(Año de 1565.)—Relacion mui circunstanciada de lo ocurrido en el Real y Campo de la Isla de Zubu de las Islas Philipinas desde 1.º de Junio de 1565, que su Gobernador Miguel Lopez de Legazpi despachó la Nao Capitana de su Armada á descubrir la Navegacion de la vuelta para Nueva España; y de los varios descubrimientos y conquistas que hizo en aquellas Islas hasta el mes de Julio de 1567, que despachó tambien para Nueva España la Nao San Juan, con el suceso de la nombrada San Gerónimo, que arribó á la propia Isla en el mes de Octubre del año anterior de 1566 con el aviso de la llegada de la Capitana á Acapulco. (C. i. de N., t. 17, d, n. 28.)[15]
Sabado dos dias del dicho mes de Junio vino al campo un Moro llamado Sidamit que dixo ser interprete de la lengua Malaya, el cual traia el paño de manos blanco que el dia antes llevó la India que embió el Governador á Zubu, por señal de paz, y dixo como venia de parte de Tupas y Principales, como les dixo la India que embiase un Interprete, y que él era Interprete de la lengua Malaya, y de estos naturales, al qual habló el Governador mediante Geronimo Pacheco, Interprete de la misma lengua Malaya, y le dixo, que le pesava mucho que Tupas y los demas Principales, y naturales de esta Isla anduviesen por los montes huyendo desasosegados, inquietos, y fuera de sus casas, por no le haber querido creer, ni querido aceptar la paz, amistad, y favor y ayuda, y amparo que en nombre de S. M. les havia ofrescido, de lo qual tanto bien á todos ellos resultava, y que si lo creyeran desde el primero dia estuvieran con sus casas y haciendas, sin que hovieran rescivido daño ni molestia alguna, y que de su parte dixese á Tupas, que tenia gran lastima de hacerles guerra, ni daño, y que del que havian rescivido le pesava, y que si su intencion fuera destruirlos hasta echarlos de la Isla, no hoviera tenido recogida ni encerrada la gente sin dexarla salir á hacerles guerra en mas de un mes que havia que estavan en este Puerto y que todo esto havia hecho aguardando que vernian á pedir la paz que antes el mismo les havia ofrescido, y que si les parecia ser cosa de que se les seguiria provecho y descanso con seguridad de poseer sus casas y haciendas que lo viesen y viniesen ante su señoria, el cual liberalmente los resciviria; y que la causa que les movió á entrar la tierra adentro, fué por que sobre seguro, y á traycion, cuando se trataban las condiciones de la paz, le havian muerto un Español, y que no embargante todo esto de la presa postrera se truxeron dos mugeres y dos niñas principales, las quales tenia en su poder guardadas con gran recaudo para volberlas á sus maridos y padres, sin que se hoviese tocado, en sus personas, ó honras, las quales les daria libremente é sin rescate viniendo á demandar perdon, y la paz; y que todo lo mirasen y tanteasen bien. El Moro Sidamit preguntó al Governador, si queria dar las dos mugeres y muchachas, que sus maridos y padres las resgatarian, y que, que cantidad de oro havian de dar por ellas? El Governador le respondió: que no las venderian ni tomarian rescate por ellas, porque él no tenia necesidad de sus haciendas, ni las queria, y que solo queria saber si eran vasallos del Rey de Castilla, y si querian venir pidiendo paz, porque haciendo esto volberia libremente las dos mugeres y muchachas para que las llevasen sus padres, y maridos, y que hasta que esto se concluyese queria el Governador tenerlas en su poder, donde havian sido tratadas, y se tratarian como si estuvieran en poder dellos mismos; y para que ellas mismas les dixesen el tratamiento que se les hacia para que lo significasen á su padre y maridos le permitió ir á donde estavan, el Moro fué á ellas y las vió y habló de todo lo que quiso tratar con ellas, y preguntó al Governador si daria licencia al padre de aquellas muchachas para venirlas á ver, y á su muger. el Governador le dixo, viniese á verlas que le asegurava para venir y asimismo á los demas que viniesen á demandar la paz y amistad, y ver las demás que acá estavan cautivas; y con esto se fué el Moro á dar qüenta de todo á Tupas, y los que con él estavan.
Aquel mismo dia á la tarde vinieron al campo dos Principales, que el uno se llamava Sicatepan, y el otro Simaquio, este parecia ser marido de la una de las dos mugeres principales y padre de las dos muchachas; con ellos venia el Moro Interprete, y otras veinte ó veinte y cinco Indias, traian la señal y vanderilla blanca, y llegando donde el Governador estava estos dos Principales, por lengua de Sidamit Moro, y de Geronimo Pacheco, Interprete, dixeron, que ellos eran hermanos de Tupas, señor desta Isla, y que el Simaquio era marido de una de las dos mugeres presas, y padre de las dos muchachas que estavan con ellas; que pues acá le tenian presas su muger é hijas, el venia á ponerse en poder del Governador, para que de él y dellas hiciese su voluntad, y los tuviese por esclavos ó los vendiese ó embiase á Castilla, ó hiciese lo que mas quisiese, que no saldria dello ni de su poder, y que con esta intencion y voluntad se ponia en su mano. El Governador lo recivió y dixo de la manera que havia tratado é guardado á su muger é hijas, y que havia sido mirado por su honra como si el mismo las tuviera en su propia casa, y le refirió todo lo que antes le havia dicho á Sidamit Moro, y que esto no era con intento ni voluntad de tenerlos por esclavos, ni venderlos, ni rescatarlos, sino para tener paz y amistad con ellos, queriéndola tener, y pidiéndola ellos al Governador por su parte, y mediante ser sus amigos hacerles muchas y buenas obras y favores en nombre de S. M. y como á sus vasallos, lo qual ya muchas veces se lo havia significado, y que como esto hoviese efecto podia llevar su muger y hijas libremente; y para que entendiese ser verdad todo lo que le havia dicho, le dava licencia, para que las fuese á ver y hablar, y despues de haverles hablado se platicaria del negocio de la paz si le estava bien, y con esto el Indio fué á la casa donde estava su muger y hijas, y estuvo un rato con ellas abrazándolas, y ellas llorando con él, y habló con su muger, la qual le contó las buenas obras y merced que del Governador havia recivido, y el buen tratamiento que les havia hecho; y el Indio viejo que estava en guarda dellas se lo contó ni mas ni menos; de lo qual el Principal mostró muy gran contento, y mientras le contava, lo que con ellas havia usado, no hacia sino juntar las manos y alzallas al cielo, que segun su modo, es una manera de hacimiento de gracias, é cortesia, y vuelto á donde estava dixo, que su muger y hijas, y él, todos eran suyos, y así podia disponer de todos ellos como de cosa propia, y que él queria ser y era amigo y vasallo del Rey de Castilla, y tener paz y amistad perpetuamente, y que nunca faltaria de esto: El Governador le dixo que si ansi lo hiciese ganaria mucho, como lo veria andando el tiempo, pero que para hacer la paz y amistad era necesario que Tupas y los demas se juntasen y viniesen para que se tratase con todos ellos juntamente, y que desta manera se entenderia quien queria la paz y amistad, y quien no la queria; y que se fuese y lo tratase con Tupas y los demás Principales, y tratado y conferido y tomado el parecer de todos viniesen á resumirlos y concluir el negocio, y que en el entretanto su muger y hijas estarian muy guardadas y bien tratadas y que tuviese por cierto, que hechas las amistades les seria padre suyo y de sus hijas, y miraria por ellas y las favoresceria como á tales; y el Indio se lo agradeció y dixo: que él iria á tratallo con Tupas y los demas Principales, y quando no quisiesen venir á la paz y amistad nuestra el mismo les haria guerra, y si Tupas no queria venir por bien, le prenderia y traeria preso ante el Governador, lo qual el Governador le agradeció y le dixo, que no queria mas de conocer las voluntades de cada uno, y quales querian su amistad y quales no, y con esto despidiendo se fueron.
Otro dia siguiente volbieron el mismo Simaquio, y el otro que con él havia venido el dia antes, y traxeron consigo un mozo bien dispuesto y agestado, como de 20 á 22 años, que dixeron ser hijo de Tupas, y dixeron, que su padre lo enviava al Governador para que estuviese en su compañia, hasta que el viniese que por ser viejo y estar algo lexos no podia andar tanto, y que otro dia vernia: el Governador les dixo, que se holgava de conoscer al hijo de Tupas, al qual ternia en lugar de hijo propio, y se holgava de tenello en su compañia, hasta que su padre viniese: y quando esta vez llegaron hallaron á la muger y hijas de Simaquio vestidas con camisas de Ruan, que el Governador les habia dado, de que el Principal mostró alegrarse mucho, y estuvo con ellas hablando muy gran rato, y despues volbió al Governador, y le pidió le diese licencia, para que aquella noche pudiese quedarse con su muger y hijas, y estarse con ellas hasta que otro dia viniese Tupas con los demas Principales: El Governador se la dió de buena voluntad, y asi se quedaron él y el hijo de Tupas con ellas, y durmieron juntos debaxo de buena guardia que se les hizo aquella noche; y el otro Principal se fué para venir con Tupas.
