Los detractores del Almirante y defensores de Pinzón transformaron el dístico en la siguiente forma:
Pareciéndoles después que habían cometido una injusticia, creyeron arreglarlo todo diciendo:
Con espíritu más levantado vinieron otros que admitieron el mote de esta manera:
Desde la cátedra del Ateneo de Madrid propuso D. Víctor Balaguer que si algún día se intentaba variar el dístico, debía ser del siguiente modo:
El ilustre escritor norteamericano Charles F. Lummis, en su pequeño libro intitulado Los exploradores españoles del siglo XVI, ha dicho lo siguiente: «A una nación le cupo en realidad la gloria de descubrir y explorar la América, de cambiar las nociones geográficas del mundo y de acaparar los conocimientos y los negocios por espacio de siglo y medio. Y esa nación fué España.»
Un genovés, es cierto, fué el descubridor de América; pero vino en calidad de español; vino de España por obra de la fe y del dinero de españoles; en buques españoles y con marineros españoles, y de las tierras descubiertas tomó posesión en nombre de España»[449].
Colocada en este punto la cuestión que nosotros resolveríamos con Balaguer y Lummis, no queremos, sin embargo, pasar en silencio las atinadas observaciones del Sr. Sánchez Moguel. Tales son las palabras del Catedrático de la Universidad de Madrid: «El conquistador de Granada, en su testamento, otorgado el 20 de enero de 1516, al instituir heredera de sus reinos de la corona de Aragón a su hija doña Juana, no comprende entre ellos en modo alguno las islas y tierra firme del mar Océano, esto es, el Nuevo Mundo». Sin duda, no pertenecía, ni en todo ni en parte, a su corona aragonesa, cuando no lo menciona. No cabe atribuirlo a olvido, porque no los hay de tanta monta, ni menos aún en documentos de esta clase. En cambio, su egregia esposa, la magnánima Reina de Castilla, en su testamento, fechado en Medina del Campo el 12 de octubre de 1504, habla de las islas y tierra firme del mar Océano como parte integrante de sus reinos de Castilla. Y ¿por qué? Sea la gloriosa Reina quien nos responda: «Por quanto... fueron descubiertas e conquistadas a costa destos Reynos e con sus naturales dellos»[450].
No creemos que la cuestión tenga mucha importancia. Sin embargo, colocados en la obligación de dar nuestra opinión, diremos que la parte que tomó Castilla en el descubrimiento del Nuevo Mundo fué mayor, como mayor fué el apoyo que prestó a Colón la reina Isabel. Conviene no olvidar lo que dice Guicciardini, Embajador de la Señoría de Florencia en la Corte del Rey Católico: «los negocios pertenecientes a Castilla se gobernaban, principalmente, por su mediación y autoridad (de Isabel)». Se ha dicho también que D. Fernando mandó librar de la Tesorería de Aragón—y esto lo afirman los defensores de D. Fernando—la cantidad necesaria para la empresa del descubrimiento, a causa de la pobreza del Erario castellano, disponiendo después que del primer oro que viniese de las tierras descubiertas se diera parte a Aragón, que se empleó, por cierto, en dorar el artesonado de la Aljafería de Zaragoza; pero el catalán Bofarull no halló entre los papeles de la citada Tesorería orden ni registro de semejante libramiento, y el aragonés Nougués y Secall ha mostrado que el dorado de la Sala mayor de la Aljafería es anterior a la vuelta de Colón de su primer viaje. Si pudiese haber todavía alguna duda, habremos de recordar que Alejandro VI concedió las tierras descubiertas a los reyes de Castilla y sólo a los reyes de Castilla.