AURUM (Oro).

§ I.—Historia.

Nos ocuparémos primero del oro metálico preparado para el uso homeopático por trituraciones y atenuaciones sucesivas segun las reglas de la farmacopea. Completarémos este capítulo con algunos datos sobre las sales de oro.

Este metal en polvo fué empleado por los árabes, en el siglo VIII, en la melancolía; se le ha ensalzado despues como utilísimo en la misma dolencia, en la debilidad del corazon, en la ambliopia amaurótica, la disnea, las palpitaciones, la fetidez del aliento, la alopecia, y recientemente, en la melancolía elevada hasta el suicidio, y en otras afecciones que los efectos producidos por el oro en el hombre sano han hecho apreciar mejor.

§ II.—Efectos fisiológicos.

El estudio razonado de los síntomas fisiológicos de este medicamento y de los hechos prácticos obtenidos con él, nos prueba que el carácter final de su accion es la debilitacion de la contractilidad de la fibra, y que este efecto está acompañado de congestion, de fluxiones, de orgasmo, cuya espresion puede efectuarse en el cerebro, el pulmon y otras vísceras, la nariz, el pié y todas las partes del sistema cutáneo. Estas congestiones y estos éstasis sanguíneos venosos están en relacion bastante exacta con los efectos de las meditaciones profundas y de un asíduo trabajo mental, del abuso de la mesa y de las bebidas alcohólicas, en una palabra, de la plétora venosa abdominal. Otras veces, la atonía de la fibra se espresa por afecciones nerviosas, por desórdenes funcionales, por espasmos pasivos, por la debilidad de los tejidos y la pérdida de su contractilidad. La influencia del oro queda ya demarcada en su simplicidad electiva, y representa una multitud de estados morbosos que reconocen por causa todo lo que tiende á desarrollar directamente una astenia general, como son: el pesar y odio prolongados, una alimentacion insuficiente, la escrófula con su exuberancia de jugos blancos insuficientes á la escitacion de los órganos, la infeccion sifilítica constitucional ó hereditaria, el abuso del yodo, del mercurio y de las sustancias minerales en general, aun en los casos en que estas causas no hayan todavía producido efectos sensibles sobre el conjunto de la economía.

La patogenesia del oro tiene tres órdenes de síntomas perfectamente establecidos: 1.º los síntomas nerviosos efémeros, unidos á los de escitacion sanguínea; 2.º síntomas nerviosos fijos, asociados al estado diatésico, al orgasmo pasivo del sistema sanguíneo y á la pérdida de la contractilidad de la fibra; 3.º los infartos, las lesiones de tejidos, especialmente de los tejidos blancos, tales como los huesos, la piel y las glándulas. Estos tres órdenes de síntomas tienen una mútua dependencia entre sí, y se suceden necesariamente en el órden indicado, á causa de la accion prolongada del medicamento que nos ocupa.

En el primer órden de síntomas, la fiebre tiene mas tonicidad, y el sistema nervioso está mas sensible; la escitacion sanguínea está al parecer bajo su dependencia, y de cuya escitacion resultan: la impaciencia y la cólera, el insomnio, las sensaciones vivas, los dolores dislacerantes en la cabeza, el centelleo de los ojos, la contraccion de la pupila, la escesiva finura del olfato, calor y escozor en la boca, sed ardiente, calor y sensibilidad en diversos puntos del abdómen y en otras partes, erecciones dolorosas, exaltacion del apetito venéreo, sensibilidad grande de todo el cuerpo, punzadas y dislaceraciones casi en todas partes, estremecimientos, dolores calambroídeos, calosfríos febriles, frio; aumento de calor despues, prurito en el corazon y en casi todo el cuerpo.

En el segundo órden de síntomas, la fiebre ha perdido ya su tonicidad, de lo cual resulta la manifestacion de los fenómenos nerviosos siguientes: ansiedad, melancolía, pusilanimidad, temblor nervioso como por impotencia de dominarse, vértigos, cefalalgia contusiva, latidos en la cabeza, contusion en la misma, sensacion de presion y de tension en todas partes, dilatacion de la pupila, color azulado en los ángulos internos de los ojos, ardor en los mismos, hemiopia, ruido en el oido, olor pútrido en la nariz al sonarse; saliva y mucosidades abundantes y dulzosas, gusto pastoso, pútrido, anorexia, náuseas, dolor presivo, eructos, borborigmos, desarrollo de gases, estreñimiento, orina mas abundante en cantidad que la bebida ingerida, erecciones frecuentes, deseos venéreos, poluciones. Estos síntomas de exaltacion de los órganos genitales solo se esplican por la plétora venosa abdominal, y se completan con la gonorrea prostática, la flacidez del pene, los dolores presivos y la hinchazon del testículo. Tambien se observan en esta segunda série, la pesadez de los miembros, el adormecimiento y el sueño irresistible por el dia; dominan el frio y el calosfrío, el calor es infebril y sin sed, el frio es por lo general superior al calor de la cama, ó bien alternan el frio y el calor, el sudor es parcial y muchas veces matutinal. Se presenta igualmente susceptibilidad al frio, movimientos congestivos en la cabeza, en el pulmon, en el corazon, útero, intestino grueso; opresion y punzadas en el pecho, disnea asmática, palpitaciones de corazon, sensacion de ardor, latidos en las vísceras abdominales; la sangre parece hervir en los vasos; la sensacion de ardor quemante es seguida de muchas punzadas, dolores y congestiones.

Los síntomas del tercer órden constituyen el grado mas avanzado de la accion del oro: la melancolía se eleva hasta el desaliento y el disgusto de la vida; el moral se resiente de la debilitacion de la voluntad, y la tristeza y la morosidad son interrumpidas por raptos de mal humor y de cólera impotente; los trabajos intelectuales fatigan y aniquilan. Hay además: tumefaccion de los párpados, grano indolente en el borde del párpado inferior, hinchazon roja de la nariz, mancha roja-oscura, prurito quemante en la nariz, coriza, romadizo, costras y escoriaciones en la nariz, salida de pequeños granos en la cara, abotagamiento de la misma, ampolla escociente, grano quemante en el labio inferior, aftas en la boca, tumefaccion y hemorragia de la encía, grano purulento, ulceracion en la encía, infarto de los gánglios submaxilares, dolores lancinantes y sensibilidad en el epigastrio, ardor en el estómago; punzada, hinchazon dolorosa en el ano, ardor quemante en la uretra y la vagina, infarto doloroso del testículo; tenesmo uterino, grande opresion, erupciones de pequeñas pústulas en el cuello y el pecho, tumefacciones exantemáticas y nudosidades cutáneas en la cabeza, en los brazos, en las piernas, con prurito muchas veces, granos supurantes en la cara, prurito en distintos puntos, hinchazon de los piés, rubicundez de los dedos, rubicundeces erisipelatosas.

Este último órden de síntomas, en union con el segundo, es el orígen de las indicaciones terapéuticas, pues el primero solo contribuye como conmemorativo en los preludios.

Reconocemos en el oro una accion predominante sobre el sistema nervioso ganglionar, con una electividad sobre la fibra muscular, dispuesta en forma de envoltura ú organizada como membranas. Esto es todo lo que nos autoriza á hablar de la fenomenología del oro, inclusas las curaciones obtenidas con este medicamento. Uno de los grandes caractéres diferenciales del oro, es el no tener en su patogenesia síntoma alguno que indique la irregularidad, la ataxia, la putridez, ningun síntoma que establezca relaciones entre su accion y las fiebres esenciales ó los ataques graves á la vitalidad, y por lo mismo con la parálisis; sin embargo, las esperiencias hechas hasta hoy nos parecen insuficientes respecto á este punto.

