Boscán, en la introducción al lib. II de sus poesías: "La cosa era nueva en nuestra España y los nombres también nuevos, á lo menos muchos dellos... estas trovas, las quales hasta agora no las hemos visto usar en España... he querido ser el primero que he juntado la lengua Castellana con el modo de escribir Italiano... Petrarca fué el primero que en aquella provincia le acabó de poner en su punto: y en éste se ha quedado y quedará, creo yo, para siempre. Dante fué más atrás: el qual usó muy bien dél, pero diferentemente de Petrarca. En tiempo de Dante y un poco antes, florecieron los Proenzales, cuyas obras... Destos Proenzales salieron muchos autores ecelentes Catalanes. De los quales el más ecelente es Osías March...". Cristóbal de Castillejo argumentó que Mena tenía algunos endecasílabos, y Argote de Molina, en el Discurso de la Poesía castellana, añadido á la edición de El Conde Lucanor (1575), reconoció endecasílabos en don Juan Manuel, y añade: "No fueron los primeros que los restituyeron á España el Boscán y Garcilaso (como algunos creen), porque ya en tiempo del rey don Juan el segundo era usado, como vemos en el libro de los sonetos y canciones del Marqués de Santillana, que yo tengo, aunque fueron los primeros que mejor lo tractaron, particularmente Garcilaso, que en la dulçura y lindeza de concetos y en el arte y elegancia no debe nada al Petrarca ni á los demás excelentes poetas de Italia". Repitió Herrera la especie, añadiendo un soneto del Marqués, en sus Anotaciones á Garcilaso, Sevilla, 1580, pág. 75, y Juan de la Cueva, en su Exemplar Poético, 1904, pág. 60. Sánchez, en el siglo xviii, halló endecasílabos en el Arcipreste de Hita. Hoy se sabe que el endecasílabo pasó de los provenzales á los galaico-portugueses. Su origen es latino, mudada la cantidad en la acentuación silábica, como aconteció con los demás versos. Los clásicos latinos procuraban que coincidiese el golpe fuerte ó thesis (el arsis, según el sistema de otros) con la sílaba larga de fin de verso y de hemistiquio y dondequiera deseaban sobresaliese el ritmo, y esto por el genio de la lengua latina, que daba más importancia que la griega al acento intensivo, como que en él se fundó la verdadera métrica latina del Carmen Saturnium, antes de llevarse á Roma la métrica griega, la cual jamás penetró entre el pueblo, que siguió con la suya y salió vencedora al decaer la literatura clásica, pasando á los nuevos idiomas neolatinos. Por esta razón nos suenan mejor los versos latinos que no los griegos. Nada tienen que ver con el endecasílabo el endecasílabo latino ni los demás metros clásicos dactílicos ni el endecasílabo arcaico, que no pasaron á la liturgia ni al pueblo cristiano. Litúrgico y medioeval fué, en cambio, el verso sáfico, más latinizado por Horacio al emplear el espondeo en el segundo pie y ponerle cesura || en el dáctilo:
Iam satis terris || nivis atque dirae
— u|— —| — || u u |— u |— u
Igualmente Prudencio:
"Bis novem noster || populus sub uno
Martyrum servat || cineres sepulchro".
Este verso fué muy usado en la liturgia. Conocido es el himno de Guido de Arezzo, del que se tomaron los nombres de las notas musicales:
"Ut queant laxis || resonare fibris".
Y el que rezan los eclesiásticos á cada paso:
"Iste confessor || Domini colentes".
Lo usaron mucho fuera de la liturgia, como Teodulfo, obispo de Orleáns, en el recibimiento de Ludovico Pío, y el del Cid (Du Méril, Poésies popul. Lat. du Moyen-Age, 1847, págs. 248-314):
"Eia! laetando, populi catervae
Campidoctoris hoc carmen audite:
Magis qui eius freti estis ope,
Cuncti venite".
Así el verso sáfico, de once sílabas, de pies cuantitativos, se mudó en endecasílabo de puro acento silábico. La composición del Cid y otras latinas fueron obra de clérigos españoles, en la época en que, introducido el rito romano en España por los Cluniacenses franceses, "allá van leyes do quieren reyes", aficionados á ellos, ó reinas y obispos afrancesados, si se quiere. Por el rito romano, pues, se hizo común este verso entre los clérigos, esto es, por influjo francés. Y efectivamente, de este verso había salido en Francia el verso épico francés y el endecasílabo lírico de Provenza é Italia. No menos hay que tener en cuenta el trímetro yámbico acataléctico ó senario:
"Phaselus ille, quem videtis, hospites".
Siendo de seis yambos ó doce sílabas, perdida la cantidad, pronuncióse como un sáfico esdrújulo, y así formó estrofas sáficas, usándose en la liturgia y fuera de ella, como en la destrucción de Aquileya, atribuida á San Paulino:
"Ad flendos tuos, Aquileia, cineres
Non mihi ullae sufficiunt lacrymae,
Desunt sermones, dolor sensum abstulit
Cordis amari".
Como todo ritmo yámbico, fué muy aceptado por los franceses, en cuya lengua cuadra al justo por tener agudas las voces; mientras que al castellano, que las tiene graves, conviene el ritmo trocaico. Así el canto sobre la muerte de Carlomagno (Du Méril). Y en la canción de Modena (929), de 36 trímetros asonantados (e-a), que ya citamos:
"O tu qui servas armis ista mOENIA
Non eam cepit fraudulenta GrAECIA...".
Tenemos así la forma llana del endecasílabo, sacada del sáfico, y la esdrújula del trímetro yámbico, éste ya en el mismo latín con asonantes, como en los antiguos versos franceses. Muchos sostienen que el endecasílabo italiano les llegó de Provenza y que á Provenza les llegó de la Francia del Norte. De todos modos á España vino de fuera y siempre fué propio de la poesía erudita. Oigamos ahora á M. Pelayo (Antol. lír. cast., t. XIII, pág. 183): "En los orígenes de las lenguas romances aparecen tres versos análogos, cuyas particularidades conviene deslindar. Y son por este orden:
"a) El decasílabo épico francés.
"b) El endecasílabo lírico provenzal.
"c) El endecasílabo italiano.
"Conservamos al verso épico el nombre que los franceses le dan, según su sistema de no contar la última sílaba átona, pues aunque este verso tenga generalmente once sílabas, según el cómputo español ó italiano, puede en algunos casos llegar hasta doce, por virtud de su estructura interna. En efecto, todo decasílabo consta de dos miembros desiguales é independientes, separados por una pausa: puede ser átona la última sílaba del primer miembro, ó la del segundo, ó ambas á la vez. En este metro están compuestas las mejores y más antiguas gestas francesas, entre ellas la Chanson de Rollans. De los poemas conocidos hoy, unos 47, la mitad, próximamente, según el cálculo de León Gautier, pertenecen al tipo decasílabo, que fué sustituído luego, sin ventaja alguna de la epopeya, por el pesado y monótono alejandrino. El verso épico tiene dos tipos, que Rajna ha distinguido con los nombres de decasílabo a minori y decasílabo a maiori. Estos dos tipos jamás se mezclan ni se presentan juntos en una misma composición. El decasílabo a minori, que es con gran exceso el que más abunda, consta de dos miembros: el primero de cuatro, el segundo de seis sílabas, ó, hablando con más propiedad, el primero tiene por sílaba tónica la cuarta; el segundo, la sexta. Así en la Chanson de Rollans:
"Rollans s'en turnet, | le camp vait recercer
Desoz un pin | e foluf e ramer...".
En el otro decasílabo, que es más raro, pero se encuentra en un poema importante de que hay dos redacciones, francesa y provenzal, el Girart de Rosilhó, la fórmula aparece invertida, resultando el primer hemistiquio de seis y el segundo de cuatro sílabas:
"Esteirent tote noit | hauberc vestiz;
E quant li jors paraist, | bien fu joïz...".
