CAP. LXII.—Cómo Guayna Capac salió del Cuzco y lo que hizo.

Guayna Capac habia mandado parescer delante de sí á los principales señores de los naturales de las provincias, y estando su Córte llena dellos, tomó por mujer á su hermana Chimbo Ocllo, y por ello se hicieron grandes fiestas, dejando los lloros que por la muerte de Tupac Inca se hacian. Y acabadas, mandó que se saliesen con él hasta cincuenta mill hombres de guerra, con los cuales queria ir acompañado para ir á visitar las provincias de su reino. Como lo mandó, se puso por obra, y salió del Cuzco con más pompa y autoridad que su padre; porque las andas serian tan ricas, á lo que afirman los que llevaron el rey en sus hombros, que no tuvieran precio las piedras preciosas tan grandes y muchas que iban en ellas, sin el oro de que heran hechas. Y fué por las provincias de Xaquixaguana y Andaguaylas, y allegó á los Soras y Lucanas[193], donde envió embajadas á muchas partes de los llanos y sierras, y tuvo respuesta dellos y de otras, con grandes presentes y ofrecimientos.

Volvió desde aquellos lugares al Cuzco, donde estuvo entendiendo en hacer grandes sacrificios al sol y á los que más tenian por dioses, para que le fuesen favorables en la jornada que queria hacer, y dió grandes dones á los ídolos de los guacas; y supo de los adivinos, por los dichos de los demonios, ó porque ellos lo inventaron, que le habia de suceder prósperamente en las jornadas que hacer queria, y que volveria al Cuzco con grande honra y provecho. Esto acabado, de muchas partes vinieron gentes con sus armas y capitanes, por su mandado, y alojados, de la ciudad eran proveidos.

En el edificio de la fortaleza se entendia, sin dejar de labrar dia ninguno los para ello señalados. En la plaza del Cuzco se puso la grand maroma de oro, y se hicieron grandes bailes y borracheras, y, junto á la piedra de la guerra, se nombraron capitanes y mandones, conforme á su costumbre; y ordenándoles, hizo un parlamento Guayna Capac, bien ordenado y dicho con palabras vehementes, sobre que le fuesen leales así los que iban con él, como los que quedaban. Respondieron que de su servicio no se partirian, el cual dicho loó y dió esperanzas de les hacer mercedes largas. Y estando aparejado lo que para la jornada era menester, salió del Cuzco con toda la gente de guerra que se habia juntado, y por un camino grande, tan soberbio como hoy dia paresce, pues todos los de acá lo vemos y andamos por él, anduvo hácia el Collao, mostrando por las provincias donde pasaba tener en poco los grandes servicios que le hacian; porque dicen que decia que á los Incas todo se les debia. Entendia en saber lo que le daban de tributo, y la posibilidad de la provincia; recogió muchas mujeres, las más hermosas que se podian hallar; dellas tomaba para sí, y otras daba á sus capitanes y privados; las demás eran puestas en el templo del sol y allí guardadas.

Entrando en el Collao, le trajeron cuenta de las grandes manadas que tenia de ganados, y cuántas mill cargas de lana fina se llevaban por año á los que hacian la ropa para su casa y servicio. En la isla de Titicaca entró y mandó hacer grandes sacrificios. En Chuquiabo[194], mandó que estuviesen indios estantes con sus veedores á sacar metal de oro con la órden y regimiento que se ha escripto. Pasando adelante, mandó que los Charcas y otras naciones hasta los Chichas, sacasen cantidad grande de pastas de plata, que se llevasen al Cuzco por su cuenta, sin que nada faltase; trasportó algunos mitimaes de una parte en otra, aunque habia dias que estaban alojados; mandaba que todos trabajasen y ninguno holgase, porque decia que la tierra donde habia holgazanes, no pensaban otra cosa sinó cómo buscar escándalos y corromper la honestidad de las mujeres. Por donde pasaba, mandaba edificar tambos y plazas, dando con su mano la traza; repartió los términos á muchas provincias y límite conocido, para que, por aventajallo, no viniesen á las manos. Su gente de guerra, aunque era tanta, iba tan corregida, que no salia de los reales un paso; por donde pasaban, los naturales proveian de lo necesario tan cumplidamente, que era más lo que sobraba que lo que se gastaba. En algunos lugares edificaron baños, y en otros cotos, y por los desiertos se hicieron grandes casas. Por todas partes quel Inca pasaba, dejaba hechas tales cosas, que es admiracion contarlas. Al que erraba castigaba sin dejar pasar por alto nada, y gratificaba á quien bien le servia.

Ordenado estas cosas y otras, pasó de las provincias subjetas agora á la Villa de la Plata, y por lo de Tucuman[195] envió capitanes con gente de guerra á los Chiriguanaes; mas no les fue bien, porque volvieron huyendo. Por otra parte, hácia la mar del Sur, envió más gente con otros capitanes, á que señoreasen los valles y pueblos que del todo su padre no pudo conquistar. El fué caminando con toda su gente hácia Chile, acabando de domar, por donde pasaba, las gentes que habia. Pasó gran trabajo por los despoblados, y fué mucha la nieve que sobre ellos cayó; llevaban toldos con que se guarescer y muchos yanaconas y mujeres de servicio. Por todas estas nieves se iba haciendo el camino, ó ya estaba hecho, y bien limpio, y postas puestas por él.

Allegó á lo que llamaban Chile, á donde estuvo más de un año entendiendo en refrenar aquellas naciones y asentarlas de todo punto; mandó que le sacasen la cantidad que señaló de tejuelos de oro; y los mitimaes fueron puestos, y trasportadas muchas gentes de aquellas de Chile de unas partes en otras. Hizo, en algunos lugares, fuertes y cercas á su uso, que llaman pucaraes, para la guerra que con algunos tuvo. Anduvo mucho más por la tierra que su padre, hasta que dijo que habia visto el fin della, y mandó hacer memorias por muchos lugares para que en lo futuro se entendiese su grandeza, y formas de hombres crecidos[196].

Puesto en razon lo de Chile, y hecho lo que convino, puso sus delegados y gobernadores, y mandó que siempre avisasen en la córte del Cuzco lo que pasara en aquella provincia. Encargóles que hiciesen justicia y que no consintiesen motin ni alboroto que no matasen los movedores sin dar la vida á ninguno.

Volvió al Cuzco, á donde fué recebido de la ciudad honradamente y los sacerdotes del templo de Curicancha le dieron muchas bendiciones, y él alegró al pueblo con grandes fiestas que se hicieron. Y nacíanle muchos hijos, los cuales criaban sus madres, entre los cuales nació Atahuallpa, segund la opinion de todos los indios del Cuzco, que dicen ser así, y llamábase su madre Tuta Palla, natural de Quillaco, aunque otros dicen ser del linaje de los Orencuzcos; y siempre, desde que se crió, anduvo Atahuallpa con su padre, y era de más edad que Guascar.

