TRATADO METODICO Y PRACTICO
DE
MATERIA MÉDICA
Y DE
TERAPÉUTICA

PRÓLOGO.


Nuestro primer pensamiento fué el escribir una materia médica que abrazase todos los agentes de que se valen los diversos métodos curativos, y al efecto hemos trabajado muchos años con este objeto; pero nos hemos visto precisados á realizarle con mas concision y bajo un punto de vista mas práctico, concretándonos á una esposicion monográfica de cada medicamento.

Estudiarémos sus efectos sobre el hombre sano por grupos sintomáticos, desde la mas pequeña alteracion hasta los fenómenos tóxicos. No refiriéndose la esposicion á una medicacion general, no puede suscitar idea alguna preconcebida sobre sus propiedades. Espresamos con exactitud su unidad de accion y esta nos hace seguir las relaciones de los síntomas con las funciones y con los órganos, y nos eleva á la comprension de su electividad sobre las tres esferas orgánicas, nerviosa, sanguínea y vegetativa.

Los datos de la clínica no solo nos auxilian, sino que comprueban más y más las de la esperimentacion fisiológica.

Admitimos en fin, como elemento de estudio, las consideraciones etiológicas, nuestras propias observaciones, así como las de nuestros antepasados y contemporáneos.

Hemos observado hace mucho tiempo, que se empleaban con éxito unos mismos medicamentos contra enfermedades muy diversas, como por ejemplo, el acónito en afecciones espasmódicas, neurálgicas, febriles, catarrales; la ipecacuana en las mismas afecciones con, ó sin fiebre..... etc., todo lo cual ha sido para nosotros objeto de una grave meditacion. Notamos además que cada medicamento presenta varios grupos de síntomas, y que estos efectos fisiológicos se refieren á los aparatos de la sensibilidad, de la circulacion, de la digestion y de la plasticidad, pudiéndose deducir que su aplicacion á las diversas afecciones de estos aparatos, dependia de la accion especial de cada medicamento.

De las consideraciones espuestas surge un método de estudio mas completo y una division mas natural para la esposicion de cada medicamento; y esta division será mas ó menos perfecta para cada uno de ellos, segun que esté mas ó menos estudiado y observado, ó que su esfera de accion sea mas estensa, teniendo presente la marcha siguiente:

1.º Estado prodrómico y de invasion, ó influencia primitiva del medicamento sobre la esfera nerviosa;

2.º Estado agudo, ó influencia del medicamento sobre la esfera sanguínea;

3.º Estado agudísimo, es decir, nervioso grave, en cuyo período el sistema nervioso está afectado mas principalmente de un modo secundario, por la alteracion de sus modificadores fisiológicos, ó de sus propios órganos;

4.º Estado crónico ó influencia del medicamento sobre la plasticidad.

La esperimentacion fisiológica es la base de nuestro trabajo, siendo á Hahnemann á quien se debe la gloria de haber introducido este elemento tan esencial como nuevo en la materia médica. Los veinte primeros medicamentos que esperimentó, se llaman hoy policrestos por ser los mas conocidos. Su patogenesia, ó en otros términos, el conjunto de síntomas producidos por la esperimentacion, se halla en la primera obra que publicó sobre esta materia[1].

Mas tarde publicó sucesivamente seis volúmenes de patogenesia que tituló Materia médica pura[2], obra marcada con el sello del genio por la elevada sancion de los hechos y por las comprobaciones que cada dia recibe en obras publicadas por médicos de diversas escuelas, sobre un cierto número de medicamentos, tales como: la belladona, el fósforo, la cicuta, el hierro, el arsénico, la nuez vómica, el yodo, el cobre y el mercurio.

Para llenar nuestro objeto hemos consultado, no solo las obras de Hahnemann y de sus discípulos, sino tambien los tratados de materia médica franceses é italianos, los diccionarios, las colecciones periódicas, y varias otras publicaciones consagradas á esta parte del arte de curar.

Se ha ridiculizado á Hahnemann la minuciosidad de sus detalles, y se han criticado además otros tratados de materia médica y de terapéutica por sus generalidades, resultando, en nuestro concepto, un doble motivo para que este Tratado sea acogido con indiferencia, debiendo quizá habernos abstenido de hablar, pues creemos que existe cierta inclinacion á confeccionar, bajo un método completamente nuevo, una materia médica que el progreso de nuestros conocimientos y las necesidades del arte de curar justifican.

Las preocupaciones que una crítica infundada sostiene contra el método de Hahnemann, apartan de su estudio á un gran número de médicos á pesar de reconocer la vaguedad é inconsecuencias de los otros métodos terapéuticos. Iniciarles pues en este progreso; ayudarles á vencer las primeras dificultades de un estudio árduo; estender, en fin, el horizonte terapéutico sin romper con el pasado y atendiendo cuidadosamente al porvenir, es el objeto que nos hemos propuesto con la presente obra.

INTRODUCCION.

I.—El medicamento y los medicamentos.

Los tres reinos de la naturaleza suministran sustancias que determinan sobre el hombre efectos contra-naturales: en esto consisten los medicamentos. Se distinguen de los alimentos en que estos solo determinan efectos naturales. Pero hay ciertas sustancias que participan de lo uno y de lo otro, es decir, de medicamento y alimento, y entre varias, podemos citar el aceite de hígado de bacalao, algunos frutos, y ciertas raíces.

El medicamento puede ejercer su accion sobre el hombre sano ó enfermo, y de aquí resultan los dos órdenes de efectos, fisiológicos y terapéuticos.

Los primeros son objeto de estudio del médico, tan indispensable como el de los efectos de las causas morbosas ó síntomas de la enfermedad, porque para transformar los efectos fisiológicos en terapéuticos ó curativos, es indispensable haber establecido antes la relacion de la enfermedad con el medicamento. Mas esta relacion, en el estado actual de nuestros conocimientos, ni es, ni puede ser mas que una relacion de analogía y de semejanza: hé aquí, pues, por lo que basamos nuestro Tratado sobre la ley de los semejantes.

