AL EMINENTE ACTOR

Don Antonio Vico.

Cumplo deber ineludible, ejerzo acto de justicia y procuro dar público testimonio de cuánto admiro su gran talento y su inagotable inspiración, dedicando a Usted esta obra que fue la elegida para su beneficio y en que a tal altura raya Usted.

Usted, que desde mi primer ensayo en El libro talonario, ha venido ganándome aplausos y triunfos; Usted, que ha sido sucesivamente sobre la escena: el don Carlos de Quirós de La esposa del vengador, el Banquero de aquel epílogo de La última noche, el Fernando de En el puño de la espada, el Pablo de Cómo empieza y cómo acaba y el Lorenzo de O locura o santidad, bien merece, y es harto humilde recompensa, ya lo conozco, a cambio de tantos y tantos arranques sublimes, de tantos y tantos gritos desgarradores, de tantas maravillas de expresión, esta muestra de mi gratitud, de mi admiración y de mi amistad.

Echegaray.