§ III.—Efectos terapéuticos.

Bosquejemos ahora las enfermedades que son del dominio del oro. Este medicamento es el que mejor responde á la melancolía con disgusto de la vida y con tendencia al suicidio angustioso. A esta tendencia acompañan movimientos congestivos en el corazon, en el pecho, en el epigastrio, y están unidos siempre á la alteracion de la circulacion venosa en las vísceras, á la atonía que resulta de congestiones repetidas, á los éstasis de sangre venosa en los vasos abdominales.

Se curan tambien con el oro varias afecciones neurálgicas y espasmódicas, la odontalgia, la hemicránea y algunos padecimientos histeriformes y asmáticos producidos por las mismas causas ó unidas á un mismo estado. Aun en las neuralgias mas simples en apariencia, se observa siempre la discrasia, que es indicadora de este medicamento, con una sobreescitacion de los sentidos, y á veces, tan solo de los órganos genitales ó de la sensibilidad general. Los dolores generalmente son quemantes ó por lo menos nocturnos, en lo cual son análogos del oro, el mezereum, el estaño, la spigelia, el arsénico y el mercurio. Entre los síntomas histeriformes propios del oro, es preciso contar el erotismo y la ninfomanía por abuso de los placeres: estas afecciones tienen su orígen en un estado congestivo crónico de los órganos de la reproduccion.

Las congestiones pasivas son tambien las causas de esas opresiones constrictivas con palpitaciones, angustias y sensacion de una bola ó de un vapor que ascienden á la garganta ó al cerebro, que se manifiestan con preferencia por la noche, y que el oro disipa igualmente. Lo mismo decimos de las hepatitis ó de la ictericia con dolor en el hígado, de ciertas afecciones del corazon relacionadas con las hemorróides, y aun de estas mismas con la hipocondría.

Una de las propiedades mas especiales del oro es la de dirigirse á la atonía de las membranas musculares. Es á estas membranas y á su contractilidad, lo que la quina á los tejidos en general y á su vitalidad; tonifica, escita la accion de la fibra. Esta accion del oro se estiende á las túnicas de los vasos y á todos los órganos huecos, por lo cual es un medicamento precioso y muchas veces superior á la sal marina, á la sepia y á la nuez vómica en el estreñimiento por atonía del intestino grueso, en ciertas relajaciones de los órganos genitales de la mujer, en el descenso de la matriz, en la hernia intestinal, en las gastro-atonías y las gastralgias rebeldes.

Se ha citado un gran número de casos de escrófulas de distintas formas curadas ó aliviadas por el oro[32], del mismo modo que algunas inflamaciones é induraciones de gánglios linfáticos, infartos del hígado, de las glándulas mamarias y de los testículos, hasta escirros y úlceras de mal carácter; la cáries misma de los huesos de la cara, de la nariz, del oido, de la faringe, exóstoses de la cabeza y de la tibia, periostitis con supuracion y fístula, la ozena sifilítica, ciertas inflamaciones erisipelatosas con tumefaccion roja-oscura de la piel de la nariz, oftalmía escrofulosa y algunas infiltraciones serosas.

En general, los infartos linfáticos del oro tienen una sensibilidad exagerada; pero la mayor parte de estas afecciones rara vez las cura el oro solo, aun cuando esté indicado por el estado general y la mayor parte de los síntomas especiales; forma parte de un tratamiento en el que entran medicamentos capaces de cubrir sucesivamente indicaciones múltiples.

La semejanza que presentan entre sí las diátesis escrofulosa y sifilítica, como se observa entre ciertas formas de la escrófula y algunos fenómenos remotos de la sífilis, conduce naturalmente á tratarlas por este medicamento[33]. La sífilis antigua degenerada, y ciertos accidentes ocasionados por el abuso del mercurio y del iodo, se combaten tambien con el oro cuando hay periostitis, dolores osteócopos, neuralgias congestivas, éstasis sanguíneos, lesiones de la faringe y de las fosas nasales. El oro, ayudado con el sulfuro de cal, es el mejor medicamento en la mayor parte de las afecciones mercuriales, así como tiene muy poca influencia en las enfermedades de la piel, escepto algunas sifílides con manchas rojizas y escoriaciones ó grietas.

El café y el alcanfor son los mejores antídotos de los efectos dinámicos del oro; sus congestiones pasivas esternas ceden con la stafisagria y el mercurio. Como antimercurial y antisifilítico, son sus análogos el sulfuro de cal, el iodo, la clematis. Por otra parte, el fósforo, el mercurio, el ácido azótico, la sepia, la nuez vómica.... son análogos del oro en el estado diatésico; los dolores, los abatimientos, las debilidades musculares, se alivian ó cesan con el movimiento, con la accion del aire y la influencia de la luz que parecen combatir la atonía de la fibra.

AURUM MURIATICUM (Hidroclorato y deutocloruro de oro).

Esta sal de oro, cuya accion sobre la vida vegetativa y los tejidos es mas profunda y mas enérgica que la del oro metálico, no produce una astenia y una diminucion de la tonicidad de la fibra tan ostensibles como el último. La belladona y el sulfuro rojo de mercurio son los antídotos mas frecuentes; el frio y el calor agravan igualmente sus padecimientos, mientras que el movimiento pasivo del carruaje y la distraccion les alivian.

Tiene esta sal casi las mismas propiedades que el oro metálico, y ataca con mas eficacia á la gota, los granos de mal carácter en los labios, los chancros y las úlceras corrosivas, las lesiones de tejidos, muchos accidentes tenaces de la sífilis ó del abuso del mercurio. Se adapta mejor, en fin, á los efectos producidos por los pesares.

AURUM SULFURICUM (Sulfuro de oro).

Esta sal de oro tiene una accion mas erética, aun cuando conserva las mismas propiedades. El frio y el movimiento pasivo agravan los padecimientos que el reposo de la cama alivian. Sus síntomas carecen del ardor quemante, que es reemplazado por las punzadas. Es mas eficaz en la hipocondría, las neuralgias, ciertas enfermedades de la boca, de la piel, de la nariz y de los ojos, en el catarro crónico, los infartos y las ulceraciones mismas del útero, en los restos de la sífilis, algunas erisipelas, la clorosis, y ciertos casos de paraplegia. Es conveniente en los tratamientos de larga duracion, recurrir á estas tres preparaciones del oro, porque cada una de ellas obra en el mismo sentido, aunque de diverso modo en los desórdenes nutritivos y lesiones orgánicas.

Entre los síntomas que las distinguen, se cuentan para el oro metálico, la hemicránea con náuseas y vómitos, el coriza fluente que tambien pertenece al hidroclorato, lo mismo que las hemorróides, la leucorrea blanca y espesa, la tos seca, las palpitaciones que sobrevienen estando acostado sobre el dorsal.

La vacilacion de la cabeza pertenece mas bien al hidroclorato: esta sal no produce erupcion en la cara, pero sí infartos gangliónicos en el cuello; tiene aun el hidroclorato entre sus síntomas, la leucorrea amarilla (efecto tambien del sulfuro), el desarrollo de granos en los grandes labios antes de las reglas, la tos mucosa y con esputos amarillos: estos esputos pertenecen tambien al sulfuro, así como las sofocaciones por la mañana.