Asi como el Principal se fué, el Governador trato con el Maestro de Campo, capitanes y oficiales de S. M. que si Tupas y los Principales viniesen á hacer la paz, y se concluyese, si seria bien darles alguna cosa en nombre de S. M. para que entendiesen, que la paz y amistad que les pedia no era para codicia de tomarles sus haciendas, y á todos paresció bien, y que se hiciese ansi; y luego el General mandó que para el hijo de Tupas y Simaquio que havian quedado en el campo con las mugeres se hiciesen sendas ropetas y zaragüelles de tafetan colorado, y se le diesen sendas camisas de ruan, y sendos bonetes, para que quando viniese Tupas y los demas Principales los hallasen vestidos, y que á las dos Indias é dos muchachas se les hiciesen sendas chamarretas de tafetan, y que para Tupas se hiciese una chamarreta y zaragüelles de damasco azul guarnescidos de blanco, é un sombrero de la misma color, y que se hiciesen otras seis pares de ropetas y zaragüelles de tafetan para los Principales que con él vernian y ansi se hicieron luego.
Otro dia Lunes que fueron quatro de Junio de 1565 años, por la mañana vinieron quatro Indios de parte de Tupas, á decir al Governador, que al medio dia seria en el campo Tupas, y se sospechó que estos, mas que con este recaudo vinieron á ver los Principales que acá havian quedado, y si se les havia hecho algun daño, porque despues de haver dado el mensage, dixeron al Governador, que querian ver á los Principales, y como los vieron vestidos volbieron muy alegres y regocijados, y casi á medio dia llegó Tupas al campo, é venian con él seis ó siete Principales y cincuenta ó sesenta Indios, al qual el Governador rescivió con toda venignidad y regocijo. Despues delante de los capitanes y otras personas del Campo, estando presentes los Principales é Indios que con el vinieron, mediante Geronimo Pacheco, y el Sidamit Moro, les dixo lo mucho que le pesava de no haver querido tomar su consejo ni creerle, y la pena que havia tenido de saber que andavan desasosegados fuera de sus casas huyendo por los montes, y que les pesava huviesen tenido en poco la paz y amistad de un Principe tan grande y poderoso como el Rey de Castilla, y el amparo, favor y ayuda, y las grandes mercedes que les podia hacer como á sus vasallos, y que holgaria de entender su determinada voluntad y que era su pensamiento, para que el Governador lo entendiese y se determinase, por que hasta ahora havia estado suspenso sin determinarse en cosa ninguna, y por la buena voluntad y lastima que les tenia, no les havia querido hacer daño, y su corazon era bueno para con ellos, y que brebemente se resumiesen y declarasen á cerca desto. El Tupas respondió: que el havia deseado y deseava tener paz y amistad, y que si no havia venido á concluirlo antes, la primera vez que se havia tratado, era por no tener que traer, ni que dar para S. M. por que como ellos andavan huyendo y ausentados, el arros y todos los bastimentos que tenian se les havian desperdiciado y perdido, de cuya causa no tenian que dar, ni tenian para comer ellos, y que de vergüenza de no tener ninguna cosa para poder traer, no havia osado parescer para poder venir, y que suplicaba al Governador le perdonase lo pasado, y le admitiese á su paz y amistad, y que ellos se ponian debaxo del amparo de S. M. del Rey de Castilla, y de hoy mas les serian muy leales y fieles vasallos, y le obedecerian y en su nombre al Governador. El Governador les tornó á decir, que mirasen si esta paz y amistad que pedian era verdadera y voluntariamente y de manera que fuese perpetua ó si era fingida, por que pedir paz y quebrantarla es gravísimo delito, y si tal hiciesen serian gravemente castigados. El Tupas, y todos los Principales respondieron: que la paz que pedian otorgandoseles la guardarian, sin ir contra ella jamas. El Governador les dixo: que pues tal era su voluntad él los rescivia en su amistad y paz, y para que viesen la grandeza y liveralidad del Rey de Castilla nuestro Señor, y quan benigno y magnanimo Principe és, que él en su real nombre les perdonava todo lo pasado hasta el dia de hoy, é que por la necesidad que significavan tener, queria y era su voluntad que por todo este año presente queria que no diesen tributo ni otro reconocimiento para S. M. hasta que coxiesen y sembrasen sus sementeras, y que despues harian su voluntad como antes de ahora les havia dicho, porque el Rey de Castilla no tenia necesidad de sus haciendas ni queria mas, de que le reconociesen por Señor, pues que son suyos y están dentro de su demarcacion, de lo qual todos mostraron gran contentamiento, y dieron las gracias por palabras y muestras de agradecimiento, y dixeron, que ellos eran vasallos del Rey de Castilla, y que ahora de nuevo de su propia voluntad se davan é ofrecieron por tales, é prometieron de obedecer perpetuamente á S. M. é á su Governador en su Real nombre y que jamás serian en contrario, é que asi lo prometian é prometieron.
El Governador les dixo, que su señoria en su nombre de S. M. los admitia y recivia devaxo de su Real amparo para los tener en justicia y defender é amparar de quien los agraviase, ó quisiese hacer daño alguno; la qual dicha paz y amistad asentava con ellos con las condiciones siguientes:
Primeramente, se sometian é obligavan é ponian devaxo del señorío é corona real de Castilla é de S. M. como sus vasallos naturales, prometiendo de ser fieles y leales á su servicio, é no ir contra él por cosa alguna é guardarán, cumplirán, y obedescerán sus mandamientos reales como de su Rey y Señor, y obedescerán, en su real nombre al Governador y capitan que en estas Islas residiese, y lo recivirán cada y quando que á sus Islas, pueblos, é casas viniere airado, ó pagado, de noche ó de dia, de paz, ó de guerra, sin resistencia ni contradicion alguna, é cumplirán sus mandamientos, é no saldrán deste dominio ahora ni en tiempo alguno, lo qual prometian por sí é por sus descendientes que despues dellos vinieren, só las penas que se les pusieren, é de caer é incurrir en caso de aleve y traicion contra su Rey y Señor.
Item: con condicion, que no entra en esta paz y amistad el Principal que mató á traycion á Pedro de Arana hasta tanto que paresca ante el dicho Governador á dar su descargo, cuyo castigo el dicho Governador dixo que reservaba para si, y el dicho Tupas y Principales dixeron, que lo aceptavan, y que si ellos pudiesen haberlo lo traerian á su señoria para que le castigase.
Item: con condicion, que si al dicho Governador pidieren los dichos Tupas é Principales socorro de gente contra algunos Indios enemigos suyos, que con ellos tengan, ó tuvieren guerra, que el dicho Governador se obligava á les dar socorro, favor y ayuda de gente para ello y lo mismo si el dicho Governador pidiere á los dichos Indios gente sean obligados á darsela é ir con ellos contra sus enemigos, é que todas las presas que se hoviesen donde fueren los dichos Españoles é Indios juntos se divida en dos partes iguales de por medio, y la una parte haya y lleve el dicho Governador é su gente, y la otra parte los dichos naturales.
Item: condicion, que si algun Indio natural de esta Isla cometiere algun delito ó maldad contra algun Español, ó cosa que de los Españoles sea y les toque, los dichos Principales sean obligados á prendello y traello preso ante el Governador para que lo castigue, y haga dellos justicia; é si algun Español hiciere algun daño ó agravio á los naturales ó les tomare alguna cosa de sus haciendas, que los dichos Principales y naturales den noticia dello al dicho Governador, se lo muestren para que el lo castigue y haga justicia conforme á derecho.
Item: Es condicion, que si algun esclavo ó otra persona se huyere del campo de los Españoles, é se fueren por la tierra adentro donde los Indios estan y havitan, que los dichos Principales y naturales sean obligados á le prender y traer ante el Governador, y ansimismo si de los dichos Indios se viniere al campo de los Españoles algun Indio ó India libre ó esclavo, que el dicho Governador promete de se lo mandar volber y entregar, de manera que los unos á los otros no defrauden ni encubran cosa alguna.
Item: Es condicion, que los dichos Principales y naturales sean obligados á vender á los Españoles todos los bastimentos que tuvieren de la tierra que quisieren venderles por los precios que entre ellos valen é se usan comunmente, sin que se alce el precio de su usado valor: este precio sea y se entienda por ahora, y adelante, sin que se haga inovacion alguna, y asi mismo el dicho Governador los rescates que se truxeren de España los dé á los naturales á los precios moderados, y que despues de hechos los precios no se puedan encarecer mas de la una ni de la otra parte.
Item: Es condicion, que los dichos naturales ni ningunos dellos agora ni en algun tiempo puedan venir ni entrar en el campo y pueblo de los Españoles con armas ningunas de ningun genero que sean, so pena que el que con armas entrare los castigará el Governador.
