Agustín de Almaçán, madrileño, hijo del doctor Almaçán, médico de su Majestad, publicó El Momo. La moral é muy graciosa historia del Momo: compuesta en Latín por el docto varón León Baptista Alberto Florentín. Trasladada en Castellano, Alcalá, 1553; Madrid, 1598.—Pedro Altamirando, el Mozo; natural de Hontiveros, publicó el auto de La aparición que N. S. Jesucristo hizo á los discípulos que iban á Emaus, en metro de arte mayor, Burgos (ejemplar de La Barrera).—Don Juan de Borja, duque de Gandía, hijo de San Francisco de Borja y de doña Leonor de Castro y Melo, comendador de Reyna, embajador de Portugal y Alemania, mayordomo mayor de doña María de Austria, mujer del emperador Maximiliano II é hija de Carlos V, publicó la Via Spiritus, agora nuevamente abreviado, Toledo, 1553. Cien Empresas morales, Praga, 1581; Bruselas, 1680, aumentada la segunda parte. Tratado de las cosas de la Samaritana.—Baltasar Manuel Bou publicó De Sphera Mundi. Accesserunt duodecim tabulae coelestium domiciliorum et earum praeceptio ad elationem atque altitudinem poli Valentiae, 1553.—Tractado llamado Cruz de Christo con otro tractado de mística theologia de S. Buenaventura, llamado Viae Syon lugent, con otra obra dicha Praeparatio mortis. Compuesto por un frayle de la orden de los menores, Medina 1553.—Pedro de Cieza de León (1518-1560), sevillano, publicó Primera parte de la Crónica del Perú, Sevilla, 1553; Amberes, 1554; Roma, 1555; Venecia, 1556, 1560, 1576. Tercer libro de las guerras civiles del Perú, el cual se llama la Guerra de Quito, Madrid, 1877. Segunda parte de la Crónica del Perú, Madrid, 1880. Guerra de las Salinas, t. LXVIII de la Colecc. de doc. para la Hist. de Esp. Guerra de Chupas, t. LXXVI de la misma.—Fray Antonio de Córdoba, franciscano de la provincia de Castilla, publicó Annotationes in Dom. Sotum circa secretum, Alcalá, 1553. De detractione et famae restitutione, ibid., 1553. De indulgentiis, Alcalá, 1554; Ingolstad, 1582. Expositio regulae fratrum Minorum, Lovaina, 1554; Madrid, 1616. Arma Fidei, Alcalá, 1562. In quatuor libros Magistri Sententiarum, Alcalá, 1562, 1569. Tratado de los casos de consciencia, Toledo, 1573, 1575, 1578; Zaragoza, 1581; Barcelona, 1581; Zaragoza, 1583; Toledo, 1584; Alcalá, 1589, 1590, 1592; Zaragoza, 1593; Breslau, 1599 (ital.). Quaestionarium theologicum, sive Silva Casuum Conscientiae, 5 partes, Toledo, 1578; Ingoldstad, 1593. Additiones in compendium privilegiorum fratrum Minorum Alphonsi de Casarrubios, Nápoles, 1595.—Alonso Díaz de Osma, canónigo burgalés, publicó La Vida y algunos milagros de S. Casilda, 1533.—Francisco Gallés publicó Epitome troporum et schematum, 1553.—Del inquisidor, pesas y medidas, de los vestidos y otras cosas, Zaragoza, 1553.—Fray Pablo de León, dominico, publicó Guía del Cielo, Alcalá, 1553; enérgica y elocuentísima censura de los desórdenes públicos.—Fernando de Mena publicó Claudii Galeni de Pulsibus, del griego; Alcalá, 1553. De Urinis, ibid., 1553. De ratione permiscendi medicamenta, Alcalá, 1555; Turín, 1587. In libros de sanguinis missione et purgatione Cl. Galeni, Alcalá, 1558; Turín, 1587, etc. Methodus febrium omnium y De Septimestri partu et purgantibus medicamentis, Amberes, 1568, etc.—Cristóbal Méndez, médico de Jaén, publicó Del exercicio y de sus provechos, Sevilla, 1553.—Diego Ortiz publicó El primo libro de Diego Ortiz Tolletano, nell quale si tratta delle Glosse sopra le cadenze ed altre sorte de punti, é la musica del Violone, Venecia, 1553. Hymni, Magnificat, Salve, Psalmi et alia diversa Cantica IV vocum, Venecia, 1565.—Miguel Sagaun publicó Concordia aromatariorum Caesaraugustanensium, Zaragoza, 1553.—Juan de Segura, rector del Colegio de Valladolid, mártir en la Florida, publicó, probablemente, si no fué otro autor sinónimo, el Libro de la institución Cristiana en Ejercicios espirituales, Burgos, 1553, 1554. Pero con certeza, el Tratado de la Humildad y Obediencia, Madrid, 1600.—Francisco Tarrafa, canónigo barcelonés, publicó De Origine ac rebus gestis Regum Hispaniae, Amberes, 1553; Colonia, 1577; en castellano, Barcelona, 1563.—Fray Alonso de Traspinedo, jerónimo, publicó Tratado de la Vida de Christo con los Mysterios del Rosario, Amberes, 1553, con el anónimo Fasciculus Myrrhae.—Samuel Usque, hebreo, publicó Consolación á las tribulaciones de Israel, Ferrara, 1553.—Fray Gabriel de Vaca, franciscano, publicó Sermonario Quadragesimal medicinal, Valladolid, 1553.—Gaspar Jerónimo Valle publicó De Prosodia, Alcalá, 1553.—Fray Juan Viguera, dominico granadino, publicó Opusculum de consolatione Agonizantium, París, 1553. Institutiones ad naturalem et Christianam Philosophiam y Commentaria in D. Pauli Epistolam ad Romanos, París, 1558.—Blas de Villafranca publicó Methodus refrigerandi vini et aquae per salnitrum, etc., Venecia, 1553. Varia rerum naturalium problemata, Venecia, 1553.