CAP. LXIII.—De cómo el rey Guayna Capac tornó á mandar hacer llamamiento de gente, y cómo salió para lo de Quito.

Como Guayna Capac se hobiese holgado algunos meses en el Cuzco, y en él se hobiesen juntado los sacerdotes de los templos y adivinos de los oráculos, mandó hacer sacrificios, y la ofrenda de la capacocha se hizo bien grande y rica, y volvieron bien llenos de oro los burladores de los hechiceros. A cada uno daban respuesta como les parescia que el rey sería más contento. Lo cual con otras cosas pasado, mandó Guayna Capac que se entendiese en hacer un camino más real, mayor y más ancho que por donde fué su padre, que llegase hasta Quito, á donde tenia pensado de ir; y que los aposentos ordinarios y depósitos de las postas se pasasen á él. Para que por todas las tierras se supiese ser esto su voluntad, salieron correos á lo avisar, y luego fueron orejones á lo mandar cumplir, y se hizo un camino el más soberbio y de ver que hay en el mundo, y más largo, porque salia del Cuzco y allegaba á Quito y se juntaba con el que iba á Chile. Igual á él, creo yo que desde que hay memoria de gente, no se ha leido de tanta grandeza como tuvo este camino, hecho por valles hondos y por sierras altas, por montes de nieve, por tremedales de agua y por peña viva y junto á rios furiosos; por estas partes iba llano y empedrado, por las laderas bien sacado, por las sierras deshechado, por las peñas socavado, por junto á los rios sus paredes, entre nieves con escalones y descansos; por todas partes limpio, barrido, descombrado, lleno de aposentos, de depósitos de tesoros, de templos del sol, de postas que habia en este camino. ¡Oh! ¿Qué grandeza se puede decir de Alexandre, ni de ninguno de los poderosos reyes que el mundo mandaron que tal camino hiciesen, ni inventasen el proveimiento que en él habia? No fué nada la calzada que los romanos hicieron, que pasa por España, ni los otros que leemos, para que con este se comparen. Y hízose hasta en más poco tiempo de lo que se puede imaginar; porque los Incas, más tardaban ellos en mandarlo, que sus gentes en ponerlo por obra.

Hízose llamamiento general en todas las provincias de su señorío, y vinieron de todas partes tantas gentes, que hinchian los campos; y despues de haber hecho banquetes y borracheras generales, y puesto en órden las cosas de la ciudad, salió della Guayna Capac con iscaypachaguaranga runas, que quiere decir, con "doscientos mill hombres de guerra," sin los yanaconas y mujeres de servicio, que no tenia cuento el número dellos. Llevaba consigo dos mill mujeres y dejaba en el Cuzco más de cuatro mill.

Habian proveido los delegados y gobernadores que asistian en las cabeceras de las provincias, que de todas las partes acudiesen [con] bastimentos y armas, y todo lo demás que siempre se recogia y guardaba para cuando se hacia guerra; y así hincheron todos los grandes aposentos y depósitos de todo ello, de manera, que de cuatro á cuatro leguas, que era la jornada, estaba entendido que se habia de hallar proveimiento para toda esta multitud de gente, sin que faltase, sino que sobrase más de lo que ellos gastasen y las mujeres, y muchachos y hombres que servian personalmente de lo que les era mandado, y que llevaban el repuesto del Inca y el bagaje de la gente de guerra de un tambo á otro, donde estaba el proveimiento que en el pasado.

Como saliese Guayna Capac, por el camino que por su mandado se habia mandado hacer, del Cuzco, anduvo hasta que llegó á lo de Vilcas, donde paró algunos dias en los aposentos que le habian hecho pegados con los de su padre; y holgóse de ver que estaba el templo del sol acabado, y dejó cantidad de oro y pastas de plata para joyas y vasos; mandó que se tuviese grand cuidado del proveimiento de las mamaconas y sacerdotes. Sobióse á hacer oracion en un terrado galano y primo que para ello se habia hecho; sacrificaron, conforme á su ceguedad, lo que usaban, y mataron muchos animales y aves, con algunos niños y hombres, para aplacar á sus dioses.

Esto hecho, salió de aquel lugar con su gente el rey, y no paró hasta el valle de Xauxa, donde habia alguna controversia y division sobre los límites y campos del valle, entre los mismos que dél eran señores. Como Guayna Capac lo entendió, despues de haber hecho sacrificios, como en Vilcas, mandó juntar los señores Alaya, Cucichuca, Guacaropa[197] y entre ellos con equidad repartió los campos de la manera que hoy dia lo tienen. A los Yauyos envió embajadas; lo mismo hizo á los Yuncas, y á Bonbon envió algunos dones á los señores naturales de aquella tierra; porque, como tenian fuerza en la laguna, en partes que nadaban, hablaban sueltamente, y por rigor no quiso hablar con ellos hasta ver la suya. Los señores de Xauxa le hicieron grandes servicios, y algunos de los capitanes y gente de guerra le fueron acompañando; y anduvo hasta Bonbon, donde paró poco, porque quiso ir á Caxamalca, más aparejado lugar para descansar y comarcano con provincias grandes y muy altas. Y por el camino siempre le venian gentes con grandes embajadas y presentes.

Como llegó á Caxamalca, paró algunos dias para descansar del camino, y mandó que su gente de guerra se alojase á la redonda de aquella tierra, y que comiese lo que recogido en los depósitos estaba; y con la gente que le paresció entró por los Guancachupachos, y tuvo récia guerra, porque no del todo quedaron los naturales de allí en gracia de su padre y conformidad; mas, tanto pudo, que lo allanó y sojuzgó, poniendo gobernadores y capitanes, y eligiendo de los naturales señores, para que mandasen las tierras, los que más les paresció; porque ellos, de antigüedad, no conocian señores á otros que los que, siendo más poderosos, se levantaban y acaudillaban para hacer guerra, y otorgaban paz cuando ellos querian. En los Chachapoyas halló Guayna Capac gran resistencia; tanto, que por dos veces volvió huyendo desbaratado á los fuertes que para su defensa se hacian; y con favores que le vinieron, se revolvió sobre los Chachapoyanos y los quebrantó de tal manera, que pidieron paz, cesando por su parte la guerra. Dióse con condiciones provechosas al Inca, que mandó pasar muchos dellos á que residiesen en el mesmo Cuzco, cuyos descendientes hoy viven en la mesma ciudad; tomó muchas mujeres, porque son hermosas y agraciadas y muy blancas; puso guarniciones ordinarias con soldados mitimaes, para que estuviesen por frontera; dejó gobernador en lo principal de la comarca; proveyó lo que más ellos usaban; castigó á muchos de los principales, porque le dieron guerra; lo cual hecho, á Caxamalca se volvió, donde prosiguió su viaje, y puso en órden las provincias de Caxas, Ayahuaca, Guancabanba[198] y las demás que con ellas confinan.