Todas las dichas condiciones é cada una dellas los dichos Principales dixeron: que lo aceptaban por si, y en nombre de los demas Principales y naturales desta Isla, é que asi las guardarán é cumplirán en todo é por todo como en ella se contiene, é que si contra alguna cosa ó parte dellas fuesen, los pueda castigar el dicho Governador; y ansi mismo el Governador en nombre de S. M. prometió de guardar y cumplir con ellos todo lo arriba declarado. Y luego el dicho Tupas en señal de sujecion y obediencia puestas las rodillas ante el Governador le besó las manos, é dixo, que se ponia é puso debaxo del dominio de S. M. y de la Corona real de Castilla, y del dicho Governador, en su real nombre, y lo mismo hicieron Pisuncan su hijo é Sictepan é Sibatumay é Simaquio y Sicabun, y Sigiguin y Sibatala, é Silinti, é Sicarlic, é Sicagumo, Indios Principales que se hallaron presentes, que todos ellos hincados de rodillas besaron las manos al Governador, y se ofrecieron por vasallos de S. M. debaxo de las condiciones arriba declaradas, y el dicho Governador en nombre de S. M. dixo: que los rescivia y los rescivió por tales vasallos de la Corona de Castilla, y como á tales los amparará y defenderá; y luego mandó dar y se dió al Tupas una camisa de ruan, y una ropeta de damasco morado y zaraguelles de lo mismo, é un sombrero de seda azul y el cordon de plata, é un espejo grande, y dos sartas de margaritas, y á todos los demas Principales sendas camisas, ropetas y zaraguelles de tafetan, bonetes de grana, y cuentas azules christalinas, con lo qual quedaron muy contentos.
Luego el Governador les dixo, que S. M. tenia necesidad de hacer una casa fuerte, en que puedan tener y guardar los rescates y mercaderias que á esta tierra se traxeren, y su artilleria y municiones; y ansimismo un sitio donde se haga un pueblo para la vivienda de la gente deste Campo, que esté junto á la casa de S. M., que vean ellos donde les parece mas comodo y conviniente para el dicho sitio, y mas á su contento, y que los señalen, por que el quiere que sea con consentimiento é voluntad de todos ellos; y que aunque el tenia trazado de hacer la casa de S. M. en esta punta donde al presente está el Campo por estar cerca de las Naos, que quiere que se haga con voluntad de todos ellos. Los Principales dixeron, que eran muy contentos se haga la casa y fuerte para S. M. en esta misma punta á donde al presente está la gente, ó donde al Señor Governador le pareciere, y tome para los Españoles el sitio conviniente y señale hasta donde ha de ser, y que lo demás les quede á ellos, que no tienen ellos que señalar ni que decir, sino que son vasallos de S. M. y que el Governador en su real nombre les parta y señale la tierra que ellos han de tener, y donde hagan sus casas, y que tome para S. M. y para los Españoles lo que es menester y que eso ternán por bien, y lo guardarán, y esto es lo que dicen é quieren. E luego el dicho Governador fué en persona con los mismos Principales y naturales por la Plaia adelante, ácia el Poniente como un tiro de arcabuz desviado de la dicha punta, y alli les señaló una palma, é que hasta allí era el sitio de los Españoles, y que desde la dicha palma les señaló hasta otro arbol entrando la tierra adentro, y en él hizo hacer una cruz, y desde allí otro arbol ácia la tierra en que puso otra cruz, y desde allí via derecha hasta dar en un estero de agua salada que entra de la mar; y como dice el estero ácia Levante hasta dar en la mar; y desde allí la vuelta hasta la misma punta de donde havian partido, señalava y señaló para sitio de la casa y fuerte de S. M. é poblacion de los Españoles, y que todo lo demás quedase para los Indios, para que puedan hacer sus casas y labranzas y que desde la raya que le señalava podian ellos comenzar á edificar su pueblo y casas; y los dichos Principales y naturales dixeron que estava bien, y eran contentos dello, y que asi quedava señalado; y el Governador señaló los arboles en que pusieron las cruzes por limite y señas del dicho sitio y dió á entender á los Principales, que aquella raya ya era limite entre los Españoles; y ellos dixeron que asi lo querian que fuese; y el Governador les mandó, que todos los Principales é Indios saliesen fuera de la dicha raya á la parte que les estaba señalada, y á los Españoles mandó, que se metiesen dentro de la raya; y haviendose hecho asi, estando los Indios de la parte de fuera y los Españoles de la parte de dentro, el Governador se paseó de una parte á otra y cortó ciertos ramos, y dixo, que en nombre de S. M. tomava y tomó la posesion de aquel sitio para lo que arriba está dicho y que en señal de verdadera posesion hacia los dichos autos, lo pedia por testimonio; á todo esto estuvieron presentes el Tupas y los demas Principales y muchos naturales y sin contradicion, y de consentimiento de todos se hizo hallandose presente el Maese de Campo, capitanes y soldados del campo.
Como se tomó la posesion del sitio, el Governador les dixo, que en nombre de S. M. les mandava que de aquí adelante ningun Indio en ninguna manera entrase de noche en el sitio señalado para los Españoles, salvo sino tuviese particular licencia, y que los naturales que en el sitio de los Españoles huviesen de entrar y venir viniesen sin ningun genero de armas, y que el que entrase con ellas se las tomase el Español que las viese: los Indios dixeron que eran contentos é que ellos cumplirian lo que les mandavan; demas de lo qual el Governador les dió á entender, que si agravio les fuese ú fuerza alguna de alguna persona resciviesen, que él como su propio padre y defensor los defenderia, y ampararia de qualquier persona que los enojase, teniendolo en razon y justicia debaxo de las leyes de Castilla; y que si alguna persona algun agravio les ha hecho, se lo manifiesten para desagraviarlos hasta dexarlos libres y seguros conforme á derecho; los quales dixeron, que de las ofensas y daños que les fuesen hechos darian noticia á su señoria; con lo qual se volbieron á la punta, y allí se les dió colacion y de beber á los Principales, lo qual sin poner excusa ni inconveniente hacen muy de voluntad y sin ningun asco, y haciendo gran reverencia y acatamiento al Governador, se despidieron y fueron á su sitio, besándole otra vez las manos con mucho regocijo y alegria. Ya que se partian el Tupas pidió al Governador les diese prestado un Parao, en el qual pudiese traer á su muger y hijos que estaban lexos de alli: el Governador le hizo gracia dél y otros siete para su sobrino: todo esto se trató y comunicó mediante Gerónimo Pacheco, Interprete de la lengua Malaya, y del Moro Sidamit, que habla la misma lengua, y la desta tierra, y antes que se partiesen, el Governador dió y entregó á Simaquio Principal á su muger y hijas, y las demas? que con ellas estavan presas libremente, de lo qual se admiraron y amostraron gran contentamiento, por que es cosa que entre ellos no se usa soltar á preso ninguno sin rescate, y mas que se las dió vestidas con camisas de ruan y ropetas de tafetan de colores; y el Simaquio, y los demás Principales las rescivieron con gran regocijo y alegria, y las pusieron en hombros de Indios y las llevaron cantando y con gran grita y regocijo.
Otro dia Martes 5 de Junio, volbieron al campo los mismos Principales, y dixeron que venian á holgarse con el Governador, el qual los recivió bien, y les dió de almorzar y beber que es su holganza, y la cosa que de mejor gana hacen: traxeron consigo otros Principales de los que andavan alzados por el monte, y que se vinieron á someter y dar la obediencia á S. M. los quales besando las manos al Governador prometieron lo mismo que los pasados, y el Governador mandó se les diesen algunas cuentas y bonetes de grana, con lo qual quedavan contentos; y despues otros dias siguientes vinieron al mismo efecto otros Principales, que los traian el Tupas y siete, para el mismo dominio y vasallage de Castilla, ofreciendose por vasallos de la Real Corona como los demas, y decian que comunicarian con otros amigos suyos para que viniesen al mismo efecto; á todos los quales recivió el Governador con buena gracia y benignidad, mostrandoles el favor que ternian del Rey de Castilla, y el provecho y quietud que se les seguiria, y así los despedia muy contentos, dándoles algunas cuentas y rescates; con lo qual y con la ordinaria conversacion, humanidad y buen tratamiento que se hacian á todos los que venian, venian otros de nuevo, entre los quales venian dos Principales de Mandavia que estavan alzados, que es un Puerto que está á vista del Campo una legua, en la rivera de la mar, á la misma entrada que está á la parte de Levante questa que se llama Ludugun, Siandu, Sipatu, y otro Susucum: ansimismo vinieron otros llamados Sicarasi, Sira, Sicao, Sidala, Nique; asimismo dieron la misma obediencia y como vasallos de S. M. besaron las manos al Governador y prometieron de guardar lo mismo que los de este Puerto de Zubu. Entre los mojones que señalaron entre el alojamiento del campo de los Españoles y la tierra de los Indios, quedó descombrado un pedazo de tierra, que fué lo que se descombró de las casas que quemaron los Indios como arriba queda dicho, y del otro lado ácia el estero un gran pedazo de tierra baldia mas de un tiro de arcabuz, y en los mojones ácia fuera, en lo que quedó á los Indios quedaron muchas casas por la playa adelante ácia el Poniente, y entre ellas la casa de Tupas, y en ellas se comenzaron á recoger y venir los Indios naturales y traian sus mugeres y hijos, que poco á poco se juntó cantidad de gente, y dende en pocos dias, como iban perdiendo el temor traian al real á vender algunas cabras y puercos, y alguna cantidad de gallinas de Castilla, lo qual todo davan por cuentas y otros rescates: ansimismo traian gran cantidad de vino de palmas, á que los Españoles se dieron de buena gana y decian, que no echavan menos el vino de Castilla; y por el riesgo y inconveniente que dello podia suceder mandó el Governador, que no se truxese ni vendiese vino en el real ni lo comprasen, y dixo á Tupas y los Principales que como los Españoles no estavan hechos á esta tierra y eran recien venidos les hacia mal beberlo, y habian enfermado algunos dellos; que el rogava que no consintiese ni truxese vino á los Españoles, ni se lo diesen, y aunque prometieron lo harian no dexavan de traer mucha cantidad dello y á escondidas, y de noche, y el Governador mandó que se les derramase todo lo que truxesen, y puso guardas en las entradas y centinelas, y algo se remedió, aunque no huvo medio del todo para quitarlo, y algunos se davan tan buena maña que tenian sus inteligencias para haverlo, y dende á poco tiempo se dieron todos á ello, diciendo, que era mejor que el de Castilla, y de mas sustentamiento, y ansi todos en general lo bebieron