FÉNIS, con manto.

Fén.

Ya no tiene mi fortuna

Más desdichas que me dar,

Ni más tormentas el mar,

Que levantaron los vientos

De mis locos pensamientos

Cuando mi casa dejé,

Y tan necia me olvidé

De tantas obligaciones,

Por escuchar las razones

De un hombre que me ha burlado;

Pero quédese casado,

Y no en peligro mi honor;

Principios tuve de amor,

Amor que yo no sabía,

Tanta novedad me hacia

Al verme rendir á un hombre,

Que apénas supe su nombre;

Mas mudó mi pensamiento

Su talle, su entendimiento,

Pero no para aguardar,

Fénis, á verle casar,

Y que el Virey le apadrine,

Que no hay amor que me incline

Para que pierda mi honor;

Deteniéndome va amor,

¡Qué pasos tan perezosos!

Pero hay hombres cautelosos,

Aunque si el Conde lo fuera,

La puerta anoche rompiera,

Ó por lo ménos llamára;

¡Ay Dios, quién imaginára

La desdicha en que me veo!

Irme y volverme deseo,

Pero un hombre viene aquí,

Leonardo es éste, ¡ay de mí,

Que me ha conocido creo!

LEONARDO Y JULIO.

Leon.

No hay sacarlos á los dos,

Julio, de que á Fénis tengo.

Jul.

De hablar con Fabricio vengo,

Y está quejoso de vos,

Creo que quiere quejarse

Al Virey.

Leon.

¿Por qué razon

Donde sola mi aficion

Puede, Julio, averiguarse?

Fénis no me quiso á mí,

Siempre de mí se burló,

Pues ¿cómo la tengo yo?

Jul.

Ellos lo dicen ansí.

Leon.

¡Qué buen talle de mujer!

Jul.

Á lo español va tapada.

Leon.

El aire español me agrada.

Dama, ¿no podrémos ver

El cielo donde esa estrella

Tuvo dichoso lugar,

Que me holgaré de embarcar

Mis pensamientos con ella?

¿No hablais? ¿no me respondeis?

¡Qué aspereza, qué rigor!

CÉSAR Y ALBANO.

Alb.

Matarle será mejor

Si esa sospecha teneis.

Cés.

Verme y burlarse de mí

Es señal, que á Fénis tiene.

Jul.

Leonardo.

Leon.

¿Qué?

Jul.

César viene.

Cés.

¿No es éste Leonardo?

Alb.

Sí.

Cés.

Vive Dios, que esa mujer

Es Fénis.

Alb.

Dichoso has sido

En hallarla.

Cés.

Él ha querido,

Como debe de saber

Que al Virey se han de quejar,

Ponerla en parte segura;

Pues en vano lo procura,

Que hoy se la pienso quitar.

¡Ah, caballero!

Leon.

¿Quién es?

Cés.

César soy, que cobrar quiere

Esa dama que traeis,

Ántes que el Virey lo intente,

Que en los pleitos del honor

Las armas son los jüeces.

Leon.

Yo no conozco esta dama,

Si ella descubrirse quiere,

Os podrá satisfacer

De lo que á Fénis parece;

Tapada la hallé, y sin darme

Lugar á que la requiebre,

Porque no he visto en mi vida,

Por señas, tantos desdenes;

Esto no es satisfaccion,

Que en lo demas, cuando fuere

Necesario, estoy aquí.

Cés.

Como la dama que viene

Con vos se descubra el rostro,

Yo me iré, no siendo Fénis.

Leon.

Eso es dar satisfaccion,

Porque yo sé claramente

Que no es Fénis, y no quiero,

Cuando esta dama quisiese,

Que porque vos lo quereis,

Se descubra, que no puede

Ser con mi honor descubrirse.

CONDE OTAVIO Y TOMÉ.

Tomé.

Aquella es Fénis.

Otav.

Detente,

César y Leonardo son

Los que en su poder la tienen.

Tomé.

Espera, que dos á dos

Parece que reñir quieren.

Cés.

Para mí fuera bastante

Que un hombre noble dijese

Que no es Fénis, si lo es;

Pero mi amor no consiente

Que deje en dudas los ojos,

Que desengañarse pueden.

Leon.

Ya he dicho que es honra mia,

Que nadie por fuerza piense

Que le doy satisfaccion.

Tomé.

Éstos riñen, no te alteres,

Estate escondido aquí.

Cés.

Pues cuando á mí se me diese

Satisfaccion, ¿no soy hombre,

Leonardo, que la merece?

Leon.

De mí no, que soy mejor

Que vos.

Cés.

Quien lo dice miente.

Leon.

Con la espada no hay agravio,

Decid que los dos nos dejen.

(Acuchillándose dos á dos se entren.)

Tomé.

Llega, que es buena ocasion.

Otav.

El amor me favorece;

Fénis mia.

Fén.

Traidor Conde.

Otav.

Oye, escucha.

Fén.

¿Qué me quieres?

Otav.

Que vuelvas á darme vida,

Que si conmigo no vuelves,

Serás de mi muerte causa;

Mira que si aquestos vienen,

Te has de ver en más peligro,

Pues primero que te lleven

Me han de quitar dos mil vidas.

Fén.

Pues cuando volver pudiese

Acabar con mi aficion

Tan loca y tan neciamente,

¿Para qué quieres que vea

Tus bodas, y tan alegres,

Que hay novios enamorados,

Y que hay padrinos vireyes?

Yo fuera por convidada,

Á ser hábito decente

El que me dan mis desdichas.

Otav.

Si Celia mi mujer fuere,

Que Dios me quite la vida.

Fén.

¿Pues ya qué has de hacer?

Otav.

Quererte.

Tomé.

Fénis, el Conde te adora,

Advierte que si no vuelves,

Le han de hacer aquí pedazos,

Y que ya se junta gente.

Fénis, vuelve al camarin

Á ser cristal trasparente,

Á ser búcaro dorado,

Á ser de barro celeste;

Mira que todos los vidros,

De llorar por verte ausente,

Fénis, están llenos de agua.

¿Qué hará el Conde si te pierde?

No seas mujer ingrata,

Tu buena dicha agradece,

Pues casarás con un hombre

Á quien visitan vireyes,

Á quien adora su patria

Por el hijo más valiente

Que ha honrado á Italia en mil siglos,

Aunque los Césares entren.

Ea, Fénis celestial,

Fénis de coral y nieve,

Fénis linda, Fénis joya,

Y si diamante no siempre,

Mira un pobre caballero

Que tu rigor enmudece,

Y como cielo nublado

Está entre llueve y no llueve.

Fén.

¿Que, en fin, he de ser tan necia?

No hay cosa, Tomé, más débil

Que, rogada, la mujer.

Tomé.

Ántes no hay cosa más fuerte,

Como una vez diga nones.

Otav.

Ven conmigo, hermosa Fénis,

Que tú serás mi mujer,

Y yo tuyo eternamente.

Adorno de fin de capítulo