MEDORO, con un báculo y un cuchillo escribiendo en los árboles, y PASTORES cantando.

Med.

Ya porque mis glorias

Lisonjeros cuenten,

Sus cortezas hago

Láminas silvestres.

Ang.

Dulce dueño mio,

Locas estas fuentes,

Perlas me tiraban

Con risa de verte;

¿Qué escribes?

Med.

Escribo

Los gustos presentes,

Porque al paso crezcan

Qu’estos olmos crecen,

Eternos ansí

Nuestros nombres queden,

Que para callada

No es tan alta suerte;

Álamo ninguno

De decir la deje,

Sepan que Medoro

Tu deidad merece.

Ang.

¿Cómo dice?

Med.

Todos

Hablan de esta suerte,

Formando una firma

Las aes y emes.

Ang.

La M y la A

Que en un lazo tienes

¿Qué dicen?

Med.

Sentidos

Les doy diferentes:

La M por sí

Mi nombre refiere,

Y el tuyo la A,

Y juntas se entienden,

Nuestros nombres juntos

Hicieron dos veces.

En la A dirá

Ama, se advierte

Tambien por los dos,

Pues tan dulcemente

Ama cada cual.

Ang.

Deja que celebre

Tu ingenio en mis brazos.

Med.

Y que yo te bese

Las estrellas, si hay

Estrellas de nieve,

Pues tus blancas manos

Dos copos desmienten.

Peyr.

En la M ya

Tambien decir puede

Marta, manta, mona,

Maliciosamente,

Maldita, malhayas,

Martinela.

Mart.

Siempre

Has de ser en todo,

Peyron, maldiciente.

Ang.

¿Y abajo qué dicen?

Med.

Mas dejo entenderme:

Gozó aquí Medoro.

Ang.

¿Quién mis glorias cree?

Med.

Su Angélica envidian

Su triunfo los reyes,

Y denle los hombres

Dulces parabienes.

Mi exceso perdona.

Ang.

Mi soberana corona

Ciudad hace vuestra frente

Porqu’es símbolo del muro.

Med.

Aunque la cerques, confieso

Que en sus murallas el seso

Por tí no ha destar seguro.

Ang.

Repartir las prendas quiero

De tantos locos amantes,

Que en acciones semejantes,

Medoro, vencerte espero:

Este brazalete de oro,

Que fué de Orlando, te doy

Por el hospedaje.

Guar.

Soy

Tu esclavo.

Med.

Tu gusto adoro,

Porque á este Orlando aborrezco.

Ang.

Suyo es tambien este anillo,

Toma, y este cabestrillo

Tú.

Peyr.

¿Yo cabestro merezco?

Confirmado en bestia estoy,

Mas, pues me has hecho borrico,

Ya estó en vísperas de rico.

Ang.

Aquí á vosotros os doy

Esta caja, repartid

Las joyas que en ella van,

Que hay lisonjas del Ceilan.

1.º

Danos esos piés.

Peyr.

Vivid

Más años que un campanario.

Med.

Partirnos luégo, es forzoso,

Á las naos.

Ang.

Vén, dulce esposo.

Peyr.

Él vendrá á ser herbolario,

Si un año vive con vos.

Med.

¿Quién si el mismo amor no fuera

Tal milagro hacer pudiera?

Ang.

Es niño.

Med.

Es ciego.

Ang.

Y es Dios.

Guar.

Hasta que al valle salgais

Acompañaros queremos

Cantando y haciendo extremos.

Peyr.

Pues ¿cómo no comenzais?

(Éntranse cantando.)

ROLDAN.

Rold.

Todo aquello que Angélica no sea,

Da muerte al pensamiento, al gusto enojos,

Que amor hace en mis ojos

Divino objeto y celestial idea;

En todo quiere el alma que la vea,

Y engañando el deseo,

En todo la imagino y no la veo.

Esta hermosa y bellísima alameda,

Arrogancia soberbia deste valle,

Que en alfombrada calle

Con los rayos del sol hojas enreda,

Treguas á mis sentidos le conceda.

(Siéntese.)

Si puede haber sosiego

Cuando es amor espíritu de fuego,

Que nadie te merezca, ingrata bella,

Está puesto en razon, y es justa cosa

Que á mujer tan hermosa

Hombre mortal no puede merecella;

Sólo yo puedo amalla, yo querella,

Y ella á mí amarme puede,

Sin que excedido amor en los dos quede,

¿Dónde está la verdad, plantas hermosas?