publicamente: todo lo mas que traian al real á vender lo traian mugeres que cada dia venian cantidad dellas, y andavan de casa en casa con tanta libertad ó por mejor decir desonestidad, que convidavan con sus cuerpos á los soldados, y otras les ofrecian de les traer otras mas mozas como hoviese de por medio algun interés. El Governador mandó que nadie no consintiese ni las dexase entrar en sus casas, ni tuviesen acceso con ellas, só graves penas, ni las consintiesen quedar de noche en el real; y aunque se puso deligencia en la guarda dello, tampoco aprovechava, que fuera de sus casas y entre los palmares se aprovechavan dellas; y visto esto mandó el Governador llamar á Tupas y á los demas Principales, y les dixo, que no parecia bien que las Indias anduviesen entre los soldados en el real de casa en casa, que les rogava que proveyesen y mandasen, que no viniesen al real, y que los Indios viniesen á vender y contratar y no ellas; y si las mugeres lo huviesen de hacer él les queria señalar un mercado y lugar publico donde fuesen todas y estuviesen publicamente vendiendo lo que quisiesen sin andar de casa en casa, los quales respondieron, que las que venian á vender y contratar eran esclavas y no mugeres casadas, y que no se le diese dello, ni reciviese pena por que aquello era su costumbre, y que las mugeres casadas y honradas no venian al real, aunque despues se ha visto y entendido lo contrario, que yendose los Indios fuera del pueblo, que continuamente lo hacen, á contratar por la mar, muchas de las casadas y hijas de los Principales venian al Campo á vueltas de las otras, y ansi andavan por el campo visitando con tanta soltura y libertad como si todos fueran sus propios hermanos, y ansi se ha visto y entendido despues, que lo tienen de costumbre y lo hacen con todos los estrangeros que vienen de fuera, que lo primero que hacen es proveerles de mugeres, y se las venden por qualquier interes por pequeño que sea, y esto hacen generalmente con todos los forasteros. El Governador y capitanes y otras personas principales pusieron siempre la deligencia posible para que no hoviese acceso, y se guardase lo mandado, de que no entrasen en casa ninguna del real, y se castigaron algunos que lo quebrantaron; y con todo no dexó de haver harta rotura, por aparejo grande que en ellas havia; é asi que verdaderamente ellos son aficionados al vino y al beber, y ellas al vino y á la carne, y todos ellos á pedir, y recivir, y tomar todo lo que pudieren que en otra cosa no entienden, ni tienen otra cosa mas principal, demasiadamente son codiciosos, y como haya interes venden unos á otros, y hacen todo el mal que pueden: son de poca pulicia en sus cosas y servicios, y de menos limpieza, y de ninguna verguenza ni verdad que no la tratan ni la guardan, que ninguno dellos tiene intento mas de á su propio interes, y si un deudo ó hermano, ú otro ha de prestar algo es con que se lo vuelba doblado y no de otra manera. No se les ha visto que tengan Idolos: á sus antepasados tienen por Dioses, y quando están enfermos ó tienen otra necesidad acuden á sus sepulturas con grandes llantos y alabanzas á pedirles sanidad, favor y socorro, donde hacen ciertas limosnas y imbocaciones, y ansi mismo imbocan y llaman al Demonio, y dicen que le hacen venir en una caña hueca, y que alli habla á las sacerdotisas, que por la mayor parte son mugeres las que hacen esta imbocacion, y hablan con el Demonio, y él la respuesta da al publico y les dice lo que han de ofrecer, aves y otras cosas, segun que pide y quiere el Demonio; y en estas imbocaciones ordinariamente para que el Demonio venga á hablarles en la caña, sacrifican un puerco y se lo ofrecen, y tienen otras muchas superticiones de esta calidad. Quando muere algun Principal, matan algunos esclavos de los suyos, mas ó menos, segun la calidad de la persona y hacienda que tiene: todos ellos se entierran en ataudes hechos de dos tablas, y entierran juntamente consigo de las mas ricas mantas y borcelanas, y joyas de oro de las que tienen, y algunos se entierran devaxo de tierra, y otros mas principales los ponen en unas casas altas. El Governador les ha persuadido y mandado á los de Zebu, que no maten hombre ninguno, aunque sean esclavos, en los enterramientos, ni en otras fiestas, dandoles á entender que es malo y gran pecado, y le han prometido que ansi lo guardaran, y despues acá no se ha visto ni entendido que á ninguno maten, á lo menos publicamente ó de manera que se pueda saber.
Despues que los naturales se hartaron de cuentas, cascabeles y otros rescates y menudencias comenzaron á pedir oro y hierro por lo que traian á vender: no lo querian dar de otra manera; y ansi rescataron por hierro, y otras cosas menores, que no parava clavo, ni hierro, ni aro de pipas que pudiesen haver, hasta que el Governador mandó que ninguno fuese osado á rescatar con hierro cosa alguna, ni darlo á los naturales, y castigó algunos sobre ello, y comenzó la gente á darles por vino, gallinas, y pescados en los paños de manos, camisas y otras cosas de su vestir como gente muy inconsiderada y mandandoles que no lo hiciesen se daban á perros.
En este tiempo tuvo el Governador noticia de un poblezuelo que estava dentro de un estero de un Alcabucal y mal pais, fuerte, casi una legua del Real y que alli tenian los naturales muchas armas y municiones de guerras, é que los de aquel pueblo fueron los que mataron á traycion á Pedro de Arana, y enbió alli una noche al Maestre de Campo, y al Capitan Martin de Goyti; y aunque entraron con travajo por ser pedregal y mal pais baxo no podia llegar el Batel y Bateles, entraron en el pueblo y huyosele la gente toda, sino fuera quatro ú cinco Indios que tomaron: quemaron algunas casas é mucha cantidad de lanzas y arcos y flechas que tenian, y ansi se bolvieron; y los Principales de Zebú certificaron al Governador no ser aquéllos los que mataron á Pedro de Arana, sino de otro poblezuelo mas adelante, cerca de alli que se dice Ganiabu, que era verdad que el Parao en que vinieron á Matan pasó por alli, y despues se entendió que todos fueron en ello, y que los Indios de Zebú lo supieron y consintieron en ello, y con todo el Governador disimuló con ellos sin les dar á entender ellos fuesen culpados en el caso. El Tupas trató diversas veces con el Governador, se holgaria y querria que los de Matan fuesen nuestros amigos: el Governador siempre dixo que si, que se viniesen de paz, y reciviria, y los ternia por amigos, que los hiciese llamar y venir, y el decia, que si, y nunca vinieron, hasta que un dia el mismo Tupas dixo, que él queria ir allá en persona y traerlos y ansi fué en un Parao, y al cavo de tres dias volbió y dixo, que se habian huydo y despoblado su pueblo y casas los de Matan, y los de Gain, que se havian ido á otras Islas y pueblos comarcanos, que eran enemigos de los de Zebú, aunque á lo que despues pareció fué ficcion ó trato doble: el Governador desimuló luego con él, y le despidió con buenas palabras, diciendo, que no se le dava nada de ellos pues no querian su amistad: y el Tupas tornó á decir que él procuraria de saver donde havian ido y de los llamar y traer de paz: el Governador le rogó que lo hiciese ansi. Estos de Matan estuvieron siempre muy contumazes y rebeldes de no querer paz, antes se entendió les aconsejaban á los de Zebú como á los demas no la tuviesen con nosotros, diciendo, que ellos nos matarian, u á lo menos por hambre nos echarian de aqui, y ansi hacian todo el mas daño que podian donde quiera que llegaban, y una tarde casi á la noche se entraron por el Puerto de la parte de Levante quatro u cinco Paraos, los quales no queriendo llegar al Real pasavan desviados de las Naos como gentes estrañas y recatadas, y visto que eran estrangeras mandó el Governador al Maestre de Campo fuese en una Fragata á reconocer qué gente era, el qual fue, y como los de los Paraos vieron la Fragata dieron á huir haciendose á lo largo á la mar, y el les fué dando caza hasta que los alcanzó, y tomó un Parao dellos, y los dos se huyeron á Zebú á casa del Tupas, y no los quiso seguir el Maestre de Campo, y por haverse acogido alli, y los demás se huyeron por anochecer presto y hacer muy escuro: la Canoa que se tomó fué casi con veinte personas, y aunque lo negaron se sospechó eran de Matan: el Maestro de Campo en viniendo al Real traia la canoa que tomó por popa de la Fragata, y llegando junto al pueblo de Zebú dió lugar que se echasen á nado los presos y se fuesen á tierra, y no truxo mas de solo dos Indios dellos, y la canoa: y estos dixeron ser de un pueblo desta misma Isla. Otro dia por la mañana vinieron Sicatepan y Simaquio, Principales de Zebú, y dixeron al Governador que aquellos Paraos y los Indios que havian prendido eran de Diluan, un pueblo con quien ya estava hecha paz y amistad: el Governador les dixo, si eran amigos porque havian huydo del Maestre de Campo, que no les iva á hacer daño, sino á saver de a donde eran: ellos dieron dello sus escusas, aunque el Governador entendió que no trataban verdad, porque discreparon de lo que los dos Indios que estavan presos dixeron: disimuló con ellos diciendo, que mirasen bien si eran naturales de Diluan, y que no le engañasen, porque los Paraos no havian pasado por las Naos como amigos, sino desviandose dellas como gente recatada, y que Tupas y ellos mismos los de Zebú lo tenian avisado, y que si topasen algunas canoas que no fuesen cantando, ó se desviasen de las Naos, que les tirasen porque serian enemigos; y que ellos todos vendrian cantando y derechos á las Naos, y á hablar, y no pasarian de otra arte; pero pues que ellos decian que eran amigos, creia que seria ansi, y dos Indios que traxo el Maestre de Campo, tenia presos, y que los queria soltar y dexar libremente ir á su tierra, y los hizo traer ante ellos y les dixo, como les dava su libertad y que se fuesen mucho de norabuena, y les mandó dar su canoa, y ansi los llevaron el Sicatepan y Simaquio consigo, y á la sazon paresció que Tupas estava ausente de Zebú, y despues que vino dende á ciertos dias Tupas descuvrió al Governador como el Parao é Indios que tomó el Maestre de Campo, é los demás Paraos eran de Matan, é que Sicatepan é Simaquio havian llevado á los dos Indios que el Governador libertó sendos taydes de oro de rescate diciendo que ellos havian sido causa de su libertad, y que á él no le querian dar parte de aquel rescate porque se halló ausente: el Governador, lo echó en risa, y lo disimuló con él, y se entendió claramente que ellos con los de Matan con ellos se travan cada dia, y eran todos unos, aunque no dexan de aprovechar los unos á los otros ofreciendose ocasion para haver interese, como fué lo que arriva esta dicho, porque no tienen ley padre con hijo, ni hermano con hermano, ni se tratan verdad.