CAP. LXIV.—Cómo Guayna Capac entró por Bracamoros y volvió huyendo, y lo que más le sucedió hasta que llegó á Quito.

Público es entre muchos naturales de estas partes que Guayna Capac entró por la tierra que llamamos Bracamoros, y que volvió huyendo de la furia de los hombres que en ella moran; los cuales se habian acaudillado y juntado para defender á quien los fuese á enojar; y, sin los orejones del Cuzco, cuenta esto el señor de Chincha, y algunos principales del Collao y los de Xauxa. Y dicen todos, que yendo Guayna Capac acabando de asentar aquellas tierras por donde su padre pasó y que habia sojuzgado, supo de cómo en los Bracamoros habia muchos hombres y mujeres que tenian tierras fértiles, y que bien adentro de la tierra habia una laguna y muchos rios, llenos de grandes poblaciones. Cobdicioso de descubrir y ganoso de señorear, tomando la gente que le paresció, con poco bagaje, mandó caminar para allá, dejando el campo alojado por los tambos reales, y encomendado á su capitan general. Entrando en la tierra, iban abriendo[199] el camino con asaz trabajo, porque pasada la cordillera de los promontorios nevados, dieron en la montaña de los Andes y hallaron rios furiosos que pasar, y caian muchas aguas del cielo. Todo no fué parte para que el Inca dejase de llegar á donde los naturales por muchas partes puestos en sus fuertes le estaban aguardando, desde donde le mostraban sus vergüenzas, afeándole su venida; y comenzaron la guerra unos y otros, y tantos de los bárbaros se juntaron, los más desnudos sin traer ropas, á lo que se afirmaba, que el Inca determinó de se retirar, y lo hizo sin ganar nada en aquella tierra. Y los naturales que lo sintieron, le dieron tal priesa, que á paso largo, á veces haciendo rostro, á veces enviando presentes, se descabulló dellos y volvió huyendo á su reino, afirmando que se habia de vengar de los rabudos; lo cual decia, porque algunos traian las maures[200] largas que les colgaban por encima de las piernas.

Desde estas tierras, donde ya habia reformado, se afirma tambien que envió capitanes con gente la que bastó, á que viesen la costa de la mar lo que habia á la parte del Norte, y que procurasen de atraer á su servicio los naturales de Guayaquil y Puerto Viejo; y que estos anduvieron por aquellas comarcas, en las cuales tuvieron guerra y algunas batallas, y en unos casos quedaban vencedores, y en otros no del todo; y ansí anduvieron hasta Collique, donde toparon con gentes que andaban desnudas y comian carne humana, y tenian las costumbres que hoy tienen y usan los comarcanos al rio de Sant Juan; de donde dieron la vuelta, sin querer pasar adelante, á dar aviso á su rey, que con toda su gente habia llegado á los Cañares; á donde se holgó en estremo, porque dicen nacer[201] allí, y que halló hechos grandes aposentos y tambos, y mucho proveimiento, y envio embajadas á que le viniesen á ver de las comarcas; y de muchos lugares le vinieron embajadores con presentes.

Tengo entendido que, por cierto alboroto que intentaron ciertos pueblos de la comarca del Cuzco, lo sintió tanto, que, despues de haber quitado las cabezas á los principales, mandó expresamente que los indios de aquellos lugares trajiesen de las piedras del Cuzco la cantidad que señaló, para hacer en Tomebamba unos aposentos de mucho primor, y que con maromas las trujiesen; y se cumplió su mandamiento. Y decia muchas veces Guayna Capac, que las gentes destos reinos, para tenellos bien sojuzgados, convenia, cuando no tuviesen que hacer ni que entender, hacerles pasar un monte de un lugar á otro; y áun del Cuzco mandó llevar piedras y losas para edificios del Quito, que hoy dia tienen en los edificios que las pusieron.

De Tomebamba salió Guayna Capac y pasó por los Puruaes, y descansó algunos dias en Riobamba, y en Mocha y en La Tacunga descansaron sus gentes y tuvieron bien que beber del mucho brebaje que para ellos estaba aparejado y recogido de todas partes. Aquí fué saludado y visitado de muchos señores y capitanes de la comarca, y envió orejones fué el de su linaje[202] á que fuesen por la costa de Los Llanos y por la serranía á tomar cuenta de los quiposcamayos, que son sus contadores, de lo que habia en los depósitos, y á que supiesen cómo se habian con los naturales los quel tenia puestos por gobernadores, y si eran bien proveidos los templos del sol y los oráculos y guacas que habia en todo lugar; y al Cuzco envió sus mensajeros para que ordenasen las cosas que dejaba mandadas y en todo se cumpliese su voluntad. Y no habia dia que no le venian correos, no uno ni pocos, sino muchos, del Cuzco, del Collao, de Chile y de todo su reino.

De La Tacunga anduvo hasta que allegó á Quito, donde fué recebido, á su modo y usanza, con grandes fiestas, y le entregó el gobernador de su padre los tesoros, que eran muchos, con la ropa fina y cosas más que á su cargo eran; y honróle con palabras, loando su fidelidad, llamándole padre y que siempre le estimaria conforme á lo mucho que á su padre y á él habia servido. Los pueblos comarcanos á Quito enviaron muchos presentes y bastimento para el rey, y mandó que en el Quito se hiciesen más aposentos y más fuertes de los que habia; y púsose luego por obra, y fueron hechos los que los nuestros hallaron cuando aquella tierra ganaron.

CAP. LXV.—De cómo Guayna Capac anduvo por los valles de Los Llanos, y lo que hizo.

Unos de los orejones afirman, que Guayna Capac desde el Quito volvió al Cuzco por Los Llanos hasta Pachacama, y otros que no, pues quedó en el Quito hasta que murió. En esto, inquerido lo que es más cierto, lo porné conforme á como lo oí á algunos principales que se hallaron por sus personas con él en esta guerra; que dicen, que estando en el Quito, le vinieron de muchas partes embajadores á congratularse con él en nombre de sus tierras; que teniendo, y habiendo tomado [de] seguro y por muy pacífico [modo] á las provincias de la serranía, pensó que sería bien hacer jornada á las provincias de Puerto Viejo y á lo que llamamos Guayaquil, y á los Yuncas, y tomando su consejo con sus capitanes y principales, aprobaron su pensamiento y aconsejaron que lo pusiera por obra. Quedaron en el Quito muchas de sus gentes; con la que convino salió, y entró por aquellas tierras, en donde tuvo con algunos moradores dellas algunas refriegas; pero, al fin, unos y otros quedaron en su servicio y puestos en ellas gobernadores y mitimaes.

