Hoy estuve hablando con mi hijo sobre una actividad que hizo en su colegio el año pasado. Durante todo el año la directora trabajó alrededor de un eje temático: el paso a la adolescencia, y lo hizo usando como metáfora la historia de Teseo en el laberinto. Los muchachos tenían, dice ella, que buscar y enfrentar esos Minotauros que representan sus miedos, y luego salir del laberinto utilizando el hilo de Ariadna. El hilo de Ariadna en esta metáfora es el amor y el acompañamiento de nosotros como padres. Y los miedos que ella esperaba que los muchachos encontraran están relacionados con la parte emocional. Mi hijo es bastante "hemisferio izquierdo". Igual que yo, que no soy ingeniero por lo que estudié, sino "por como tengo cableado el cerebro" (eso es lo que permanentemente digo, para excusar mi psico-rígidez). Y eso hace que él tenga un bloque automático para cualquier cosa que esté relacionada con, o suene a, "emociones". La actividad, que la desarrollaron durante casi una semana en el desierto de la Tatacoa, los motivaba a mirarse de una manera profunda, a entender a qué cosas le tienen temor, y a entender cuáles apoyos tienen para enfrentar esos miedos. Es curioso que mi hijo regresó de allá hablando más o menos mal de la experiencia, y reflejando que no le había servido de mucho. Pero ya lleva casi tres meses de haber regresado, y el tema de la salida, los miedos, los sentimientos (él ve las tres cosas como una gran inutilidad) son recurrentes. Así que creo que algo ha servido, aunque él no lo vea. Aquí tal vez es importante mencionar que mi hijo está diagnosticado con TDAH y que tiene algunos rasgos autistas. El asunto de relacionarse con otros, e incluso de relacionarse con su parte emocional y vulnerable no es algo que se le de fácil. Así como tampoco es fácil para nosotros acompañarlo en esos procesos. Es un desafío constante escucharlo hablar mal de las cosas que le pasan, incluso de las buenas. Es un desafío sentir su frialdad y escuchar que por las personas que le brindamos amor no siente el mismo amor. Tal vez eso del amor incondicional es una farsa, y de una manera u otra *todos* esperamos que nuestro amor sea correspondido. Este muchacho me ha enseñado sobre emociones, miedos, y todas esas cosas a las que nunca les di mayor importancia, más de lo que nunca me habrían podido enseñar en otra parte, o en un curso. A mí me ha tomado un poco más de 50 años aprender algunas cosas que ahora a él se le presentan como fáciles de ver y de aprender. Pero tal vez son fáciles de ver y de aprender para mi, que más o menos ya las sé, pero no para él. Quizá su camino sea tomar algunos años más para aprenderlas, y quizá mi camino sea poder vivir en paz entendiendo ese _delay_. Ser su hilo de Ariadna no es empujarlo por los pasillos del laberinto, es ser una herramienta para que *él mismo* salga. Escribo esto y pienso que mi Minotauro, si me hubieran llevado a ese desierto, es el miedo a no tener el control. Y viendo que no he podido matarlo en 50 años, me pregunto si después de vencerlo podré salir del laberinto. Porque ya no encuentro mi hilo de Ariadna.