Luego que el Governador llegó á esta Isla propuso y procuró de hacer un fuerte, y ansi lo puso por la obra, y toda la gente cada dia por la mañana y tarde entendia en ellos, sin respetar ni reservar alguna persona por que el mismo Governador, Capitanes y Oficiales travajaban quanto podian, el qual fuerte se hacia de palizada de palmas para despues hinchir de fagina é terrapleno entre-medias, y por falta de no haver piedra ni tierra, sino arenal en la punta donde se hacia; y asimismo mandó hacer tres Fragatas sobre tres Paraos que se huvieron de los Indios, y en esto entendian los Carpinteros, y toda la gente repartida en estas obras, y en ello padecieron artos travajos, ansi por ser la tierra caliente y haver mal de comer, como porque todos los materiales se traian de lexos y á cuestas de hombros, y sin ayuda ninguna de los naturales, porque era por demás pedirselo, aunque se lo pagaran, de cuya causa sucedieron algunas enfermedades generalmente en todo el campo que fué pachugera[16] y romadizo, y despues camaras, y lo postrero lombrices y calenturas, que fué general en casi todo el campo; y con todas estas enfermedades fué Dios Nuestro Señor servido que no peligrasen dello; y aunque havia falta de comida la gente travajava en las obras dichas y hacian buen rostro á los travajos y fatigas que padecian por servir á Dios y á S. M.
Tupas y los Principales rogavan y persuadian al Governador, que fuesen á hacer guerra y entrada en los pueblos de enemigos suyos, y el los dilatava y detenia con esperanza de un dia para otro hasta acabar el fuerte y algunas fragatas, porque en los Bateles no se podia hacer nada de lo que se pretendia por ser tan pesados, y como los Principales veian el buen tratamiento que el Governador les hacia, que les dava tan largo todo lo que ellos le pedian, Tupas le dixo un dia que su muger é hijas querian venir á verle, porque tenian grande deseo de conocerle, y el dixo, que se holgaria de ello, y que quando y como el quisiese lo hiciese, y ansi dende á pocos dias las traxo, y el modo de venir fué que las mugeres venian por si aparte en procesion de dos en dos, y á la postre la más principal, y ansi vino la muger de Tupas puestos los brazos á los hombros de dos mugeres principales, y delante su procesion de mas de sesenta mujeres cantando en alta voz todas ellas, y las mas traian sombreros de palma en las cabezas, y algunas guirnaldas de diversas flores, y otras de oro, y otras, manillas en las piernas y orejas y brazos, y anillos de oro en las manos, en los dedos, y todas vestidas de naguas ú faldinetes y mantas de colores, y algunas de tafetan: Tupas y los Indios vinieron por si aparte, y el Governador les recivió muy bien, y les dió de comer y beber a todos, y despues dió á la muger de Tupas, y á dos nueras, y dos sobrinas suyas, lienzo de ruan á cada una ocho varas, y cuentas de Margaritas y sendos espejos, y peynes, y á todas las otras mugeres cuentas de christalinas, y abalorio, y cascabeles y otras cosas, y las despidió y embió muy contento, y se fueron por la misma orden que vinieron con su procesion y canto, y dende á pocos dias hicieron lo mismo las mugeres é hijos de Sicatepan, é de Simaquio Principales, y que vinieron por la misma orden, con quien se hizo como con las primeras, y se volvian todas tan contentas que decian el Governador era su padre, y cierto les hacia obras de padre, porque demás de lo que les dió de los rescates de S. M. de su propia hacienda les dió mas de cien varas de ruan de cofre, y mucha cantidad de margaritas y cuentas, y espejos, y otros rescates; y siempre despues que llegó á estas Islas procuró de dar todo contento á los naturales, y que no se les hiciese agravio ni daño, ni se les tomase cosa ninguna de su hacienda sin paga en todas las partes que llegó é tomó tierra, y principalmente en esta Isla de Zubu, donde pensava vivir y permanecer y hacer vida con ellos, y con esto los apaciguó, é aseguró mucho, y dende algunos dias que estavan mas seguros, Tupas embió al Governador una India, diciendo ser su sobrina para que le sirviese, y con ella vinieron otras tres criadas suyas della, á la qual recivió bien el Governador, y la vistió y hizo dotrinar las oraciones de la doctrina christiana, y ella las tomaba bien, y despues de sabida la doctrina dixo, que queria ser christiana, y ansi pidió que le Bautizasen; y aunque el Padre Prior lo dilató algunos dias dandole á entender que cosa era ser christiana y lo que havia de creer y guardar despues de Bautizada, viendo su perseverancia la Bautizó á ella, é á su ruego á un hijo suyo de tres años, y á un muchacho y á una muchacha que tenia de su servicio de edad de siete ó ocho años, y esta fué la primera que se Bautizó y tomó la fee Christiana en esta Isla, y llamose Isabel, á la qual dende á poco el Governador la casó con Maestre Andrea Calafate Griego, Cavo de obra, ayudandole para su casamiento le hizo gran fiesta en sus bodas, y se hallaron en ellas todos los Principales de Zebú, y mostraron gran contento dello; y despues acá á imitacion suya han venido algunas Indias diciendo quieren ser christianas y Bautizarse, á las quales se les muestra la doctrina y las oraciones para el efecto, y ansi mismo se han Bautizado siete ó ocho niños, que se han muerto, de Indias que en el real sirven á soldados, y estas son las almas que hasta ahora se han ganado para el cielo, y cierto se tiene entendido, que si hoviese lengua ó Interprete que les predicasen nuestra fée, facilmente se convertirian mucho numero dellos: Dios por quien es lo encamine como él se sirva.