Al sulfuro pertenecen: la alopecia, el coriza seco, la palidez de la lengua y de las encías, la sensacion de una bola que rueda en el vientre y el estreñimiento, síntoma opuesto al de las otras dos preparaciones. Le pertenecen tambien: la incontinencia de orina y la ronquera: esta es rara en el hidroclorato, y no la tiene el oro metálico; este y el sulfuro poseen el dolor de las parótidas y una especie de tortícolis. La tumefaccion de los pechos con sensibilidad al tacto, escoriaciones en el pezon seguidas de punzadas, son particulares del sulfuro, así como una viva escitacion, pero rápida é impotente, de los órganos genitales. El infarto del testículo pertenece mas al hidroclorato y al sulfuro que al oro metálico. El sulfuro, en fin, parece tener una accion sobre la médula espinal, y especialmente sobre su parte inferior, de donde proceden la vacilacion de las piernas, la incertidumbre de los movimientos y el adormecimiento de los piés.

Dósis.—Las trituraciones del oro metálico son muy útiles en la mayor parte de los casos de diátesis que son de su dominio. Las dósis menores son mas necesarias en todas las demás circunstancias; como, por ejemplo, una gota de la sesta ó duodécima atenuacion en agua, ó algunos glóbulos de estas diluciones y aun de la trigésima.

Bastan generalmente estas débiles dósis para las sales de oro; algunas veces se debe recurrir á dósis mas elevadas, tales como 5 centígramos de la sustancia para 500 gramos de agua destilada, administrando una sola cucharada todas las tardes. Hay conveniencia en emplear al esterior una solucion de la sal de oro administrado al interior, tal como 7 ú 8 decígramos de la segunda ó tercera atenuacion en 120 gramos de agua pura, para lavar las úlceras, empapar compresas y tenerlas húmedas y siempre aplicadas á los tumores..... Se puede obtener una pomada aurífera útil en ciertas adenitis, mezclando un gramo de cada una de las tres trituraciones de oro, ó 5 centígramos de una de sus sales, con 30 ó 60 gramos de manteca ú otro vehículo conveniente.

BARYTA (Barita).

§ I.—Historia.

Se emplea indistintamente el subcarbonato ó el hidroclorato de barita. Muchas veces esta última sal es mas activa y posee quizá una accion mas pronunciada sobre la piel; tambien debe ser preferida en el tratamiento de las afecciones cutáneas que le son propias; entra en fin en la composicion de varios remedios secretos contra los dartros.

Las sales de barita introducidas en nuestros dias en la materia médica, se han abandonado casi inmediatamente. Se las preconizaba en las afecciones escrofulosas, pero el yodo es al parecer el que las ha reemplazado. Esto no obstante, la barita debe conservar su lugar en la materia médica entre el yodo y el manganeso.

§ II.—Efectos fisiológicos.

Las sales de barita referidas obran particularmente sobre el sistema linfático en general, desde los gánglios hasta la piel. Es uno de los medicamentos que merecen el nombre de alterantes; modifica la grasa de los humores en el sentido del linfatismo y de la produccion de materiales nutritivos menos animalizados.

Todo indica en este medicamento que su esfera de accion no se limita á estados discrásicos, al empobrecimiento de la sangre y á la exageracion del sistema linfático. Entre sus síntomas nerviosos, los dolores son profundos; consisten en tirones acompañados de calosfríos, de sacudidas, de malestar, y seguidos de temblores y debilidades paralíticas, que algunas veces vienen precedidas de sobreescitacion de los sentidos. Este medicamento difiere del causticum, por las hinchazones serosas y por sus tumefacciones blandas. El reposo agrava y el movimiento alivia los dolores, así como los demás fenómenos nerviosos de la barita; es necesario agregar, que el lado izquierdo, que es el menos ejercitado, es el mas afectado, lo cual constituye un indicio mas de la naturaleza asténica de sus síntomas.

Esta es la conclusion, que por otra parte debe deducirse de las infiltraciones que siguen al marasmo, de la necesidad de estar sentado ó echado, de la pesadez en todo el cuerpo, de la debilidad intelectual y física, de la sensacion de frio, y de la facilidad á resfriarse.

La fiebre de la barita consiste totalmente en frio; la horripilacion se apodera del enfermo, y recorre todo el cuerpo; molesta mas á la cabeza y el epigastrio, y solo es interrumpida por un calor ligero y pasajero; el sudor se presenta por la noche. Durante esta se presentan ciertos movimientos congestivos ó de efervescencia sanguínea y palpitaciones de corazon con ansiedad; el sueño es agitado.

Lo que aun puede caracterizar á la barita, es una sensacion en el corazon como si estuviera escoriado, la imposibilidad de echarse sobre el lado izquierdo, las palpitaciones violentas, la somnolencia por el dia, la grande impresionabilidad al frio; la debilidad de los sentidos de la vista y del oido, con chispas ó puntos volantes delante de los ojos, y la exaltacion del olfato; las pulsaciones en el oido, sobre todo por la noche; la debilidad de los órganos genitales y del apetito sexual; la odontalgia nocturna, y tumefaccion de las encías antes de la menstruacion; las escoriaciones en la lengua y sequedad de la boca, las punzadas y tumefacciones de la laringe y de las amígdalas, la sensacion de un tapon en la garganta; el gusto ágrio, la anorexia ó pronta saciedad, un dolor de escoriacion en el estómago y ano, así como tambien en el escroto; la voz profunda ó la ronquera; la rigidez de la columna vertebral, varios dolores reumáticos que afectan con preferencia los tejidos blancos, los huesos, los vasos y gánglios linfáticos, las sensaciones de picaduras, de quemazon y de escoriacion en la piel; la rebeldía, en fin, á desaparecer las lesiones cutáneas.

Las afecciones de los tejidos radican sobre los vasos y gánglios linfáticos, principalmente en el cuello; hay erupciones húmedas en la cabeza detrás de las orejas, en el periné, con inflamacion crónica de los párpados y de la conjuntiva, y sudores fétidos en los piés.

§ III.—Efectos terapéuticos.

Los efectos terapéuticos emanan de los cuadros sintomáticos que preceden. Se emplea pues con eficacia este medicamento:

1.º En ciertos casos de debilitacion grave, ya de la inervacion, ya de la nutricion, y mas particularmente en la parálisis de la lengua y en la debilidad senil. Un práctico aleman le ha considerado como la panacea de los viejos. Se ha usado en catarros sofocantes, en los accidentes por debilidad del pulmon, en afecciones paralíticas consecutivas á la apoplejía, en fluxiones asténicas, y por lo mismo, en ciertas congestiones cerebrales metastásicas de los viejos.

2.º En los sudores fétidos de los piés en personas escrofulosas, y en la alopecia que sobreviene despues de las fiebres graves: usado al esterior, en pomada, es un buen auxiliar del mismo administrado al interior.

3.º En algunos dolores reumáticos, aun en el tic doloroso de la cara, en el lumbago con rigidez muscular, en personas cacoquímicas. El subcarbonato de potasa, el grafito, el yodo, etc..., tienen propiedades análogas. Las relaciones de la barita con el lado izquierdo del cuerpo le hacen mas apto á combatir las afecciones de esta parte, especialmente cuando dominan los calosfríos y el sudor, y que el movimiento y el frio agravan las indisposiciones.

