FELICIANO, FULGENCIO, TANCREDO Y GALINDO.

Gal.

En el escritorio están

Fabio, Tribulcio y don Juan.

Fel.

¿Pues qué esperan?

Gal.

Sólo á tí,

Que la palabra les diste

De hacer aquella fianza,

Y están con la confianza

De que tú lo prometiste.

Fel.

¡Fiar en diez mil ducados,

Vive Dios que es grave cosa!

Mas tambien es vergonzosa

Dejar tres hombres burlados;

Todos tres son mis amigos.

¿Pues los amigos qué son?

¿No más de conversacion,

Ser de los gustos testigos,

Comer, cenar, murmurar,

Y en llegando el menester,

Acordarse del placer,

Y huir el rostro al pesar?

Fiarlos tengo: camina.

Ful.

Contigo irémos los dos.

(Vanse.)

Gal.

Loco es este hombre, por Dios.

Tanc.

Su buena sangre le inclina

Á ser amigo de véras,

Á profesar amistad;

¿Qué quieres? trata verdad...

Gal.

Quita allá, que son quimeras;

¡En siglo tan estragado

Se mete á ser buen amigo!

Tanc.

Del bien que ha usado conmigo

Estoy, Galindo, obligado.

Gal.

En esta edad es discreto

El que más al otro engaña,

El que vende, el que enmaraña,

El que no guarda secreto;

El cambiador, el logrero,

El que hace la mohatra,

El que el dinero idolatra,

El chismoso, el chocarrero,

El soplon, falso testigo,

El que murmura de todo,

El que habla á un mismo modo

Al amigo y enemigo;

El que espera en una esquina

Al que habla la mujer,

Y para hacerle prender,

Como otro Júdas camina,

El que envidiando los buenos,

Todo es envidia y mentira,

El que sus vicios no mira

Y murmura los ajenos;

Y así tengo para mí

Que se pierde Feliciano,

Que la llave de la mano

No se puso en balde allí;

Llamarla llave es decir

Que la mano esté con llave.

Cuando el dinero se acabe,

¿Qué ha de hacer? ¿dónde ha de ir?

Tanc.

Los amigos que ha ganado

Le darán favor.

Gal.

¿Favor?

¡Plega á Dios!

Tanc.

Deja el temor.

Gal.

Temo este reloj errado,

Que así llamaba un discreto

Al siglo.

Tanc.

Vén por aquí.

Gal.

Quien ama teme.

Tanc.

Es ansí,

Porque es del amor efeto.

(Vanse.)

LEONARDA Y RICARDO.

Ric.

Digo que si vos quereis,

Esta noche os le doy muerto.

Leon.

Aunque es vuestro valor cierto,

Y tal opinion teneis,

Os suplico lo contrario.

Ric.

Si lo negais por temor

Del daño de vuestro honor,

No es conmigo necesario.

¡Vive Dios que ha de morir

Al umbral de Dorotea,

Sin que parte el mundo sea

Para poderlo impedir!

Leon.

Si entendeis, señor Ricardo,

Que adoro en este mancebo,

No dudeis que no lo apruebo,

Porque en mi honor me acobardo;

Sin duda le quiero bien,

Y quiérole bien de suerte,

Que sólo pensar su muerte

No hay más muerte que me den.

Ric.

Pues bástame esta razon

Para quitarle la vida,

Siendo vos de mí querida,

Cuanto esos méritos son,

Que quitándole delante,

Y viendo que os obligué.

Si no mi talle, mi fe

Os dará ocasion bastante;

Que el bofeton que él os dió,

No os le dió á vos, sino á mí,

Que puse el alma que os dí

En el lugar que agravió,

Y son las pruebas mejores,

Que dándoos el golpe á vos,

Vieron en mí más de dos

La vergüenza y los colores.

Si yo no os hubiera hablado,

Aún era la obligacion

De vengar el bofeton,

Digno de un hidalgo honrado.

Quedad, señora, con Dios,

Y esta noche me esperad

Con las nuevas.

Leon.

Aguardad,

Que tengo que hablar con vos.

Ric.