175. Año 1554. El Lazarillo de Tormes. Sin nombre de autor y sin punta, al parecer, de intencionado propósito, ni menos de vanas pretensiones, salió á la estampa hacia los últimos años del reinado de Carlos V un librejo, tan corto en tomo, cuan largo en bienafortunado suceso. Corrió dentro y fuera de España con tan buena estrella y general aplauso, cual no se recordaba de otro alguno desde que se publicó la Celestina ni había algún otro de sonarse hasta que Guzmanillo y Don Quijote vinieran al mundo. Como aquélla había sido la más famosa obra de ingenio en tiempos de los Reyes Católicos y habían de serlo éstas en el de los Felipes, fuélo el Lazarillo en el del Emperador. Fué el libro de todos: de la gente letrada y de la gente lega, de eclesiásticos y seglares, del pueblo bajo y de las personas de cuenta. Aventureros y merchantes llevábanlo sin falta en la faltriquera, como en la mochila trajineros y soldados. Veíase en el tinelo de pajes y criados no menos que en la recámara de los señores, en el estrado de las damas como en el bufete de los letrados. Los españoles solazábanse con su leyenda, hallando pintadas al vivo en diminuto cuadro las costumbres, sobre todo, del pordiosero, del clérigo y del hidalgo, á que se reducían las maneras de vivienda en la España de aquellos tiempos; los extranjeros aprendían en él la lengua castellana, como en la más sencilla Cartilla de entonces y en el más entretenido Catón. Los más de los lectores modernos, que en corto espacio de tiempo recorran las siete aventuras que cuenta Lázaro, extrañarán la increíble fama que alcanzó libro tan llano, tan sin pretensiones, tan poco erudito, tan desprovisto de trama, enredo y desenlace, y, á lo que parece, de tan poco momento en el fondo como descuidado en la forma. Y con todo, esta increíble fama tiene su porqué y no tan á trasmano, que no dé con él cualquiera que atentamente lo leyere. Es una sátira viva y mordaz de la sociedad española de la primera mitad del siglo xvi, tanto más picante y sangrienta cuanto más rebozada, que ni se trasluce la menor intención; cuanto más desinteresada y desapasionada, que ni rastro del autor se halla en ninguna parte; finalmente, cuanto más á la pata la llana escrita y hasta descuidada en estilo y lenguaje. Un pobre diablo, sin letras ni caudal, obedeciendo al mandado de un señor, á quien debe mercedes, narra los casos que le han sucedido, de tan poco momento como el narrador que pasó por ellos. Llega á tal punto la naturalidad y verdad de esta autobiografía, narrada por un hombre vulgar y lego, que muchos han creído á pies juntillas que, así como suena, el que escribió el libro fué lego y vulgar y lo que escribió fué su propia autobiografía. "My impression, dice Fonger de Haan (An Outline of the history of the novela picaresca in Spain, 1903, pág. 13), is that the author, whose name we can only hope some happy discovery may reveal, was a person who may have gone through precisely those adventures that he describes, being of humble birth and later of modest position, in which he became known as relating interesting things that had befallen him in his youth, and that he was requested by a person of rank to put his experiences on record for the amusement of the general public". No soy yo de este parecer, ni mucho menos; pero de él puede sacar el lector la veracidad y puntualidad con que en este librito se halla retratada la sociedad española de aquella era, tan grande en acontecimientos políticos, cuan poco conocida en la vida interna de los españoles y en la literatura que de ella nos queda y que nos la pudiera dar á conocer. Aquella literatura va aclarándose poco á poco con la publicación de obras antes desconocidas; pero todavía no se ha descorrido el velo que sobre ella echó el cambio repentino que en el pensar hispano trajo el advenimiento de Felipe II. Todos los grandes pensadores del reinado del Emperador eran más ó menos erasmistas y renacentistas en ideas y en arte, participando de ello hasta las gentes sin letras, el pueblo, los señores y el mismo Carlos V, grande amigo de Erasmo. Pero con Felipe II (1555), los pocos retrasados que quedaban y que arrinconados no habían cejado en su porfía, diríase que, envalentonados ahora con el modo de pensar del Rey y de la Corte, que tras el Rey va siempre, ganaron la batalla, y tan ganada, que á poco no quedó, al parecer, otro rastro de renacimiento en España que el italiano de pura forma. No conozco sentencia de más monta y alcance en el arte que aquella de Maese Pedro: "Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala". (Quij., 2, 26). Prosa más llana y sin afectación no se había escrito en castellano hasta que se escribió el Lazarillo. Hallaréis trozos tomados del natural en el Arcipreste de Talavera y en la Celestina; pero entre otros amanerados, latinizantes, campanudos, propios del escritor renacentista, que teniendo ante los ojos el período latino y creyendo además que el arte de escribir es cierta manera de expresarse más levantada y rimbombante que la usada entre vecinos, en casa ó en la plaza, soplaba su péñola, estufaba su período, ahuecaba su voz, para no escribir como se hablaba. El autor de Lazarillo escribía como hablaba, y esta novedad y esta verdad encantó á los lectores, como encantan siempre y traen cogidos de pies y manos á los lectores la verdad y la novedad en cualquier obra de arte. "Le type le plus pur de la prose castillane du genre familier, que n'ont point encore altérée ni la pompe et le clinquant des periphraseurs andalous, ni la période alambiquée et enchevêtrée des latinistes, ni les pointes ou autres roueries du conceptisme". (Morel-Fatio, Étud. sur l'Espagne). Hasta los descuidos propios del habla familiar hallaremos en el trabar de palabras y cláusulas, que á veces hacen flojo y no bien atado el estilo, cual suele procurarlo el delicado artista de la palabra. Pero acaso aquí estos descuidos y flojedad sean virtudes, ya que el que habla es un muchacho sin letras, en quien la menor afectación abultara y desdijera mucho más que en otros escritores. Pintar bien las costumbres y en lenguaje llano y sin pizca de afectación cualidades son que debieron de contentar á los lectores de Lazarillo; pero, para mí tengo que, si más no hubiera en la obra, jamás alcanzara la boga y renombre que alcanzó. Como eso pudiéralo haber escrito un pregonero toledano, que hubiera sido adestrador de ciego, mozo de un clérigo, de un escudero, de un buldero, con todo lo demás que Lázaro fué. Lo que el tal Lázaro no pudo haber escrito es el libro del Lazarillo. Digo, según á mí se me entiende, pues ya hemos visto que tal cree De Haan, á quien acaso sigan otros autores. La razón es por que á ese libro de costumbres bien pintadas y en estilo llano y sin afectación, que pudiera haber escrito Lázaro, como escribió la Conquista de Méjico un simple soldado del ejército de Cortés, le faltaría el alma, que es la que al Lazarillo da su verdadero valor y por la cual logró tan envidiable nombradía. El Lazarillo no fué obra de Lázaro ni de ningún pregonero toledano que algo más no fuese; es obra de un hombre harto sesudo, es obra harto madura, de harto hondo juicio crítico, de ironía harto delicada y refinada para pensada y escrita por un lazarillo, un aguador ó un pregonero. La erudición es corta; pero todavía es demasiada para un ganapán de Zocodover. Plinio, Marco Tulio, Galeno, Alejandro, el conde Alarcos, Macías, Ovidio, Santo Tomás, Penélope, Massuccio, la Sagrada Escritura: pocas citas y lecturas eruditas para un letrado del siglo xvi; pero demasiadas para un pregonero. Por más que se pondere la cultura de aquellos tiempos, no creo que la hez del pueblo fuera mucho más erudita que la de hoy, y no creo haya hoy lazarillo, aguador, mozo de servicio ni pregonero que alcanzara á traer esos nombres ni á citar con la puntualidad que en el Lazarillo se citan. Mayor erudición no cabía, so pena de ser afectado el pobre lego, que su vida narraba; mas aun la que tiene, si no desdice del que se supone escribir, dice bien á las claras que otro escritor más letrado es el que le menea la pluma. Pero, además, no hubo tal Lazarillo en el mundo, fuera de la cabeza del que ingenió la traza del libro. El nombre Lázaro basta para probarlo. ¿Por qué no se llamó Diego ó Miguel? Porque Lázaro era nombre tradicional del hombre de desdichas, y así lo escogió el autor del libro para su protagonista. Llevaba este significado en su misma etimología popular de sonsonete, de lacerar, lazrar, padecer. Á ello aluden los refranes, que trae Correas, pág. 394: Por Lázaro laceramos, por los Ramos bien andamos. Id. 444: Más pobre que Lázaro. Id. 618: Más pobre que Lázaro y que Job. Id. 535: Estar hecho un San Lázaro (de uno que tiene muchas llagas). Id. 618: Más llagado que disciplinante, que San Lázaro. Era, además, nombre y como adjetivo del que padece la lepra ó San Lázaro. Burgos, Propiedad, 6, 6: "Algunas vezes nacen corrompidos, quando sus padres son no menos por alguna gran enfermedad gastados; como parece en los lazaros, que comúnmente engendran sus fijos corrompidos". Del que se hace ó parece bobo, pero es taimado y sabe hacer de las suyas, corren varios refranes. Correas, pág. 588: Como el bobo de Perales. (Dícese por bobo, malicioso y bellaco. Es el cuento que hubo en Perales de Zamora, digo en Extremadura, un criado de monjas, que las burló á todas. Más parece matraca que verdad). En la Pícara Justina: Como el bobo de Plasencia, que, escondido de una dama debajo de la cama, luego que vió entrar al galán, salió de donde le había metido la dama, y dijo: Acá tamo toro. En Correas, pág. 88: El bobo de Coria, que empreñó á su madre y á sus hermanas, y preguntaba si era pecado. Y el otro, pág. 493: Hágome bobo y como de todo. Al cual alude la copla.