4.º La barita obra tambien sobre la garganta, y la clínica ha sancionado este hecho. Se la ha observado mas eficaz en las amigdalitis subagudas y los infartos crónicos que persisten despues; se opone á la reproduccion de las que proceden por el menor enfriamiento; antes ó despues de este medicamento se puede dar el grafito y el bromo; se ha empleado tambien la barita con resultado en anginas graves con infarto considerable de las parótidas, de las amígdalas, de los gánglios submaxilares, en la escarlatina con sequedad en la garganta y dolor lancinante al tragar: en este caso el sulfuro de cal es el mejor auxiliar; pero si la angina llegase hasta el punto de alterar los tejidos y aun gangrenarlos, la cantárida y el arsénico son los preferibles.

5.º La última série de afecciones propias de la barita están comprendidas en los infartos escrofulosos del cuello, en erupciones de la cabeza, oftalmía escrofulosa con sensacion de quemadura, de presion, con vesículas en la conjuntiva y secrecion sebácea en los párpados; infarto de las glándulas del mesenterio, acompañado de infiltracion general, deposiciones blandas sin diarrea, acidez de los jugos gástricos; los niños son tímidos y perezosos; hay sensibilidad en el abdómen. A pesar de la accion de la barita en la tabes mesentérica, es preferible el azufre, el carbonato de cal, la belladona, el sulfuro de cal, el sílice y aun el arsénico; pero en todos los casos tiene la barita un momento oportuno en el tratamiento antiescrofuloso; acaba de desinfartar los gánglios, corrige el desarreglo de vientre que subsiste despues del carbonato de cal, disipa las induraciones que ha dejado la inflamacion, y aun los tumores de carácter escrofuloso que se presentan espontáneamente.

En los casos rebeldes ó mas graves, se prefiere el hidroclorato ó el acetato al subcarbonato de barita. Por otra parte, aun cuando este último tenga aplicaciones mas frecuentes en las afecciones cutáneas, es preciso establecer la distincion que le separa del hidroclorato en sus efectos terapéuticos; el subcarbonato corresponde mejor á los dartros húmedos y exudantes, y el segundo á los secos, que se presentan en las caquexias como síntoma de la falta de materiales nutritivos necesarios á la reparacion y conservacion del tejido cutáneo.

En fin, no creemos inútil volver á indicar que los niños, los viejos y los escrofulosos son los que presentan indicaciones mas frecuentes de este medicamento, cuya accion espresa una pobreza real del sistema sanguíneo y de la hematosis.

Terminarémos emitiendo una opinion que nos ha sugerido este estudio, y que se apoya tambien en hechos particulares de nuestra práctica: se refiere al uso de la barita, y particularmente el hidroclorato, en el tratamiento de las fiebres mucosas de curso lento y en la diátesis verminosa, en la que los jugos gástricos están alterados y dejan á la circulacion materiales imperfectos; la hemos administrado con gran resultado en ciertas dispepsias gastrálgicas, con dolores de escoriacion en el epigastrio, en personas que habian abusado de tisanas y agua templada, en algunas diarreas mucosas con tenesmo, en corizas, en irritaciones de la mucosa bucal y en ciertas fiebrecillas y sudores nocturnos, afecciones todas que persisten tenazmente á consecuencia de fiebres mucosas.

Dósis.—La insuficiencia de las dósis, así como su cantidad exagerada, han tenido mucha parte en los reveses atribuidos á la barita y del olvido en que ha caido. Este medicamento nos parece que es del número de aquellos que precisa dársele en general á dósis medias; es decir, á la primera, segunda ó tercera trituracion, en cantidad de uno ó dos gramos divididos en varias dósis para el dia.

BELLADONNA, ATROPA BELLADONNA (Belladona).

§ I.—Historia.

Planta de la familia de las solanáceas, de Jussieu, y de la pentandria monoginia, de Linneo. Al principio de este siglo la belladona estaba casi olvidada, á pesar de la importancia que se la habia dado en la terapéutica. Su poderosa accion fué el motivo que desvió á los médicos de usarla, por no ocurrírseles el atenuar sus dósis. Se limitaba su uso á enfermedades graves y rebeldes, «á aquellas, dice Ratier[34], que exigian recursos farmacológicos usuales.» Sin embargo, algunos médicos ingleses y alemanes, Himly, Greding, Holbrook, Will, Blacket, Herber, Munch, Hufeland, y los franceses Ibrélisle, Andrey, Giraudy, Sage, Pauquy, Méglin, Lisfranc, Chaussier, Cruveilhier, publicaron cada uno multitud de observaciones interesantes sobre las diversas propiedades de esta maravillosa solanácea[35], cuando el R. P. Debreyne se esforzó en reunir todos estos trabajos, resumiéndolos de una manera tan ambigua como incompleta, en su monografía sobre la belladona[36].

Muchas escuelas solo han considerado á la belladona como un hipostenizante vascular. Uno de nuestros terapéuticos modernos esplica su virtud preservativa de la escarlatina por el narcotismo. Merat y Delens[37] solo han mencionado una de las menos interesantes observaciones de Hahnemann sobre sus propiedades; nosotros queremos ser justos y verídicos atribuyendo á este último el movimiento que llamó la atencion de todos sobre este poderoso agente terapéutico.

La profilaxis, la preservacion de enfermedades por débiles dósis de medicamento, es una conquista reciente de la ciencia, y la posteridad reconocerá á Hahnemann por su autor, no solo por sus observaciones sobre la profilaxis de la escarlatina[38], sino por los principios que sentó, y por la práctica de los inspirados en la de Hahnemann. La profilaxis, en efecto, no se limita á la escarlatina; comprende enfermedades hereditarias, un buen número de agudas, y hasta el cólera. Esto es lo que multitud de hechos permiten hoy confirmar, y lo que armoniza perfectamente con los datos que resultan de las modificaciones fisiológicas y terapéuticas del organismo por la influencia de agentes morbosos ó medicinales. Es posible modificar la vitalidad y sus condiciones fisiológicas en un sentido que hace imposible el desarrollo de una enfermedad, es decir, la modificacion patológica del organismo. Ya recogerémos sobre esto materiales para utilizarlos algun dia si Dios quiere.

§ II.—Generalidades.

Los síntomas recogidos en los casos de intoxicacion y en las esperiencias sobre el hombre sano, están perfectamente acordes para asignar á la belladona una accion electiva sobre el encéfalo, y por consiguiente sobre los sistemas sanguíneo y linfático, como lo prueban por otra parte los hechos clínicos. La belladona tiene una grande analogía de accion con el acónito, si bien la primera obra directamente sobre el sistema nervioso, é indirectamente sobre el sanguíneo; su accion es igualmente espansiva de dentro afuera. Mas, como ya dejamos dicho, y el lector lo confirmará frecuentemente por sí mismo, toda accion espansiva supone otra de concentracion equivalente en el medicamento que la provoca, pero en cierta época de la duracion de su accion y en cierto grado de su intensidad. Los dos puntos estremos de esta accion, sus dos polos, son los centros nerviosos y sus irradiaciones á las superficies interna y esterna; de aquí nace la influencia directa de la belladona, ya sobre los centros nerviosos y sanguíneos, ya sobre la piel y las mucosas, hasta el punto que se ha podido muy bien decir, que uno de los efectos fundamentales de este medicamento era un éstasis sanguíneo en la red capilar. Bajo todos los puntos de vista, su esfera de accion es inmensa.

