granma“, 2008 – sie hat sich nicht geändert
       
       Für die spanische Originalversion bitte herunterscrollen! Si desea, puede
       consultar la versión original en español a continuación de esta traducción
       al alemán.
       
       Im Oktober vergangenen Jahres erschien in der Zeitung Tribuna de La Habana
       unter dem Titel [1][„Die Reisen des Gulliver Junior“] ein kurzer Text, der
       für kubanische Verhältnisse ziemlich einzigartig war. Das lag an dem Text
       an sich – und an dem Medium, in dem er erschien: Tribuna de La Habana ist
       das offizielle Organ des Provinzkomitees der Kommunistischen Partei Kubas
       (PCC).
       
       „Dank seines Vaters reist Gulliver Junior sehr oft,“ beginnt der Text.
       „Wieder zuhause, erzählt er nichts. Er beschwindelt seine Mitmenschen mit
       Geschichten über Schiffbrüche,“ heißt es an anderer Stelle. Und obwohl das
       ziemlich kryptisch ist, glaubten doch die bestinformierten Leser darin eine
       Anspielung auf die Luxusreisen Antonio Castros zu erkennen, den Sohn des
       kubanischen Ex-Präsidenten Fidel Castro, der in diesem Jahr zufällig mit
       versteckter Kamera in einem türkischen Badeort aufgenommen worden war.
       
       Kann sein, dass es sich bei dem Text um eine Auftragsarbeit handelte – die
       Wege der PCC sind unergründlich wie die des Herrn. Es kann auch sein, dass
       der Text den Redakteuren einfach duchgerutscht ist. Wie auch immer: „Die
       Reisen des Gulliver Junior“ ist ein klares Zeugnis für die Spielregeln in
       den offiziellen kubanischen Medien.
       
       Der Artikel sagt nicht den wahren Namen Gullivers, das Gesicht bleibt unter
       der Maske verborgen. Wenn es das Ziel war, hier eine Anklage zu
       formulieren, dann bleibt ihre Wirkung durch die Unbestimmtheit recht
       gering. Jeder Versuch, den Sinn zu verstehen, führt ins Reich der
       Spekulation.
       
       Trotzdem zögerte die kubanische Bloggerin Yoani Sánchez nicht, dem Artikel
       zu bescheinigen, er sei „metaphorisch, aber sehr treffend.“ Wie kann der
       Text treffend sein, wenn er alles im Ungewissen lässt? Meiner Ansicht nach
       geht das schlecht, trotz jener „Ähnlichkeiten zwischen der symbolischen
       Geschichte und dem wirklichen Leben,“ die Yoani Sánchez entdeckt hat.
       
       Es ist verständlich, dass man sich mitunter ein bisschen schräg und mit
       „Ähnlichkeiten“ und „symbolischen“ dem „wirklichen Leben“ annähert, um der
       Zensur zu entkommen. Trotzdem scheinen zwei Dinge sehr offensichtlich.
       Erstens: Das ist nicht der Journalismus, den Kuba braucht. Zweitens: Der
       Journalismus, den wir brauchen, kann man, wenigstens heute, in den
       offiziellen Medien nicht machen. Das ist sehr misslich, denn in Kuba, wo
       nicht alle regelmäßigen Zugang zum Internet haben, sind die offiziellen
       Medien die wichtigste, wenn nicht die einzige, Informationsquelle.
       
       Wir brauchen einen frontalen, direkten Journalismus. Für einen Dramaturgen,
       einen Dichter oder einen Romancier mag die Doppeldeutigkeit ein gutes
       Stilmittel sein. Für den Journalisten ist sie Ballast. Wir brauchen einen
       Journalismus, der sich der Oberflächlichkeit verweigert, der nicht um den
       heißen Brei herumredet, der den Problemen auf den Grund gehen will, auch
       wenn er weiß, dass die Ursache der Probleme oft ganz oben zu finden ist.
       
       Wir brauchen einen mutigen Journalismus, der es ablehnt, Personen oder
       Institutionen als unantastbar zu betrachten, der sich traut, anzuklagen,
       wann immer das nötig ist, und der sich auch nicht hinter Masken versteckt –
       nicht Gulliver sagt, wenn es Fidel Castro heißen müsste, nicht Lilliput,
       wenn es um Kuba geht.
       
       ## Der Journalismus darf sich nicht maskieren
       
       In „Ganz unten“ schreibt Günter Wallraff, dass man sich „mitunter maskieren
       muss, um der Gesellschaft die Maske vom Gesicht zu reißen“. Es mag sein,
       dass sich der Journalist manchmal maskieren muss. Aber doch nicht der
       Journalismus. Zum Glück haben wir in den unabhängigen Medien die
       Möglichkeit, die Dinge beim Namen zu nennen, auch wenn wir sie nicht immer
       optimal ausnutzen.
       