Á mí me llaman el bobo | el bobo de mi lugar; | todos comen trabajando, | yo como sin trabajar.

No sólo escogió el autor el nombre de Lázaro para su protagonista por ser nombre de desdichas y pobreza, sino además por serlo del bobo bellaco, que dice Correas. Es, de hecho, Lazarillo un simple; pero también un pícaro redomado, ingenioso, como en estos refranes del bobo. Lo que al de Coria atribuye el refrán de Correas, atribuye á un Lazarillo aquel otro que trae la Lozana andaluza (Libr. Raros, vol. I, página 180): "Porque aquella mujer no ha de mirar que yo no soy Lazarillo, el que cavalgó á su agüela, que me trata peor". La Lozana andaluza se escribió en 1524 y se imprimió en 1528. El Lazarillo es posterior, y así no alude á él Delicado, autor de aquella obra; además de que nuestro Lazarillo no cabalgó á su abuela; finalmente, no sólo trae Correas el refrán del bobo de Coria, sino también Sebastián Horozco en su Refranero, hecho á mediados del siglo xvi. El refrán de la Lozana andaluza es, pues, variante del de Coria, Plasencia y Perales, y bien antiguo, á fuer de refrán. Túvolo, pues, el autor del Lazarillo en cuenta al pintar su protagonista, llamándole Lázaro por ser pobre y desdichado, y no menos por ser bobo, bellaco y pícaro, que son los dos caracteres del Lazarillo de Tormes. Todo lo cual prueba que Lázaro nunca fué en el mundo, sino que es el Lázaro tradicional de los refranes, tomado por el autor para personaje principal de su novela.

Otro carácter del Lazarillo es haber sido mozo de muchos amos, y ésta es cabalmente la traza del libro, como lo dice su título: La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades. Esto es, de un mozo de muchos amos, que con todos ellos padece desdichas, y él es bobo marrullero, por todo lo cual le cuadraba bien el nombre tradicional de Lázaro. Pero esto del mozo de muchos amos no parece era menos tradicional. En el Menechmos (esc. ii), publicado el 1559, el médico Averroes dice de su criado Lazarillo: "Es el más agudo rapaz del mundo y es hermano de Lazarillo de Tormes, el que tuvo trecientos y cincuenta amos". Habiéndose publicado el Lazarillo pocos años antes y no habiendo tenido ni una docena de amos, es de creer que este dicho de Timoneda aluda más bien á un Lazarillo tradicional de muchos amos, que por eso llamó así al criado del médico Averroes. El mismo hecho de los muchos amos toca Agustín de Rojas en el Viaje entretenido (año 1603), donde dice (págs. 5-6): "¿Qué azuda de Toledo ha dado más bueltas, qué Guzmán de Alfarache ó Lazarillo de Tormes huvieron más amos ni hicieron más enredos, ni qué Plauto tuvo más oficios, que yo en el discurso deste tiempo?". Hubo, por consiguiente, un autor que recogió en un haz estos tres tradicionales caracteres atribuídos al legendario Lázaro, cuyo origen es el Lázaro mendigo del Evangelio (Lucas, 16, 20), el Lázaro resucitado por Jesús (Juan, ii, 2), el San Lázaro, de donde se dijo lazareto, y no menos la etimología popular, de lacerar, lazrar. Los tres caracteres tradicionales son el ser pobre y desdichado, el ser bobo bellaco y el ser mozo de muchos amos. Tal fué la traza del libro del Lazarillo de Tormes, el cual, por tanto, nunca fué en el mundo, fuera de la cabeza que ingenió el libro, amañando los Lázaros etimológico-históricos de los refranes y del habla castellana.

¿Para qué tramó así su novela el autor? Claro se ve que para hacer un cuadro de las costumbres del pueblo español de su tiempo, de los de arriba y de los de abajo, de los amos poderosos, ricos, apretados y miserables, y de los criados ó mozos que con tales amos tenían que padecer mil lacerias, miseria y hambre en el cuerpo y humillación y vileza en el ánimo. Mil lacerias laceró y padeció el lacerado Lázaro, cifrando en sí lo que padecían y laceraban todos los que servían á amos en España. De niño tuvo que vivir con su madre, viuda y abarraganada con un negro ladrón, y que acabó en la horca. Sirvió de adestrar á un ciego, que "ganaua más en un mes que cien ciegos en un año"; pero "jamás tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me mataua á mí de hambre". Pasó á servir á un clérigo, que "cinco blancas de carne era su ordinario para comer y cenar"; pero "el primero trayame muerto de hambre, y dexandole, topé con estotro, que me tiene ya con ella en la sepultura". Siguióse un escudero, á quien hubo de mantener el criado con lo que pordioseaba, en vez de mantenerle á él el finchado y puntoso amo. Después el callejero del fraile de la Merced y el tuno del buldero, el capellán, el alguacil y el arcipreste de San Salvador, con quienes se tuvo que rebajar para poder vivir, llegando hasta sufrir pacienzudamente los cuernos. ¡Y á esto último de la cornamenta llama su prosperidad y la cumbre de toda buena fortuna! La ironía corre tan honda y encubierta por todo el libro, que no la han visto los que lo han creído escrito por un pobre pelagatos. Ella es el alma de la crítica social de la novela, que á las veces rompe afuera en quejidos de tanta potencia filosófica como éstos: "E todo va desta manera". "¡Quántos deue de auer en el mundo, que huyen de otros, porque no se veen á sí mesmos!" "No nos marauillemos de un clérigo ni frayle, porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, quando á un pobre esclauo el amor le animaua á esto". Y así otras al mismo tenor. Dígase ahora si estas honduras filosóficas, si esta delicadísima ironía, si esta traza ingeniosa para criticar á toda la sociedad en pocos personajes, si este recoger en uno los tipos legendarios, son cosas que ocurran á un pregonero, tan con cuernos cuan sin letras. Y el lenguaje llano y tan acomodado á un hombruco de ese jaez y los medios tan sencillos para tan cumplidamente lograr tan grandes efectos, ¿no dicen á voz en grito que el autor fué tan discreto como filósofo, tan artista como castizo escritor? Atribuído antes el libro á don Diego Hurtado de Mendoza, es muy probablemente de Sebastián de Horozco, escritor erasmista, ducho en refranes y en cosas del pueblo, y que, por la elevada condición de toda su parentela, ni publicó sus versos ni este libro, que pudo sustraérselo alguno de sus amigos, imprimiéndolo fuera de Toledo, donde él vivía.