Por su accion espansiva y por su electividad sobre el encéfalo, la belladona se adapta con preferencia á la infancia, á las constituciones linfáticas, á los jóvenes y personas en las que la piel goza aun de grande permeabilidad, y el sistema circulatorio de grande energía. Tambien las constituciones secas y nerviosas, en las que las membranas mucosas tienen, á espensas de la superficie cutánea, mayor suma de actividad y de hiperemia, son igualmente del dominio de la belladona. Esta se adapta tanto mas á una enfermedad dada, cuanto mas manifiesta es la afeccion encefálica, punto de partida de la dolencia, su carácter es mas congestivo, y la persona enferma tiene un cerebro física y psíquicamente mas desarrollado.

La belladona es uno de los medicamentos, en el que es mas difícil determinar sus dósis. Es verdad que el principio general que indica que las mas bajas sean para las enfermedades agudas, es aplicable á la belladona; pero tambien lo es, que ningun medicamento tiene tanta necesidad como este de las variadas dósis de toda la escala posológica. Se la ha visto despertar afecciones simpáticas latentes, suscitar neuralgias, provocar congestiones, y desarrollar rubicundeces en la piel; y esta consideracion la ha valido, en concepto de algunos médicos, el que se la deba contar entre los medicamentos aptos para combatir las enfermedades crónicas y los herpes aun bajo sus formas mas degeneradas. Bien se puede decir que su accion sobre la piel es mas aguda que crónica, y que corresponde á los exantemas escrofulosos y á las lesiones de tejido con hiperemia. El carbonato de cal es el medicamento mas análogo á belladona en estas especies de afecciones; el grafito y la staphisagria lo son mas en su accion crónica.

Creemos conveniente omitir la multitud de puntos de contacto y analogía entre la belladona y otros medicamentos, por no ser difusos; pero sí indicarémos, que, alternada con algunos otros, como el acónito ó el mercurio por ejemplo, es útil todos los dias y produce resultados incontestables. El vino y el café son los antídotos generales de la belladona; pero es necesario, en fin, combatir sus síntomas especiales con sustancias de efectos análogos.

Desde la primera impresion del medicamento en la economía, hasta lo mas completo é intenso de su accion, se observan, como en todos los policrestos, estados tan distintos, que permiten dividir los efectos en períodos, prodrómico, agudo, sobreagudo, crónico, y formar grupos que representan diversas afecciones morbosas; pero en este medicamento hemos preferido variar la manera de estudiarle y adoptar otro género de esposicion. Primeramente, sin embargo, vamos á dar una idea general de los efectos de la belladona, enumerando los de su principio activo, la atropina: dilatacion é inmovilidad de la pupila, alteracion de la vision, somnolencia y ofuscacion de las ideas, alucinaciones de la vision, anestesia, sequedad de la boca y de la garganta, pérdida del apetito, palabra difícil, delirio, disfagia, rubicundez de la piel, pesadez y temblor paralítico. Estos síntomas en conjunto pertenecen al sistema cérebro-espinal; al cerebro primero, y despues á la parte que este preside en el sentido de la vista, en el pensamiento y la locucion; á la médula espinal, en la parte que esta tiene en las fibras radiadas del íris, en los constrictores de la faringe y los esfínteres, y en fin, sobre los músculos de relacion.

Por medio de la médula espinal, obra poderosamente la belladona en el corazon y los capilares, siendo por lo mismo uno de los principales medicamentos piréticos; y la plenitud, tension de la arteria, prontitud y vivacidad de las pulsaciones, constituyen uno de los caractéres esenciales de su indicacion en las fiebres, aun cuando la postracion se haya estendido al sistema muscular. El pulso miserable y filiforme no impide que la belladona juegue en el último período de las fiebres y de las afecciones graves; pero es preciso en estos casos que haya toda la semejanza posible entre sus efectos sobre el sistema nervioso y la piel. Hé aquí pues los datos prácticos esenciales.

§ III.—Efectos fisiológicos y terapéuticos sobre el sistema nervioso.

A grandes dósis, la belladona escita los sistemas nervioso y sanguíneo; y á mayores aun, debilita primero y paraliza despues los movimientos orgánicos, por lo cual la escuela italiana la ha atribuido una accion hipostenizante. Pero en estos efectos estremos, en esta accion tóxica de la belladona, solo se puede observar la menor parte de su valor terapéutico revelado por las débiles dósis. Con estas, que podriamos llamar especiales, este medicamento desenvuelve un gran número de modificaciones de la sensibilidad y de la contractilidad, modificaciones que constituyen á la belladona en un agente terapéutico precioso y especial.

Se observan dolores variados: unas veces consisten en una exaltacion de la sensibilidad que hace insoportable la menor presion; otras son neuralgias de formas diversas que espresan toda especie de dolores, desde los mas agudos hasta el adormecimiento.

Los dolores de la belladona están acompañados ordinariamente de un elemento espasmódico; de contracciones, estremecimientos, sacudidas, pinchazos; se agravan hácia el fin del dia y por la noche; el contacto y el movimiento les agravan tambien por lo que tienen de congestivo.

Sus calambres, sus espasmos, sus convulsiones, no afectan mas que los órganos de la vida de relacion, las fibras musculares que obedecen al encéfalo. Ni el corazon, ni las paredes de los intestinos sufren directamente su accion, porque su punto de partida y de eleccion está en el cerebro y no en el sistema nervioso ganglionar, en lo cual difiere del carbonato de cal, del arsénico é ipecacuana, que obran sobre el último, y de la misma nuez vómica, que se refiere á la médula oblongada.

Los fenómenos nerviosos de la belladona son indirectos ó directos, segun que se presentan en la periferia, ó que se limitan á los centros. Se dividen en dos órdenes: 1.º síntomas nerviosos activos que dependen de una afeccion primitiva esencial del cerebro ó de los nervios; 2.º síntomas nerviosos que dependen de una alteracion de los órganos ó de su estímulo, y que son pasivos ó secundarios, como hemos indicado para el acónito.

Los fenómenos nerviosos atáxicos de las fiebres graves, con los que las virtudes de la belladona tienen relacion terapéutica, son de este número. Consignamos por tanto, que los síntomas atáxicos en cuestion no dependen realmente de la escitacion sanguínea y del delirio activo, sino del último grado de la congestion cerebral, y que, en fin, la ataxia propiamente dicha no es tan propia de la belladona como de otros medicamentos, pues sus fenómenos mas graves están siempre acompañados de congestion y se observa en ellos el predominio de la accion del cerebro sobre la de la médula espinal y los nervios de la vida orgánica. Una de las diferencias notables entre el acónito y la belladona, recomendada infundadamente en los síntomas prodrómicos de las fiebres, consiste en que el acónito por su impresion inicial mas fija sobre el sistema nervioso ganglionar, es mas apto para combatir los prodromos que la belladona, cuya accion sobre el encéfalo es mas directa: bajo este punto de vista, la ipecacuana y el arsénico son igualmente preferibles.

Opinamos con Mr. Trousseau[39] que no se debe establecer distincion entre las dósis fuertes de belladona administradas en la pasion ilíaca, la hernia estrangulada, el tétanos y las afecciones de este género, y las dósis muy débiles que se dan en estas mismas afecciones y en las incontinencias de orina, ciertas dismenorreas y algunos espasmos localizados; en el primer caso, se procura la relajacion de la fibra, no por el adormecimiento nervioso y la hipostenia, sino por la accion especial del medicamento como en el segundo caso.