Esta ley es por otra parte el principio y orígen de las indicaciones terapéuticas. Sabemos que se ha discutido la fórmula de esta ley; pero la esencia de la relacion de los medicamentos con la enfermedad, ha quedado la misma. No queremos, no, entablar una disputa de palabras.

El medicamento sin embargo cura de tres maneras ó procederes distintos: 1.º desarrollando en el organismo síntomas incompatibles con los de la afeccion morbosa, los cuales son disminuidos, adormecidos ó estinguidos; 2.º modificando al organismo en sus elementos constitutivos por una accion física ó química, es decir, ejerciendo una accion alterante, reconstitutiva; modificacion que puede esplicarse por una accion dinámica que vuelve al organismo su receptividad, á los tejidos y á los vasos su sensibilidad normal, y restableciendo la integridad y la armonía funcionales; 3.º obrando directamente sobre la vitalidad, por sus propiedades especiales y dinámicas, para disipar los síntomas de la enfermedad con la que tiene mas afinidad, mas semejanza, ó para combatir directamente su causa.

Estos tres procedimientos corresponden á tres métodos terapéuticos. A los dos primeros puede bastarles dósis mas ó menos fuertes. Se reservan las mas débiles para el tercero, que es el mas pronto y menos sujeto á percances. La supremacía pertenece siempre á la ley de los semejantes, que descansa sobre el tercer procedimiento.

Aunque la mayor parte de los medicamentos gozan de una unidad de accion incontestable en su tendencia general; sin embargo su accion constituye una série de efectos sucesivos y especiales, que no armonizan siempre con su unidad fundamental durante toda su evolucion y duracion. Despues, los efectos difieren segun las dósis, por lo que se reconoce en los medicamentos otros efectos que los especiales que resultan de las débiles dósis, porque hay muchos medicamentos que corresponden á diversos métodos terapéuticos. La ipecacuana, por ejemplo, que es antiflogística, antiespasmódica, antineurálgica y antihemorrágica, es tambien evacuante; el tártaro estibiado, el ruibarbo y los calomelanos tienen una accion evacuante además de su accion especial. No se pueden negar los efectos diuréticos del azoato de potasa, aunque no sean homeopáticos. El guayaco, el acónito y el carbonato de amoníaco, por sus efectos sudoríficos, corresponden á otros métodos que al de los semejantes. Las propiedades narcóticas del opio y de la belladona, que tienen sus indicaciones en el método de los contrarios, gozan de propiedades especiales tan diferentes como útiles en el sentido de la ley de los semejantes. Muchos medicamentos de los que vamos á tratar bajo el punto de vista homeopático, son tambien agentes de los métodos derivativo y revulsivo, etc..... y otros varios, por su aplicacion esterior, gozan mas de la propiedad de provocar irritaciones, la vesicacion..... etc.

Del mismo modo hay que reconocer los efectos alterantes de la mayor parte de las sustancias conocidas, es decir, la propiedad de determinar en los líquidos y sólidos un cambio insensible por el que vuelven á su estado normal; tal puede considerarse algunas veces la accion del arsénico, del bromo, del hierro, etc...., en la resolucion de los infartos glandulares, en la reconstitucion de la hematosis, en la reabsorcion de diversos derrames, en la cicatrizacion de algunas úlceras, etc....

Todos estos métodos curativos son imitaciones de la naturaleza que cura por sí misma las enfermedades dejadas á sus solos esfuerzos, ya por vómitos ó diarreas, por las orinas, el sudor, por una secrecion particular, ó ya tan solo por la vuelta insensible á la salud, etc.... Preciso es convenir en que estas imitaciones son con frecuencia muy incompletas, no solo en el modo de terminar (¿qué diferencia, en efecto, no hay entre las deposiciones, los sudores, las orinas críticas, y estas mismas evacuaciones provocadas por un medicamento?), sino mas aun en las relaciones de los períodos de las enfermedades; porque si los flujos críticos sobrevienen al fin de su evolucion para juzgar y terminar la alteracion patológica, los flujos provocados no producen esta resolucion ó sedacion mas que al principio; y cuando así obran, solo la completan supliendo á la insuficiencia de las evacuaciones críticas. Por otra parte, ¡cuántas veces no han agravado la enfermedad las evacuaciones provocadas!

La hidroterapia, la gimnasia, los viajes, todos los medios higiénicos capaces de auxiliar un tratamiento médico, ó de causar por sí mismos modificaciones orgánicas; de escitar una reaccion, y aun de restablecer la armonía funcional, son otros tantos agentes de curacion, ó auxiliares importantes que todo médico práctico admite sin oposicion.

Sin rechazar, pues, los otros métodos ó los medios accesorios de curacion, consagramos esta obra al método terapéutico basado sobre la ley de los semejantes, esponiendo los efectos fisiológicos de los medicamentos y deduciendo esperimentalmente los terapéuticos, pues están estos tan relacionados con los primeros, que generalmente nos ha bastado señalar entre los efectos terapéuticos los principales efectos fisiológicos, á fin de evitar fastidiosas é incesantes repeticiones, sin perjudicar por esto al diagnóstico de la enfermedad, que seguramente es igual al del medicamento.

En fin, así como la patologia natural no es susceptible de clasificacion (á no ser que se haga tan solo para facilitar el estudio) porque la clínica escrita no presenta jamás al observador los cambios fugaces de las enfermedades que la ciencia describe, divide y clasifica, así tambien la patogenesia, que es la patologia artificial, no puede clasificar los síntomas fisiológicos de los medicamentos, que constituyen enfermedades artificiales.