176. Que hubo del Lazarillo una edición príncipe de Amberes, 1553, lo insinuó Brunet (Manual, 1862): "Hurtado de Mendoza: Lazarillo de Tormes, 1553, in-16, Anvers, que nous n'avons pas vue". Ni ha visto nadie tal edición. Que la hubo, sin embargo, de aquel año ó anterior, parece sacarse de lo que dice la de Alcalá de 1554: "nuevamente impresa, corregida y de nuevo añadida en esta segunda impresión". ¿Á qué primera alude, pues ésta de Alcalá salió el 26 de febrero de 1554 y no parece ser reimpresión de la de Burgos del mismo año, pues ni tiempo material parece que hubo para que de Burgos llegara á Alcalá y allí se corrigiese, añadiese é imprimiese, aun en el caso que en Burgos se hubiese impreso á principios de año? Véanse las primitivas ediciones: Burgos, Juan de Junta, 1554; Alcalá, Salzedo, 26 de febrero de 1554; Amberes, Nucio, 1554; Amberes, Simón, 1555 (con la Segunda Parte). La de Amberes, Nucio, 1554, parece reproducción de la de Burgos, 1554. La de Alcalá no parece ser reproducción de la de Burgos, sino de otra edición anterior.

El año de 1555 salió de las prensas de Martín Nucio, de Amberes, con privilegio imperial, la Segunda parte del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, que comienza con la última frase del primer Lazarillo: "En este tiempo estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna". Sus andanzas debajo del mar, convertido en atún, encierran en símbolo alusiones que no podemos descifrar; pero que ponen al libro en otro género muy diferente de crítica simbólica que la del Lazarillo de Tormes primitivo. Desconócese su autor. En 1620, un español que vivía en París hizo otra Segunda parte de Lazarillo, publicada en castellano y en francés. Llamábase H. Luna, intérprete de lengua española, y debe de ser el Juan Luna que en 1619 publicó otro libro bilingüe: Diálogos familiares, en los cuales se contienen los discursos, modos de hablar, proverbios y palabras españolas más comunes, muy útiles para los que quieran aprender la lengua castellana, pues no era raro escribir Juan con H. "Se imprimió dos veces, dice Menéndez y Pelayo (Heterod., II, 519): una en París, 1620, y otra también en el extranjero, aunque dice falsamente Zaragoza, en 1652". El lenguaje es tan castizo como el del primer Lazarillo y más corrido, mejor construida la frase. Si no hizo ruido fué por no haberse impreso en España, ser muy libre contra el Santo Oficio y no tener la originalidad del librito, que imitó tan galanamente, pues de suyo es una verdadera joya literaria y pintura real y viva de la sociedad de su tiempo. También imitó al Lazarillo Juan Cortés de Tolosa en el Lazarillo de Manzanares, con otras novelas, publicado en Zaragoza, 1617, y en Madrid, 1620. Fué el primitivo Lazarillo prohibido por la Inquisición, Índice de Valdés de 1559, á causa de sus críticas clericales; pero como seguía leyéndose y trayéndose del extranjero, se imprimió, expurgado, en Madrid, 1573; Tarragona, 1586; Zaragoza, 1599; Medina del Campo y Valladolid, 1603.

Desconócese el autor del Lazarillo. El primero que habló de él fué el padre Sigüenza, en la Tercera parte de la Historia de su Orden (l. I, cap. XXXV), atribuyendo la obra al padre jerónimo fray Juan de Ortega, elegido general en 1552. Cuenta que se decía haberlo compuesto en su juventud, estudiando en Salamanca, y que se halló en su celda el borrador. Esto escribía el padre Sigüenza el año de 1605. Dos años después, en 1607, se publicó el Catalogus clarorum Hispaniae scriptorum... opera ac studio Valerii Andreae Taxandri, donde se lee (pág. 44): "Diego Hurtado de Mendoza, persona noble y embajador de César cerca los venecianos dicen que escribió un comentario de Aristóteles y la guerra de Túnez que él mandó en persona. Poseía rica biblioteca de autores griegos, que dejó al morir á Felipe II. Compuso también poesías en romance y el libro de entretenimiento llamado Lazarillo de Tormes". Este Catalogus era como un índice de la obra de Schott, Hispaniae bibliotheca, en cuya edición de 1608, pág. 543, se dice: "Eius (Mendoza) esse putatur satirycum illud ac ludicrum Lazarillo de Tormes, cum forte Salmanticae civili iuri operam daret". El se dice muestra que corría tal opinión, como la otra del padre Sigüenza, á principios del siglo xvii; pero ni el editor de las poesías de Mendoza (1610) ni Baltasar de Zúñiga, que escribió su biografía (1627), hacen la menor mención de ello.

Tamayo de Vargas fué el que la propaló, tomando la noticia de Andrés y Schott y poniéndola en su Junta de libros, 1622, y al mismo tiempo cita el pasaje del padre Sigüenza. Ambas opiniones las repitió Nicolás Antonio en la Bibliotheca hispana nova, 1783, t. I, pág. 291. De aquí provino el tener por autor del Lazarillo al ilustre y aristocrático don Diego Hurtado de Mendoza, nacido el 1503 en Granada, muerto, según se cree, en 1575. Morel-Fatio (Étud. sur l'Espagne, i, 156), dice que un tal personaje era incapaz de rebajarse á escribir ni conocer siquiera estas pequeñeces y villano asunto de nuestra novela, y que de estudiante en Salamanca no lo pudo escribir, por la amargura satírica en que está empapado, cosa impropia de un mozo, é insinúa que ha de buscarse al autor entre los heterodoxos, los hermanos Juan y Alonso Valdés y sus amigos, tolerados en tiempo de Carlos V, tan entendidos en cosas de Estado, religiosas y sociales, y en literatura discípulos de Luciano y Erasmo: "Je chercherais aux alentours des frères Valdés... N'y aurait-il pas aussi quelque lointain cousinage entre notre nouvelle et un livre bizarre, mal composé, mais plein de détails de mœurs curieux, El Crotalon...? l'esprit en est à bien des égards le même". (Prefac., págs. xvi-xvii).

De entre los erasmistas españoles más famosos fueron Juan de Valdés, autor, según se cree, del Diálogo de la lengua, y que acabó haciéndose protestante; su hermano Alonso Valdés, secretario de Carlos V, queridísimo de Erasmo, como se ve por las cartas que éste le escribió (Apéndice á la edición londinense de las Consideraciones, 1855), y que, como Erasmo, se mantuvo en la fe católica; finalmente, el amigo de entrambos, y hasta poco ha desconocido Cristóbal de Villalón, de cuya biografía y obras ha tratado con la erudición que suele Serrano y Sanz, en su edición de la Ingeniosa Comparación (Bibliófilos españoles, t. XXXIII). Hasta M. Pelayo le tuvo por heterodoxo, aunque después rectificó, probando lo que es clarísimo para el que lea sus obras. Varón de singular entereza, que supo como nadie en España decir las verdades, manteniéndose firme y limpio en el dogma católico, á pesar de sus infinitos viajes, aventuras extraordinarias, variadísimas lecturas y singular conocimiento de lenguas, doctrinas y pueblos. Los hermanos Valdés apenas escribieron más que en materia de religión, y el estilo es harto conocido, por lo escogido y llano á la vez, por lo severo y suelto; en una palabra: por lo erudito y poco popular, tan diferente del estilo del Lazarillo. El Diálogo de la lengua se escribió antes de 1536, y su autor murió el 1540; imprimióse por primera vez el 1737. Villalón era muy capaz de escribir el Lazarillo; pero su estilo y prosa es más compuesta y humanista y suele preferir el diálogo.