A dósis débiles, y sin desarrollar síntomas accesorios, la belladona provoca y sostiene la dilatacion del orificio uterino, cuando este no se dilata suficientemente con los verdaderos dolores de parto; lo mismo sucede en algunos casos de dismenorrea con eretismo congestivo del útero, y en la incontinencia nocturna de los niños debida á la contraccion activa del esfínter de la vejiga. Esta incontinencia cede mejor que la de los viejos debida á una causa opuesta y que requiere la nuez vómica. Por otra parte, cuando el elemento nervioso predomina en una afeccion espasmódica cualquiera, son preferibles á belladona, el beleño, la manzanilla, la ignacia.

Las afecciones histéricas y epilépticas se modifican felizmente con la belladona. Las dósis fuertes no hacen mas que retardar los accesos, mientras que las débiles obran de una manera mas duradera, lo cual es un hecho práctico. En muchos casos se agregan como auxiliares de la belladona, el carbonato de cal, la ignacia, el cobre, etc.

El asma con orgasmo arterial reclama con frecuencia belladona, así como tambien el asma tímico, el de Millar, la angina de pecho, la neuralgia celíaca, el cólico nefrítico, el corea ó baile de San Vito, si bien esta última afeccion exige mas principalmente la nuez vómica. Para que la belladona esté indicada en todas estas enfermedades, debe haber un elemento flogístico ó congestivo, un orgasmo del encéfalo, ya sintomático, ya como pars recipiens. La eclampsia de las embarazadas y el ergotismo están en el mismo caso. Los espasmos, que, en general, se curan con belladona, ocupan con preferencia los músculos flexores y son precedidos de hormigueo.

La disnea constrictiva, producida por la belladona, ha sido la causa de emplearla con resultados ventajosos en la coqueluche; pero para usarla en esta afeccion, es preciso que el elemento espasmódico esté casi enteramente separado del inflamatorio, dirigiéndose antes á este último con acónito ó ipecacuana..... En la coqueluche, además, es necesario á veces combatir la causa con la dulcamara ó el amoníaco..... si es catarral, ó con otros medicamentos en lo que ofrezca de particular, si es epidémica. ¿No hemos visto curarse con la cicuta y la ipecacuana la mayor parte de las coqueluches en su segundo período, que han reinado en uno de estos últimos años?

La bola histérica, la pirosis y la gastralgia son generalmente una misma afeccion, procedente de la alteracion de un mismo nervio. Al investigar la relacion de sucesion, se debe determinar primero, si es necesario preferir la belladona, al arsénico y á la nuez vómica.

Las neuralgias de la belladona son hiperémicas, es decir, que están acompañadas de un movimiento congestivo; que se presentan por la tarde, ó por lo menos que se agravan en este momento, así como tambien se aumentan por el tacto y el movimiento. Es difícil apreciar si son mas bien lancinantes que dislacerantes ó de otra forma. Los efectos de muchos medicamentos nos ofrecen dolores análogos, bajo este punto de vista, á los de la belladona; pero el último carácter que puede servir para diferenciarla, es que las neuralgias propias de belladona se alivian por el frio. Pero este carácter es propio tambien de las neuralgias del acónito; mientras que el del mercurio, nuez vómica y stafisagria, es el de mejorarse las neuralgias por el calor. Esto es cuanto podemos decir sin detallar mas las hemicráneas, los tics dolorosos, los dolores reumáticos, las odontalgias..... Consignarémos sin embargo, que aun cuando la compresion y constriccion alivien los dolores intestinales, esto no contraindica la belladona.

Este medicamento, en fin, se emplea útilmente en algunos casos de parálisis de la cara, y aun en la parálisis mas ó menos general producida por la hemorragia cerebral, cuando hay afonía, diminucion de las funciones sensoriales, pérdida de movimiento y de sentimiento, salivacion y disfagia. Es pues uno de los medicamentos curativos y preservativos de la apoplejía.

En las enfermedades no febriles, el insomnio, que es análogo al que produce la belladona, depende del orgasmo cerebral con calor en la cara y en la frente. El delirio, que está igualmente en relacion con los efectos de este medicamento, es alegre cuando es infebril, consistiendo mas bien en alucinaciones é ilusiones de los sentidos. Los casos mas crónicos ofrecen el enflaquecimiento, la sequedad de la piel, el color amarillento y espasmos internos con una fiebrecilla con exacerbaciones nocturnas. El eretismo domina la escena, y las neuralgias se agregan frecuentemente á los espasmos.

§ IV.—Efectos fisiológicos y terapéuticos sobre el sistema sanguíneo.

Siendo directa la accion de la belladona sobre el encéfalo, naturalmente sus fiebres y sus flogosis tienen un carácter nervioso que se podria definir por un eretismo sanguíneo; y si bien su accion irradia de los centros á la periferia, puede suceder que el sistema capilar sea el teatro principal de la enfermedad. De aquí resulta que ni la palidez de la cara ó su turgencia, ni los espasmos, ó la resolucion de las fuerzas musculares, ni la impresionabilidad y las alucinaciones, ni la debilidad é insensibilidad, ni el furor ó la apatía, ni aun la misma contraccion de la pupila, ó su dilatacion, tomados aisladamente, pueden ser por sí mismos síntomas característicos de la belladona, sino en su órden de sucesion; la escitacion y los espasmos preceden siempre al abatimiento y la postracion. Pero está siempre indicada por la relajacion pasiva de los esfínteres y por las evacuaciones involuntarias, cuando estos síntomas han sido precedidos de escitaciones.

La fiebre de la belladona, en su período de agudeza y de incremento, ofrece casi la misma regularidad que la de acónito; pero tiene una tension mas duradera, debida á la escitacion cerebral que parece como que comprime todos los conductos, y que frecuentemente produce un abundante sudor en la frente. Mas tarde, los fenómenos nerviosos y la afeccion del cerebro la caracterizan eminentemente por el delirio activo, las constricciones dolorosas, en particular en la garganta, las rigideces, los espasmos aun tetánicos, la sensibilidad exagerada de los órganos de los sentidos, las alucinaciones, un pulso lleno y acelerado..... Mas tarde aun, la piel se pone fria, pálida, seca, arrugada, el pulso muy pequeño, el delirio pasivo, la pupila contraida, el calor interno es molesto, las evacuaciones, en fin, son involuntarias.

Las fiebres exantemáticas que afectan la cabeza requieren belladona. Este es el medio curativo de la escarlatina lisa y tambien un preservativo del sarampion, de la erisipela que se estiende en circunferencia con tumefaccion roja, lustrosa, y generalmente con rubicundeces lisas en la piel. La angina de la escarlatina es un indicante de la belladona como el carácter del exantema; tambien juega en otras fiebres en las que la garganta se inflama, á menos que el mercurio que la auxilia tantas veces, no deba administrársele primero. La observacion demuestra que todo exantema cuyos síntomas generales y febriles, no se alivien con la belladona, requiere otro medicamento.

Es indispensable en la agudeza de las fiebres mucosas y gástricas de las personas jóvenes y linfáticas, y siempre que las superficies mucosas esten flogoseadas con supresion de las secreciones, pulso desarrollado y exacerbacion de la fiebre al anochecer ó por la noche. Generalmente se unen síntomas congestivos en la cabeza. Las indicaciones de la belladona en la fiebre tifoídea y en las fiebres nerviosas corresponden á un estado semejante. Cuando el sistema nervioso ganglionar está escitado por el profundo ataque de la inervacion visceral, este medicamento tiene una corta y momentánea indicacion, y se le debe sustituir por otro mas indicado.