La Puná tenia recia guerra con Túmbez, y el Inca habia mandado cesar las contiendas y que le recebiesen en la Puná, lo cual Tumbalá sintió mucho, porque era Señor della; mas, no se atrevió á ponerse contra el Inca, ántes lo recebió y hizo presentes con fingida paz; porque, como salió, procurándolo con los naturales de la tierra firme, trataron de matar muchos orejones con sus capitanes que con unas balsas iban á salir á un rio para tomar la tierra firme; mas Guayna Capac lo supo y sobre ello hizo lo que yo tengo escripto en la Primera parte en el capítulo LIII; y hecho grand castigo, y mandando hacer la calzada, ó paso fuerte, que llaman de Guayna Capac[203], volvió y paró en Túmbez, donde estaban hechos edificios y templo del sol; y vinieron de las comarcas á le hacer reverencia con mucha humildad. Fué por los valles de Los Llanos poniéndolos en razon, repartiéndoles los términos y aguas, mandándoles que no se diesen guerra, y haciendo lo que en otros lugares se ha escripto. Y dicen dél, que yendo por el hermoso valle de Chayanta, cerca de Chimo, que es donde agora está la ciudad de Trujillo, estaba un indio viejo en una sementera, y como oyó que pasaba el rey por allí cerca, que cogió tres ó cuatro pepinos que con su tierra y todo se los llevó, y le dijo:—Ancha Atunapu micucampa; que quiere decir: "Muy gran Señor, come tú esto."—Y que delante de los señores y más gente, tomó los pepinos, y comiendo de uno de ellos, dijo delante de todos, por agradar al viejo: Xuylluy, ancha mizqui cay; que en nuestra lengua quiere decir: "En verdad que es muy dulce esto." De que todos recebieron grandísimo placer.

Pues pasando adelante, hizo en Chimo y en Guañape, Guarmey, Guaura, Lima y en los más valles, lo quél era servido que hiciesen; y como llegase á Pachacama, hizo grandes fiestas y muchos bailes y borracheras; y los sacerdotes, con sus mentiras, le decian las maldades que solian, inventadas con su astucia, y aún algunas por boca del mesmo Demonio, que en aquellos tiempos es público hablaba á estos tales; y Guayna Capac les dió, á lo que dicen, más de cient arrobas de oro y mill de plata y otras joyas y esmeraldas, con que se adornó más de lo que estaba el templo del sol y el antiguo de Pachacama.

De aquí, dicen algunos de los indios que subió al Cuzco, otros que volvió al Quito. En fin, sea desta vez, ó que haya sido primero, que vá poco, él visitó todos Los Llanos, y para él se hizo el grand camino que por ellos vémos hecho, y ansí, sabemos que en Chincha y en otras partes destos valles, hizo grandes aposentos y depósitos y templo del sol. Y puesto todo en razon, lo de Los Llanos y lo de la sierra, y teniendo todo el reino pacífico, revolvió sobre el Quito y movió la guerra á los padres de los que agora llaman Huambracunas[204], y descubrió á la parte del Sur hasta el rio de Augasmayu.

CAP. LXVI.—De cómo saliendo Guayna Capac de Quito, envió delante ciertos capitanes suyos, los cuales volvieron huyendo de los enemigos, y lo que sobre ello hizo.

Estando en Quito Guayna Capac con todos los capitanes y soldados viejos que con él estaban, cuentan por muy averiguado, que mandó que saliesen de sus capitanes con gente de guerra á sojuzgar ciertas naciones que no habian querido jamás tener su amistad; los cuales, como ya supiesen su estada en el Quito, recelándose dello, se habian apercebido y buscado favores de sus vecinos y parientes para resistir á quien á buscarlos viniese; y tenian hechos fuertes y albarradas é muchas armas de las que ellos usan; y como salieron, Guayna Capac fué tras ellos para revolver á otra tierra que confinaba con ella, que toda debia de ser la comarca de lo que llamamos Quito; y como sus capitanes y gentes salieron á donde iban encaminados, teniendo en poco á los que iban á buscar, creyendo que con facilidad serian señores de sus campos y haciendas, se daban prisa andar; mas, de otra suerte les avino de lo que pensaban; porque al camino les salieron con grande vocería y alarido y dieron de tropel en ellos con tal denuedo, que mataron y cautivaron muchos dellos, y así los trataron, que los desbarataron de todo punto y les constriñeron volver las espaldas, y á toda furia dieron la vuelta huyendo, y los enemigos vencedores tras ellos, matando y prendiendo todos los que podian.

Algunos de los más sueltos anduvieron mucho en grand manera, hasta que toparon con el Inca, á quien solamente dieron cuenta de la desgracia sucedida, que no poco le fatigó, y mirándolo discretamente, hizo un hecho de gran varon, que fué, mandar á los que se habian venido que callasen y á ninguna persona contasen lo que ya él sabia, ántes volviesen al camino y avisasen á todos los que venian desbaratados, que hiciesen en el primero cerro que topasen, cuando á él viesen, un escuadron, sin temor de morir el que la suerte les cayere; porque él, con gente de refresco, daria en los enemigos y los vengaría; y con esto se volvieron. Y no mostró turbacion, porque consideró que si en el lugar quel estaba sabian la nueva, todos se juntarian y darian en él, y se veria en mayor aprieto; y con disimulacion les dijo que se aparejasen, que queria ir á dar en cierta gente que verian cuando á ella llegasen. Y dejando las andas adelante de todos salió y caminó dia y medio, y los que venian huyendo, que eran muchos, [como] vieron la gente que venia, que era suya, á mal de su grado pararon en una ladera, y los enemigos que los venian siguiendo, comenzaron de dar en ellos, y mataron muchos; mas Guayna Capac, por tres partes dió en ellos, que no poco se turbaron de verse cercados, y de los que ya ellos tenian vencidos, aunque procuraron de se juntar y pelear, tal mano les dieron, que los campos se hinchian de los muertos, y queriendo huir, les tenia tomado el paso; y mataron tantos, que pocos escaparon vivos, sino fueron los cautivos, que fueron muchos; y por donde venian estaba todo alterado, creyendo que al mismo Inca habian de matar y desbaratar los que ya por él eran muertos y presos. Y como se supo el fin dello, asentaron el pié llano, mostrando todos grand placer.

Guayna Capac recobró los suyos que eran vivos, y á los que eran muertos mandó hacer sepolturas y sus honras, conforme á su gentilidad, porque ellos todos conocen que hay en las ánimas inmortalidad; y tambien se hicieron, en donde esta batalla se dió, bultos de piedra y padrones para memoria de lo que se habia hecho; y Guayna Capac envió aviso de todo esto hasta el Cuzco, y se reformó su gente, y fué adelante de Caranque.