Se alude en el Lazarillo á las Cortes de Toledo, que las hubo en 1525 y en 1538. No pudo escribir el Lazarillo, según esto, antes de 1526, y nótese que en el tiempo de estas Cortes, después de la batalla de Pavía, Hurtado de Mendoza era probablemente soldado y no estudiante. Menos lo era por los años de 1538, cuando las segundas Cortes de Toledo. En este año de 1538 había allí un pregonero, que se llamaba Lope de Rueda, según halló De Haan, al cual fué á quien primero le ocurrió si sería Lope de Rueda autor del Lazarillo, aunque no sé que haya nada escrito sobre ello. El famoso Lope de Rueda, el dramaturgo, murió en 1565, y debió de nacer entre el 1510 al 1520, de modo que en 1538 tendría de diez y ocho á veinte años.

En favor de Lope de Rueda hay las siguientes razones. Él vivió, y tenía su residencia ordinaria, cuando no andaba de un lugar para otro, en Toledo. Basta leer su testamento, donde se ve que ni en Sevilla tenía tantas obligaciones. El pregonero, llamado Lope de Rueda, y que lo era en Toledo en 1538, según halló De Haan, podía ser nuestro autor, y cabalmente en la época en que se escribió el Lazarillo, que acaba siendo de este oficio, y lo era aquel año. Lope de Rueda es inferior á Torres Naharro y á otros poetas de su tiempo cuanto á la traza y manera de enredar, rodear y desenlazar sus comedias, y el Lazarillo tampoco tiene otra traza que la tradicional leyenda del criado de muchos amos, ni otro desenlace que el acabarse los pasos, en que toda la obrilla consiste. En cambio, donde Lope de Rueda no tiene igual es en pintar tipos cómicos, en ridiculizar un vicio, en dar vida á un carácter popular. Los juguetes con estos personajes bajos son los famosos pasos de Lope de Rueda. Ahora bien, el Lazarillo es una colección de pasos en que el personaje principal es un bobo socarrón, aunque los bobos de Lope suelen serlo sin socarronería. El habla se parece bastante en los dos autores, bien que en Lope sea más limpia y mejor construida que en el Lazarillo. Ambos autores vivieron en la misma época, y en Toledo, y Lázaro acaba siendo pregonero toledano, como lo era el Lope de Rueda que halló De Haan. Es mucha casualidad el que, en una misma época y en la misma ciudad, hubiese un pregonero llamado Lope de Rueda, un autor de pasos del mismo nombre y otro pregonero, que tanto se parece como escritor en el Lazarillo al Lope de Rueda de los pasos. He exagerado, adrede, este cotejo, porque, á pesar de todo, yo estoy en que el Lope de los pasos no escribió el Lazarillo. Ni en los asuntos ni en la ironía ni en la prosa se parecen estas obras.

He querido recorrer los autores que pudieran haberlo sido del Lazarillo, ya por haber vivido en aquel tiempo, ya por la libertad y desenfado en el criticar y pintar las costumbres, ya por otras circunstancias externas. Queda otro autor, que, no sólo por ellas, sino mucho más por las internas, por los asuntos y materias tratadas, por las alusiones particulares, por la ironía, modo de ver y criticar las cosas, por el estilo y lenguaje, si no puede darse enteramente por cierto, á falta de autoridad que lo testifique, es, á lo menos, el que mayores probabilidades ofrece de haber sido el que escribió el Lazarillo. Escribiólo, fuera quien fuera, en Toledo, aunque ponga el comienzo de la acción en Salamanca y se muestre bien enterado de aquella ciudad. Nada de esto compete de lleno más que á Sebastián de Horozco, de quien hemos tratado el año 1548. Escritor más libre y desenfadado que Sebastián de Horozco en criticar y reirse irónicamente de todos los vicios y miserias sociales, mayormente de clérigos y frailes, no lo hubo en aquellos tiempos, aun entrando en cuenta el mismo Villalón, si exceptuamos el famoso canto 17. No hay más que leer el Cancionero. Fuera de él no quedan más que el citado canto del Crotalón y el Lazarillo. Ahora bien; el autor del Crotalón escribía una prosa que con la del Lazarillo nada tiene que ver.

En cambio, cuanto es de elegante y bien redondeado el lenguaje en los versos de Sebastián de Horozco, tanto es de descuidada, llana y floja la prosa de sus Colecciones de varios sucesos, aunque tan castizo y toledano como el del Lazarillo sea su lenguaje. No sabe Horozco rodear un buen período en todos sus escritos y abusa de la conjunción y como en el Lazarillo, donde la y tanto se menudea y donde no hay un solo período bien rodeado. No dijera nadie ser uno el autor del Cancionero y el de las Colecciones: es tan acicalado versificador cuan descuidado prosista.

Dejado el lenguaje, si al estilo atendemos y al alma del escritor, uno es el espíritu satírico del Lazarillo y del Cancionero. No hay mordacidad expresa; va siempre muy honda. La ironía es tan delicada y fina, que no se parece. Diríase un escéptico, que cuenta por contar, que se ríe por reir; un verdadero equilibrado discípulo de Erasmo, que sólo se repunta algún tanto cuando se acuerda de los clérigos, por el daño que sus malas costumbres acarreaban á la religión cristiana. Fuera de esto, el mismo espíritu escéptico de Erasmo; la misma blandura, condescendencia y caridad hasta con los que critica, se halla en el Lazarillo y el Cancionero. Pero también la misma libertad y desparpajo para sacar los más sucios trapillos á la colada, y con la misma elegancia y risueña manera, sobredorando lo más grosero y torpe con el rodeo con que lo expresa. No hay escritor más sucio ni desenvuelto en el fondo, ni más elegante y delicado en la forma, que el autor del Cancionero, igualando en esto á Cervantes. Véase en el Lazarillo cómo se dice que el arcipreste de San Salvador le ponía los cuernos. Solos Cervantes y Horozco alcanzaban tan elegante, irónica y risueña manera de decirlo.

Ahora los asuntos y alusiones. La madre de Lázaro, con sus moços de cauallos y sus estudiantes, no es más que la Puta vieja alcahueta del Cancionero (pág. 24), tomada de La Celestina, pero con los ribetes que el autor le añade, y son los de la madre de Lázaro:

Puta vieja embaidora,
ponçoñosa, serpentina,
maldita encandiladora,
heredera y sucesora
de la vieja Çelestina.

Hasta aquí es la de Rojas; pero en ella, injerta, aparece

Sonsacando mil moçuelas
y albergándolas á todas,
frailes y moços de espuelas,
dando casa, cama y belas

para hazer torpes bodas:
no hay moço ni despensero
que á tu casa no se acorra,
cayendo con su dinero;
pues guarte del rocadero
y açotes con miel y borra.

"Mi biuda madre, como sin marido y sin abrigo se viesse, determinó arrimarse á los buenos por ser uno dellos y vínose á viuir á la ciudad é alquiló una casilla y metióse á guisar de comer á ciertos estudiantes é lauaua la ropa á ciertos moços del Comendador de la Magdalena, de manera que fué frequentando las cauallerizas... á mi madre pusieron pena por justicia, sobre el acostumbrado centenario".