A cavo de mas de dos meses que la gente se ocupava en la obra, y fuerte y Fragatas como está dicho, Tupas y los Principales de Zebú vinieron al Governador y le pidieron favor é ayuda contra un pueblo enemigo suyo, diciendo, que ahora nuevamente los havian corrido ciertas canoas suyas, y les havian muerto tres hombres, é les decian que los de Zebú eran mugeres, pues havian consentido poblar en su pueblo á los Españoles, y que querian ir á vengarse dello, é saber si los Españoles les havian de ayudar, ó no. El Governador, por que no pareciese que faltava de su parte la condicion de la paz, les ofreció su ayuda, y ansi embió con ellos al Maese de Campo con cincuenta Españoles, y dieron en el pueblo de los enemigos y los destruyeron y mataron alguna gente, y los Indios amigos robaron todo el fardage del pueblo, y muchas canoas, que quedaron admirados y espantados de ver pelear á los Españoles, y de como subieron y entraron en el pueblo de los enemigos que estava en un risco y peñasco áspero y fuerte, y decian, que pensavan ellos que no osaran ni pudieran subir allá, y ansi dicen subieron con tanto travajo, peligro y riesgo de muchas guijas que se despeñavan de arriba: y verdaderamente la toma y entrada de este pueblo puso gran terror y espanto á los naturales de esta tierra. Venidos á repartir de la presa los Indios pedian que se partiese de por medio, el Governador, por ser la primera cosa que en su favor é ayuda se havia hecho, mandó dar todo á los Indios de Zebú, y no quiso tomar cosa ninguna dello, sino fué una canoa grande, para hacer una Fragata, con lo qual los Indios quedaron muy contentos, é con gran regocijo, é bien proveydos de canoas y otras muchas alajas, y dende en adelante cada dia importunavan al Governador, que fuese á otras entradas de otros pueblos enemigos suyos, y él disimulava con ellos por no tener acabado el fuerte, y les dixo, que antes que fuese á otra entrada ninguna, havia de proveer y bastecer el campo de comida, que le dixesen de donde y como lo podria haver, y ellos dixeron, que de la Isla de Panay que está quatro ó cinco jornadas se podian proveer, porque alli havia mucho arroz; y él los rogó que le fuesen por ello, que les daria con que lo comprar, é que traydo el arroz y bastecido el campo, entenderian en hacer guerra y entrada á sus enemigos; é un Principal que se dice Simaquio, á quien el Governador libertó é dió la muger é hijas se ofreció de ir por ello, y ansi se despachó y fué con dos Paraos, al qual le dió el Governador el oro para comprar el arroz, y un berso de hierro con dos camaras que pidió para su defensa del camino, y por otra parte despachó á otro Moro llamado Vapasilao que se ofreció de ir por arroz con otro berso, y recaudo para comprarlo; y despues que el fuerte estava cerrado de palizada aunque no lleno de tierra-pleno, mas de solos los caballeros en que ya estava puesta é asentada la artilleria, y se podia defender, y estavan ya acavadas dos Fragatas, constreñido por la falta de comida que havia en el campo, vino á conceder en el ruego de los Indios, de que fuesen á alguna entrada, y les dixo, que fuesen á donde huviese mucha comida, y ellos dixeron, que en esta misma Isla veinte leguas de Zebú, ó poco mas, estavan unos pueblos de enemigos suyos con quien tenian guerra, y que de allí se podrian proveer de mucha comida, y ansi embió al Maestre de Campo y al Capitan Martin de Goyti con cien hombres, con las dos Fragatas y Bateles, y con ellos mas de quinientos Indios de Zebú, y el mismo Tupas con otros Principales, y fueron á la parte que los Indios les llevaron, y los naturales se huyeron todos, que no osaron esperarles, ni pudieron haver á ninguno, pero en los pueblos hallaron gran cantidad de comida de millo y borona, puercos y gallinas, y algun arroz, de que se hincheron las Fragatas, y canoas de los Indios, y otra canoa que allí tomaron, y bolviendo con esta empresa que era de mucha cantidad de comida, lo que mas en el Campo se deseava y era necesario, les dió un temporal y tormenta que sozobraron muchas canoas y otras dieron al traves, y se ahogaron un soldado llamado Angulo y algunos Indios, y otros se escaparon á nado, alijando y echando á la mar la mayor parte de la comida que traian, y perdieronse seis ó siete cotas de malla y otros tantos arcabuzes, é de los que salieron á nado á la costa, mataron los naturales catorce ó quinze Indios de Zebú, é si el capitan Martin de Goyti que venia en la abanguardia no saltara en tierra é socorriera á los que salieron á la costa peresciera mucha gente que los mataran los naturales, y como el Maestre de Campo llegó con la retaguardia donde el Capitan Martin de Goyti, recogió la gente, por contentar á los Indios amigos, quisieron alguna satisfaccion del daño que los naturales les hicieron en la costa, y ansi entraron dos leguas por la tierra adentro y no hallaron nada, por que toda la gente les huyó, y á la vuelta en un alcabucal dexaron una emboscada donde cogieron un Indio, el qual les dixo que les llevaria á una ranchería de gente que estavan huydos, y fueron con él de noche á la ranchería donde hallaron y mataron mucha gente y prendieron quinze ó diez y seis Indias, é los de Zebú tomaron é robaron el pilaje de ropas, campanas que se hallaron en la ranchería, con que olvidaron el daño y perdida pasada, y volbieron contentos aunque con poca comida; y esta fué la segunda entrada que los Españoles hicieron en favor de los Indios de Zebú, y sonaron tanto que pusieron gran terror y espanto en todas estas Islas; y de los travajos que pasaron en esta jornada arriba dicha, luego que llegaron al campo adolecieron la mayor parte dellos que allá fueron, y estuvieron muchos dias enfermos de calenturas y modorra de que murió un Marinero dellos é otro perdió el juycio y estuvo loco muchos dias.
Estando la gente en esta entrada vinieron al Real siete ó ocho moros en una canoa, que el Principal dellos se decia Magomat, que dixeron ser naturales de la Isla de Luzon, é que venia á pedir seguro al Governador para venir á este pueblo é tratar con un Parao que tenia cerca de esta Isla, é que si les tratasen bien harian que viniesen Juncos de Luzon con muchas mercadurias á tratar con los Españoles: El Governador les rescivió muy bien, y les dió seguro para que pudiesen venir á tratar é contratar con ellos, é asi les embió contentos dandoles bonetes de grana y otros rescates, y dende á tres dias volbieron con su Parao, en que traian hierro, cera, porcelanas baxas, mantas de la tierra y algun oro, y arroz, todo lo qual querian trocar á tostones, ó á plata, y dixeron que habian venido por estas Islas á tratar, y que la mayor parte de todo lo que traian havian ya vendido, y que en la Isla de Panay supieron de un Moro que fué á comprar arroz para los Españoles, como estavan en esta Isla de Zebu de paz, y que no hacian mal ni daño á nadie, y que tenian mucha plata y tostones, y que por esto havian venido á ver nuestra manera de contratacion, por que si sintiesen ganancia vendrian muchos Juncos de Luzon é traerian muchas cosas é mercaderias. El Governador les dixo é hizo mucho buen tratamiento y les mandó mostrar todos los rescates de Castilla, sedas, paños, lienzos, hierro, estaño, cobre é cuentas por todo lo demás, y ellos dixeron, que ninguna cosa dellas valia para su tierra, sino era plata, tostones y margaritas, é que por esto darian todo lo que truxesen, y tratando de les comprar oro á trueque de plata y margaritas, dixeron, que darian por seis pesos de plata uno de oro, y al respecto por las margaritas ni mas ni menos, y vinoseles á dar cinco por uno y no quisieron, diciendo que en Butuan otros de su tierra havian comprado á los Españoles seis de plata por uno de oro, y que si los diesen ellos mas varato los reñiria el Capitan de Luzon, y ansi no huvo efecto la compra del oro, y comenzaron á vender su arroz, gallinas, mantas y otras cosas de menudencias á trueque de tostones, é como en el campo havia falta de comida lo compravan tan caro que el Governador mandó, que nadie les comprase sin su licencia; é visto esto los Moros dixeron, que querian bolver á Panay donde estavan dos Juncos de su tierra é que traerian arroz é algunos bastimentos, y el Mahomat Principal dellos con otros dos compañeros, y las mercaderias se quedarian en el Real hasta que bolviesen, y el Governador les dió una casa dende descargaron el hierro y sus mercaderias, y con ellas quedó el Mahomat é otros tres compañeros. El Parao se fué con la demas gente, y quando se quisieron partir vinieron á decir, que darian el oro por la plata uno por cinco, y no quiso el Governador por que el oro era baxo, y les dixo que le diesen por las margaritas uno por cinco, y venido á pesarlas no quisieron tomarlas sino escogidas las mas menudas, y no de las gruesas, por que parece ellos las venden despues por cuenta y no por peso, y como de las menudas havia pocas, se les dixo que tomasen de las unas y de las otras, y estando ya concertados, y que querian pesar ya las Margaritas vino á esternudar uno de los mismos Moros y en el instante que acabó de esternudar dixo que no podian comprar, que así era costumbre entre ellos, y que si lo hiciesen pecarian en ello, y ansi se fueron sin tomar las margaritas. Un daño vino en el campo de la venida de estos Moros que contratavan con los naturales de Zebu, y les persuadieron que por lo que vendiesen á los Españoles les pidiesen todo tostones, é que los tomarian ellos, de suerte que los de Zebu ganasen en ello, y ansi lo hacian, que pescado ni gallinas, ni otra cosa, no querian dar sino les davan tostones, é todos venian á parar en su poder de los Moros, é por todo se disimulava por la falta grande que en el campo havia de comida y bastimentos y por otra parte aprovecharon mucho, por que por via de estos Moros y de otros amigos suyos se proveyó el campo de arroz y comida muchas veces como en adelante se dirá, y este Moro llamado Mahomat nos fué muy buen amigo, y persuadia á otros muchos de los naturales que lo fuesen.