Es verdad que un gran número de medicamentos han producido por su esperimentacion en el hombre sano los dos efectos contrarios: boca húmeda, por ejemplo, y seca; orinas escasas y abundantes, estreñimiento y diarrea; verdad es tambien, que muchas veces las dos condiciones opuestas son curadas por un mismo medicamento, es decir, que este ha curado su semejante y su contrario, por lo cual se ha querido concluir que la ley de los semejantes era falsa. Esta objecion es puramente especiosa; pues si bien la distincion de los síntomas en primitivos y secundarios, no la resuelve, y ni el mismo Hahnemann que la estableció pudo justificarla; es un hecho que el medicamento, así como la causa morbosa, provoca síntomas diferentes ú opuestos en personas de constitucion y temperamentos tambien diferentes y opuestos. Esto no obstante, y á pesar que los dos síntomas contrarios, diarrea y estreñimiento, por ejemplo, en el acónito, brionia, cantárida y nuez vómica, etc..... tienen el mismo orígen, esto es, que la accion medicinal es la causa, ya obre sobre el sistema vascular de la mucosa intestinal, ó sobre la fibra del intestino, es indudable que, segun que se administren á sugetos irritables ó apáticos, biliosos, ó linfáticos, en un estado esténico ó asténico, etc..... así se presentará el estreñimiento ó la diarrea. Esta es la razon por la que hemos querido indicar para cada medicamento hasta donde la ciencia lo permita, las disposiciones orgánicas favorables ó análogas á las que él tiende á provocar.

¿No confirma la esperiencia el mismo resultado respecto á los efectos de las causas morbosas? Aunque una misma causa obre simultáneamente sobre varios indivíduos, en uno se desenvuelve una afeccion gástrica con diarrea, mientras que en otro es una cefalalgia con estreñimiento. Todos los dias observamos que un enfriamiento contraido en las mismas circunstancias, determina en una persona sequedad de la piel con descomposicion de vientre, en otro una irritacion en el pecho; en este dolor de cabeza con estreñimiento, y en aquel, vómitos, neuralgias, etc.....

El genio epidémico y de las constituciones médicas es la causa que ha inducido á algunos á no creer en la universalidad de la ley de los semejantes. Sabemos que el genio epidémico se descubre ó se aclara mas especialmente por la accion benéfica de los medicamentos, que menos responden á veces á los síntomas mas aparentes de la afeccion, que á su causa, aun cuando esta sea apenas sospechada por los síntomas poco conocidos en un principio, ó considerados como poco importantes. Reinó hace unos años una constitucion médica seudo-membranosa que se manifestó por anginas diftéricas, contra las que los habituales medicamentos, mercurio, sulfuro de cal, el bromo y la brionia entre otros, fueron tan poderosos como eficaces. Pero estos medicamentos son tambien utilísimos en otras afecciones para las que la ley de los semejantes indica otros distintos. Que la ley es positiva, no se puede negar; pero exige en su exacta aplicacion y para una curacion rápida, toda la sagacidad del médico, como sucede en las neuralgias sifilíticas y sicósicas, en las que el mercurio y la thuya son mas eficaces que el acónito y la belladona..... medicamentos al parecer indicados en el primer exámen del cuadro sintomático, y que particularidades poco sobresalientes y esenciales inducen mas á favor de los primeros.

Que el medicamento posee las propiedades de tal de una manera absoluta, es incontestable. Pero la accion de estas propiedades es relativa al estado en que se halla el indivíduo enfermo. Así se observa, que mientras en una epidemia produce buenos resultados un medicamento dado, en otra, al parecer semejante, es otro el mas eficaz.

Para hablar con exactitud, dirémos: que lo que las propiedades de los medicamentos tienen de absoluto, disminuye á medida que se aproxima á sus especialidades: los efectos físico-químicos son siempre necesarios, sea cual quiera el estado del sugeto; los efectos perturbadores y tóxicos son ya menos necesarios, pero los dinámicos son relativos.

II.—La naturaleza y el médico.

Todo este artículo supone y prueba el axioma que Hipócrates opuso á los errores de la terapéutica, y que le valió el nombre de padre de la medicina: Natura morborum medicatrix. Este principio solo puede ejercer su supremacía en el método homeopático basado en la ley de los semejantes, y que establece la relacion de la enfermedad con el medicamento. Tratado ya con bastante estension este asunto, nos creemos dispensados en esponerle didácticamente en esta ocasion.

No es indiferente consignar que esta ley se halla espresada por Hipócrates y otros médicos de la antigüedad. Los mismos preceptos clínicos la manifiestan de diversas maneras. Los medicamentos obran en el sentido de la naturaleza, ayudan sus esfuerzos, tienden á donde ella tiende: quò natura vergit eò ducendum.

Si la naturaleza no secunda la accion del medicamento, verdad hay en creer que por lo menos se ha dado en vano: natura repugnante irrita sunt omnia, porque sobre la naturaleza, sobre la fuerza vital es donde obra, y esta fuerza es la que le utiliza y le emplea para sus fines, cuando su accion la es análoga y simpática: natura morborum medicatrix.

No creemos á la fuerza vital tan impotente é incapaz de dirigir las sinergias morbosas, como lo han dicho algunos teóricos y Hahnemann mismo. ¿No es la fuerza vital la que dirige el consensus armónico de la salud y las acciones morbosas? Quæ faciunt in sano actiones sanas, eædem in ægro morbosas. La naturaleza con su ciencia ciega es mas poderosa y mas instruida que nuestra débil razon.

El arte es, pues, la imitacion de la naturaleza: ars imitatio naturæ; verdad que implica el conocimiento de los efectos fisiológicos de los medicamentos; por cuya razon la importancia del médico consiste en interpretar la naturaleza: naturæ minister et interpres. Debe subordinar sus medios de accion á la naturaleza para ayudarla, y no emplearlos para contrariar y oprimir sus tendencias.