Pues lo de dar pupilaje á estudiantes, véase (pág. 5):

Yo os quiero, señor, dezir
qu' es la vida pupilar,
y espantaros eis de oir
de cómo puede vivir
el triste del escolar.
Veréis venir á comer
al cuitado del pupilo
aguijando á más correr,
que de hambre al parecer
su alma cuelga de un hilo.
Pues á la mesa sentados
las tripas cantan de hambre;
pónenles á los cuitados
los manteles tan cagados,
que hieden bien á cochambre.
Como piedras de cimientos
son los panes que les dan;
mas los pupilos hambrientos,
gargantas de picavientos,
de las piedras hazen pan.
Y aún se les hazen bodigos
masados con mantequillas,
y luego entre dos amigos
un plato con sendos higos
ó en invierno seis pasillas.
De carne pocas tajadas,
que no puedan malhazer,
tan sotilmente cortadas,
qu' en el plato á dos entradas
no ay más para qué volver.
No hayáis miedo qu' el tocino
de la olla haga mal;
después tres vezes de vino
muy azedo y muy malino,
medidas con un dedal.
Viene dos vezes aguado
del dueño y del tabernero,
y después, mal de su grado,
otra vez rebaptizado
del ladrón del despensero.
Pues no hagáis por echar mano
á la sal para salar:
hago voto al Soberano,
con el más pequeño grano
os pueden descalabrar.
Y después por despedida
con qu' el triste se derrostre,
le dan por sobrecomida
una mançana podrida,
qu' entre ellos se llama el postre.
Y si no, algún ravanillo
de antenoche, si hay sobrados,
ó tajada de quesillo,
que con el más ruin soplillo
volará por los tejados.
La cocina es singular:
una agua con yerbezillas,
qu' está puesta á escallentar
en la olla sin fregar
para lavar escudillas.

Y nótese la exagerada manera de ponderar, casi caricaturesca, pues es la del Lazarillo, sobre todo al pintar al clérigo y al escudero matándole de hambre. Lo de los Gelves lo cuenta Horozco en el manuscrito de la Biblioteca Nacional. Cómo rezan los demás ciegos, "sin hazer gestos ni visajes con boca ni ojos" lo dice el Cancionero (página 226):

"Que tengáis algún sosiego,
y no os deis á todos luego,
alçando el tono á porfía,
como de oración de ciego".

Pero todo el cuento del ciego pasó del Cancionero (pág. 157) al Lazarillo, acomodándolo á las nuevas circunstancias. Véase allí el embrión:

Lazarillo. Es llamar al rey compadre
vozear.


Ciego. Escucha, que oygo llamar;
mira si hay quien algo dé.


Laz. Más débeseos antojar.


Ciego. Traidor, ¿quieslo tú sisar?
¿es torrezno, dime, ó que?
Yo lo güelo, por mi fe;
dalo acá.

Lazarillo. Creo que mal os hará:
que también yo he menester,
andando acá y acullá,
del rocío que Dios da
guardar algo que roer.


Ciego. ¿Yo no te doy de comer?


Laz. ¿Qué he comido?
Dístesme un güeso roído
¿Pensáis que soy algún tocho?
¿No veis qué negro partido?
Y aun en todo hoy no he bebido
sino solo un escamocho.


Ciego. Bebes y comes más que ocho,
y malcontento.


Laz. Pardiós, siempre ando hambriento;
porque un moço de mi estofa
no se mantiene del viento,
ni basta el mantenimiento
que me dais de la gallofa.


Ciego. ¿No avéis visto quien ya mofa?
Di, malvado,
¿no es verdad que te has hartado
de berças, tocino y vaca?


Laz. Aqueso ya es olvidado,
después qu' anda el hombre atado
como dicen, asno á estaca.


Ciego. ¡O de la casta bellaca,
si te apaño!
Saquéte de ser picaño,
que andabas roto y desnudo,
y dite un sayo de paño,
y llévasme quanto araño,
y malcontento y sañudo.


Laz. Bien lo trabajo y lo sudo,
pues os trayo
por las calles como un rayo.


Ciego. Así, pues, ¿qué te pensabas?
Por eso te di un buen sayo.


Laz. Dexad venga el mes de mayo,
quando comienzen las habas.


Ciego. Tornarás á lo que andabas,
don refino.


Laz. Sus, vamos nuestro camino.


Ciego. Aguija, vamos ayna.
¡Ay, que m'e dado, mezquino!

Lazarillo. Pues que olistes el tocino,
¿cómo no olistes la esquina?

Adviértase que el ciego no muere aquí, porque Jesús le ha de dar después vista, y que aquí se pone tocino y en el Lazarillo longaniza por el chasco de ella y el nabo, y por la esquina se pone allí el poste, por el soportal adonde le llevaba á guarecerse de la lluvia. Además, las frases de este paso del Cancionero se hallan esparcidas en el Tratado primero del Lazarillo.

Las pullas contra clérigos menudean tanto en el Cancionero como en el Tratado segundo, así como las del escudero pobre y puntoso del Tratado tercero. Las damas interesadas, que "tienen por estilo yrse á las mañanicas del verano á refrescar y almorzar sin lleuar qué por aquellas frescas riberas" del Tajo, están bien pintadas en el Cancionero (266-267): "Silv.: ¿Pues qué estilo se ha de tener con las damas para que quieran bien sin se mudar?—Eco.: Dar.". Ése es el estilo que tienen, frase del Lazarillo y del Cancionero. Ahora puede leerse el "almuerzo qu' él y otros dos licenciados y otro amigo suyo lego hizieron en una guerta una mañana á la orilla de Tajo, con tres pollos rellenos y un jamón de tocino y una bota de vino" (Cancionero, página 210), cosas que el escudero echaba menos en el Lazarillo. Bastará la primera estrofa:

Al tiempo que el sol salía
con sus rayos orientales,
en la guerta con la fría
por donde el Tajo corría,
estaban quatro zagales:
Todos muy listos andaban
aguzando bien los dientes,
y tres pollos desguaçaban,
que bien rellenos estaban
con todos sus aderentes.

El Lazarillo alude á la canción Señor Gómez Arias, como notó Morel-Fatio, el cual no supo que Horozco la glosó en su Cancionero y se picaba de haberla entendido mejor que nadie: no es extraño se acordase de ella al escribir el Lazarillo. Por no alargarme, no copio más que el título (pág. 68): "El auctor sobre la canción vieja y mal entendida, que dize ansí...".

En el Tratado quarto del Lazarillo no está más que encentado lo del frayle de la Merced; pero en el Cancionero (pág. 152) se introduce éste mismo con el buldero, que viene tras él en el Tratado quinto:


Mercenario. ¡Santo Dios, si hallaría
quien me diese una pitança!
Que juro, por vida mía,
desde ayer á mediodía
ayuna mi pobre pança;
maldigo mi mala andança,
que sin vicio
no puedo haber un servicio,
aunque sea en una aldea,
de algún pobre beneficio.
Quiero buscar otro oficio
donde algún provecho vea.
Yo no sé quién ser desea
mercenario,
pues su mayor ordinario
es ganar medio real
de pitança por salario:
así que le es necesario
vivir en el hospital.
Del clérigo sin caudal
y sin renta
se hace muy poca cuenta,
aunque sea un Salomón.
Mas ¿quién es este qu' enfrenta?
Quiero, porque no me sienta,
meterme en este rincón.


Questor. Si dais para sant Antón,
gente honrada,
alguna cosa sobrada,
algún lechón ó borrego,
porque guarde la posada
y todo el hato y manada
señor sant Antón, de fuego.
Por vuestro provecho os ruego
ved si dais,
y los perdones ganáis
con cualquier cosa ó dinero.


Merc. Buen hombre, ¿qué demandáis?


Quest. ¿Para qué lo preguntáis?
¿Vos sois el alcabalero?


Merc. No os enojéis, compañero,
en preguntar,
que poco os questa hablar.