"Este metro... es el primogénito de las lenguas romances y de él procede, según toda apariencia, el endecasílabo provenzal... Pero... los provenzales... le consideraban como un metro épico... en algunos trovadores del último tiempo, como Aimerico de Pegulhan, llega á ser forma casi única... El endecasílabo provenzal, todavía en algún verso de Marcabrú, conserva la antigua pausa épica, que parece indicio claro de su origen. Pero desde Ventadorn se convierte en ley general la acentuación de la cuarta sílaba... Y ésta es la forma definitiva del verso provenzal y catalán, que Ausias March y los poetas de su escuela regularizaron, empleando sistemáticamente finales agudos en los primeros hemistiquios. Pero en los trovadores provenzales, como Ventadorn, hay ejemplos de sílabas átonas que para el verso se cuentan, y entonces resultan verdaderos endecasílabos á la italiana, acentuados en 3.ª, 6.ª y 10.ª... De este modo la pausa fuerte del decasílabo épico se va debilitando y convirtiéndose en mera cesura, con lo cual pierde el verso en rigidez y gana en libertad métrica... La mezcla de los dos tipos del endecasílabo a minori y a maiori está severamente proscripta en las Leys d'amor... Pero este rigorismo no siempre se observó en la práctica, abriéndose camino con ello á la absoluta libertad del verso italiano, que es propiamente el endecasílabo emancipado, con cesura debilísima, con ritmo libre y variado". Entre el endecasílabo de Dante y Petrarca y el sáfico latino ha intervenido la métrica francesa y provenzal, y esto mismo nos dice la historia: que la lírica provenzal comunicó su técnica y tecnicismo á Italia hasta fines del siglo xiii. De los tres metros antes vistos, "el decasílabo francés, que en la primera de sus formas, dice M. Pelayo, corresponde las más veces á un endecasílabo castellano con acento en la 4.ª, y en la segunda á un endecasílabo con acento en la 6.ª, no tuvo derivación inmediata en la literatura española de la Edad Media". Con todo, comenzando por el primer verso de Mio Cid,
"De los sos ojos | tan fuertemientre llorando",
hay bastantes versos en el poema, que M. Pelayo se calla, pero que puede verlos el que quiera. Ellos vienen de Francia, sin duda, así como los alejandrinos (7 + 7), que forman la mayor parte del poema; los octonarios ó de pie de romance (8 + 8), se le escapan al autor, que, queriendo como erudito usar metros franceses, le retiñen en los oídos los romances populares españoles. El endecasílabo lírico provenzal entró en España por dos caminos, engendrando casi simultáneamente el endecasílabo catalán y el endecasílabo galaico-portugués. "Coplas de diez sillabas á la manera de los lemosis", llamaba Santillana al verso en su tiempo, usado por catalanes y valencianos, y es el endecasílabo de Aquitania, que á Levante trajeron los trovadores provenzales y sobrevivió en Cataluña á la poesía provenzal, sobre todo con mosén Jordi y Ausias March, que en la métrica no imitaron nunca á Petrarca. El endecasílabo gallego aparece ya en las Cantigas del Rey Sabio, ya con finales llanos, ya agudos:
"Sancta Maria os enfermos sana
E os sanos tira de la via vana...
Porque trobar e cousa en que ias
Entendimiento, poren quen os fas...".
Abunda este metro en los Cancioneros de Ajuda, del Vaticano y Colocci Brancuti, y es el mismo provenzal, con cesura monótona después de la sílaba 4.ª ó 5.ª, y con acentos principales en la 3.ª ó 4.ª y en la 10.ª No pocos castellanos hicieron tales versos gallegos: ¿qué mucho se hiciesen algunos endecasílabos parecidos en castellano? Tal don Juan Manuel, en las moralidades ó sentencias del Libro de Patronio:
"Ganará de tal salto un ome el cielo
Si á Dios obedeciere acá en el suelo.
En el comienço deve ome mostrar
Á su mujer cómo deve passar".
Cuanto al endecasílabo del Marqués de Santillana, ya dijo M. Pelayo (Antol. poet. lír. cast., t. XIII, pág. 212) que es "un endecasílabo incipiente, un aprendiz de endecasílabo", respecto del endecasílabo italiano. Falta muchas veces el acento en la 6.ª, aunque nunca en la 4.ª y en la 10.ª; y en vez de la 8.ª, suele acentuarse la 7.ª, como en el verso gallego:
"Las géntes délla con tóda fervéncia...
Viéron mis ójos en fórma divína...
Fáce por cúrso de tiémpo sennal...".
Otras veces el movimiento anapéstico no se hace sentir más que desde la 4.ª, como en los siguientes, parecidos á los que Juan de Mena, por influjo galaico-portugués, emplea en sus versos de arte mayor:
"Por bien quel sexo contraste é desdiga...
Enxemplo sean á tantos sennores...".
"En un poeta como el Marqués de Santillana, que tanto admiraba á Ausias March y á mosén Jordi, dice M. Pelayo, es muy probable la influencia del endecasílabo catalán, no sólo en la acentuación de la cuarta sílaba, sino en la grande abundancia de versos agudos".
Boscán, que conocía bien el endecasílabo catalán, huyó de él siempre, y no tiene ni un verso acentuado como los de Ausias, aunque le tome más pensamientos é imágenes que al mismo Petrarca. Por conocer el verso de arte mayor, huye del acento en la 5.ª Su endecasílabo es el italiano, que además del acento obligatorio de la penúltima, le lleva en la 2.ª y 6.ª, ó en la 2.ª, 4.ª y 8.ª Pegáronsele á veces del arte mayor y aun de algunos versos italianos, los versos acentuados en 4.ª y 7.ª, al modo gallego.
La oposición á las novedades de Boscán hecha por Castillejo y Gregorio Silvestre, dice M. Pelayo que más fué festiva que doctrinal, y diez años después de publicarse sus versos, esto es, en 1554, Hernando de Hozes, traductor de Petrarca, pudo decir: "Después que Garcilaso de la Vega y Juan Boscán traxeron á nuestra lengua la medida del verso toscano, han perdido con muchos tanto crédito todas las cosas hechas ó traducidas en cualquier género de verso de los que antes en España se usaban, que ya casi ninguno las quiere ver, siendo algunas, como es notorio, de mucho precio". Aunque es cierto que los antiguos metros no fueron del todo desechados, ya que los siguió empleando hasta don Diego de Mendoza, tan amigo de Boscán, por no decir nada de Jorge de Montemayor, Gálvez de Montalvo y otros, que seguían prefiriéndolos y que Castillejo murió impenitente en sus trece. Gregorio Silvestre, su discípulo, se dió á partido (véase Pedro de Cáceres y Espinosa, en el prólogo á las Obras, de Silvestre, Granada, 1599). Los portugueses Sá de Miranda, Antonio Ferreira y Camoens siguieron la innovación. Sebastián de Córdoba, vecino de Úbeda, viendo cuán común y manual andaba en el mundo el libro de las obras de Boscán y Garcilaso, malgastó doce años en parodiarlas á lo divino: Las obras de Boscan y Garcilaso trasladadas en materias christianas y religiosas, Granada, 1575; Zaragoza, 1577. Lo mismo hicieron fray Bartolomé Ponce en la Clara Diana y Juan de Andosilla Larramendi en Cristo N. S. en la Cruz hallado en los versos de Garcilaso. Esto da bien á entender la boga que tuvieron las poesías de los dos amigos, hasta que en el siglo xvii le llama ya Cervantes "el antiguo Boscan"; quiere decir que había pasado de moda.