En fin del mes de Septiembre de 1565 años por la falta grande que havia en el campo, que no se comia ni se dava de racion sino un poco de millo sin otra cosa, determinó embiar el Governador al Maestre de Campo y al Capitan Martin de Goyti con cien hombres á buscar bastimentos y comprarlos con rescates que para ello llevasen, é informado de los naturales de Zebu donde se hallarian mejor, les dieron noticia que en una Isla que está enfrente de esta de Zebu á la parte del Poniente, donde dicen que hay Negros ácia un pueblo de Indios que se dice Tanay, donde havia mucho arroz y se podia rescatar, é ansi partieron para allá, llevando por guia ciertos Principales de Zebu, que les enseñasen el pueblo, que estará treinta leguas, poco más ó menos, de este fuerte; yendo para allá costeando esta costa las guias dixeron al Maestre de Campo, que allí junto donde estaban havia un pueblo de enemigos suyos que les hacian mucho daño á los de Zebu y le rogaron que saltase en tierra que tambien hallarian comida, y á su ruego desembarcaron y las guias los llevaron la tierra adentro casi dos leguas á dar en un pueblo donde la gente dél estaba alzada, y hallaron en el pueblo alguna borona, y puercos, y gallinas, y por ser larga la distancia del camino de alli á la mar, para acarrearlo á cuestas, aunque se detuvieron dos dias no se pudo traer sino poca comida. En este pueblo mataron los Indios un Lombardero Español llamado Villafuerte, que se desmandó de la compañia tras un puerco y dió en una emboscada de Indios de donde le alanzearon: desde allí el Maestre de Campo despachó á Don Pedro de Herrera su Alferez al Governador con el Batel y le embió la borona que allí se havia tomado, y él prosiguió su camino á Tanay, y llegado allí, tambien halló el pueblo despoblado é sin gente ninguna, que se havian huido e metido la tierra adentro como lo hacian en todas las partes que llegavan Españoles, y con algun arroz que pudo recoger por las casas, aunque era poco despachó al Real al Alferez general Andrés de Ibarra á dar noticia de lo que pasava al Governador, y él con la demás gente se quedó procurando de hablar á los naturales para los traer de paz á nuestra amistad, é ansi tomó algunos Indios en emboscadas que les puso y dandoles á entender que no les venia á hacer mal ni daño los tornó á soltar embiando á rogar á los Principales que viniesen á verse con él, y que les daria rehenes á toda seguridad para ello, é les pagaria todo el arroz que se les havia tomado, y todo lo mas que de su voluntad quisiesen vender, é no aprovechó, ni quisieron venir, ni los mensajeros tornaron con respuesta; y estuvo mas de quince dias en el pueblo esperandolos sin provecho ni efecto alguno. El Alferez general llegó al campo con un temporal recio de vendavales que duraron mas de ocho dias, y se tuvo en el campo pena, de que el Don Pedro de Herrera corriese riesgo con aquella tormenta, y ansi corrió harto travajo y peligro con aquella tormenta, aunque plugo á Dios llegó á salvamento á donde estava el Maestre de Campo. El Governador tornó á embiar el Alferez general con polvora, mecha y municion al Maestre de Campo, é tornó á arrivar con tormenta, é otra vez le tornó á proveer de comida y le embio. El Maestre de Campo visto lo poco que aprovechava su estada en aquel pueblo intentó á entrar la tierra adentro á buscar algun pueblo, y llegado á otro pueblo le halló despoblado y sin gente ninguna, é ansi bolvió á la mar é porque un Indio que prendieron les dió noticia, que tres leguas de allí en la misma costa en otro rio estava un pueblo que tenia mucha comida, fué allá y entró por el rio arriba de noche, y dió en un poblezuelo antes que amaneciese, y en la primera casa que toparon donde estavan dos Principales se les pusieron en resistencia, que nunca se quisieron dar ni rendirse, y se defendieron algun tanto por causa que llovia mucho y los arcabuzeros no prendian fuego ni hacian efecto, y ansi venian á brazos con los Indios y prendieron al uno y mataron al otro, y ellos hirieron á tres Españoles: prendieron siete ó ocho niños y niñas que havia en la casa, en este medio tiempo toda la mas gente del pueblo se huyó y pasó á la otra parte de un rio donde estava otro poblezuelo á vista dellos; y el Maestre de Campo habló al Indio Principal que tenia preso, que hiciese á los Indios que viniesen á paz que no les haria mal, ni queria mas de contratar con ellos é comprarles comida, é que les soltaria libremente, que viniesen de paz: el Indio les habló á los que estavan de la otra parte del rio, é le dixeron, que se vernian de paz, é luego pasaron cinco Indios dellos á donde estava el Maestre de Campo y hablaron con él y trataron y concertaron que darian quatrocientos sextos de arroz, é para recogerlo é traerlo les esperase tres dias, sin que los Españoles pasasen de la otra parte del rio donde ellos estaban; y el Maestre de Campo se lo prometió y ellos quedaron de cumplillo ansi, é se fueron, é fué cautela con que le engañaron, porque en estos tres dias alzaron é llevaron todo lo que havia en el pueblo sin dexar cosa ninguna, y al cavo de los tres dias no pareció ni quedó Indio, ni los pudieron ver, y aunque el Maestre de Campo y el Capitan Martin de Goyti entendieron la cautela y engaño que les hacian, mas quisieron dexarse engañar que no hacerles mal robandolos é matandolos, que lo pudieron muy bien hacer, porque se viese claramente que no les querian hacer mal ni daño, y por asegurarlos mas, y que el Principal preso entendiese que por culpa de los suyos no le soltavan, é ansi lo conoció él y dixo, que un Indio natural de Bohol que vivia entre ellos los havia engañado, diciéndoles, que no se confiasen de los Españoles ni tuviesen paz ni amistad con ellos, porque despues que los tuviesen de paz á todos juntos los tomarian, é matarian, é robarian sus haciendas, que ansi les havian fecho á ellos en la Isla de Bohol, los Españoles de Maluco, que vinieron allí tres años havia, y que por temor desto no osavan hacer paz, y se havian huydo. Visto esto, el Maestre de Campo determinó volberse con toda su gente y llegó al Real vispera de Todos Santos, é traxo preso al Indio Principal, al qual el Governador mandó soltar luego é le puso en su libertad, dandole á entender como no les queria hacer mal ni daño á los de su tierra, sino tenerlos por amigos y contratar con ellos, y pagarles los bastimentos que les quisiesen vender, y que si queria volber á su tierra le daria una canoa y comida con que se fuese, el qual mostró gran contento de su libertad, que entre ellos no se usa darla sino es dando por rescate toda su hacienda; y dixo, que por consejo de aquel Indio de Bohol no havian osado venir de paz, é que solo él no osaria volber á su tierra, porque en el camino le matarian enemigos suyos que tiene: el Governador dixo, pues que ansi era no tuviese pena que algun dia que los Españoles fuesen ácia allá, le llevarian y le dexarian en su tierra libre, y que entre tanto, que estuviese con él, é se holgase, é que le mandaria dar todo lo que menester hoviese; y el dixo que ansi lo haria, y se holgó dello; y para hacerle mejor tratamiento el Maestre de Campo le llevó á su casa y le hacia todo el regalo posible, y se andava por todo el Real entre los Españoles, y en Zebu entre los naturales, y se holgava mucho, y ansi estuvo muchos dias, hasta que trató con los Principales de Zebu, le llevasen casi hasta la mitad del camino de su tierra donde tenia un pueblo de amigos, y que desde allí le darian recaudo hasta su tierra, y ellos prometieron de llevarle hasta allí, y él pidió licencia al Governador y se la dió y se fué libremente muy contento con dadivas que el Governador le dió.
Estando el Maestre de Campo en esta jornada de Tanay arriba declarada, vino al campo el Parao de Mahomat, Moro, que fué á Panay por arroz como arriba esta dicho, é traeria obra de doscientos quintales de arroz por limpiar, que se partió la mitad á los soldados, y la otra mitad á los Indios de Zebu, que tambien padescian necesidad, en precios moderados, que los Moros ganaron bien é fueron contentos é partieron despues de vendido el arroz para su tierra, prometiendo volber otra vez y traer otras muchas cosas. Con estos Indios Moros embió el Governador a decir al Rey de Luzon, como estava é residia en estas partes é Islas en nombre de S. M. y el deseo que tenia de verle y darle la embaxada que de parte de S. M. traia, é que para esto le rogava le embiase una persona de confianza, ó tuviese por bien él embiase allá Españoles á tractar dello con el mismo Rey, y ellos se ofrecieron que lo harian ansi. Quando este Parao de los Moros vino con el arroz, truxo dos Junquillos pequeños de Venduro que es una Isla que está junto á Luzon, y los toparon por la mar, y diciendo el buen tratamiento que el Governador hacia á los Extrangeros se vinieron con ellos: estos traian hierro, estaño, porcelanas, mantas y algunas telillas y tafetanes de la China, y cosas de olores, y otras buxerias y no traian comida, antes llegaron faltos della, á los quales recivió el Governador con toda benignidad y los regaló y acarició, y procuró de darles todo contento; y aunque los naturales de Zebu le rogaron les tomasen las velas y los timones, por que no se fuesen sin que vendiesen todo lo que traian que es usanza entre ellos, nunca lo quiso hacer antes les dió á entender que cada y quando que quisiesen ir podian libremente para donde quisiesen, de que rescivieron gran contentamiento, y ansi al cavo de ocho dias el uno pidió licencia para ir á la Isla de Bohol y á otras comarcanas á vender sus mercadurias, y pidió al Governador le diese una poliza de seguro para que los Españoles no les hiciesen daño si por allí le topasen, y se le dió en forma, é se fué, é parte del hierro é mercadurias dexó en Zebu, con siete ó ocho Moros encomendandolos al Governador, y que á la vuelta volberia por aqui: el otro se quedó en Zebu vendiendo sus mercadurias, y los Moros de él cada dia venian al Real y contratavan con los Españoles con toda seguridad é familiaridad y compraron de los Indios de Zebu, gallinas, cabras y otras cosas de comida, y lo traian á vender á los Españoles, por la ganancia é interese que sentian, y por la nescesidad que de comida y bastimentos havia en el campo, se sufria aunque fueran más caros en el precio.