Estoy ya determinado,

No hay que tratar.

(Vase.)

Leon.

Esto es hecho,

Que le ha de matar sospecho,

¡Oh injusto traidor soldado!

¡Ay, mi bien, que está tu vida

En gran peligro! ¿Qué haré?

Pero yo le avisaré,

Por más que el honor lo impida,

Donde quiera que estuviere,

Porque un verdadero amar

Sólo quiere conservar

La vida de lo que quiere.

(Vase.)

DOROTEA Y CLARA.

Dor.

¿Doblaste los mantos ya?

Clara.

Ya, señora, los doblé:

Triste estas.

Dor.

Tengo por qué;

Nuestro pájaro se va.

Clara.

Cuando se vaya te quedan

Mas de cuatro mil ducados,

Sin otros tantos gastados

De las plumas que se enredan.

Déjale, y vaya en buen hora,

Aunque si él ama la dama

Que hoy has visto, mucho infama

Su amor, y su honor desdora.

Dor.

¡Ay Clara! nunca los hombres

La mano y la daga ofrecen

Á las cosas que aborrecen,

Ni las dicen tales nombres.

Sé yo toda la cartilla

De esta escuela de querer,

Siempre el raso y la mujer

Ó se aprensa ó se acuchilla.

Ya estará el buen Feliciano

Poniendo con ánsia loca

Siete mil veces la boca

Donde una puso la mano;

¡Qué le dirá de regalos!

¡Qué pedirá de perdones!

Que hay hombres muy regalones

Despues de unos buenos palos.

¡Pues qué contenta estará

La buena de la mujer!

Echábasele de ver,

Porque le abonaba ya.

Clara.

No me puedo persuadir

Que afrentada quiera bien.

Dor.

Todas quieren que las den.

Clara.

De comer y de vestir.

Dor.

No sé, lo que dicen digo.

Clara.

Allá dijo un bachiller

Que era animal la mujer

Que gustaba del castigo.

Dor.

Paso, Clara, gente viene.

Clara.

¡Por Dios, señora, que es él!

Dor.

Costarále al moscatel.

Clara.

Mesúrate.

Dor.

Eso quisiere.

FELICIANO, FULGENCIO, TANCREDO, GALINDO.

Fel.

Estarás muy enojada.

¿No hablas? ¡Bueno por Dios!

Gal.

Más sesgas están las dos

Que una borrica embarcada.

Fel.

Alza los ojos del suelo,

No des luz en cosa indina,

Ni pongas al sol cortina,

Que dé venganza al del cielo;

Mira que estás obligada,

Y que no es razon, celosa.

Dor.

Tiéneme muy vergonzosa

La desvergüenza pasada.

¡Tú darme celos á mí,

Y fingir no conocerme

Para ver descomponerme!

Fel.

¡Yo, mi bien! ¡yo á tí!

Dor.

Tú á mí.

Y despues, porque yo viese

Que tenías muy sujeta

Una mujer tan discreta,

Si en no quererte lo fuese,

Haciendo muy del rufian,

Le das aquel bofeton.

¿Tú te haces el socarron?

¿Tú eres el tierno galan?

¿Tú el lloron, tú el obediente?

No fio de vos la cara,

Hermano, á la que repara

Que yo soy algo insolente.

Véte con Dios, Feliciano,

Sal de mi casa, no más,

Bofeton y celos das,

Pesada tienes la mano.

Fel.

Tan pesada, que compré,

De camino, para tí

La joya que traigo aquí,

Y que agora te daré.

Dor.

¡Jesus! de gastos excusa;

No quiero nada, no, no.

Clara.

Muestra, tomaréla yo.

¿Qué es esto?

Fel.

Lo que se usa,

Un brinco con cien diamantes:

Mil ducados me costó.

Gal.

Los ciento le diera yo

Á las dos disciplinantes,

Y los mil á un escritorio.

¡Ah, pobre seso hechizado!

Más que ha de darse el cuitado

Como los cuartos de Osorio.

Clara.

Ea, deja los enojos,

Mira que te quiere bien.

Dor.