M. Pelayo, Id. estét., t. II, vol. II, pág. 385: "La introducción de los metros italianos se verificó sin resistencia alguna que tuviera verdadero carácter crítico: las trovas de Castillejo y de Gregorio Silvestre contra los petrarquistas son una humorada sin alcance, que de ningún modo puede tenerse por guerra literaria. Oposición formal no la hubo, ni podía haberla, puesto que no se trataba de un conflicto entre la poesía nacional y la trasplantada de Italia, sino de un conflicto entre dos escuelas líricas igualmente artificiosas, derivación lejana la una del arte provenzal y galaico-portugués (no estoy conforme de todo punto con esto); pero modificada ya desde fines del siglo xiv por elementos italianos; y nacida la otra de la inteligente comprensión de los primores de la forma en las obras del Renacimiento toscano, y á través de él en las del arte latino, y más remotamente en las del arte helénico. Y de hecho, como nada de la poesía indígena se perdía, como sólo se trataba de sustituir una imitación á otra, y como aquella imitación era más discreta (y en el fondo más original), y de obras, sin duda, más perfectas y armoniosas, y traía además la poderosa palanca de un nuevo metro, "capaz (como escribió Boscán) para recibir cualquier materia, ó grave ó sotil, ó dificultosa ó fácil, y assimismo para ayuntarse con cualquier estilo de los que hallemos entre los autores antiguos aprobados", y, finalmente, como el espíritu de aquel siglo y la tendencia de los sucesos y la disposición de los espíritus se encaminaban fatalmente hacia il bel paese, la batalla estaba ganada antes de darse, y bien se les conoce á los innovadores en la arrogancia é imperio con que se asientan sobre la tierra de su conquista". En estas palabras muestra M. Pelayo su predilección por todo lo que el Renacimiento trajo consigo; pero el hecho es que la copla castellana es española de origen, antiquísima, que es la única popular hasta hoy y la que más se acomoda á nuestro idioma. Somos los españoles demasiado vivos para soportar la pachorra de tan largos versos y no nos gusta desleir en ellos el pensamiento, que, cuajado en versos cortos y trocaicos de ritmo, brinca y corre con la galanura propia de nuestra lengua. De mí sé decir que pierdo el hilo, ó me cuesta trabajo seguirlo, en los endecasílabos; mientras que en las coplas no necesito hacer el menor esfuerzo para seguir el pensamiento.
37. Ahora digamos claramente el juicio que formamos de la introducción de este metro en castellano, así como del soneto, tercetos y octavas. El castellano es tan flexible y musical, que se acomoda hasta al ritmo yámbico, que es el más opuesto á su naturaleza: así se acomodó á los metros medioevales franceses y á los italianos del siglo xvi, todos ellos de ritmo yámbico. Fué provechosa, pues, su introducción, porque añadió nueva cuerda á la lira castellana; pero entiéndase: á la lira erudita. Tardó mucho tiempo el castellano en acomodarse á él, y apenas se hicieron nunca en la época clásica endecasílabos italianos perfectos en castellano.
Fué, sin embargo, dañosa la introducción, porque todos los poetas que con él se entretuvieron hubieran podido hacer obras mucho mejores si se atuvieran á los metros castizos. Otro tanto se diga de sonetos, tercetos y octavas, estrofas artificiales todas, que plagaron nuestro parnaso y le llenaron de afectación y de obras de pura técnica. No hay cosa más artificial, fría y hasta aovillada que un soneto. El sentimiento se sacrifica en él á la pura técnica. Y con ese metro y esas estrofas, vinieron los fríos y eruditos asuntos y géneros clásicos, como la égloga y bucólica mentirosa y sosísima, que puso en olvido la verdadera y viva égloga castellana de Juan del Enzina, por ejemplo, y de Gil Vicente. Todo fué Arcadias embusteras, escenas campestres de un campo fantástico que no era el que gozamos en España; pastores que no son los de por acá, hasta ideas paganas en religión, que sonaban en labios de pastores españoles á pura quimera, como puede verse hasta en la misma Galatea, donde se pinta una sociedad enteramente falsa. Las necedades, las sosainas que nuestros líricos escribieron no tienen fin ni cabo. Desde Boscán, de toda aquella hojarasca lírica huera, apenas nos gustan más que las contadas piezas compuestas en los metros y manera antigua; todo lo italiano nos suena á lo que era de hecho: á puro ejercicio de escuela, á fría imitación, á afectación y amaneramiento. El espíritu castizo hizo que los poetas verdaderos posteriores volviesen á los metros castellanos, á los versos cortos y al romance, esto es, á los siempre usados por el pueblo. La innovación italiana mató la verdadera lírica de la época clásica, desnacionalizándola en la mayor parte de los autores. Éste es el juicio, severo acaso, para los pagados de la pura erudición; pero que brota de los hechos mismos y de lo que el común de los lectores siente al leer hasta las más delicadas composiciones de Garcilaso, que no podemos menos de exclamar: "¡Lástima de poeta, que se entretuvo y malgastó tan lindo ingenio en fríos lirismos y en lirismos afectados!" Y no hay mayor enemigo del lirismo, que consiste en la sincera expresión de los sentimientos, que la frialdad y la afectación. Con razón, pues, le achacaba Castillejo á Boscán el haber errado el camino: "El mismo confesará | que no sabe dónde va".
38. Alfonso García Matamoros, en el mismo panegírico del Renacimiento español, en su De adserenda Hispanorum eruditione (1553), da bastante á entender que "los versos á la italiana son más artificiosos que suaves y canoros". No se atreve á condenar á los nuevos poetas; pero dice que "en los oídos de algunos suenan mejor los versos de los antiguos y también aquellos romances viejos que, con cierto horror de antigüedad, celebran tan sabrosamente los amores, hazañas y victorias de nuestros antepasados", y compara los nuevos poetas, que, no contentos con los ritmos tradicionales, han traído los nuevos, á las hierbas, dañosas á los frutos, que produce el ingenio feraz de los españoles, el cual no sólo da frutos exquisitos, sino hasta esas hierbas. "Si yo fuera poeta, preferiría cantar, añade, á la manera antigua, que á todo el pueblo gustase y me aplaudiese". Lope admira igualmente á estos nuevos poetas; "pero en el fondo de su alma, dice M. Pelayo, era poeta popular, amigo de los metros cortos, que son el nervio de su teatro, y si hubiese vivido en los tiempos de Castillejo, probablemente se hubiese alistado en su cruzada contra los petrarquistas". Véase Obras sueltas, edic. Sancha, t. I, pág. 83, Laurel de Apolo: "Las coplas castellanas, | si bien después de ser puras y llanas, | son de naturaleza tan suave, | que exceden en dulzura al verso grave (al endecasílabo); | en quien con descansado entendimiento | se goza el pensamiento | y llegan al oído | juntos los consonantes y el sentido, | haciendo en su lección claros efetos, | sin que se dificulten los concetos. | Así Montemayor las escribía, | así Gálvez Montalvo dulcemente, | así Liñán y ahora los modernos: | que como ésta nos es propia Poesía... | ingenios españoles hace eternos". En este sentido estoy con Gracián, cuando dice en el Criticón (2.ª pte., cr. 1): "No hay hartazgo de zanahorias como unos cuantos sonetos del Petrarca y otros tantos de Boscán". Y en la crisis cuarta: "Descolgó (la diosa de la Poesía) una vihuela, tan de marfil, que afrentaba la misma nieve; pero tan fría, que al punto se le helaron los dedos y hubo de dejarla, diciendo: "En estas rimas del Petrarca se ven unidos dos extremos, que son: su mucha frialdad con el amoroso fuego. Colgóla junto á otras dos muy sus semejantes, de quienes dijo: "Éstas más se suspenden que suspenden, y en secreto confesóles eran del Dante Aligero y de el español Boscan". J. Castellanos, Elegías, 4.ª pte., cap. XIII: "Jiménez de Quesada, licenciado, | que es el Adelantado deste Reino, | de quien puedo decir no ser ayuno | del poético gusto y ejercicio; | y él porfió conmigo muchas veces | ser los metros antiguos castellanos | los propios y adaptados á su lengua, | por ser hijos nacidos de su vientre, | y éstos (los italianos) advenedizos adoptivos, | de diferente madre y extranjera". Notable testimonio filológico en el primer conquistador del Nuevo Reino de Granada.