Y los de Otavalo, Cayanbi, Cochasqui, Pifo[205], con otros pueblos, habian hecho liga todos juntos y con otros muchos, de no dejarse sojuzgar del Inca, sino ántes morir que perder su libertad y que en sus tierras se hiciesen casas fuertes, ni ellos ser obligados de tributar con sus presentes ir al Cuzco, tierra tan léjos como habian oido. Y hablado entre ellos esto, y tenido sus consideraciones, aguardaron á el Inca, que sabian que venia á les dar guerra; el cual con los suyos anduvo hasta la comarca destos, donde mandó hacer sus albarradas y cercas fuertes, que llaman pucaraes, donde mandó meter su gente y servicio. Envió mensajeros á aquellas gentes con grandes presentes, rogándoles que no le diesen guerra, porque él no queria sino paz con condiciones honestas, y que en él siempre hallarian favor, como su padre, y que no quería tomalles nada, sino dalles de lo que traia. Mas estas palabras tan blandas aprovecharon poco, porque la respuesta que le dieron fué, que luego de su tierra saliese, donde no, que por fuerza le echaban della; y así, en escuadrones vinieron para el Inca, que muy enojado, habia puesto su gente en campaña; y dieron los enemigos en él de tal manera, que se afirma, sino fuera por la fortaleza que para se guarescer se habia hecho, lo llevaran y de todo punto lo rompieran; mas, conociendo el daño que recebia, se retiró lo mejor que pudo al pucará, donde todos se metieron los que en el campo no quedaron muertos, ó, en poder de los enemigos, presos.

CAP. LXVII.—Cómo, juntando todo el poder de Guayna Capac, dió batalla á los enemigos y los venció y de la grand crueldad que usó con ellos.

Como aquellas gentes vieron como habian bastado á encerrar al Inca en su fuerza, y que habian muerto á muchos de los orejones del Cuzco, muy alegres, hacian muy grand ruido con sus propias voces, tanto, que ellos mismos no se oian; y traidos atabales, cantaban y bebian enviando mensajeros por toda la tierra, publicando que tenian al Inca cercado con todos los suyos; y muchos lo creyeron y se alegraron y aún vinieron á favorescer á sus amigos.

Guayna Capac tenia en su fuerte bastimentos, y habia enviado á llamar á los gobernadores de Quito con parte de la gente que á su cargo tenian, y estaba con mucha saña, porque los enemigos no querian dejar las armas; á los cuales muchas veces intentó, con embajadas que les envió y dones y presentes, atraerlos á sí; mas, era en vano pensar tal cosa. El Inca engrosó su ejército, y los enemigos hecho lo mesmo, los cuales determinadamente acordaron de dar en el Inca y desbaratarlo, ó morir sobre el caso en el campo; y así lo pusieron por obra, y rompieron dos cercas de la fortaleza, que á no haber otras que iban rodeando un cerro, sin duda por ellos quedara la victoria; mas, como su usanza es hacer un cercado con dos puertas, y más alto otro tanto, y así hacer en un cerro siete u ocho fuerzas, para si la una perdieren, subirse á la otra, el Inca con su gente se guaresció en la más fuerte del cerro, donde, al cabo de algunos dias, salió y dió en los enemigos con gran coraje.

Y afirman, que llegados sus capitanes y gente, les hizo la guerra, la cual fué cruel, y estuvo la victoria dudosa; mas, al fin, los del Cuzco se dieron tal maña, que mataron, grand número de los enemigos, y los que quedaron fueron huyendo. Y tan enojado estaba dellos el rey tirano, que de enojo, porque se pusieron en arma, porque querian defender su tierra sin reconocer subjecion, mandó á todos los suyos que buscasen todos los más que pudiesen ser habidos; y con grand diligencia los buscaron y prendieron á todos, que pocos se pudieron dellos descabullir; y junto á una laguna, que allí estaba, en su presencia, mandó que los degollasen y echasen dentro; y tanta fué la sangre de los muchos que mataron, que el agua perdió su color, y no [se] via otra cosa que espesura de sangre. Hecha esta crueldad y gran maldad, mandó Guayna Capac parecer delante de sí á los hijos de los muertos, y mirándoles, dijo: Campa mana, pucula tucuy huambracuna[206]. Que quiere decir: "Vosotros no me hareis guerra, porque sois todos muchachos agora". Y desde entonces se les quedó por nombre hasta hoy á esta gente los Guambracunas[207], y fueron muy valientes; y á la laguna le quedó por nombre el que hoy tiene, que es Yaguarcocha, que quiere decir "lago de sangre". Y en los pueblos destos Guambracunas se pusieron mitimaes y gobernadores como en las más partes.

Y despues de se haber reformado el campo, el Inca pasó adelante hácia la parte del Sur, con gran reputacion por la victoria pasada, y anduvo descubriendo hasta el rio de Angasmayo, que fueron los límites de su imperio. Y supo de los naturales cómo adelante habia muchas gentes, y que todos andaban desnudos sin ninguna vergüenza, y que todos comian carne humana, todos en general, y hacian algunas fuerzas en la comarca de los Pastos; y mandó á los principales que le tributasen, y dijieron que no tenian que le dar, y por los componer, mandó que cada casa de la tierra fuese obligada á le dar tributo, cada tantas lunas, de un canuto de piojos algo grande. Al principio, riéronse del mandamiento; mas, despues, por muchos quellos tenian, no podian enchir tantos canutos. Criaron con el ganado que el Inca les mandó dejar, y tributaban de lo que se multiplicaba, y de la comida y raíces que hay en sus tierras. Y por algunas causas que para ello tuvo, Guayna Capac volvió al Quito, y mandó que en Caranqui estuviese templo del sol y guarnicion de gente con mitimaes y capitan general con su gobernador, para frontera de aquellas tierras y para guarda dellas.

CAP. LXVIII.—De cómo el rey Guayna Capac volvió á Quito, y de cómo supo de los españoles que andaban por la costa, y de su muerte.

En este mesmo año andaba Francisco Pizarro con trece chripstianos por esta costa[208], y habia dellos ido al Quito aviso á Guayna Capac, á quien contaron el traje que traian, y la manera del navio, y cómo eran barbados y blancos y hablaban poco y no eran tan amigos de beber como ellos, y otras cosas de las que ellos pudieron saber. Y cudicioso de ver tal gente, dicen que mandó con brevedad le trujiesen uno de dos que decian haber quedado de aquellos hombres, porque los demás eran ya vueltos con su capitan á la Gorgona, donde habian dejado ciertos españoles con los indios é indias que tenian, como en su lugar contaremos[209]. Y dicen unos destos indios, que despues de idos, á estos dos, que los mataron, de que recebió mucho enojo Guayna Capac. Otros cuentan que soñó que los traian, y como supieron en el camino su muerte[210], los mataron. Sin esto, dicen otros que ellos se murieron. Lo que tenemos por más cierto es, que los mataron los indios dende á poco que ellos en su tierra quedaron[211].