¡Ay, Clara! ¿tú eres tambien

En engañarme á los ojos?

No te ciegue el interes,

Que más te importa mi vida,

Por este traidor perdida.

(Ap.) ¿Qué es eso?

Clara.

Una joya es.

Dor.

¿Es buena?

Clara.

De mil ducados.

Dor.

Ruégame más.

Clara.

Ea, señora,

Mira que llora y te adora,

Vuelve esos ojos airados;

Fulgencio, ruégale tú,

Ruégale tú, Tancredo,

Galindo, llega.

Gal.

No puedo.

Dor.

No me canseis, ¡ay Jesus!

Fulg.

Ea, que estás ya cansada.

Tanc.

Háblale, por vida mia.

Gal.

¡Hay mayor bellaquería!

¡Oh bellaca redomada!

¡Oh tahura de querer!

¡Oh guillota de fingir!

¡Que un hombre pueda sufrir

Engaños de una mujer!

Fel.

Háblame, mi bien, pues, ya,

Mira que me estoy muriendo.

Dor.

¿Qué te he de hablar?

Gal.

Sí, fingiendo,

Como hasta agora lo está.

Dor.

Ahora bien, con condicion

Que no me has de dar más celos.

Fel.

No me perdonen los cielos

Si más te diere ocasion.

(Se abrazan.)

Dor.

¡Qué bien sabes engañarme!

Gal.

Á la trocada lo dí.

Fel.

¿Qué hacemos todos aquí,

Que quiero desenfadarme?

Pero traigan de cenar,

Y entre tanto jugarémos.

Fulg.

Si hay mesa, naipes tenemos.

Fel.

Pues comienza á barajar.

(Se acercan á la mesa.)

Tú, toma aquesos doblones

Y trae cena bastante

Y llama á Arsindo que cante.

Tanc.

Al parar podeis jugar.

Fulg.

Estos juego: alce Tancredo.

Tanc.

En las faltriqueras puedo

Un arriero aposentar;

Sólo tengo estos papeles

De una dama, y que son tales;

Hago sobre ellos cien reales.

Fel.

¿Jugar los favores sueles?

¡Bizarro tahur de amor!

Guárdalos, porque estén mudos,

Y juega estos treinta escudos.

Fulg.

¿Quien da mano?

Tanc.

La mayor.

Clara.

Un gentil-hombre embozado,

Feliciano, quiere hablarte.

Fel.

¿No te ha dicho de qué parte?

Clara.

Ya está dentro, oye el recado.

Dichos, y LEONARDA, en hábito de hombre, embozada.

Leon.

Lee este papel.

Fel.

Sí haré.

(Lee.)

«Ricardo te está esperando

Para matarte.» ¿Pues cuándo

Le dí causa? ¿Á mí, por qué?

¿Queda este infame en la calle?

Leon.

Allí queda.

Fel.

Pues los dos

Venid conmigo.

Fulg.

Por Dios

Que has de afrentalle ó matalle.

(Vanse Feliciano, Fulgencio y Tancredo.)

Dor.

¿Esto es pendencia, galan?

Leon.

Pendencias dicen que son,

Sobre cierto bofeton.

Dor.

¿Y son más que los que van?

Leon.

Sólo es un hombre el que espera.

Dor.

¿Quién?

Leon.

El alférez Ricardo.

Dor.

No lo hará mal, que es gallardo.

Leon.

Que no lo fuera quisiera;

Mas ¿cómo estais tan sin pena

Cuando á acuchillarse van?

Dor.

Porque si no me la dan,

Estoy de sentirla ajena.

Leon.

Bendígaos el cielo, amén.

Dor.

Soy de aquesta condicion,

Y por la misma razon

Vos me pareceis muy bien.

Leon.

Y vos me agradais á mí,

Que sois discreta y hermosa.

Dor.

Galan mozo.

Clara.

Linda cosa.

Dor.

¿Quereis sentaros?

Leon.

Sí.

Dor.

Entrad y dadme la mano.

Leon.

Por Dios, que me he de esforzar

Por hacer salva al lugar

Donde vive Feliciano.

Adorno de fin de capítulo