La increible esposicion que bosqueja Mr. Trousseau de la homeopatía, la interpretacion singular que da de la ley de los semejantes; de su aplicacion y de la accion de las dósis infinitesimales; la oscuridad y las sospechas que difunde sobre la ciencia y los trabajos de los homeópatas, no pueden producir en el hombre erudito mas que la ventajosa opinion en favor de una doctrina que merece tan elevadas animadversiones y á la que, sin embargo, se la hacen incesantes concesiones.

Mr. Trousseau ha dicho, entre otras cosas, que la homeopatía se halla fuera del movimiento científico, que los homeópatas desprecian la fisiologia y las ciencias accesorias á la medicina..... Pero distan ya mucho sus convicciones de las espresadas hace treinta años. Confiesa despues que todos los medicamentos han sido ensayados en el hombre sano por los homeópatas, que han constituido una materia médica pura, en la que hay ideas muy preciosas sobre las propiedades especiales de los medicamentos y sobre una multitud de particularidades de su accion que ignoramos; ignorancia que conduce á que solo conozcamos de los agentes terapéuticos sus propiedades generales mas groseras; y que en presencia de las enfermedades que ofrecen cambios y tan variadas indicaciones, nos faltan con mucha frecuencia modificadores apropiados á estos cambios. Mr. Trousseau, que hace estas concesiones desde la altura de su cátedra, arroja á sus discípulos y á los prácticos una terapéutica formada de los antiguos sistemas que él ha criticado, reservándose el desden para un método superior al suyo.

III.—Clasificacion.

Mr. Trousseau establece medicaciones que su carácter de generalidad las hace infecundas, en lugar de atenerse á determinar la especialidad de accion de cada medicamento en sus relaciones con las particularidades de cada enfermedad. ¡Ah! ¿cómo es posible concebir una doctrina que no dé al diagnóstico del medicamento la misma importancia que al diagnóstico de la enfermedad? Si es preciso conocer las enfermedades por el conjunto de sus síntomas, tambien lo es el conocer al medicamento por el conjunto de sus efectos fisiológicos. ¿Qué significan esas divisiones generales de las medicaciones en tónica, escitante, narcótica, etc.... reuniendo bajo la misma denominacion y proponiendo para lograr un mismo fin, sustancias tan diversas y destinadas á llenar indicaciones tan diferentes? Lo que Mr. Trousseau nos dice en seguida tratando de la medicacion tónica: que «estas analogías genéricas no impiden á cada especie del género, á cada indicacion de la especie, el tener su especificidad y su individualidad;» á lo que nosotros preguntarémos qué ha querido decir con esas fórmulas que afectan ó aparentan tener un rigor científico. Si el hierro es el hierro, y la quina la quina; si cada uno de ellos tiene su especialidad de accion, ¿á qué conduce la medicacion tónica? ¿Qué bienes podrán producir esas grandes divisiones que confunden los medicamentos y falsean las aplicaciones? ¿Porqué hacer de la belladona un narcótico, cuando al opio, á la cicuta y al acónito se les da la misma denominacion[3]?

Mr. Trousseau que anatematiza á Hahnemann, va mucho mas lejos que él en la vía de la especificidad. Nosotros investigamos las indicaciones y los medios de llenarlas hasta donde es posible; estudiamos cada medicamento en los caractéres propios y distintivos de su accion, sea fisiológica ó terapéutica.

El profesor Giacomini de Pádua[4] parece no interesarse mas que por las fuertes dósis, que es el pecado comun de nuestra época; se afana por producir efectos, sean los que quieran, en lugar de tomarse el tiempo necesario para estudiar los efectos fisiológicos, que, aunque lentos, son mas verdaderamente especiales; efectos característicos de las dósis pequeñas, que se adaptan mejor á la sensibilidad orgánica y á las particularidades de las enfermedades. Su Tratado peca tambien por su clasificacion, que, bajo otros nombres, adopta las mismas generalidades y conduce á la misma confusion. Sin embargo, tiene este autor un mérito particular, que es el de haber fijado en algo la accion electiva de cada sustancia sobre los principales aparatos orgánicos.

En general, los terapeutistas modernos han reconocido la necesidad de introducir como elemento de la materia médica la observacion de los efectos de los medicamentos sobre el hombre sano. Hé aquí una confesion de los errores del pasado y de los defectos de la antigua materia médica, y al mismo tiempo un homenaje tributado á Hahnemann, y una base para el porvenir. Giacomini ha ido mas lejos que ningun otro en este sentido y hubiera ciertamente llegado á obtener resultados mas notables, si hubiese estudiado la accion de las dósis bastante mas pequeñas para no provocar ni los efectos de una perturbacion rápida, ni los esfuerzos eliminadores de la naturaleza previsora.

Por otra parte, creemos que es imposible una clasificacion de los medicamentos fundada en sus efectos fisiológicos y en sus propiedades, porque estos efectos y estas propiedades, aunque caracterizadas durante la plenitud de accion del medicamento, ofrecen no obstante grados y variaciones sintomáticas en los diversos períodos de su evolucion.

Esta accion que es una en sus tendencias y en su fin, se multiplica en sus efectos sucesivos; de suerte que el mismo medicamento tiene realmente muchos grupos de efectos fisiológicos, distintas electividades y varias propiedades, correspondiendo cada una de ellas á varias afecciones simples ó elementos morbosos.