Pues, estando Guayna Capac en el Quito con grandes compañas de gentes que tenia, y los demás señores de su tierra, viéndose tan poderoso, pues mandaba desde el rio de Angasmayo al de Maule, que hay mas de mill y doscientas leguas, y estando tan crecido en riquezas, que afirman que habia hecho traer á Quito más de quinientas cargas de oro, y más de mill de plata, y mucha pedrería y ropa fina, siendo temido de todos los suyos, porque no se le osaban desmandar, cuando luego hacia justicia; cuentan que vino una gran pestilencia de viruelas tan contagiosa, que murieron mas de doscientas mill ánimas en todas las comarcas, porque fué general; y dándole á él el mal, no fué parte todo lo dicho para librarlo de la muerte, porquel gran Dios no era dello servido. Y como se sintió tocado de la enfermedad, mandó se hiciesen grandes sacrificios por su salud en toda la tierra, y por todas las guacas y templos del sol; mas yéndole agraviando, llamó á sus capitanes y parientes, y les habló algunas cosas, entre las cuales les dijo, á lo que algunos dellos dicen, que él sabia que la gente que habian visto en el navio, volveria con potencia grande y que ganaria la tierra. Esto podria ser fábula, y si lo dijo, que fuese por boca del Demonio, como quien sabia que los españoles iban para procurar de volver á señorear. Dicen otros destos mismos, que conociendo la gran tierra que habia en los Quillacingas[212] y Popayaneses, y que era mucho mandarlo uno, y que dijo que desde Quito para aquellas partes fuese de Atahuallpa, su hijo, á quien queria mucho, porque habia andado con él siempre en la guerra; y que lo demás mandó que señorease y gobernase Guascar, único heredero del imperio. Otros indios dicen que no dividió el reino, ántes dicen que dijo á los que estaban presentes, que bien sabian cómo se habian holgado que fuese Señor, despues de sus dias, su hijo Guascar, y de Chincha[213] Ocllo, su hermana, con quien todos los del Cuzco mostraban contento; y puesto que si él tenia otros hijos de grand valor, entre los cuales estaban Nanque Yupanqui, Tupac Inca, Guanca Auqui, Tupac Gualpa, Titu[214], Guaman Gualpa, Manco Inca, Guascar, Cusi Hualpa[215], Paullu Tupac[216] Yupanqui, Conono, Atahuallpa, quiso no dalles nada de lo mucho que dejaba, sino que todo lo heredase dél, como él lo heredó de su padre, y confiaba mucho guardaria su palabra, y que cumpliria lo que su corazon queria, aunque era muchacho; y que les rogó lo amasen y mirasen como era justo, y que hasta que tuviese edad perfeta y gobernase, fuese su ayo Colla Tupac[217], su tio. Y como esto hobo dicho, murió.

Y luego que fué muerto Guayna Capac, fueron tan grandes los lloros, que ponian los alaridos que daban en las nubes, y hacian caer las aves aturdidas de lo muy alto hasta el suelo. Y por todas parte se divulgó la nueva, y no habia parte ninguna donde no se hiciese sentimiento notable. En Quito lo lloraron, á lo que dicen, diez dias arreo; y dende allí lo llevaron á los Cañares, donde le lloraron una luna entera; y fueron acompañando el cuerpo muchos señores principales hasta el Cuzco, saliendo por los caminos los hombres y mujeres llorando y dando aullidos. En el Cuzco se hicieron más lloros, y fueron hechos sacrificios en los templos, y aderezaron de le enterrar conforme á su costumbre, creyendo que su ánima estaba en el cielo. Mataron, para meter con él en su sepoltura y en otras, más de cuatro mill ánimas, entre mujeres y pajes y otros criados, tesoros, pedreria, y fina ropa. De creer es que seria suma grande la que pornian con él. No dicen en dónde ni cómo está enterrado, mas de que concuerdan que su sepoltura se hizo en el Cuzco. Algunos indios me dijeron á mí que lo enterraron en el rio de Angasmayo, sacándolo de su natural para hacer la sepoltura; mas no lo creo, y lo que dicen de que se enterró en el Cuzco, sí[218].

De las cosas deste rey dicen tanto los indios, que no es nada lo que yo escribo ni cuento; y cierto, creo que dél y de sus padres y abuelos se dejan tantas cosas de escrebir, por no los alcanzar por entero, que fuera otro compendio mayor que el que se ha hecho.

CAP. LXIX.—Del linaje y condiciones de Guascar y de Atahuallpa.

Estaba el imperio de los Incas tan pacífico cuando Guayna Capac murió, que no se halla que en tierra tan grande hobiese quien osase alzar la cabeza para mover guerra ni dejar de obedecer, así por el temor que tenian á Guayna Capac, como porque los mitimaes eran puestos de su mano, y estaba la fuerza en ellos. Y así como muerto Alexandre en Babilonia, muchos de sus criados y capitanes allegaron á colocarse por reyes y mandar grandes tierras, así, muerto Guayna Capac, como (así) luego hobo entre los dos hermanos hijos suyos guerras y diferencias; y tras ellas entraron los españoles. Muchos de estos mitimaes se quedaron por señores, porque siendo en las guerras y debates muertos los naturales, pudieron ellos granjear la gracia de los pueblos para que en su lugar los recibiesen de los pueblos (así).