Otro dia de Todos los Santos, dia de los difuntos, casi á hora de Misa se encendió fuego en el Real en casa de un soldado, y por mucha y buena diligencia que se puso, se quemaron más de veinte casas, y entre ellas la casa donde dormian los religiosos y la ramada donde se decia Misa, y aunque se salvó la mayor parte de la hacienda, se quemó mucha, y se hurtó alguna ropa, y comida, y ansi esto como la apretura que se ofreció en los aposentos dió harto travajo: no se pudo averiguar si fué echadizo ó descuydo este fuego; los Indios de Zubu acudieron al fuego mucha gente á lo que dellos se vido y pareció era para ayudar, porque venian todos sin armas, pero no se les dió lugar ni consintió que entrasen en el Real, antes se pusieron centinelas, y guardias para que no les dexasen entrar en el Real: el Governador les agradeció la voluntad y ansi se volbieron á su pueblo. Remediados lo mejor que fué posible del daño del fuego, á los religiosos les dió una casa, la mejor y la más comoda á su proposito, y para decir Misa se aderezó de prestado una ramada en que el Governador solia comer, hasta que despues se hizo junto á la casa de los religiosos una Iglesia pajiza en que al presente se dice Misa; los soldados que se les quemaron las casas se repartieron en las de otros camaradas.
El Governador, visto que los de Matan y Gavi no querian ser nuestros amigos, ni venir de paz, estavan rebeldes, y que de estos dos pueblos fueron los que mataron á Pedro de Arana, y que les havia embiado á decir con los Principales de Zebu que viniesen de paz, jamás lo havian hecho, y lo que peor era, que como no los conociamos nosotros, y ellos y los de Zebu eran amigos, y todos una cosa se andavan entre nos cada dia y contratavan sin que los conociesemos, y entravan y salian en el Real á vueltas de los de Zebu, y se tuvo alguna sospecha de que huviesen dado causa del incendio y quema de las casas arriba dichas, y ansi determinó de embiar al Maestre de Campo á Matan, é al Capitan Martin de Goyti, á requerirles con la paz, y sino la quisiesen aceptar hechas las diligencias necesarias, les hiciesen guerra, é ansi fueron: quando llegaron allá no hallaron persona viviente ni otra cosa sino las casas despobladas sin ropa ni otra alguna alaja, que como ellos eran amigos de los de Zebu, y á vueltas dellos se andavan entre nosotros, fueron avisados y se huyeron é despoblaron sus pueblos: visto esto los dichos Capitanes pusieron fuego á las casas y les quemaron todas por no tener tan ruin vecindad, que cierto nos dañavan mucho con los de Zebu, y en todo lo que ellos podian. Preguntando á los de Zebu que se havian hecho la gente de Matan y Gavi? respondieron, que se havian pasado á otras Islas comarcanas, y que nos avisavan que nos guardasemos dellos y velasemos bien, por que los de Matan decian que se havian de vengar y que nos havian de quemar las casas del Real como á ellos les havian quemado las suyas. Tuvose sospecha que muchos dellos estavan entre los mismos de Zebu, que eran deudos é amigos pero disimulavase todo por no quebrar ni venir á rompimiento con ellos. El Governador dixo á Tupas y á los Principales de Zubu, que dixesen y amonestasen á los vecinos de Matan y Gavi, pues eran sus vecinos y deudos, que viniesen de paz, y que los resceviria, é ternia, é les perdonaria todo lo pasado, y les ayudaria á hacer sus casas para que viniesen seguros y quietos, sino, que supiesen que algun dia quando pensasen estar mas seguros los cogeria y castigaria, que no se le havian de escapar en parte ninguna que fuesen, porque los buscaria é ternia cuenta dellos; y ellos prometieron que procurarian de traerlos de paz, y todo era cumplir de palabra, por que nunca vinieron ni huvo efecto cosa ninguna, antes se entendió que todos los mas dellos se havian pasado á la Isla de Baibay, que es una provincia dos jornadas de esta Isla en la contracosta de Abuyo y Cabalian.
Ya por este tiempo havia falta de comida en el Campo, que no se comia sino un pedazo de borona, y por ser poca se acortavan las raciones. Como los que el Governador embió á Panay por el arroz se tardavan y no venian, se padecia travajo, y los naturales tambien padecian hambre y travajos grandes, comian yervas y marisco, y comenzaron á degollar y cortar las palmas para comer, que es la hacienda en que mas tienen, y de que mas se aprovechan, y despues de dos cogolladas son de ningun provecho: por todas partes se padecia hambre, fatigas y travajos hartos, y como el Governador no consentia ni queria dar licencia de que se les hiciese daño á los naturales, ni se les tomasen sus haciendas sin paga, la gente estava desabrida y descontenta; y aunque el Governador y Capitanes, religiosos y otras personas principales, cada uno por su parte procurava de los animar con buenas palabras y oferta, y razones claras y evidentes como podian ser ricos con las mercedes que S. M. les haria, y los aprovechamientos de la tierra que eran muchos, como á todos era notorio, y que todo el travajo seria sustentarse y conservarse hasta ver mandato de S. M. y la orden que seria servido dar para la poblacion desta tierra, y que hasta que esto viniese se sufriesen y no tuviesen pena, que de comer no faltaria, é Dios los remediaria, é el Governador tenia proveydo por muchas vias, para que viniesen bastimentos, é todo aprovechava poco, especialmente para los que tenian entrañas dañadas, é ruynes intenciones, é ansi se descubrió é vino á entenderse en esta estrechura un motin y maldad, é trato diabólico, que muchos dias havia se tratava entre algunos dellos, y lo querian ahora poner por obra é efecto, que si Dios por su infinita misericordia no lo descubriera pudiera causar grandes daños é inconvenientes, é fué, que un cabo de Esquadra llamado Pablos Hernandez, natural de Veneciano, y Juan Maria Carpintero cabo de obra, Maestre de la Nao Almiranta, que eran de una tierra y casi se tratavan como parientes, y otros estrangeros, y algunos soldados, y otras personas amigos y criados de estos, tenian tratado y concertado de tomar el Patax San Juan y que irian á Butuan y á otras Islas de este Archipielago, y ansi mismo tomarian los Juncos de Burney y de Luzon y Venduro que tratan por estas Islas, y que robarian todo lo mas que pudiesen, y se podian ir por el Estrecho de Magallanes y si tomasen la costa de la Nueva España irian á Guatemala y Peru y se podian pasar desde alli á España, sin ser sentidos ni conocidos, y de alli á Francia, y á sus tierras donde quisiesen, y que si no quisiesen, ó no hallasen los tiempos favorables, por esta derrota se podian ir la vuelta de Malaca donde los Portugueses les recivirian bien, y les harian cortesia y agradecerian haberse huydo de este campo y Real, y les darian pasaje á Portugal de donde podian conseguir su efecto, y parecioles poderlo hacer y salir con ello con facilidad, porque el Juan Maria como era Maestre de la Nao Almiranta, tenia en su Nao y poder toda la artilleria, polvora y municiones que estava en la Nao Almiranta, ansimismo tenia de su mano los Marineros, especialmente los estrangeros, y Pablos Hernandez tenia muchos amigos y soldados; y ansi lo trataron con muchos, harto aparejo hallaron: el Pablo Hernandez havia de ser Capitan y caudillo del negocio, y lo havia de regir todo, y el Juan Maria seria el General, y despues de estos los mas principales fueron el Piloto Francés y otros estrangeros de mas valor, y tambien huvo algunos Españoles que metieron la mano en el negocio, é persuadieron á otros que fuesen en ello; y pareciendoles que no les faltava nada é que era buena coyuntura propusieron de ponerlo en efecto, é concertaron que el Martes que se contaron 27 de Noviembre de 1565 saldrian de este campo, y para que los que quedavan en él no pudiesen ir tras ellos ni enojarles tenian concertado antes que partiesen de dar barreno á la Nao Almiranta y á las Fragatas, y que se irian seguros y salvos, sin que nadie les pudiese enojar. Y aquella noche, poco antes de la media noche, teniendo embarcados en el Batel ciertos tiros y velas y otras cosas de la Nao Almiranta para llevar el Patax San Juan para el efecto, permitió Dios que lo dexasen y lo dilatasen para la noche siguiente: la causa ni razon dello no se sabe, mas de que el Juan Maria dixo, que lo dexasen por entonces, y mandó tornar á meter en la Nao todo lo que havian embarcado en el Batel, y ansi parece que fué permision divina. Aquella noche algunos Marineros que estavan en la Nao, que no sabiendo el trato decian y preguntavan, que para que efecto se embarcava aquello en el Batel, pues las Fragatas estavan varadas en tierra, y no havia donde ir; y el Piloto Fortun Ximenez que era uña y carne del Juan Maria y muy su amigo les dixo, que el Maese de Campo lo havia mandado é que no curasen de saver para que era, sino hacer lo que les mandasen, y ansi les taparon las bocas; y despues se sospechó ser el dicho Piloto uno de los de la liga.