Juan Boscán Almogaver, Obras, ed. W. I. Knapp, Madrid, 1875. El Cortesano, ed. A. M. Fabié, en Libros de antaño, Madrid, 1873, t. III. Poesías, ed. A. de Castro, Bibl. de Aut. Esp., ts. XXXII y XLII. Las Treinta, ed. H. Keniston, Hispanic Society of America, New-York, 1911. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. XIII. F. Flamini, La "Historia de Leandro y Hero" e l' "Octava Rima" di Giovanni Boscan, en Studi di storia letteraria italiana e straniera, Livorno, 1895, págs. 383-417. F. Pércopo, Giovanni Boscan e Luigi Tansillo, Arpino, 1913. P. Verrua, Precettori italiani in Ispagna durante il regno di Ferdinando il Cattolico, Adria, 1906.
39. Año 1525. Garcilaso de la Vega (1503-1536) nació en Toledo, fué hijo segundo de don García, político en tiempo de los Reyes Católicos, y de doña Sancha de Guzmán, señora de Batres. Huérfano de padre siendo de pocos años, pasó su mocedad en Toledo, y á los diez y siete le admitió el Emperador entre los mancebos nobles de su guardia, entre los cuales sobresalió en gallardía de cuerpo y en las partes de un cumplido cortesano, pues sabía griego, latín, toscano y francés, jugaba las armas con tanta gentileza como tañía una arpa ó una vihuela, que se llevaba de calle á las damas, entre las cuales, la que en la égloga I llama Galatea ó Elisa, tempranamente fallecida, y otra napolitana (soneto XXVI, etc.), á quien conoció allí sirviendo al virrey don Pedro de Toledo. También fué á Francia con la embajada de la Emperatriz. Desposóse (1526) con doña Elena de Zúñiga, hija de don Íñigo, maestresala de la reina doña Isabel.
Mostróse valiente soldado contra los Comuneros en Olías, donde fué herido, con los sanjuanistas en la defensa de Rodas (1522), contra los franceses en Fuenterrabía (1523), contra los florentinos en Italia (1530), en el cerco de Viena por los turcos (1532), contra Barbarroja en la empresa de Túnez; herido no pocas veces, en el rostro las más, vióse en varios peligros de muerte con serenidad y arrojo temerario, pereciendo en uno de ellos. En 1536, el 23 de setiembre, tardaba la artillería en abrir brecha en el muro de la fortaleza de Muey, cuatro millas de Frejus, en Provenza; como sintiera impaciente al Emperador por esta tardanza, Garcilaso, maestre de campo de la Infantería española, se lanzó al asalto con los suyos, sin detenerse á armarse de su casco y coraza, sólo con una rodela y la espada en la mano, subió por una escala puesta al muro y alcanzóle en la cabeza una peña despedida desde los adarves, que le hizo caer tendido de espaldas en lo hondo del foso, mortalmente herido. Ciegos con esto sus peones, escalaron la torre y el Emperador la mandó luego arrasar, ahorcando á sus defensores, "rigor desacostumbrado en el ánimo benigno de tan gran Príncipe, que nos muestra bien el exceso de dolor y rabia con que destrozó su alma tan trágico suceso". (Navarrete, Vida, pág. 85). Llevado á los reales de Niza, falleció Garcilaso el 14 de octubre, de edad de treinta y tres años, en brazos del Marqués de Lombay, después San Francisco de Borja (1510-1572). Enterráronle dos años más tarde en San Pedro Mártir, de Toledo. Las Musas castellanas hubieron de contentarse con los primeros y juveniles frutos, de imitación y remedo los más, de este elegantísimo poeta clásico, que hallaba ratos de esparcimiento para ensayarse, entre el fragor de las armas, en escarceos poéticos, que pudieran haberse convertido, andando el tiempo, si más durara, en obras de mayor aliento y grandeza. Así es de creer en un ingenio, un spirto gentil, como le llamó Tansillo, que á los primeros pasos que dió en las sendas del Parnaso, dejóse muy atrás, no sólo á su amigo Boscán y á cuantos le precedieron, sino á los más de los que tras él habían de venir.
40. Fué nieto de Pérez de Guzmán. Don García tomó por apellido el de su abuela doña Elvira, hermana del marqués de Santillana, don Iñigo, por haberse educado con ella y haber sido hijo segundón, pues el apellido de su padre don Pedro fué Suárez de Figueroa. Doña Elvira conservó el apellido de su madre doña Leonor Lasso de la Vega, pues el del padre, don Diego, sabido es que fué Hurtado de Mendoza. El solar de la Vega se halla en las Asturias de Santillana, riberas del Vesaya, una legua de Santillana y otra del mar. El mayorazgo don Pedro Lasso, corregidor de Toledo y cabeza de Comuneros, "era un caballero de sanas entrañas y sin malicia, y junto con esta bondad, amigo de justicia y del bien del reino, y por esto se metió tanto en estos bullicios" (Sandoval, Hist. de Carlos V, l. V). El mismo nombre de Pedro Lasso tuvo su antepasado el Almirante de Alfonso el Sabio. Navarrete cree, contra los demás, que se crió en la Casa Real, según la antigua costumbre de los nobles. Tamayo de Vargas, fol. 4: "En el hábito del cuerpo tuvo justa proporción, porque fué más grande que mediano, respondiendo los lineamentos y compostura á la grandeza; la trabazón de los miembros igual; el rostro, apacible con gravedad; la frente, dilatada con majestad; los ojos, vivísimos con sosiego, y todo el talle tal, que, aun los que no le conocían, viéndole, le juzgaran por hombre principal y esforzado, porque resultaba de él una hermosura verdaderamente viril". Sobre su temeridad y arrojo, véase Luis Zapata, Carlo Famoso. Á su muerte le quedaron de su esposa tres hijos: Garcilaso, don Pedro y doña Sancha; don Lorenzo se sospecha fuese hijo natural. Murió el primero de veinticinco años, defendiendo á Vulpiano contra el francés; fué dominico el segundo, y doña Sancha casó con don Antonio Portocarrero. Cuanto á don Lorenzo, desterrado á Orán por una sátira mordaz, murió en el camino. En el alzamiento de los Comuneros (1520-1521) se puso al lado del Emperador, mientras su hermano mayor, Pedro Lasso de la Vega († 1554), les siguió á ellos. Llevóle Carlos V á Italia en 1529 y le envió á París en 1530 con una comisión secreta. Habiendo partido en 1531 á Alemania con su amigo el Duque de Alba, cayó en desgracia del Emperador, por haber alentado el matrimonio de su sobrino con Isabel de la Cueva, dama de la Emperatriz y sobrina del Duque de Alburquerque, contra la voluntad de Carlos V, el cual le encarceló en una torre de la Grosse Schütt Insel, isla del Danubio, donde escribió Danubio, río divino. Allí estuvo tres meses y pasó á las órdenes del virrey de Nápoles, don Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, tío del Duque de Alba. Entre 1532 y 1533, estando en Nápoles, dirigió una oda latina al erudito Antonio Telesio (1482-1534) y tuvo amoríos, que suenan en sus composiciones. El mismo año de 1533 fué á ver al Emperador en Barcelona, donde halló á Boscán; volvió á aquella ciudad en 1534 y de allí á Italia por tierra, deteniéndose en Valclusa, y allí compuso á su amigo Boscán una epístola, "do nació el claro fuego del Petrarca". En 1535 asistió á la jornada de Túnez, recibiendo dos heridas, al lado de Diego Hurtado de Mendoza. Vuelto á Nápoles, dirigió un soneto á Mario Galeota; y Scipione Capece, uno de los principales entre los Accademici Pontaniani, le dirigió la edición de Virgilio.