Quest. Digo que tenéis razón.
Mandad, señor, perdonar,
y mi vivienda es echar
la questa de sant Antón.
Y hay tan poca devoción
en la gente,
qu' aunque ande diligente
y corra más qu' una posta,
é aunque trabaje y reviente,
aún no puedo amargamente
allegar para la costa.
Parece que la langosta
lo ha llevado,
y desde ayer no he llegado
una blanca para vino.


Mercenario. Yo también soy desdichado,
que maldito sea el cornado
e visto en este camino.


Quest. Si soys echacuervo fino,
dad acá;
esta questa predicá;
decid que venís de Roma:
desta manera quiçá
alguna persona avrá
que caiga, con que hombre coma.


Merc. Pues ves aquí donde asoma
un buen viejo:
quiero tomar tu consejo,
y con muy grand vehemencia,
pues que se ofrece aparejo,
en alta voz de consejo
publicar esta indulgencia.


Quest. ¡Sus!, póngase diligencia
sin tardar.


Merc. Señor, si nos queréis dar,
por Dios, para sant Antón,
con poco podéis ganar
y fácilmente alcançar
plenísima remissión,
concedida por León,
y después
confirmada: si querés,
verlo por bula patente.


Padre de las comp. Hermanos, mejor harés
trabajar, pues que podés,
que andaros ociosamente.


Quest. Este, mi fe, bien nos siente.
Pues, señor,
yo os pregunto: ¿no es mejor
pedillo, que no hurtar?


Padre. Hurtarlo será peor;
pero buscad, por mi amor,
en qué lo podáis ganar.


Mercenario. Aunque fuese á sarmentar,
lo haría,
pues que por la clerezía
no me puedo mantener.


Padre. Pues id á una viña mía.

Alúdese aquí á la bula de indulgencia de 1517, concedida por León X á los dominicos y que dió origen á la secta luterana; bula que fué confirmada por decreto del mismo Pontífice de 7 de diciembre de 1518, en el cual se condenaban ya los errores luteranos. Si este suceso era reciente, como parece, cuando Horozco escribía, quizá esta parábola es mucho más antigua de lo que indica la fecha de su representación, que dice ser el año 1548. De todos modos es anterior al Lazarillo, donde metió estos dos mismos personajes: el mercenario callejero y el buldero ó echacuervo, cuyo oficio bien se ve por aquí que consistía en sacar dinero predicando indulgencias y bulas.

Pero en otro lugar entremete Horozco (pág. 171) otro fraile callejero, continuación del mercenario:


Fraile. ¿Quién quiere, señores, dar
limosna para sacar
ánimas del Purgatorio?


Villano. ¡O cuerpo de san Grigorio,
con el fraire!,
si no viene como un aire
pensando llevar branquillas.


Fraile. No habléis ansí al desgaire.


Vill. ¡Pardiós, que tiene donaire!
No me espanto de capillas.


Pregonero. ¿Salís de las tabernillas,
reverendo?


Vill. Juro á mí que así lo entiendo
que lo debe de hazer.


Fraile. Al diablo os encomiendo:
¿no veis que vengo pidiendo?


Preg. ¿Pedís también de beber?


Vill. En todo debe entender
este padre,
y aun si viere la comadre
adonde la pueda aver,
ó si tiene mal de madre,
melezina que le quadre
le sabrá también poner.


Preg. No, que las entra á asolver.


Vill. Por deseo
haze el padre este paseo.


Fraile. ¡Anden las lenguas malditas!


Villano. Á la mi fe, segund veo,
no se gana el jubileo
visitando las ermitas.


Preg. No se llegan las blanquitas
á pie quedo.
No dexa en todo Toledo
calle, iglesia ni capilla
por vergüenza ni por miedo;
no queda, en fin, tarde ó cedo,
bodegón ni tabernilla;
y aun no será maravilla
algún día
visitar la putería,
si le toma tentación,
y ganar la romería
so color que les quería
predicar algún sermón.


Vill. Será por recreación.


Fraile. Dios loado,
que es el hombre así juzgado,
aunque haga lo que debe:
¿no veis que estáis en pecado?


Preg. Más de cierto lo habrá estado
quien las limosnas se bebe.


Fraile. Ya cualquier necio se atreve.


Vill. Pues andando
tan cansado y trabajando,
echarse ha sus vezes ciertas.


Preg. Y aun también de quando en quando
podrá descansar, hallando
sus devotas á las puertas.


Fraile. Dexaos de aquesas rehiertas;
dad por Dios.


Preg. Mas mejor haríades vos
convidarnos á beber.


Vill. Aqueso sí, juro á ños
que cierto para los dos
harto poco es menester.


Fraile. Yo no tengo tal poder
para dar.


Vill. ¿Pues sólo para tomar
avés de tener licencia?


Preg. ¡Y también para colar
y comadres visitar
y oirlas de penitencia!

Y así prosigue, corriendo el fraile con ellos su juerguecita y diciendo:

Todo lo haze, en paciencia
sufrir una penitencia
de lo que aquí malgastamos.

Pero por no quererles pagar le mantean, y acaban yéndose todos á beber á la taberna. Sirva todo esto para que se vea qué tal trataba Horozco á los clérigos y frailes y si desdice de como los trata el Lazarillo.

El pregonero es otro personaje del Cancionero (pág. 167) y oficio que tomó Lázaro. Y por cierto, el tal pregonero pregona "un virgo que se perdió" y

¿Quién vido una rapazeja
bienvestida,
dende ayer acá perdida,
de poco más de veinte años?

De abades y clérigos amancebados y de gentes de cuernos, como Lázaro con el arcipreste, el mejor pintor de entonces fué Horozco.

Acaba el Lazarillo mentando las Cortes de Toledo de 1538, insinuando ser ésta la fecha en que se acabó de escribir la obra. Horozco escribió una Memoria acerca de estas Cortes, y se conserva en la Colección de sus manuscritos de la Biblioteca Nacional.

Compréndese que un mismo asunto haya sido tocado por dos autores; pero dificultosamente acaece que hayan sido tocados y tratados tres, cuatro y más asuntos, cuando no son lugares comunes ó morales, sino escenas y personajes particulares y raros. Por ejemplo, el ciego y su lazarillo no hay autor que los pinte si no es el Lazarillo y el Cancionero, y mucho menos el caso particular del engañarle que se dé contra una esquina. El mercenario y el echacuervo y buldero, seguidos en el Lazarillo, no sé que haya autor que así los pinte; en el Cancionero están juntos. ¿Hay autor que hable á la vez de gentes de cuernos y clérigos amancebados, de pregoneros, de mercenarios, de ciegos con su lazarillo, de moços de cauallos, de estudiantes pupilos, de damas busconas y de almuerzos junto al Tajo? Tan sólo el Cancionero y el Lazarillo. ¿Y pudieran tratarse todas estas cosas por dos autores tan con el mismo espíritu é irónica crítica como en estas dos obras? No creo puedan concederse juntas tantas casualidades.

Voces y frases, de las poco comunes y propias de cada autor, las hay, bastantes, en Lazarillo y el Cancionero. En ambos se menudean malas lenguas, adestrar al ciego, dar ó darse á los diablos, negro por malo, topar y toparse con, cabo por lado, y como preposición, qu', etc. Raros son, y hállanse en ambos, gerigonça, ser un águila, rezumarse, darle los huesos roídos, mortuorio, cofadría, bodigo, vezar, gallofa y gallofero, ensilar, manga por maleta, alquilarse una persona, recordar por despertar á uno. Algunas voces, que se hallan en el Lazarillo y en el Cancionero, son rarísimas en otros autores. De los saledizos de Toledo no sé quien hable, fuera del Cancionero y del Lazarillo, así como de anexar, de entregarse de una cosa, de los bancos de la cama y de armar como intransitivo.