       Überall auf der Welt, aber besonders in einem Land, wo über so viele Dinge
       nicht gesprochen wird, in einem Land, wo ein großer Teil der Wirklichkeit
       im Schatten verborgen bleibt, müsste sich der Journalismus vornehmen, nicht
       wie die Sphinx zu sein, die komplizierte Rätsel aufgibt, sondern wie
       Prometheus, der den Göttern das Feuer entreißt, um es den Menschen zu
       geben.
       
       * * *
       
       Versión original: 
       
       ## Las cosas por su nombre
       
       En octubre del año pasado el periódico Tribuna de La Habana, bajo el título
       [2][“Viajes de Gulliver junior“], publicó un breve artículo de opinión que,
       en el ámbito cubano, merece el calificativo de singular. Su singularidad
       estaba dada por el texto en sí y por el medio en que apareció publicado
       –Tribuna de La Habana es el órgano del Comité Provincial del Partido
       Comunista de Cuba (PCC).
       
       “Gracias a su padre Gulliver junior viaja bastante seguido“, se lee al
       comienzo. “Una vez en casa no cuenta nada. Engaña a los coterráneos con
       anécdotas sobre naufragios“, dice en otro momento. A pesar de su naturaleza
       críptica, algunos, los más informados, creyeron reconocer en este artículo
       una alusión a las lujosas vacaciones de Antonio Castro, hijo del
       expresidente cubano Fidel Castro, sorprendido, ese mismo año, por una
       cámara indiscreta en un balneario de Turquía.
       
       Puede que se tratara de un trabajo hecho por encargo –los caminos del PCC,
       como los del Señor, son inescrutables–. También cabe la posibilidad de que
       el texto, sencillamente, consiguiera evadir el examen de los editores. En
       cualquiera de los dos casos, “Viajes de Gulliver junior“ es un testimonio
       clarísimo de cuáles son las reglas del juego en los medios oficiales
       cubanos.
       
       El artículo se las ingenia para no revelar el verdadero nombre de Gulliver,
       el rostro oculto bajo la máscara. Si lo anima el propósito de denunciar, el
       alcance de la supuesta denuncia resulta mitigado por su vaguedad. Cualquier
       tentativa de aprehender su sentido conduce por fuerza a la especulación.
       Aun así, la bloguera cubana Yoani Sánchez no vaciló en considerarlo un
       “texto metafórico pero certero“. ¿Cuánto puede haber de certero en un texto
       que no ofrece certezas de ninguna clase? Bastante poco, creo yo, a pesar de
       esas “similitudes entre la historia simbólica y la vida real“ que Yoani
       Sánchez se empeña en descubrir.
       
       Es comprensible que para escapar a la censura, en ocasiones, haya que
       aproximarse a la “vida real“ de manera oblicua, desde las “similitudes“ y
       lo “simbólico“. Sin embargo, hay dos cosas que me parecen evidentes. La
       primera: ese no es el periodismo que necesitamos en Cuba. La segunda: el
       periodismo que necesitamos, al menos hoy, casi no tiene cabida en los
       medios oficiales, lo cual es un inconveniente, porque en Cuba, donde no
       todos pueden acceder de forma sistemática a Internet, los medios oficiales
       son la fuente de información más asequible, cuando no la única.
       
       Necesitamos un periodismo frontal, directo. Para el dramaturgo, para el
       poeta o para el novelista, la ambigüedad puede llegar a ser un recurso
       eficaz. Para el periodista, en cambio, la ambigüedad es un lastre.
       Necesitamos un periodismo que rehúya de lo superficial, que no se ande por
       las ramas, que se proponga llegar a la raíz de los problemas, aun sabiendo
       que la raíz de los problemas, a menudo, se encuentra en la cúspide.
       
       Necesitamos un periodismo valiente, que se resista a creer en la existencia
       de personas o instituciones intocables, que se atreva a denunciar cuando
       haya que hacerlo y que lo haga sin apelar a las máscaras, que no diga
       Gulliver donde debería decir Fidel Castro, ni Liliput donde debería decir
       Cuba.
       
       En Cabeza de turco, Günter Wallraff afirma que es preciso “enmascararse
       para desenmascarar a la sociedad“. A lo mejor hay veces en que al
       periodista le conviene el disfraz, pero es inadmisible el periodismo que se
       disfraza. Por fortuna, en los medios independientes gozamos de una ventaja
       a la que no siempre sacamos el mayor provecho: la posibilidad de llamar las
       cosas por su nombre.
       
       En cualquier sitio, pero sobre todo en un país donde hay tanto de lo que no
       se habla, en un país donde buena parte de la realidad permanece confinada
       en las sombras, el periodismo debería aspirar a ser no como la Esfinge, que
       formulaba enigmas intrincados, sino como Prometeo, que robó el fuego a los
       dioses para entregárselo a los hombres.
       
       20 Jul 2016
       
       ## LINKS
       
 (DIR) [1] http://www.tribuna.cu/opinion/2015-10-24/viajes-gulliver-junior
 (DIR) [2] http://www.tribuna.cu/opinion/2015-10-24/viajes-gulliver-junior
       
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 (DIR) Tomás Ernesto Pérez
       
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