41. No se cuidó Garcilaso de sus versos; los que conocemos los recogió Boscán, su amigo entrañable, y, con los del mismo Boscán, diólos á la luz la viuda de éste doña Ana Girón de Rebolledo, en 1543. Tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones y varios sonetos, que, con los hallados hasta hoy, llegan á 38, dudosos algunos. Hizo otras composiciones en versos cortos, una Carta-prólogo para El Cortesano, de Boscán; otra Carta al Emperador, un Villancico, versos italianos y latinos. Garcilaso, en su edad madura, hubiera quizá sido un poeta castizamente español en el fondo, clásico en la forma: un poeta de cuerpo entero; comenzó, á fuer de principiante, ensayándose en la imitación del clasicismo italiano, y en este terreno salió maestro. Es el mejor poeta castellano de los cultos, aristócratas, nada populares, que imitaron á los latinos al través de los italianos.
Herrera, el Brocense y sus demás comentadores, descubrieron su poca originalidad, precisando los trozos imitados, las frases, las metáforas tomadas de Tansillo, Sannazaro, Petrarca, Dante, Marcial, Virgilio, Marcello Filosseno, Bembo, Tasso.
El italianismo exagerado procedía en Garcilaso de menospreciar la antigua poesía castellana. Alabando á Boscán por su traducción del Cortegiano, dice: "Yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escrito en nuestra lengua sino lo que se pudiera muy bien escusar". Sin duda, no conocía el Mio Cid ni el Arcipreste de Hita; pero un poeta que no aprecia el Romancero ni la poesía de Enzina, muestra no tener capacidad para apreciar la poesía recia popular por exceso de aristocracia en sus venas y de enfermiza admiración por la poesía culta. Quiso romper enteramente con la tradición é hizo bien en lo que toca á la poesía erudita, la única que él entendía; pero, menospreciando la popular, como su antiguo pariente Santillana, no hizo obra nacional, sino de pura imitación seudoclásica. Carece del nervio, del realismo, del color y de la sinceridad, cualidades propias del alma española, que sacrificó por una versificación intachable, una dulzura que á la larga empalaga y unos asuntos que no llenaban á los españoles. Sus versos no hieren el alma: pasan rozándola suavemente, como un rumor músico que agrada al oído, pero que no nos dice nada. Transparéntase por demás el amaneramiento y el artificio y su idealismo no arranca de la vida real española, de modo que son puras nubes, que toman variadas formas y se coloran ricamente, pero que se ve no llevan dentro sustancia alguna, sino que son puro aire. Si alguno imitando consiguió fama, fué Garcilaso en España, como en Roma Virgilio; porque imitó con libertad y puso de su cosecha elementos realmente poéticos: la música, la frase, la dulzura, el sosiego, la nobleza de sentimientos. Es una rozagante y deslumbradora tela recamada de oro; pero hecha con filamentos de tela de araña. Increíble parece que este poeta escribiese "tomando ora la espada, ora la pluma", como él dijo, sin que jamás se oyese en sus versos el chasquido de las espadas y sólo veamos la pluma de un cisne traída de la remota Arcadia, que melopea suavemente sin decirnos cosa. El simbolismo en los nombres de sus pastores, etcétera, nada añade de poesía después de conocidas las personas que expresan, al igual que en Virgilio, á quien se parece mucho, cuanto á la técnica y dulcedumbre de expresión, quedando, sin embargo, muy lejos de él en el sentimiento y en la plasticidad y relieve de sus pinturas, que son en Garcilaso descoloridas y sin bulto. Logró lo que Boscán no pudo lograr: la españolización casi completa del endecasílabo, doblegando la lengua castellana á su ritmo de una manera maravillosa, naturalizando el soneto, ensanchando el marco de la canción, amoldando el período castellano á su libre y redondeada amplitud, para lo cual nuestro idioma es tan acomodado. Acertó en el terceto y en la octava rima, aunque no tanto en la rima al mezzo. Suya es la estructura de la oda y de la silva (versos de siete y once sílabas).
La alta sociedad española, cada vez más cortesana, refinada y elegante é italianizada, gustó sobremanera de la manera de Garcilaso: y sus versos, impresos con los de Boscán en lindas ediciones de bolsillo, andaban en boca de todas las gentes de cuenta, hasta el punto de que los no tan avenidos con las insulseces extrañas y clásicas del fondo, los acomodaran á lo divino, haciendo centones con ellos. Así Sebastián de Córdova Sazedo publicó Las obras de Boscán y Garcilaso trasladadas en materias cristianas y religiosas, 1575; Juan de Andosilla publicó Cristo N. S. en la Cruz, hallado en los versos de Garcilaso. Fuera de España apreciaron su maestría, y François de Belleforest arregló con su segunda égloga la Pastorale amoureuse (1569), y Mariano le ponía junto á Ronsard, en su Galleria (1619), aunque valía mucho más que él. Paulo Jovio, en el l. XXXIV y en los elogios de los hombres doctos, alaba las Odas, que escribía con la suavidad de Horacio. Pedro Bembo, en carta latina que le dirigió (1535), y en otra toscana á Fasitelo, piensa que no sólo á los españoles, pero que excederá á los italianos si no se cansa en aquel estudio. Versos en su favor, véanse en Herrera.
42. De Garcilaso sobre todo, como cabeza de los demás, hay que decir lo que escribe Rodríguez Marín (Barahona, pág. 282): "Nuestros poetas se apropiaron, como bienes mostrencos, las ideas que en aquellas formas habían vertido los italianos, y éstos y los clásicos antiguos de Grecia y Roma abastecieron á la musa ibérica, de tal modo, que en los unos y en los otros pueden buscarse, casi siempre con fruto, durante los dos últimos tercios del siglo xvi y una buena parte del xvii, las fuentes de nuestro vasto caudal de asuntos y pensamientos poéticos. Todos imitaban, todos traducían; trajímonos con los moldes la masa echada en ellos, y nuestro Parnaso perdió en originalidad genuinamente española cuanto ganó en brillantes atavíos, en amplitud de formas y en riqueza y variedad de modos de expresión". De su estilo escribió Francisco de Medina (Herrera, Anot., pág. 8): "Las sentencias son agudas, deleitosas y graves las palabras, propias y bien sonantes; los modos de decir, escogidos y cortesanos; los números, aunque generosos y llenos, son blandos y regalados; el arreo de toda la oración está retocado de lumbres y matices que despiden un resplandor antes nunca visto; los versos son tersos y fáciles, todos ilustrados de claridad y ternura, virtudes muy loadas en los poetas de su género". Herrera (Vida): "Es el estilo de G. L. inafetado, como se dixo de Xenofón, ó, por más cierto, que ninguna afetación lo puede alcançar halla con agudeza i perspicacia; dispone con arte i juizio, con grande copia i gravedad de palabras i concetos; que no podrá, aunque escriva cosas umildes, inclinar su ánimo á oración umilde. está lleno de lumbres i colores i ornato poético, donde lo piden el lugar y la materia; i de grandes afetos i eloquencia, no sólo esprimiendo, mas amplificando, i componiendo i ilustrando sus pensamientos con tanta elegancia, que ninguno le ecede. tiene riquíssimo aparato de palabras ilustres, sinificantes i escogidas con tanto concierto, que la belleza de las palabras da luz al orden, i la hermosura del orden da resplendor á las palabras, i aunque en algunas partes se pudieran mudar algunas vozes i ilustrar con mejor disposición; está todo tan lleno de ornamentos i bellezas, que no se puede manchar ni afear con un lunar, que se halle en él. Los sentidos, ó son nuevos, ó, si son comunes, los declara con cierto modo proprio sólo dél, que los haze suyos; i parece que pone duda si ellos dan el ornato, ó lo reciben. Los versos no son rebueltos ni forçados, más llanos, abiertos i corrientes, que no hazen dificultad á la inteligencia, si no es por istoria ó fábula. i con aquella claridad suave i fácil, i con aquella limpieza i ternura i elegancia i fuerça de sentencias i afetos se junta l' alteza de estilo á semejança de Virgilio. Sin la cual claridad no puede la