CEREMONIAS ANTE LA MUERTE DE MI CIGARRA ======================================= _Luis Fernando Álvarez_ De: Va y ven (1936) Antes de tú nacer, ya eras bosque. Ya estabas en el pensamiento de las cortezas. Ya tu oído aprendía en la vibración de las hojas la música del viento. Por las raíces de los árboles iban las fuentes a nutrirse con tus cantos. Dos láminas de éter adelgazó la brisa para tus vuelos. A las cinco de la tarde, tu sirena anunciaba a las aves el paro de los rumbos, con ese tono grave del atardecer, cuando veías los nidos abandonados a la noche. Decías los oficios panteístas, elevando tu ronca espiral de música hacia el trasmundo de tu propio génesis. Pausa del silencia, en el bosque. Oyéndote, temblaban las otras hojas, presintiendo que acaso irán a ser como tú. Y se preguntaba el árbol, cómo pudo salir de su costado ese chorro de resina musical. Y se preguntaban las fuentes, qué tendrían que hacer, para dar vuelo a su canto, y subirlo -así- a los árboles, para mostrarlo al sol. Pudiste hacer sido mástil cuando estabas en el vientre del árbol. Algunos marineros escuchan tu canto inaudito -residuo de bosque que navega y vuela- en la garganta de la madera de los barcos. Ahora el silencio reside en el mecanismo de tu cuerda. Detrás de las paredes de la vida estás cantado -sola- ante la muerte; llevando la nostalgia de la tierra hasta esos espíritus que te escuchan allá, en sus afueras del mundo. Debiera enterrarte en el aire; en la hendidura de algún árbol... O en alguna rendija del cielo.