Para confeccionar los autores sus clasificaciones, han debido sacrificar una parte de los efectos de cada uno de ellos, ó interpretar los demás en un sentido contrario. En la quina por ejemplo, se esplica su accion escitante y tónica por una teoría particular, contradiciéndose en el mismo capítulo, para darse cuenta de los efectos frio y calosfríos, atribuyéndoles por una esplicacion opuesta á una propiedad antivital, á un ataque directo dado á las fuerzas radicales del organismo, hasta el punto de asimilar este medicamento á la digital y al eléboro blanco (veratrina); se contradicen pues, para esplicar sus efectos neurálgicos y reumáticos por una accion escitante de la circulacion y de la sensibilidad.

Aun hay más: se sacrifican los medicamentos mismos á la necesidad de clasificacion. Mas sea por esta razon ó por cualquiera otra, es un hecho notable el abandono casi universal que se hace poco á poco de un gran número de medicamentos, y la facilidad con que se limita á paliativos en una multitud de males que se ha renunciado á curar, y á los cuales no se opone mas que la paciencia, si las cataplasmas, los baños é infusiones molestan por su inutilidad. ¿Estará el hombre destinado á padecer esa multitud de enfermedades crónicas, sin haber recibido del Creador la inteligencia para buscar los medios de curarlas? ¡No ciertamente! y si el práctico despues de haber comprendido la importancia de nuestros estudios para cada medicamento, quiere completarles mas con las colecciones especiales de patogenesias sirviéndose al efecto de nuestras indicaciones, bien pronto tendrá la satisfaccion de reconocer que dispone de una multitud de medios eficaces, no solo contra las enfermedades agudas y crónicas que ha convenido tratar, sino tambien contra esa multitud de males que se ha renunciado á combatirles, y cuya rebeldía y formas incesantemente variadas, le conducen en su despecho á acusar de incompleta la materia médica de nuestros dias.

El orden alfabético nos ha parecido preferible á toda otra especie de clasificacion, porque ni altera la unidad del medicamento, ni prejuzga nada sobre su accion y propiedades. Preciso es convenir en que esta ventaja compensa ámpliamente los ligeros inconvenientes que puedan atribuírsela. Porque la clasificacion misma por grupos de medicamentos correspondientes á los elementos morbosos, inflamacion, dolor, espasmo, ataxia, reumatismo, etc..... aunque opuesta á las grandes divisiones de que hemos hablado, y no obstante su pretension de dar mucha mas claridad en la apreciacion de la accion de cada sustancia, no es menos imposible en el estado actual de nuestros conocimientos.

Respecto á la clasificacion por grupos segun la analogía de los medicamentos, ya ha sido ensayada por la escuela del Brasil[5] y mas recientemente por el doctor Teste[6]. Si los esfuerzos de nuestro ilustrado correligionario no han podido vencer las dificultades inherentes á su objeto, tiene el mérito por lo menos de haber intentado lo que el porvenir realizará.

IV.—Efectos fisiológicos.

En el fondo de todas las patogenesias, se halla siempre una accion primordial del medicamento sobre el sistema nervioso. Esta accion se espresa por dejadez, por alteracion en la calorificacion y por indisposiciones morales. La referida accion es notable, no solo por su unidad original, sino porque puede representar el período de invasion de casi todas las enfermedades, cuando la sensibilidad, la irritabilidad y la calorificacion son las únicas afectadas.

Muchos medicamentos producen fenómenos de concentracion, de espasmos que preceden á la reaccion febril, á la cual suelen unirse algunas veces las neuralgias. Estos fenómenos difieren esencialmente de los síntomas nerviosos graves, en que estos se presentan en el período sobreagudo de ciertas fiebres; fácil es además conocer la distancia que separa á estos dos órdenes de fenómenos, comparando por ejemplo los fenómenos de la brionia, el zumaque venenoso, el acónito, la belladona, el fósforo.....

Otros varios no han desenvuelto fiebre en la esperimentacion y los resultados clínicos permiten afirmar que algunos son apiréticos. Los demás afectan igualmente á la vida vegetativa ó la plasticidad, que á la circulacion.

Para los medicamentos piréticos mas conocidos, el segundo período, el período de espansion ó febril tiene numerosos síntomas que espresan frecuentemente un estado sobreagudo. Estos medicamentos representan la mayor parte de las afecciones graves piréticas en su período clásico de reaccion. En esta ocasion, es cuando el medicamento hace sentir su accion mas allá de los aparatos de la sensibilidad y de la circulacion, llegando á veces hasta los de la nutricion y de la plasticidad.

Viene despues el estado subagudo, que es el en que la vida ha resistido convenientemente y que se ha sobrepuesto á las causas de descomposicion. Esta faz intermediaria entre la agudeza y la cronicidad sigue la marcha ó el período de la crísis, y da lugar al restablecimiento de la armonía funcional, ó á la cronicidad; pertenece á todos los medicamentos piréticos como el cuarto período.

A medida que la accion del medicamento se estiende y propaga á todo el organismo, la afeccion de la plasticidad se pronuncia mas y domina; se declaran las localizaciones y absorben los movimientos vitales, ó bien se presenta una discrasia con síntomas de alteracion de los líquidos y sólidos propios á cada medicamento; se desenvuelven alteraciones dinámicas, y se declaran perturbaciones funcionales, porque son las razones de ser en las lesiones de los órganos, ó de su estímulo; se alteran los humores como los tejidos, y se declaran lesiones orgánicas: este es el cuarto período, es decir, el estado crónico.

Este período es estraño á varios medicamentos, sin que se pueda atribuir en todos, á la imperfeccion de los ensayos fisiológicos, puesto que la coloquíntida estudiada esperimentalmente por Hahnemann mismo, carece de este órden de fenómenos crónicos. Los que son susceptibles de determinarlos, ofrecen variaciones muy notables en sus espresiones sintomáticas, y son poderosas armas para hacer frente á las formidables tribus de las lesiones orgánicas y de las caquexias.