poesía mostrar su grandeza; porque donde no ái claridad, no ái luz ni entendimiento; i donde faltan estas dos virtudes, no se puede conocer ni entender cosa alguna. i aquel poema que siendo claro tendría grandeza, careciendo de claridad es áspero y difícil. L' alteza nace en G. L. de las palabras escogidas i dispuestas con buen juizio; porque la primera, que es de materia alta y grande en invención i ornamento, no se halla en él por falta del argumento. tiempla la gravedad del estilo con la dulçura haziendo un ligamento maravilloso, i que raramente se halla aun en los poetas de más estimación, porque la grandeza aciende en sobervia, i la dulçura deciende en umildad. pero él anudó con tal temperamento estas dos virtudes, que juntas en sus versos hazen un' armonía igualmente proporcionada. las flores i lumbres, de que esparce su poesía, parece que nacieron para adornar aquel lugar, do las puso. Las figuras i traslaciones están de suerte, que no por ellas se pierde la inteligencia de los versos, no es más cuidadoso en escrevir proprio, que figurado, ni al contrario; antes tiempla uno con otro. porque no dize apuestamente para ostentación de ingenio, sino para alcanzar su intento con la persuasión i afetos. haze los assientos de los versos siempre llenos de hermosura i magestad en lugar, que quien lee respira i descansa. i aquel número tan suave i armonioso es sólo suyo. con su regalo i blandura i suavidad es estimado por mui fácil; porque es tanta la facilidad de la dición que á pena parece que puede admitir números, i tanto el sonido de los números, que á pena parece que puede admitir lenidad alguna. finalmente escrivió mucho en poco, porque no dexó en aquel género lugar para los que le sucedieron. Mas si alguna cosa ái en él, que de todo punto no satisfaga á los ombres, que entienden, puede dezir, como dixo Ovidio: "defuit scriptis ultima lima meis". i en otra parte: "Quicquid in his igitur vitij rude carmen habebit, | emendaturus, si licuisset, erat". Herrera, Anot. á Garcilaso: "Garci Lasso es dulce i grave (la cual mescla estima Tulio por mui difícil) i con la puridad de las vozes resplandece en esta parte la blandura de sus sentimientos; porque es mui afetuoso i suave. pero no iguala á sus canciones i elegías; que en ellas se ecede de suerte, que con grandíssima ventaja queda superior de sí mesmo. porque es todo elegante i puro i terso i generoso i dulcissimo i admirable en mover los efetos; i lo que más se deve admirar en todos sus versos, cuantos an escrito en materia de amor le son con gran desigualdad inferiores en la onestidad i templança de los desseos. porque no descubre un pequeño sentimiento de los deleites moderados, antes se embevece todo en los gozos, ó en las tristezas del ánimo". Hern. Hozes, Triunfos, 1554: "Después que Garcilasso de la Vega y Joan Boscan truxeron á nuestra lengua la medida del verso thoscano, han perdido con muchos tanto crédito todas las cosas hechas ó traduzidas en qualquier género de verso de los que antes en España se usaban, que ya casi ninguno las quiere ver, siendo algunas (como es notorio) de mucho precio". Á lo que añade Ticknor: "Si la opinión que indica este escritor hubiera prevalecido por más tiempo, no sería la literatura española lo que es hoy día". Y poco antes: "No cabe duda que Garcilaso hubiera hecho aún más por sí y por la literatura de su patria, si, en lugar de imitar tan completamente á los grandes poetas italianos, que justamente admiraba, hubiera acudido más á menudo á los elementos del antiguo carácter nacional". Pero lo extranjerizo le cegaba, hasta el punto de decir en su carta del Cortesano: "Porque yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escripto en nuestra lengua sino lo que pudiera muy bien escusar".
43. Obras de Garcilaso, con las de Boscán, Barcelona, 1543, y otras varias ediciones, bonitas y de bolsillo, hasta que se imprimieron aparte: Las obras del Excellente Poeta Garcilasso de la Vega, en esta postrera imprissión corregidas de muchos errores que en todas las passadas auía, Madrid, 1570; con Anotaciones y Emiendas del M. Francisco Sánchez, conforme á la de Salamanca de 1581: Francisci Sanctii Brocensis Opera Omnia, t. IV, Génova, 1766. La primera edición, con notas del Brocense, es de Salamanca, 1574; después, 1577, 1581, 1589, etc. Estas notas señalan los pasajes de autores latinos é italianos imitados por el poeta. El gaditano Cobos se enfadó en un soneto de que pareciese censurarle esta imitación; pero Sánchez volvió á la carga en el prólogo de la edición de 1581. Obras de Garci-Lasso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera, Sevilla, 1580, con el famoso discurso sobre la lengua castellana del maestro Francisco de Medina, uno de los más elegantes y de magnífico estilo que se han escrito en nuestra lengua, y la Vida de Garci Lasso de la Vega. Es el comento más acabado; pero de ésos que toman pie de una palabra para dilatarse en cosas que no vienen al caso. El Prete Jacopin, esto es, don Pedro Fernández de Velasco, replicó á los defectillos que Herrera le tacha. Garci-Lasso de la Vega, natural de Toledo, de don Thomás Tamayo de Vargas, Madrid, 1622: crítica, expurgo y fijación del texto y noticia de pasajes imitados. Obras de Garcilaso, ilustradas con notas, Madrid, 1765, por don José Nicolás de Azara, con prólogo sobre la decadencia del castellano. Poetas líricos de los siglos xvi y xvii, de Adolfo de Castro, Madrid, 1854. Garcilaso, edic. de Clásicos cast., Madrid, 1911, por Tomás Navarro Tomás. Las estrofas latinas de Garcilasso, dirigidas á Antonio Telesio, están impresas en las Opera de este erudito (Nápoles, 1762), págs. 128-129. Obras [facsímile de la ed. (Lisboa) de 1626, por Archer M. Huntington], New-York, 1903. Una oda latina de Garcilaso de la Vega, ed. P. Savj-López y E. Mele, en Revista crítica, etc. (agosto-setiembre, 1897), págs. 248-251. Una oda latina inédita de Garcilaso de la Vega y tres poesías á él dedicadas por Cósimo Anisio, en Revista crítica, etc. (junio-setiembre, 1898); Oda latina de G. L. de la V., ed. A. Bonilla en Rev. crít. (julio-agosto, 1899), págs. 362-371. Consúltense: E. Fernández de Navarrete, Vida del célebre poeta Garcilaso de la Vega, en Colección de documentos inéditos para la historia de España (1852), t. XVI, págs. 9-287. B. J. Gallardo, Ensayo, etc., t. III, col. 317-333; t. IV, col. 1271-1325. B. Croce, Intorno al soggiorno di G. de la V. in Italia, Napoli, 1894. F. Flamini, Imitazioni italiane in G. de la V., en La Biblioteca delle scuole italiane (Milano, julio, 1899), t. VIII (2.ª serie), págs. 200-203.
44. Año 1525. El doctor Francisco de Sá de Miranda (1495-1558), caballero portugués nacido en Coimbra, doctor en Derecho, perito en Griego y Humanidades, dejó la cátedra de Jurisprudencia que tenía en su patria, viajó por España é Italia y se retiró á un lugar, donde era Comendador de la Orden de Cristo; se casó con doña Briolanda de Acevedo y se entregó á la poesía, en la que le tienen los portugueses por el segundo después de Camoens. De las 190 composiciones que Michaëlis de Vasconcellos ha recogido en su edición, 75 están en castellano. Compuso al principio cantigas y esparsas al estilo antiguo, que se hallan en el Cancionero general, de Resende; pero después de viajar por Italia (1521-1526) se hizo bastante italiano, sin dejar enteramente la manera antigua. Pastoril es la Fábula de Mondego (1528); más italiana es la égloga Alexis (1528-1532), en que ensaya el endecasílabo. Hasta entonces no parece habían influido en él Boscán ni Garcilaso; pero en 1534 ó 1535 Antonio Pereira Marramaque le dió, en copia manuscrita, los versos de entrambos, y se despertó en él la admiración por Garcilaso, cuya muerte lamenta en Nemoroso, la mejor de sus cinco églogas castellanas. Á pesar de algunos portuguesismos, escribió en castellano correcto. Usó, como Boscán, versos agudos é imitó bastante bien á nuestros dos poetas italianizantes. Hizo Sátiras en portugués y ocho Églogas, de ellas seis en castellano.