¿Dónde la ingratitud, dónde el agravio?

¿Qué hizo la madre eterna de las cosas?

Mas la selva en cadencias sonorosas,

Diciendo que la esconde,

En mis dudas parece que responde.

Cantan dentro.

Son aquellas blancas manos

Que quitaron tantas vidas,

Curando Angélica estaba

De Medoro las heridas.

Rold.

¡Válgame Dios! acordadas

Voces, y voces que digan:

Curando Angélica estaba

De Medoro las heridas;

¿Qué puede ser? ¿qué será?

¿Angélica enternecida?

Curando Angélica estaba

De Medoro las heridas;

¡En Angélica piedad!

Pero será fantasía

En voces imaginarias,

Si en todo amor la imagina.

Curando Angélica estaba,

Dice, con sus manos mismas

Las heridas de Medoro;

De Medoro, ¿hay tal desdicha?

Medoro, ¿quién es Medoro?

Del nombre tengo noticia;

Medoro, sí, ya me acuerdo,

Este es un moro que un dia

Pienso que en este lugar

La copia hermosa y divina

De Angélica profanaba,

Y á quien yo con bizarría

Maltraté y quité el alfanje,

Y es bajeza que se diga

Esto de un moro tan vil,

Ni que della se colija

Tal liviandad, si no es

Que amor soberbio castiga.

Mas, ¡Angélica piadosa,

Angélica agradecida!

¡Cielos! las canciones mienten,

Mienten las voces malditas;

Mas pastores son los que bajan

En lisonjera capilla

Del monte, dellos sabré

Si ésta es del amor envidia.

Decienden PASTORES por dos partes, cantando los unos y los otros.

Peyr.

En un pastoral albergue,

Que la guerra entre unos robles

Le dejó por escondido,

Ó lo perdonó por pobre,

Do la paz viste pellico,

Y conducen tres pastores

Ovejas del monte al llano

Y cabras del llano al monte,

Mal herido y bien curado

Se alberga un hermoso jóven,

Que sin tirarle amor flechas

Le coronó de favores.

Las venas con poca sangre,

Los ojos con mucha noche,

Le halló en el campo aquella

Vida y muerte de los hombres.

Del palafren se derriba,

No porque al moro conoce,

Sino por ver que á la hierba

Tanta sangre pasa en flores.

Hierbas aplica á las llagas,

Que si no sanan entónces,

En virtud de tales manos

Lisonjean los colores.

(Vanse.)

ROLDAN.

Rold.

No prosigais, callad.

Peyr.

¡Ay!

1.º

¡Ay!

2.º

¡Ay!

Peyr.

Martinela, corre.

Rold.

Aguardad, que amigo soy

Y no hay en mí qué os asombre.

Peyr.

No, si una vez nos derriba.

Rold.

No es mucho, si vuestras voces

Á mí me han muerto tambien.

Peyr.

Cantan como ruin señores

Estos dos; porque son ruines

Su ignorancia los abone.

Rold.

Esta letra y la primera

Son en el caso conformes.

Guar.

Sí señor, y verdaderas.

Peyr.

¿Y cómo?

Rold.

Bueno me ponen.

Peyr.

La primera por Belardo,

Que habló al uso de córte

Porque se ha criado en ella,

Y con dulzura compone

Divinidades, y hay tantas,

Que en volúmenes no cogen;

La segunda hizo Lisardo,

Tan levantado y tan noble

Espíritu, que la gente

Por deidad le reconoce;

Estos dos, pues, compusieron

Al tálamo más conforme

Que han celebrado jamas

Mármol blanco y rubio bronce,

Estas letras, porque fueron

Testigos de sus amores,

Halló Angélica la bella,

Como Vénus halló á Adónis,

Á Medoro mal herido.

Rold.

¡Medoro! ¿qué dices, hombre?

Guar.

Medoro, sí, muy bien dice.

Rold.

¿Qué dices?

1.º

Su propio nombre

Es Medoro.

Peyr.

Y es, por Dios,

Muy principal, aunque es pobre.

Mart.

Como es pobre, ella quiere

Que en el Catay le coronen.

Peyr.

Pardiez, puede el Medorillo

Ser señor de los dos orbes.

1.º

Ellos se juntarán bien.

Guar.

En mi cabaña diez noches

Han estado, que los dias

Estos álamos sin órden

Los hurtaban.

Peyr.

Y áun si habláran...

Rold.

¿Qu’estos así me provoquen?

¡Diez noches!...

Guar.