Aun en este período de congestion aguda, se usa la belladona en la meningitis y en muchas inflamaciones con ó sin fiebre. Si despues, los tejidos se alteran en su testura ó en su secrecion, y se forman derrames, falsas membranas, é induraciones, otros deben ser los medios que se elijan para combatir estas alteraciones.

Los síntomas que indican la belladona en una fiebre intermitente, que no puede ser mas que cotidiana ó subcontinua, denotan que el cerebro y el corazon han tomado una participacion casi igual. El dolor de cabeza es atroz y dilatante; hay delirio, visiones terribles, á veces alucinaciones deliciosas, y esta accion exagerada del cerebro prolonga el estadio del calor; los estadios se suceden con cierta irregularidad; el sudor suele presentarse despues del frio, y el calor terminar la fiebre, que generalmente es entonces subintrante ó subcontinua. Para que semejantes fiebres requieran belladona deben presentar el carácter de un dolor circunscrito á la cabeza, un punto neurálgico desarrollado paulatinamente en medio de los accesos indeterminados al principio, y cuyo punto neurálgico persiste en la remision ó la apirexia. La belladona se adapta mas á personas sanguíneas, á los adultos y á los niños.

Los accesos se presentan hácia el anochecer. Está frecuentemente indicada en las caquexias palúdicas despues del abuso de la quina y sus sales, de las sales de hierro y aun del arsénico mismo.

La belladona es un recurso poderoso en las fiebres reumáticas caracterizadas por el eretismo y la escitacion cerebral, con tumefacciones rojas, fijas, con dolor lancinante y que se agrava hácia la noche y por la presion. En estos casos el dolor suele calmarse, pero no la tumefaccion.

La importancia de la belladona en el tratamiento de las hemorragias y de la apoplejía misma guarda un término medio entre el acónito y árnica; sus síntomas armonizan con la turgencia de la cara y su tumefaccion de un rojo oscuro, con los espasmos y las alucinaciones del oido y de la vista; corresponde á los prodromos de la hemorragia cerebral y al estado de turgencia y de congestion que son consiguientes.

En toda hemorragia en la que este medicamento es un agente curativo, hay un elemento pletórico ó congestivo por lo menos. La plétora del corazon y el síncope por aflujo de sangre reclaman algunas veces belladona; las palpitaciones son vivas y causan una especie de emocion en el pecho, con pesadez de la cabeza. La dismenorrea espasmódica y las congestiones uterinas cesan á veces con este medicamento, si es que la nuez vómica, la pulsatila ó la ipecacuana, y aun la manzanilla, no están mejor indicadas.

Los síntomas que espresan la accion de la belladona sobre el cerebro son sus mejores indicantes, ya usada sola ó alternada con el acónito, en el delirio agudo, en la frenitis, y aun en el delirium tremens y en la manía, ya esencial, ya unida al histerismo, al estado puerperal ó en el corea, con tal que á los fenómenos congestivos se agreguen algunos de los efectos particulares de la belladona, tales como contraccion de la pupila, fotofobia, ambliopia, chispas en el campo de la vision, alucinaciones alegres, sed ardiente, afonía, tialismo ó boca seca, hidrofobia, disfagia, temblores musculares.

Se ha usado la belladona con buenos resultados en afecciones mentales de carácter asténico, y parece obrar mas directamente que otros medicamentos sobre el encéfalo en los desórdenes de las facultades mentales, modificando el orgasmo cerebral. La belladona, en fin (para no repetirlo en el párrafo siguiente), se la ha empleado infundadamente en nuestros dias con mas frecuencia que el eléboro blanco, en el delirio crónico y la demencia. Se ha reconocido entre sus síntomas, fenómenos morales que la recomiendan en el suicidio maniático, y en el mismo por escrúpulos con fenómenos histéricos, llantos involuntarios y olvido de las personas mas queridas.

Las inflamaciones propias de belladona son profundas; ocupan el espesor de los órganos en los que hay punzadas y aun dolores, que tienen un carácter neurálgico. La brionia afecta mas las superficies cutáneas, mucosas y serosas. El mercurio se usa útilmente despues de belladona en las flegmasías subagudas.

Estos dos medicamentos se alternan ventajosamente en el hidrocéfalo agudo y en todas las inflamaciones de las membranas serosas, despues de acónito y antes de brionia. La belladona se alterna igualmente con el mercurio, hasta en el período de las inflamaciones en que se altera la testura de los órganos y se efectúan derrames: este dato es aplicable á belladona en el tratamiento de las inflamaciones de los órganos parenquimatosos, de las glándulas, de las membranas mucosas, del tejido celular, del periostio mismo; se auxilia ó se completa la accion de belladona con los medicamentos convenientes al sitio, carácter y período de la inflamacion, porque esta solanácea solo conviene, por punto general, en el momento de la agudeza, en la violencia de la afeccion.

Debemos, sin embargo, consignar que en semejantes casos los síntomas mas notables por la gravedad, reclaman muchas veces el arsénico, como en la pericarditis, por ejemplo, cuando la ansiedad estremada, la sed ardiente, los dolores lancinantes y la dilatacion de las pupilas no ceden pronto á la accion de acónito ó belladona, si es que están indicados. Cuando la metritis pasa á metro-peritonitis deben administrarse prontamente brionia, mercurio ó arsénico, en vez de belladona, para combatir los síntomas de una violenta concentracion en el bajo vientre, con grave reaccion sobre el cerebro y corazon.

La belladona y la pulsatila se disputan la preeminencia en el tratamiento de la otitis aguda, pero la primera se adapta mejor á la otitis interna; en cualquiera otra flegmasía la pulsatila se dirige á un período menos agudo de la afeccion.

Lo mismo sucede en la angina respecto al uso de belladona ó mercurio despues de acónito; el mercurio corresponde á un estado mas local y menos agudo. La agudeza de las flegmasías esternas é internas propias de belladona carece de tendencia maligna y de fenómenos nerviosos graves, pudiendo elevarse hasta los síntomas siguientes: dolor vivo, tension, grande sensibilidad, síntomas generales nerviosos; cuando el tumor está situado al esterior, está caliente y la rubicundez no se circunscribe al mismo. Una de las flegmasías en la que mas ventajosamente juega la belladona es la oftalmía con movimientos congestivos, dolores violentos, grande fotofobia, inyeccion rojo-oscura, aunque sea gonorréica, seca ó purulenta; el mercurio viene despues, como en los casos ordinarios. La accion de la belladona en la pupila debe decidir á emplearla con fundamento en la retinitis y en la iritis. Es notable que la dilatacion del íris en esta última afeccion se presente despues del alivio de los síntomas inflamatorios.

Hemos hablado, en general, de la eficacia de la belladona en las flegmasías de las membranas mucosas, y ciertamente no hay una, aguda, en la que este medicamento no tenga su momento de oportunidad. Pero en estas, como en cualquiera otra flegmasía, el estado subagudo y aun crónico está caracterizado por momentos de agravacion que, aunque menos agudos sus síntomas, se acomodan muy bien á belladona sola ó alternada con otros mas propios, para dar á los tejidos su tonicidad debilitada, como el borax, el carbonato de amoníaco, la quina y el azufre. La vaginitis sin leucorrea, es decir, en su período crítico, es propia de belladona; pero la manifestacion del flujo la escluye, y requiere mas bien el mercurio.

La utilidad de la belladona es, sin embargo, incontestable en las metrorragias, los loquios escesivos y las leucorreas inflamatorias, cuando se observa plétora, sensacion de presion de arriba abajo con un movimiento de dilatacion del útero, como si fuera á salirse.