45. As Obras de Doutor Francisco de Saa de Miranda, Lisboa, 1595, 1605, 1614, con su vida; 1632, 1651, 1677. As Comedias, Lisboa, 1595, 1622. Poesías, ed. señora C. de Michaëlis de Vasconcellos, Halle, 1881.
46. Año 1525. Jaime de Huete, aragonés, publicó, hacia 1525, la Comedia intitulada Thesorina, la materia de la qual es unos amores de un penado por una señora, y otras personas adherentes, 1551; Madrid, 1913 (Biblióf. Madril.). Y la Comedia llamada Vidriana, Madrid, 1913 (Biblióf. Madril.). Ambas están en la Bibl. Nacional. Proceden de La Celestina y de Torres Naharro combinados, en cinco jornadas y coplas de pie quebrado y lenguaje tosco y abundante en aragonesismos: "Quamvis non Torris digna Naharro venit", se lee al final; claramente se ve que le imita.
Agustín Ortiz publicó, hacia 1525, la Comedia Radiana. Véase The Comedia Radiana, ed. R. E. House, Chicago, 1910. Hállase en la Bibl. Nacional.
Fray Francisco de Vitoria († 1546), dominico alavés, maestro de Melchor Cano, estudió Teología en París y la enseñó en Valladolid, siendo prefecto del Colegio de San Gregorio el año 1525; después en Salamanca, siendo el primero que sacó de Santo Tomás la escolástica, reformando el estudio de la Teología, aunque no quiso publicar sus obras, y sólo después de fallecido vieron la luz pública: Theologicae Relectiones XII, vol. 2, Lyon, 1557; Salamanca, 1565. Summa Sacramentorum, Valladolid, 1561; Zaragoza, 1565. Confesionario, Salamanca, 1562; Medina, 1569. Inéditos quedaron In universam Summam Theologiae S. Thomae Commentaria é In IV Sententiarum. Consúltense las monografías sobre Vitoria, de don Fidel Abad y Cavia, Madrid, 1909, y del padre fray Luis G. Alonso Getino, El maestro fray Francisco de Vitoria, en La Ciencia Tomista, núms. 1-16.
47. Año 1525. Miguel Asensio publicó Instructio Curatorum, Zaragoza, 1525. Acaso es el canónigo y vicario general de Huesca, que imprimió el Tratado llamado Tripartito: compuesto por el venerable Juan gerson, Zaragoza, 1525, 1562.—Soliloquio de San Buenaventura, Alcalá, 1525. Véase Ponce (1597).—Jerónimo Cucalón publicó la celebrada obra Apostillae et Repertorium... super Tit. de Regulis Juris, Lyon, 1525.—Tratado del nombre de Jesús; compuesto por maestro Navarro, canónigo de Sevilla, Sevilla, 1525. Magistri Navarre. De nomine Jesu, en español, Toledo, 1526.—Don Fernando de Loazes, de Orihuela, publicó De Conversione et baptismo Agarenorum, Valencia, 1525. De Matrimonio Regis Angliae Henrici VIII, Barcelona, 1531.—Juan Maldonado, conquense, vicario general de Burgos, publicó Hispaniola, quae Plautina festivitate, Terentianaque facundia redundans varios amantium casus, iucundosque successus non sine venustate elegantiaque complectitur, Valladolid, 1525. Paraenesis ad bonas literas, 1527. De Senectute Christiana, y Paradoxa, Vita hominis instar diei, y Ludus chartarum et triumphus, y Geniale Judicium, Burgos, 1549. Vitae Sanctorum, 1530, 1548; Burgos, 1573.—Fray Jerónimo Pérez, mercedario valenciano, publicó Monoctium, Nápoles, 1525. In 1am D. Thomae, Valencia, 1548. In 1am 2ae. Contra Haereticos unius diei opus, Nápoles.—Perla preciosísima que asegura y repara la vida christiana, Toledo, 1525.—Historia del Emperador Carlomagno y de los doze pares de Francia, Sevilla, 1525, 1528, 1534, 1547, 1548, 1549; Alcalá, 1570; Lisboa, 1613; Huesca, 1641; Cuenca (sin año); Sevilla, 1650; Barcelona, 1696. Está sacada del poema francés Fierabrás del Speculum historiale, de Vicente de Beauvais, y acaso de un compendio del Turpin. El pueblo le llama Carlomano, é inspiró á Calderón La Puente de Mantible. Es libro muy vulgar, que todavía se imprime, y lo tradujo Nicolás de Piemonte.—Libro de cozina compuesto por maestre Ruberto de Nola, Toledo, 1525, 1529, 1538, 1544, 1568, 1577; traducido del latín.—Jaime Soler, aragonés, publicó Summa de los Fueros y Observancias del Reyno de Aragón, Zaragoza, 1525. Repertorio de todas las Leyes de Castilla, Toledo, 1529.—Francisco de la Torre, que no parece ser el famoso posterior, publicó Comedia Pontifical, en español, Roma, 1525 (Abeced. Colón).—Don Francisco Sarzosa, de Cella de Aragón, publicó In Aequatorem, planetarium, París, 1525 (?), 1526.
48. Año 1526. Juan Alfonso de Benavente publicó Tractatus de penitentiis et actibus penitentium et confessorum, Alcalá, 1526.—Fernando de Basurto, natural de Jaca, muerto en 1540, publicó el Libro agora nuevamente hallado del noble y muy esforçado cavallero don Florindo hijo del buen duque Floriseo, Zaragoza, 1526, 1530 y 1550. Descripción poética del martirio de Santa Engracia, Zaragoza, 1533. Vida y milagros de Santa Orosia, Zaragoza, 1539. Diálogo entre un caballero cazador y un pescador anciano, Zaragoza, 1539. Véase Cotarelo, Teatro espñ. anterior á Lope, Madrid, 1902.—Bonaventurae Sacti historia ó leyenda mayor de s. Francisco, y s. clara en español, Toledo, 1526.—Caroli imperatoris, sumario del aceptación que tomó con el Rey de Francia en Madrid, Toledo, 1526.—Álvaro Castro, médico toledano, escribió Ianua vitae, 1526, 2 tomos (ms. Catedr. Toledo), es Diccionario de los seres naturales, con nomenclatura castellana, latina, griega y árabe. Fundamenti Medicorum, 2 partes (Ms., Toledo).—En 1526 se publicó El octavo libro de Amadís: que trata de las estrañas auenturas y grandes proezas de su hijo Lisuarte y de la muerte del ínclito rey Amadís... Fué sacado de lo Griego é Toscano en Castellano por Juan Díaz, bachiller en cánones, Sevilla.—Las Fábulas de Esopo, Sevilla, 1526, 1533, 1571, traducidas por tercera vez, después de las impresas en Zaragoza, 1489, y en Burgos, 1496.—Diego García, general de la Armada, en 1512 y 1526, escribió Relación que presentó á S. M. de su derrota en el segundo viaje que hizo al descubrimiento del río de la Plata, desde su salida de la Coruña, á 15 de enero de 1526 (ms.).—Tripartito de Juan Gerson, Toledo, 1526.—Margarita confessorum, Sevilla, 1526, por un dominico.—Juan Martín Población, valenciano, médico, matemático y astrólogo, publicó De usu astrolabi Compendium, París, 1526, 1527, 1547, 1550, 1553, 1554, 1556; Salamanca, 1550. Tratado y uso del astrolabio, traduc. por Roberto Deuport (ms. Bibl. Nac).—Fernando de Oropesa publicó Memoria de una redempción en español, Toledo, 1526.—Nicolás de Plove publicó Tractatus sacerdotalis: de ecclesiasticis sacramentis, Alcalá, 1526, 1553.—Historia del invencible cavallero don Polindo, Toledo, 1526.—Diego Sagredo, capellán de doña Juana la Loca, publicó la primera obra de Arquitectura que se escribió en España (y también en Francia, traducida al francés en 1542), en la cual pretendió restaurar y compendiar la doctrina de Vitrubio, sin romper del todo con la arquitectura plateresca de entonces: Medidas del Romano, Toledo, 1526; Lisboa, 1541 (dos ediciones); Toledo, 1549, 1564. Véase Llaguno y Amírola, Noticias de los arquitectos y arquitectura de España, Madrid, 1829.—En la edición de La Celestina, de Toledo, 1526, se entremetió el Auto de Traso é sus compañeros (entre el 18 y el 19), y al principio se dice: "El proceso deste auto fué sacado de la comedia que ordenó Sanabria". No se sabe qué comedia fuese.—Fray Alonso Venero (1483-1560), dominico burgalés, publicó El Enchiridión de los tiempos ó Universalis ab Origine rerum Historiae Summarium, Burgos, 1526, 1529, 1540; Alcalá, 1541; Salamanca, 1545; Zaragoza, 1549; Medina, 1551, Amberes, 1551, 1554; Toledo, 1569, 1576, 1587; Alcalá, 1641. La Vida del Confesor San Lesmes, Burgos, 1563. La Vida de Santa Casilda. Agiographia ó vidas de Santos de España. Poligraphia de España (descripción). Tratado del origen y fundación de Burgos.—Francisco de Vergara († 1545), canónigo toledano, erasmista y hermano del doctor Juan de Vergara, y que, según Scoto, era "inferior á Juan en el ingenio, pero superior en el estudio", catedrático por diez años de griego en Alcalá, publicó Graecorum characterum apicum et abbreviationum explicatio, Alcalá, 1526. De omnibus Graecae linguae Grammaticae partibus, Alcalá, 1537; París, 1550. D. Basilii Magni Conciones novem... His accesserunt Graecae linguae Alphabetum et Litteraria Rudimenta, Alcalá, 1540, 1544. Teagenes y Clariclea ó La Historia Ethiopica de Heliodoro, Amberes, 1554; Salamanca, 1581. Theonis Sophistae Progymnasmata.