Bien tenía que decir en contar menudamente las condiciones destos tan poderosos Señores, mas no saldré de mi brevedad, por las causas tan justas que otras veces he dicho tener.—Guascar era hijo de Guayna Capac, y Atahuallpa tambien. Guascar de menos dias; Atahuallpa de más años. Guascar, hijo de la Coya, hermana de su padre, señora principal; Atahuallpa, hijo de una india Quilaco, llamada Tupac Palla[219]. El uno y el otro nacieron en el Cuzco, y no en Quito, como algunos han dicho y aun escripto para esto, sin lo haber entendido como ello es razon. Lo muestra, porque Guayna Capac estaba [estuvo?] en la conquista de Quito y por aquellas tierras aun nó doce años, y era Atahuallpa, cuando murió, [de] más de treinta años; y señora de Quito, para decir lo que ya cuentan que era su madre, no habia ninguna, porque los mesmos Incas eran reyes y señores del Quito;[220] y Guascar nació en el Cuzco, y Atahuallpa era de cuatro ó cinco años de más edad que no él. Y esto es lo cierto, y lo que yo creo.—Guascar era querido en el Cuzco, y en todo el reino, por los naturales, por ser el heredero de drecho; Atahuallpa era bien quisto de los capitanes viejos de su padre y de los soldados, porque anduvo en la guerra en su niñez, y porque él en vida le mostró tanto amor, que no le dejaba comer otra cosa que lo que él le daba de su plato. Guascar era clemente y piadoso; Atahuallpa, cruel y vengativo: entrambos eran liberales, y el Atahuallpa hombre de más ánimo y esfuerzo, y Guascar de más presuncion y valor. El uno pretendió ser único Señor y mandar sin tener igual: el otro se determinó de reinar, y por ello quebrantar las leyes que sobre ello á su usanza estaban establecidas por los Incas, que era que no podia ser rey sino hijo mayor del Señor y de su hermana, aunque otros de más edad hobiesen habido en otras mujeres y mancebas. Guascar deseoso [deseaba?] de tener consigo el ejército de su padre; Atahuallpa se congojó porque no estaba cerca del Cuzco, para en la mesma ciudad hacer el ayuno y salir con la borla para por todos ser recebido por rey.

CAP. LXX.—De cómo Guascar fué alzado por rey en el Cuzco, despues de muerto su padre.

Como fuese muerto Guayna Capac y por él hechos los lloros y sentimiento dicho, aunque habia en el Cuzco más de cuarenta hijos suyos, ninguno intentó salir de la obediencia de Guascar, á quien sabian pertenecian el reino; y aunque se entendió lo que Guayna Capac mandó, que su tio gobernase, no faltó quien aconsejó á Guascar saliese con la borla en público y mandase por todo el reino como rey. Y como para las honras de Guayna Capac habian venido al Cuzco los más de los señores naturales de las provincias, pudo ser la fiesta de su coronacion grande y de presto entendida y sabida, y así lo determinó de hacer. Dejando el gobierno de la mesma ciudad á quien por su padre lo tenia, se entró á hacer el ayuno con la observancia que su costumbre requeria. Salió con la borla muy galano, y hiciéronse grandes fiestas, y pusiéronse en la plaza la maroma de oro con los bultos de los Incas, y conforme á la costumbre dellos, gastaron algunos dias en beber y en sus areytos; y acabados, fuéles nueva á todas las provincias y mandado del nuevo rey de lo que habian de hacer, enviando á Quito ciertos orejones, y que trujesen las mujeres de su padre y su servicio.

Fué entendido por Atahuallpa cómo Guascar habia salido con la borla, y cómo queria que todos le diesen la obediencia; y no se habian partido de Quito ni de sus comarcas los capitanes generales de Guayna Capac, y habia entre todos pláticas secretas sobre que era bien procurar, por las vías á ellos posibles, quedarse con aquellas tierras de Quito sin ir al Cuzco al llamamiento de Guascar, pues era aquella tierra tan buena y á donde todos se hallaban tan bien como en el Cuzco. Algunos habia entre ellos que les pesaba, y decian que no era lícito dejar de reconocer el gran Inca, pues era Señor de todos. Mas Illa Tupac[221] no fué leal á Guascar, así como Guayna Capac se lo rogó y él se lo prometió, porque dicen que andaba en tratos y secretas pláticas con Atahuallpa, que entre los hijos de Guayna Capac mostró más ánimo y valor, causado por su atrevimiento y aparejo que halló, ó con lo que su padre mandó, si fué verdad, que gobernase lo de Quito y sus comarcas. Este habló á los capitanes Calicuchima[222] y Aclagualpa[223], Rumiñahui[224], el Quizquiz, Zopozopanqui[225] y otros muchos, sobre quisiesen favorecerle y ayudarle para que él fuese Inca de aquellas partes, como su hermano lo era del Cuzco; y ellos y el Illa Tupac[226], traidor á su señor natural Guascar, pues que habiendole dejado por gobernador hasta quél tuviese edad cumplida, le negó y se ofreció de favorescer á Atahuallpa, que ya por todo el real era tenido por Señor, y le fueron entregadas las mujeres de su padre, á quien él recibió como suyas, que era autoridad mucha entre estas gentes; y el servicio de su casa y lo demás que tenia, le fué dado para que por su mano le (así) fuese ordenado todo á su voluntad.

Cuentan algunos, que algunos de los hijos de Guayna Capac, hermanos de Guascar y Atahuallpa, con otros orejones, se fueron huyendo al Cuzco y dieron dello aviso á Guascar; y así él como los orejones ancianos del Cuzco, sintieron lo que habia hecho Atahuallpa, reprobándolo por caso feo, y que habia ido contra sus dioses y contra el mandamiento y ordenanza de los reyes pasados. Decian que no habian de sufrir ni consentir que el bastardo tuviese nombre de Inca, ántes le habian de castigar por lo por él inventado, por el favor que tuvo de los capitanes y gente del ejército de su padre; y así, Guascar mandó que se apercibiesen en todas partes y se hiciesen armas, y los depósitos se proveyesen con las cosas necesarias, porque él habia de hacer guerra á los traidores, si juntos todos no le reconociesen por Señor. Y á los Cañares envió embajadores, esforzándoles en su amistad, y al mesmo Atahuallpa dicen que envió un orejon á que le amonestase que no intentase de llevar adelante su opinion, pues era tan mala, y á que hablase á Colla Tupac[227], su tio, para que le aconsejase se viniese para él. Y hechas estas cosas, nombró por su capitan general á uno de los principales del Cuzco, llamado Atoco[228].

CAP. LXXI.—De cómo se comenzaron las diferencias entre Guascar y Atahuallpa, y se dieron entre unos y otros grandes batallas.

Entendido era por todo el reino del Pirú cómo Guascar era Inca, y como tal mandaba y tenia guarda y despachaba orejones á las cabeceras de las provincias á proveer lo que convenia. Era de tan buen seso y tenia en tanto á los suyos, que fué, lo que reinó, querido en extremo dellos, y seria cuando comenzó á reinar, á lo que los indios dicen, de veinticinco años, poco más ó ménos. Y habiendo nombrado por su capitan general á Atoco, le mandó que tomando la gente que le pareciese de los lugares por donde pasase, mitimaes y naturales, fuese á Quito á castigar el alboroto que habia con lo que su hermano intentaba, y tubiese aquella tierra por él.