Así como un gran número de enfermedades se confunden en su principio hasta el punto que no es posible saber muchas veces si se presentará una fiebre inflamatoria, intermitente, tifoídea, una neurose, un catarro, etc..... así tambien los síntomas primordiales confunden la mayor parte de los medicamentos en cierta alteracion de la inervacion. En este caso, todos los medicamentos se parecen. Por esta razon juzgamos pueril y anticientífica la falta tantas veces lanzada contra la materia médica pura, de dar á todos los medicamentos un gran número de síntomas que se asemejan y parecen confundirlos.

Las enfermedades solo se caracterizan bien en su período de agudeza; el estado crónico conduce á las indecisiones del principio; del mismo modo los medicamentos no son bien conocidos sino por sus síntomas agudos.

La naturaleza pues justifica nuestro método que agranda considerablemente y precisa la accion de los medicamentos; permite caracterizar los síntomas que se observan en la mayor parte de las enfermedades, por particularidades de conjunto y de detalle que sirven de base á las indicaciones.

Sabido es que las diferencias que existen entre los síntomas de los diversos medicamentos, son algunas veces casi inapreciables aun para el observador mas atento. ¿Pero sabria este observador distinguir mejor las diferencias de estos mismos síntomas en muchas enfermedades? Citaré un ejemplo: todas las fiebres están acompañadas de alteraciones de la digestion, del calor, de las secreciones..... en unas, la materia de las deposiciones diarréicas es amarilla, verdosa, negruzca, mucosa, acuosa, etc..... en otras, las evacuaciones son precedidas, acompañadas ó seguidas de vértigos, de incomodidades, de cólicos. Coexiste tambien, unas veces sed ó adipsia; otras, humedad ó sequedad de la piel, cefalalgia, timpanitis ó flojedad del vientre..... Pero en todas hay fenómenos sobresalientes: estreñimiento, sudor, neuralgia, vómitos..... cada uno difiere por su espresion y sus accidentes, en cada medicamento, como en cada fiebre. Todos estos cambios de un mismo síntoma y sus epifenómenos constituyen el diagnóstico diferencial en patologia como en patogenesia, y obligan al práctico á hacer el exámen mas minucioso.

V.—Dósis infinitesimales.

Las dósis infinitesimales han suscitado una multitud de cuestiones que están aun por resolver, relativas á la repeticion, alternacion, duracion de accion y cantidad. Se cree generalmente que es necesario repetir las dósis de un medicamento con tanta mas frecuencia, cuanto mas aguda sea la enfermedad. Está tambien admitido dar dos medicamentos, no mezclados, sino alternados, como por ejemplo, una cucharada de hora en hora, una vez de acónito, y otra de manzanilla.

Respecto á la duracion de accion, há ya mucho tiempo que se la viene dando la misma importancia y aun los mismos límites que marcó Hahnemann. Bueno será advertir que seria injusto olvidar sus preceptos respecto á este asunto. Que las afecciones agudas gastan rápidamente la accion de los medicamentos, y que exigen una repeticion mas ó menos frecuente; que muchas crónicas no ceden bien sino á dósis pequeñas dadas á largos intérvalos, es un hecho incontestable adquirido por la esperiencia.

Es natural ciertamente que al abrazar el método que adapta el medicamento á la enfermedad por la ley de los semejantes, se detenga un médico ante tan pequeñas dósis; pero nadie ignora, que cuando prácticos distinguidos las prefieren á las fuertes, arrostrando la injuria ó el ridículo, es porque creen y les consta, que son mas útiles. Esta conducta merece ser tomada en consideracion por tres razones: la primera, porque han estudiado los efectos fisiológicos de los medicamentos; la segunda, porque su reputacion está interesada en la curacion; la tercera, porque emplean los medicamentos por la ley de los semejantes.

Los principiantes no deben fiarse en las dósis miasmáticas, imponderables, infinitesimales, dinamizadas, como quieran llamarlas, sin estar antes convencidos por sí mismos de su eficacia en los casos en que la accion del medicamento esté en relacion con la enfermedad. La última ilusion que les abandona, es la que les hace recordar el gran poder curativo de las dósis fuertes. Poco á poco y con la fuerza de los hechos es como llegan á creer en el poder de las pequeñas.

No hay perjuicio en que empiecen por dósis mas sensibles. Les dirémos al efecto, que pueden en general emplear con ventaja en las enfermedades agudas y en las recrudescencias de las crónicas, algunas gotas al dia de la tintura del medicamento indicado, ó algunos decígramos de su trituracion.

Se puede con mas frecuencia que la que muchos médicos creen, administrar dósis mas fuertes aun. No afirmarémos que sea posible dar hoy reglas para este objeto, pero multiplicados hechos atestiguan la exactitud de esta asercion para cierto número de casos. Por otra parte, segun Koch, «cuanto menos análogo sea el medicamento, mas frecuente debe ser la repeticion,» y Gross agrega, «y mas puede elevarse la dósis.» Este último pretende, que lo que falte al medicamento de analogía, de semejanza, debe compensarse con aumentar la cantidad. Debemos consignar que estos casos son escepciones.

Añadamos que en la época en que Hahnemann proclamaba la necesidad de las dósis muy débiles, las llamadas infinitesimales, exigia imperiosamente un régimen rigoroso, mejor dicho, imposible. La esperiencia ha demostrado que es preciso descender de las alturas especulativas en que aquel se mantuvo, y dar mas latitud al régimen sin que sea necesario aumentar las dósis, porque las infinitesimales gozan de cierta independencia, es decir, que se escapan á las combinaciones químicas, y que sus moléculas se sustraen á las acciones y reacciones de las sustancias gástricas y de los elementos químicos de la economía[7].

La accion de las dósis muy débiles cuenta hace mucho tiempo con numerosas adhesiones, y es el objeto de sérias preocupaciones desde que las ideas de Hahnemann invadieron las escuelas.