La belladona, por último, es con el acónito, la manzanilla, y el mercurio uno de los mas grandes antiflogísticos de la infancia, en la que las enfermedades presentan tantas veces la somnolencia, las convulsiones y la agravacion febril por la tarde y por la noche. No mencionarémos enfermedad alguna en particular, pero recordarémos para terminar este párrafo la estremada pobreza que en antiflogísticos ha estado hasta ahora esa terapéutica, en la que los tratados ex-professo no dan como tales mas que el malvavisco y las bebidas acuosas, á pesar de que la ciencia proclama hace mucho tiempo, y en todas partes, medicamentos tan eficaces como estos, pero á dósis convenientes, segun el efecto que se desea.

§ V.—Efectos fisiológicos y terapéuticos en las afecciones del sistema linfático.

A propósito del uso de la belladona en las enfermedades crónicas, y mas generalmente en las afecciones de los tejidos y en las alteraciones plásticas y humorales, es necesario tener presente que toda escitacion prolongada conduce á la astenia y á cierta discrasia: la belladona, que en su accion sobre las esferas nerviosa y sanguínea produce fenómenos de escitacion que se elevan hasta la opresion de las fuerzas, tiende igualmente por la continuidad de su accion á un estado discrásico que conserva el carácter de su accion y de las diversas modificaciones de los tejidos.

Así, pues, aun cuando no se trata ahora de la agudeza y del orgasmo, ó de si estos estados solo son accidentales en las enfermedades crónicas, no por eso carece de eficacia la belladona en estas afecciones, ni deja de estar indicada por su estado diatésico. En nuestro concepto, la accion de la belladona sobre el sistema linfático y sobre la plasticidad consiste en la influencia que este medicamento ejerce en la inervacion cérebro-espinal y en la circulacion, ataque é influencia que los hechos clínicos comprueban.

La escrófula necesita siempre de la belladona en distintas épocas de su duracion y en sus diversas formas. Al principio de esta, cuando se observa epistaxis, hinchazon de la nariz ó de los labios, eritemas, erisipelas habituales, anginas repetidas, oftalmías frecuentes, inflamaciones de vientre, linfatismo con plétoras parciales, ó bien enflaquecimiento continuo en medio de estos síntomas, haya ó no adenitis, la belladona puede emplearse sin perjuicio del mercurio, del azufre, del carbonato de cal, especialmente en los niños y los jóvenes. Un estado un poco mas crónico, con mas flacidez en la piel, el aspecto mas enfermizo y con menos fenómenos congestivos, y menos recrudescencias flegmásicas, constituyen las indicaciones mas claras del aceite de hígado de bacalao.

Los infartos de los gánglios del cuello y de otras partes, ciertas hepatitis crónicas, el infarto linfático del útero y de su cuello, y la induracion de las glándulas, no pueden menos de requerir belladona, si hay eretismo, sequedad de la piel ó simplemente aumento de calor por la noche y la tarde, y agravacion á veces de los fenómenos inflamatorios locales.

La belladona tiene propiedades recomendables para tratar las úlceras corrosivas, el lupus vorax y las afecciones ulcerosas que suceden á las induraciones linfáticas, aun en el cuello del útero, lo cual ha hecho que se la recomiende en el cáncer de la matriz. En todos estos casos los bordes están endurecidos, sensibles y rubicundos, y la rubicundez se estiende y desaparece gradualmente. El arsénico, el mercurio, el oro y el azufre..... son los auxiliares mas frecuentes. Las periostitis y las inflamaciones de los huesos exigen la belladona entre otros medios curativos; y los mejores auxiliares de esta son: el mercurio, la plata, la asafétida, el carbonato de cal....; lo mismo sucede en el tratamiento de las luxaciones espontáneas del fémur, y en los tumores blancos articulares. En todas estas lesiones no procedemos, como lo han hecho algunos terapeutistas, atribuyendo á la belladona una accion curativa especial y directa; solo vemos en ella un medio de destruir el orgasmo linfático, de disipar el eretismo, de modificar la induracion y la lesion, hasta tal punto, que la reduccion se simplifique, facilitando despues la curacion con medicamentos mas especiales.

La oftalmía escrofulosa no se cura sin belladona; la angioleucitis y la leucoflegmasía, así como tambien algunos derrames pleuríticos con orgasmo local, y varios accidentes ó formas de la clorosis, de la ascitis, y de los edemas renitentes, se modifican ventajosamente con este medicamento.

Corresponde belladona á todas las variedades del pénfigo de los niños, en su principio, pero sin olvidar que merecerá la preferencia la dulcamara, si las vesículas son simples, sin irritacion en la piel; que lo será el zumaque, si las vesículas están rodeadas de una auréola rosácea, y el azufre, ó el mezereum, cuando dejan una escoriacion con costra. Está tambien indicada la belladona, aunque solo como auxiliar, en la pitiriasis con rubicundez, y en ciertas erupciones liquenóides, papulosas, eritematosas.

El lector, en fin, distinguirá fácilmente los casos de salivacion espontánea ó mercurial en los que conviene belladona, y suplirá con la ayuda de todos los caractéres de la accion de este medicamento las indicaciones que omitimos y ni aun designamos. No queremos sin embargo dejar de mencionar la utilidad de la belladona en la hidrofobia, cuyos síntomas se ajustan tan exactamente á sus efectos fisiológicos; hablamos, es verdad, bajo la fé de otros, pero tambien lo es que consta de testimonios muy respetables. El beleño, el estramonio y la cantárida participan igualmente, al parecer, de esta propiedad. Se ha empleado la belladona como preservativa de la rabia, y nosotros creemos tener hechos que lo prueban.

Há ya mucho tiempo que la primera de estas propiedades está reconocida; la segunda se deduce tan naturalmente, que es de admirar no se la haya utilizado fuera de la escuela hahnemanniana. ¿No ha indicado ya la esperiencia como medios preservativos del cólera, de la escarlatina y de ciertas fiebres, á los medicamentos que las curan? Fácil es, pues, presentir las numerosas conquistas que aun restan.

Dósis.—En general, las afecciones febriles y flegmásicas soportan mejor las primeras atenuaciones que las afecciones nerviosas; las neuralgias, sin embargo, son las que al parecer exigen el uso de una ó dos gotas, por ejemplo, de la primera atenuacion, ó varias de la misma tintura en agua. Ultimamente, cuanto mayor sea la irritabilidad, mas débil debe ser la dósis, y aun pasar de la trigésima atenuacion, lo mismo en las fiebres que en las neuralgias. Las enfermedades crónicas están en el mismo caso, cuando consisten principalmente en lesiones funcionales; y en muchas ocasiones, como en la de los espasmos de los esfínteres, es conveniente aumentar la dósis y recurrir aun á la tintura misma, pudiéndose emplear hasta veinte gotas en veinticuatro horas, usar tambien pomadas compuestas con belladona ó unturas con el estracto de la misma, loco dolenti, pudiéndose obrar del mismo modo en algunos infartos linfáticos. Si se alterna con la belladona algun otro medicamento como el mercurio, es necesario elevar proporcionalmente las dósis de este, sin necesitarse casi nunca mas que las trituraciones dadas al interior. Pocos medicamentos hay en los que sea mas necesario variar la potencia de las dósis en los diversos casos morbosos, que en la belladona, unas veces segun la naturaleza de la enfermedad, otras segun la impresionabilidad del enfermo, ó en fin, por la analogía mas ó menos perfecta entre la enfermedad y el medicamento.