Y en las seis, ella

Tanta diligencia pone

En curarle con las hierbas

Cuyos secretos conoce,

Que se levantó el Medoro

Sano y fuerte como un robre.

Peyr.

Tal priesa tenía ella

Por lograllo.

Guar.

Desposóse

Con él á la usanza suya.

2.º

Hola, las uñas se come.

1.º

Si es poeta.

Rold.

¿Y luégo qué hubo?

Peyr.

Á los discretos lectores

Eso en silencio se deja.

Guar.

Traspontines y colchones

De plumas desestimando,

Y á los bálsamos y olores,

Hicieron el heno campo

De batalla.

Peyr.

Y á las doce

Se levantaron.

Guar.

Al fin

Hoy se han despedido.

Rold.

¿Y dónde

Agora están?

Guar.

En las naves.

Rold.

¿Y no os regalaron?

Guar.

Dióme

Ella aqueste brazalete,

Que dijo que era del Conde

Don Roldan, y él...

Rold.

¿Quién?

Guar.

Medoro.

Con él enojado entónces,

Le dijo que me le diera.

Rold.

Basta ya, villanos torpes,

Que desatan vuestras lenguas

El infierno sus rigores;

Ídos luégo, ¿mas no os vais?

Si aquí no quereis que corte

Las voces por la garganta.

Peyr.

Por esa parte se come.

Vill.

Guarda la gola.

Peyr.

Oste, puto.

Rold.

¡Oh cabaña vil, oh bosque,

De mis agravios testigos!

¡Oh viles encubridores

De mis celos, oh villanos!

Peyr.

San Gil.

Mart.

San Braulio.

Guar.

San Cosme.

Rold.

Pero no puedo creer

Que tal beldad se malogre

Con moro tan vil, mas siempre

Son tales las elecciones

De las mujeres ó mostma,

Como la luna biforme.

Peyr.

Yo me escurro.

Rold.

Infame, espera.

Mart.

Tras el álamo te esconde.

Peyr.

Él me ampare.

Rold.

Mas ¿qué es esto?

En las cortezas los nombres

De Angélica y de Medoro

Están dando mudas voces:

Aquí Medoro gozó...

Guar.

Ramas quiebra y troncos rompe.

Rold.

Á su Angélica, los reyes

Los envidien, y los hombres

Le den parabien. Ya

Los celos me descomponen;

No ha de quedar en el valle

Álamo que no destronque,

Ni hombre que no mate.

2.º

Huyamos.

Peyr.

Yo aquí, por más que se enoje,

Estoy seguro, que el tronco

En su pecho me socorre.

(Escóndese en el hueco de un árbol, donde está un dominguillo como Peyron.)

Todos.

Guarda el loco.

Rold.

No ha de haber

Rayo que ceniza os torne,

Tan fiero como mi espada;

Caed, tálamos inormes

(Da cuchilladas á los robles.)

De tórtolas y palomas;

Pero cuando aquí os despoje

Del verdor que os enloquece,

Abril volverá que os borde.

Arrancaros con los brazos

Quiero, ¡oh vil! ¿aquí te pones

Para apurar mi paciencia?

Estrellaréte en los montes.

(Arranca el árbol y topa el dominguillo; pensando era Peyron, le echa en el tablado.)

Peyr.

¡Ay! que me ha descalabrado;

De véras fué, levantóme

Como testimonio, ¡ay! ¡ay!

¿No hay quien la sangre me tome?

Rold.

¡Oh villano, áun estás vivo!

Aguarda, que de otro bote

Te he de echar á las estrellas.

Peyr.

¡Ay! ¡ay!

Toquen, y sale MEDORO y ANGÉLICA.

Med.

Los aires rompen

Los clarines, y las naves

Los blandos limos descosen;

Mas ¡ay triste!

Rold.

La venganza

Dios en las manos me pone:

Vil mujer, beldad tirana,

Que elegiste el más vil hombre

Del mundo, aquí entre mis brazos...

Med.

Del anillo te socorre.

Rold.

Habeis de morir.

Ang.

No temas, dame la mano.

(Vuelan de las manos.)

Rold.

Veloces

Pensamientos sean deshechos

Entre las manos, ¡oh enormes

Encantos! mas no ha de haber

Quien la venganza me estorbe.

(Vase.)

Peyr.

¡Ay! ¡ay! ¡ay! que mis gregüescos

Toda la sangre recogen,

¡Ay! ¡ay! y pues huelo mal,

Sin duda que se corrompe.

Adorno de fin de capítulo