Mr. Trousseau ha podido decir sin causar admiracion: «Si se quiere obtener los efectos especiales de los medicamentos, es necesario administrarlos generalmente á pequeñas dósis, porque entonces sus efectos comunes son poco sensibles.»

Este profesor al proclamar las dósis mínimas y de ningun modo comparables á las dósis de los compuestos actuales, ha conmovido el edificio de la posologia ordinaria y cada dia mas condenada por algun órgano de la ciencia.

El director del Moniteur des sciences médicales et pharmaceutiques[8], con motivo de los hechos sometidos á la Academia por el doctor Rilliet sobre la accion de las dósis muy débiles, manifiesta una viva impaciencia por ver resueltas las cuestiones de posologia, y dice: «Es preciso que la discusion se establezca sobre este punto de una manera categórica. La oscuridad que se deje sobre esto, puede tener consecuencias mas tristes en el espíritu de la ciencia que lo que á primera vista aparece.»

El doctor Bossu dice por su parte[9]: «¿Es necesario refugiarse con Mr. Velpeau en la singularidad de los efectos de las pequeñas dósis de los medicamentos sobre el organismo? Cuestion es esta que merece una formal atencion y que está llamada á provocar, mas tarde ó mas temprano, una esperimentacion concienzuda y sostenida de los principales agentes terapéuticos.»

Y Mr. el doctor Diday[10] esclama á propósito de las pequeñas dósis: «Cuestion candente que se ha procurado evitar, pero que será preciso abordar, mas ó menos pronto, con todo el cuidado que exige.»

Es necesario muchas veces llegar á dósis tan débiles, que no tienen otro elemento de conviccion que la propia esperiencia, la cual demuestra bien pronto: 1.º que cuanto mas irritables y dotados de fuerza de reaccion son los sugetos, tanto mas atenuadas deben ser las dósis; 2.º que estas dósis, en las enfermedades crónicas, tienen una accion de mayor duracion, hasta dos y tres semanas para algunos medicamentos; 3.º que cuanto mas nerviosos, irritables y delicados son los enfermos, menos regular y durable es la accion: «reaccion fuerte y temperamento vigoroso son las condiciones mas favorables[11];» 4.º que el punto mas esencial es la eleccion del medicamento semejante.

Consagramos algunas líneas al tratar de cada medicamento para indicar las dósis, por lo que ahora no entramos en detalles posológicos. Esto no obstante, tanto aquí como despues, decimos algo sobre los diversos grados de debilitacion y atenuacion de las dósis; pero el que quiera mas detalles, le recomendamos la Farmacopea de Jahr y Catellan[12]. En esta obra hallarán todo lo que concierne á la eleccion de las sustancias, su grado de pureza, las cantidades determinadas para las atenuaciones, los procedimientos y vehículos usados. No hemos querido hacer mas voluminosa esta obra con nociones que se hallan fácilmente en otra parte, ni con la descripcion de los caractéres físicos, químicos y de historia natural mas ó menos familiares á todos.

Siendo la tintura ó alcoholatura la preparacion mas constantemente igual en sus proporciones y en su grado de actividad, cuando se la hace en tiempo conveniente y con las partes determinadas de las sustancias usadas, la indicamos casi con esclusion de los estractos, de los jarabes, de los polvos..... Para las sustancias salinas, minerales y las que no se emplean disueltas en el alcohol, nos limitamos á la preparacion que consiste en dividirlas por trituraciones sucesivas con azúcar de leche, escluyendo todos los compuestos que no permiten conocer la proporcion exacta de la sustancia y el grado de su atenuacion. Desechamos con mas razon toda especie de mezcla y todo medio accesorio capaz de alterar la accion del medicamento.

VI.—Accion química y dinámica del medicamento.

Es evidente que muchos autores, en odio al dinamismo, han elevado hasta el absurdo sus pretensiones quimiátricas. Esplican la accion de los medicamentos por sus efectos químicos sobre la sangre, sin meditar que las dósis mas débiles, dósis que no pueden tener accion mas que sobre la vitalidad y por esta sobre los líquidos y sólidos, producen frecuentemente los mismos efectos, y aun mas prontos y mas durables.

Una de las últimas memorias presentadas á la Academia imperial de medicina[13], nos da un ejemplo. Quiere el autor esplicar la accion del percloruro de hierro en el tratamiento de la púrpura hemorrágica, y atribuye los efectos á su accion directa, es decir, química, sobre la sangre. Es completamente un absurdo.

Se apoya, es verdad, en diversos autores y particularmente en Burin-Dubuisson, que es el que á su manera ha tratado con mas estension del percloruro de hierro. Se imaginan que esta sustancia obra justamente sobre los capilares en el sitio de la hemorragia (es cuestion de hemorragias internas) como si se aplicase directamente sobre los vasos abiertos de una úlcera ó de cualquiera otra solucion de continuidad. Primeramente se administra este medicamento en el estado de pureza, al interior: se le dilata despues en una gran cantidad de líquido; se mezcla en seguida con los ácidos y mucosidades de las vías gástricas; en fin, una vez absorbido, se diluye aun en los humores que le sirven de vehículo; y si habia de obrar químicamente, lo haria primero sobre las superficies de absorcion, ó sobre la red de vasos que están en contacto inmediato con él. Pueril es á la verdad insistir sobre este asunto, pues apenas se comprende cómo se puede adoptar semejante opinion, mas bien que reconocer la accion especial y vital del medicamento, su accion dinámica sobre el sistema nervioso, por la cual son modificadas muchas veces con increible rapidez las condiciones vitales de los órganos que son el sitio de la hemorragia.

Las mismas consideraciones pueden servir para establecer la verdadera accion del hierro en la anemia. Esta accion es de tal modo vital, que el medicamento obra soberanamente, lo mismo, y mas particularmente á dósis muy débiles. Por otra parte el hierro no cura todas las anemias hasta donde es necesario.