49. Año 1527. Alonso de Valdés (1490-1532) debió de nacer en Cuenca, donde su padre, don Hernando ó Fernando, asturiano de origen, fué regidor perpetuo y procurador en Cortes, padre, asimismo, de Juan y de Andrés, en quien renunció en 1520 la regiduría. Parece fué discípulo de Pedro Mártir, por lo menos se carteó con él, y se retrató en aquel Lactancio del Diálogo, "mancebo, seglar y cortesano"; no fué clérigo ni teólogo, como algunos han creído. Suena por primera vez su nombre en sus tres cartas que desde Flandes y la Baja Alemania dirigió á Pedro Mártir en 1520; acompañaba á la Corte imperial, acaso como escribiente de la cancillería, á las órdenes de Mercurio Gattinara. Asistió, y la describe en estas cartas, á la coronación de Carlos V en Aquisgrán y á la Dieta de Worms, mostrándose en ellas desfavorable á Lutero, "audaz y desvergonzado", "venenosos" sus libros. Vuelto á España, siguió en la cancillería, redactó unas Ordenanzas (1524), que se conservan de su puño y letra, por encargo del canciller, siendo ya "registrador" y "contrarrelator"; en 1525 el sobre de una carta le apellida "secretario del canciller", y en 1526 el Emperador le nombró "secretario de cartas latinas", con salario de 100.000 maravedís anuales; más tarde se le llama "secretario", y Crammer le dice, en 1532, "secretario principal". Siguió á la Corte imperial en sus viajes por España, y redactó y suscribió muchos documentos oficiales, entre ellos la Investidura é infeudación del ducado de Milán á Francisco Sforcia (1524); la carta del Emperador á Jacobo Salviati (1527), sincerándose del asalto y saqueo de Roma; la carta al Rey de Inglaterra (1527) sobre lo mismo, y la Liga clementina; la respuesta al cartel de desafío de los Reyes de Inglaterra y Francia (1528) al Emperador; una carta al Embajador de Londres sobre el divorcio de Enrique VIII (1529); el Tratado de paz con Clemente VII en Barcelona (1529); la cédula de Carlos V, reconociendo á su hija natural madama Margarita (1529), etc. Escribió, sobre todo, la Relación de las nuevas de Italia: sacadas de las cartas que los capitanes y comisario del Emperador y Rey nuestro Sr. han escripto á su majestad: assí de la victoria contra el rey de Francia (de Pavía) como de otras cosas allá acaecidas (1525). Asimismo suscribió las cartas que en 1526 dirigió Carlos V á Clemente VII y al Colegio de Cardenales, quejándose de los agravios que había recibido del Papa y solicitando la celebración de un Concilio general, impresas en Alcalá, 1527 y muchas otras veces. Fué Alonso de Valdés más erasmista que Erasmo, Erasmiciorem Erasmo, como dijo Oliver; divulgaba sus escritos, hacía ediciones de ellos á su costa, le servía en sus negocios particulares. Fué de índole afable y pacífica y todo el mundo le estimaba; sólo tuvo contienda con Juan Alemán y el nuncio Castiglione, con ocasión del Diálogo de Lactancio y un arcediano, "tesoro de lengua", según M. Pelayo, retocado por su hermano Juan y aun recargado en la dureza y acedia, como á su vez lo hizo el editor de París de 1586. Trata del saco de Roma (1527), defendiendo á Carlos V. En estilo dramático, fogoso y pintoresco, narra el saco de Roma el Arcediano y por el Emperador sale Lactancio, en quien Valdés se reviste, echando la culpa al Papa, que promovió la guerra y se alió con Francia, y, repitiendo muchas de las diatribas de Erasmo contra frailes y clérigos y contra la corrupción de la Iglesia, acaba clamando por la reforma. En 1529 salió Valdés de España, acompañando á la Corte imperial; asistió en Bolonia á las vistas de Clemente VII y el Emperador, y en Alemania, á la Dieta de Ratisbona. En 1530 estaba en Ausburgo; en 1531, en Colonia y Bruselas; en 1532, en Ratisbona. En la Dieta de Ausburgo debieron entenderse bien él y Melanchton, el cual, oídas las explicaciones de Valdés, en nombre del César, formuló por escrito las creencias luteranas en la famosa Conferencia de Ausburgo (1532). Valdés la leyó antes de presentarse á la Dieta y halló amargas é intolerables algunas proposiciones; luego la tradujo, por orden de Carlos V, al italiano. Murió Valdés en Viena, de la peste. Los extranjeros le ponen á la cabeza de los reformistas españoles; don Fermín Caballero vindica su ortodoxia; M. Pelayo le tiene "por un fanático erasmista, Erasmiciorem Erasmo, que participó de todos los errores de su maestro". "El juicio (añade) que de éste se forme, ya se le considere como católico (aunque malo), ya como hereje, debe aplicarse, punto por punto, á Alfonso, que nunca vió más que por los ojos del humanista roterodanense. Sin estar separados uno y otro pública y ostensiblemente del gremio de la Iglesia, sostuvieron principios de disciplina, y aun de dogma, incompatibles con la ortodoxia, y una y otra vez condenados, é hicieron cuanto en su mano estuvo por concitar los pueblos contra Roma, menoscabar el prestigio de la dignidad pontificia y acelerar y favorecer los progresos de la Reforma. Si no reformistas, son padres y precursores de los reformistas, y bien hacen éstos en contarlos entre los suyos". No fueron luteranos ni Erasmo ni Alonso de Valdés, ni reformistas heterodoxos, sino reformadores de las costumbres dentro de la Iglesia, aunque, en el fragor del combate, se saliesen á veces de la raya, y al criticar los desmanes de clérigos y frailes generalizasen demasiado. El pueblo no podía escandalizarse de que les pintasen la vida desreglada que él mismo veía en tanta gente de iglesia.