Hemos visto los escrúpulos literarios de Horozco en punto á publicar sus obras. ¿No influiría en algo el estar emparentado con tan elevados personajes eclesiásticos, dado el desenfado y asuntos de sus escritos? Yo creo que esto da razón del no haber salido el Lazarillo con nombre de autor y el desconocerse éste enteramente. ¿Quién sabe si, para despistar al público, se hizo correr la especie de haberlo sido Hurtado de Mendoza? El Lazarillo, si lo escribió Horozco, según creo, debió publicarlo alguno de los que poseían copia del manuscrito, pues manuscrito corrió y se leyó antes de publicarse, según supone Morel-Fatio. Publicóse probablemente sin saberlo Horozco, el cual, por modestia literaria y en atención á su encumbrada parentela, no diría á nadie ser suya la obra. Sólo así se explica el silencio, verdaderamente extraordinario, de los contemporáneos acerca del autor de Lazarillo.

Los tiempos eran de gran cautela; tanto, que presto fué puesto en el Índice. ¿Cómo iba Horozco á darse por su autor, siendo su pariente el que fué Presidente del Consejo de Castilla y de los más íntimos de Felipe II, don Diego de Covarrubias y Leiva, siendo hijo suyo el obispo don Juan de Covarrubias y Horozco, á quien se acusó por una parte del Clero y del pueblo de su diócesis, á causa de algunos libros que había publicado, y tuvo que presentarse en Roma para sincerarse, formándole un proceso que duró varios años? No estaba la Magdalena para tafetanes ni los escritos erasmistas de Horozco, entre ellos el erasmista Lazarillo, para publicarse en plena Corte. Y aun por eso el que lo publicó lo hizo en Burgos, Alcalá y Amberes, y no en Toledo, donde sin duda alguna se escribió y vivía su autor.

El erudito capitán de Infantería don Lucas de Torre ha dado con una novelita del corte del Lazarillo en la Biblioteca de la Academia de la Historia. Intitúlase Diálogo del Capón, compuesto por el incógnito. Encima dice: vachiller Narváez. Revue Hisp., t. XXX, 1914. El estilo es más corrido y limpio que el del Lazarillo; pero los personajes y escenas, todo toledano, excepto el comienzo, que trata del pupilaje de los estudiantes en Salamanca. Personajes, lugares, escenas, modo irónico y delicado de tratar las cosas, convienen en gran parte con el Lazarillo y con el Cancionero de Horozco. La obra es algo posterior, pero del mismo reinado de Felipe II, en que Horozco vivía. Del cual fué muy propio hablar de pupilos y más de capones (págs. 16, 39, 232), de los cuales tratan rarísimos autores. Dos veces nada menos se cita el Lazarillo en esta novela: "Cap.: ...luego me contaréis vuestra vida, que tengo gran deseo de saberla, y por qué queríais huir de mí al principio, que no puede ser mala la historia.—Velasquillo: ¿Mala? No fué tal la de Lazarillo con mil leguas". (Capón, fol. 55 v.).—"Velasquillo: ...saldré quando la hambre me diere garrote hacia la venta del Moral ó á Azuqueica y encomendarme á Dios y á la buena, gente como Lazarillo de Tormes, que nunca nadie murió de hambre". (Capón, fol. 52).

¿Escribiría Sebastián de Horozco el Diálogo del Capón en los últimos años de su vida, cuando, por el continuo uso, se hubiera soltado más en la prosa? ¿Ó fué su autor el Luna, que escribió la Segunda parte del Lazarillo, pues en el estilo y lenguaje hay todavía mayor semejanza? De todos modos, las circunstancias externas, y mucho más el estudio interno, llevan al ánimo la persuasión de que Sebastián de Horozco fué el que escribió el Lazarillo, mientras nuevos documentos, con testimonios claros, no convenzan otra cosa. De esta fuerte probabilidad, que es cuanto puede esperarse del estudio interno de una obra, participan los grandes eruditos españoles don Francisco Rodríguez Marín y don Adolfo Bonilla y San Martín, como de palabra me lo tienen comunicado, y con cuyo autorizado parecer he querido dejar aquí corroborado el mío.

El Lazarillo fué traducido al francés en 1561 por Jean Sangrain; al flamenco, en 1579; al inglés, en 1586, por David Rowland; al alemán, en 1617, por Nicolás Ulenhart; al italiano, en 1622, por Barrezzo Barrezzi; al latín, por Gaspar Ens, en la traducción del Guzmán.

Vida de Lazarillo de Tormes, ed. R. Foulché-Delbosc, Bibliotheca Hispánica, t. III; ed. H. Butler Clarke, London, 1897; Bibl. de Aut. Esp. [donde el libro se atribuye á Diego Hurtado de Mendoza], t. III; ed. J. Cejador, con introducción y notas, Madrid, 1914, véase Literature Notes, marzo, 1915. Consúltense: A. Morel-Fatio, Études sur l'Espagne, 1ére série, 2e ed., París, 1895, págs. 109-166; R. Foulché-Delbosc. Remarques sur Lazarillo de Tormes, en Revue Hispanique (1900), t. VII, págs. 81-97; F. De Haan, An outline of the History of the Novela picaresca in Spain, The Hague-New-York, 1903; F. W. Chandler, The literature of Roguery, Boston, 1907; W. Lauser, Der erste Schelmenroman, Lazarillo von Tormes, Stuttgart, 1889; A. Schultheiss, Der Schelmenroman der Spanier und seine Nachbildungen, Hamburg, 1893; H. Rausse, Zur Geschichte des spanischen Schelmenromans in Deutschland, Münster i. W., 1908; A. Bonilla y San Martín, Una imitación de Lazarillo de Tormes en el siglo xvii, en Revue Hispanique (1906), t. XV; Le garçon et l'aveugle; jeu du xiiie siècle, ed. M. Roques, París, 1912.

177. Novela picaresca es la real ó fingida autobiografía de un pícaro, esto es, de uno que, no queriendo sujetarse á trabajar ni someterse á nadie, gusta de buscarse la vida á costa de los demás. Como parece que á semejante briba le lleva en parte la misma sociedad, ó al menos se lo permite, satiriza el pícaro, irónica é indirectamente, á la misma sociedad en que vive. Como, por otro lado, va arrastrado por su genio y carácter y el público goza de ver pintada la manera de ser de tantos que así viven, resulta que todos reconocen sin querer ser el modo picaresco una de las cualidades de la raza española, que, por demasiados humos, quijotismo y sentimientos nobles, llevados al extremo, prefiere padecer por no someterse ni trabajar, hallando un particular goce en ostentar la sutileza del ingenio, en darse maña cómo poder vivir á sus anchas á costa de los demás. Es género novelesco enteramente español, que comenzó con el Lazarillo, dejóse de cultivar en el severo reinado de Felipe II y volvió á brotar al comenzar el de Felipe III con Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, que le añadió las moralidades propias de aquella más grave época. Cervantes inventó un nuevo género: la novela rufianesca y hamponesca. Quevedo urbanizó la picaresca, haciéndola novela de buscones con este nuevo matiz de la picardía urbana, y fué cultivada variamente después, aunque más raramente, hasta nuestros días.