La esperiencia obliga á reconocer una anemia paludiana, mercurial, sifilítica, escrofulosa y la cancerosa..... Hay mas de un medicamento distinto que goza de mas eficacia que el hierro en las diversas anemias. No está demostrado, ha dicho Mr. Claude Bernard[14], que la causa de la clorosis resida en la falta de hierro en la sangre. Muchos trabajos modernos tienden á probar, y Mr. Reveil lo ha demostrado, que á pesar de la disminucion de los glóbulos de la sangre, esta contiene las mismas proporciones de hierro; justa y racional es la tésis que sostenemos, á saber: que la accion dinámica del medicamento produce los efectos que se atribuyen falsamente á su accion química, no solo en las circunstancias ordinarias, sino aun en aquellas para las que se han dado las esplicaciones que combatimos, y en otras de este género. Separamos sin embargo los casos en que el medicamento suministra moléculas á la absorcion y tiende á modificar las cualidades químicas de los líquidos y los sólidos, por una accion que llamarémos alterante ó reconstitutiva, pero unida necesariamente á su accion dinámica, la única quizá que será admitida algun dia, porque puede bastar á esplicar la accion alterante por la modificacion favorable de las condiciones vitales de la hematosis.

Al hablar de la accion de los medicamentos, nos servimos de las palabras dinamismo, efecto dinámico, con las que queremos dar á entender, no una fuerza pura en accion, sino una fuerza que no es ni puede estar separada de la materia. Hace diez años dijimos[15], que las moléculas asimiladas, una vez sometidas á la fuerza vital, no perdian ni su individualidad, ni la vitalidad ó propiedades químicas, y que la propiedad del medicamento era un compuesto de su dinamismo especial y de sus moléculas; que de aquí la necesidad de admitir, no el dinamismo puro segun la idea que suscitara la palabra, sino una accion vital y molecular, una accion dinámica sobre la sensibilidad y contractilidad (efecto nervioso), y sobre los líquidos y los sólidos (efectos sanguíneos y alterantes).

Es evidente que las moléculas de un medicamento llevan su accion, por medio de la absorcion, hasta los últimos elementos orgánicos, es decir, hasta las fibras y las celdillas rodeadas de una atmósfera nerviosa y vascular. En estos elementos es donde se verifican los fenómenos íntimos de la vida al contacto de las últimas ramificaciones nerviosas y vasculares. En estos elementos es donde tambien suceden las acciones medicamentosas dinámicas, teniendo por base la molécula orgánica y por agente la molécula medicamentosa; acciones que no pueden por consiguiente en caso alguno ser químicas como se viene admitiendo de que los medicamentos pueden serlo en las primeras vías ó en la superficie de los tejidos con los que se ponen en contacto, por sus masas mas ó menos divididas, con la materia de los sólidos y de los líquidos.

No nos hemos distraido de hablar del medicamento como agente dinámico, por ocuparnos de las propiedades evacuantes, derivativas, etc..... de algunos de ellos. No hemos dicho nada de los medios domésticos tan útiles algunas veces. El baño tibio, y en general el agua templada, en tisana, lavativas y fomentos, calma el eretismo, relaja la fibra y dispone al organismo á recibir la accion de un medicamento destinado á combatir una congestion, á regularizar los movimientos vitales.

El agua fria en locion, lavativa, infusion, ó aplicada por medio de un lienzo empapado, en pediluvios, y aun por inmersion instántanea, estimula la reaccion, disipa el frio de una manera durable, entona la fibra, fortifica los tejidos y los escita. Muy frecuentemente las cataplasmas pueden ser reemplazadas por compresas humedecidas incesantemente con agua templada ó fria, ó de una solucion del medicamento dado al interior.

Se puede tambien en algunos casos recurrir á la accion de ciertas aplicaciones que por la rubefaccion cutánea que producen, pueden ayudar á la medicacion interna y regularizar la reaccion.....

Aunque limitamos considerablemente los casos en que una revulsion, una evacuacion...... parecen útiles, estamos muy distantes de condenarlas de un modo absoluto: estos medios indirectos son á veces necesarios á falta de un medicamento directo y bien semejante.

Una observacion mas relativa al régimen. Importa arreglar la alimentacion desde el momento en que pueda ser conveniente. Todos sabemos la importancia del régimen en las enfermedades crónicas. Pero recomendamos á los que sean muy severos, que atenuen sus exigencias, pues hay mas que temer de las innovaciones muy bruscas en las bebidas y alimentos habituales.

La dieta no debe ser muy severa, porque importa no perjudicar á la accion del medicamento por las simpatías de un estómago cuyas fuerzas, estando libres, reaccionan dolorosamente sobre otros aparatos. Es conveniente que los jugos gástricos no permanezcan mucho tiempo sin sufrir algun trabajo de digestion por la ingestion de alimentos adaptados al estado del enfermo. La leche es con frecuencia un medio de restablecer la salud. El instinto que impulsa al enfermo á desear tal ó cual especie de alimentos, no debe mirarse con indiferencia.

La dieta prolongada mas allá de los justos límites, determina algunas veces en las afecciones febriles fenómenos atáxicos y pútridos. Es de observacion que las heridas y las lesiones tratadas tan felizmente por el árnica, se curan tanto mas pronto, cuanto menos severa ha sido la dieta; la fiebre misma en lesiones graves se combate y cura con mas seguridad, si se ha tenido el cuidado de dar á intérvalos convenientes una alimentacion ligera, como la sustancia de pan, para ocupar lo menos posible las fuerzas especiales del estómago y del tubo digestivo. En este caso es preciso fiarse del medicamento.

Pero no nos hemos propuesto redactar preceptos que se hallan en un gran número de obras especiales, ni dar reglas higiénicas ó dietéticas.

Entremos en materia.