Y estos indios cuentan las cosas de muchas maneras. Yo siempre sigo la mayor opinion, y la que dan los más viejos y avisados dellos, y que son señores; porque los indios comunes, en todo lo que saben, no se ha de tener, porque ellos lo afirmen, por verdad. Y así, unos dicen, que Atahuallpa, como hobo determinádose á no solamente no querer dar la obidiencia á su hermano, que ya era rey, mas aun pretendió haber el señorío para sí por la forma que pudiese, tenido, como ya tenia, de su parte á los capitanes y soldados de su padre, vino á los Cañares, á donde habló con los señores naturales y con los mitimaes, colorando, con razones que inventó, su deseo no era de hacer daño á su hermano por querer solamente el provecho para si, sino para tenellos á todos por amigos y hermanos y hacer otro Cuzco en el Quito, donde todos se holgasen; y pues él tenia tan buen corazon, que para cerciorarse que ellos le tenian para con él, diesen lugar que en Tomebamba fuesen hechos para él aposentos y tambos, para que, como Inca y Señor, pudiese holgar con sus mujeres en ellos, como hizo su padre y su abuelo; y que dijo otras palabras sobre esta materia que no fueron oidas tan alegremente como él pensó; porque el mensajero de Guascar era llegado y habia hablado á los Cañares y mitimaes cómo Guascar les pedia la fe de amigos, sin que quisiesen negar su fortuna, y que para ello imploraba el favor del sol y de sus dioses; que no consintiesen que los Cañares fuesen consentidores de tan mala hazaña como su hermano intentaba; y que lloraron con deseo de ver á Guascar, y alzando todos sus manos, que le guardarian lealtad prometieron.

Y teniendo esta voluntad, Atahuallpa no pudo con ellos acabar nada; antes afirman que los Cañares con el capitan y mitimaes lo prendieron, con intento de lo presentar á Guascar; mas, poniéndolo en un aposento del tambo, se soltó y fué á Quito, donde hizo entender haberse vuelto culebra por voluntad de su Dios, para salir de poder de sus enemigos; por tanto, que todos se aparejasen para comenzar la guerra pública y al descubierto, porque así convenia. Otros indios afirman por muy cierto, que el capitan Atoco con su gente allegó á los Cañares, donde estaba Atahuallpa, y que él fué el que lo prendió, y se soltó como está dicho. Creo yo para mí, aunque podria ser otra cosa, que Atoco se halló en la prision de Atahuallpa, y muy sentido porque así se habia descabullido, sacando la más gente que pudo de los Cañares, se partió para Quito, enviando por todas partes á esforzar los gobernadores y mitimaes en la amistad de Guascar. Tiénese por averiguado, que Atahuallpa se soltó haciendo con una coa[229], y que es palanca, que una mujer Quella le dió, un agujero, estando los que estaban en el tambo calientes de lo que habian bebido, y pudo, dándose priesa, allegar al Quito, como está dicho, sin ser alcanzado de los enemigos, que mucho quisieran tornarlo haber á las manos.

CAP. LXXII.—De cómo Atahuallpa salió del Quito con su gente y capitanes, y de cómo dió batalla á Atoco en los pueblos de Ambato.

Como las postas que estaban en los caminos reales fuesen tantas, no pasaba cosa en parte del reino que fuese oculta, ántes era pública por todo el lugar; y como se entendió Atahuallpa haberse escapado por tal ventura y estar en Quito allegando la gente, luego se conoció que la guerra seria cierta, y así, hobo division y parcialidades y novedades grandes y pensamientos enderezados á mal fin. Guascar, en lo de arriba, no tuvo quien no le obedeciese y desease que saliese del negocio con honra y autoridad. Atahuallpa tuvo de su parte los capitanes y gente del ejército, y muchos señores naturales y mitimaes de las provincias y tierras de aquella comarca; y cuentan que luego en Quito, con celeridad mandó salir la gente, jurando, como ellos juran, que en los Cañares habia de hacer castigo grande, por el afrenta que allí recibió. Y como supiese venir Atoco con su gente, que pasaria, á lo que dicen, de cuarenta guarangas, que eran millares de hombres, se dió priesa á se encontrar con él.

Atoco venia marchando porque Atahuallpa no tuviese lugar de hacer llamamiento de gente en las provincias, y como supo que venia á punto de guerra, habló con los suyos, rogándoles que se acordasen de la honra del Inca Guascar, y que se diesen maña á castigar la desvergüenza con que Atahuallpa venia; y por justificar su causa, envióle, segun dicen, ciertos indios por mensajeros, amonestándole que se contentasen con lo que habia hecho y no diese lugar á que el reino se encendiese en guerra, y se conformase con el Inca Guascar, que seria lo más acertado. Y aunque eran principales orejones estos mensajeros, cuentan que se rió del dicho que Atoco le enviaba á decir, y que, haciendo grandes fieros y amenazas, los mandó matar, y prosiguió su camino en ricas andas que le llevaban á hombros de los principales y más privados suyos.

Cuentan que encomendó la guerra á su capitan general Calicuchima y á otros dos capitanes, llamados el Quizquiz, y el otro Ucumari; y como Atoco no parase con la gente, pudieron encontrarse cerca del pueblo llamado Ambato, á donde, á la usanza del pueblo, comenzaron la batalla y la riñeron entre ellos bien; y habiendo tomado un collado Calicuchima, salió á tiempo convenible con cinco mill hombres holgados, y dando en los que estaban cansados, los apretaron tanto, que despues de muertos los más dellos, volvieron, los que no [lo] eran, las espaldas con gran espanto, y el alcance se siguió y fueron muchos los presos y el Atoco entre ellos. Lo cual, cuentan los que desto me informaron, que lo ataron á un palo, donde con gran crueldad ocultadamente lo mataron, y que del casco de su cabeza hizo un vaso Calicuchima, para beber, engastonado en oro. La opinion mayor y que debe ser más cierta, á mi juicio, de los que murieron en esta batalla de ambas partes, fueron quince ó diez y seis mill indios; y los que se prendieron, fueron los más dellos muertos sin piedad ninguna, por mandado de Atahuallpa.—Yo he pasado por este pueblo y he visto el lugar donde dicen questa batalla se dió; y, cierto, segun hay la osamenta, debieron aún de morir más gente de la que cuentan.

Con esta victoria quedó Atahuallpa muy estimado, y fué la nueva divulgada por todo el reino, y llamáronle, los que seguian su opinion, Inca, y dijo que habia de tomar la borla en Tomebamba, aunque, no siendo en el Cuzco, teníase por cosa fabulosa y sin fuerza. De los heridos mandó curar; y mandaba como rey, y así era servido; y caminó para Tomebamba.

CAP. LXXIII.—De cómo Guascar envió de nuevo capitanes y gente contra su enemigo, y de cómo Atahuallpa llegó á Tomebamba, y la gran crueldad que allí usó, y lo que pasó entre él y los capitanes de Guascar.

Pocos dias se tardaron despues que en el pueblo de Ambato el capitan Atoco fué vencido y desbaratado, cuando, no solamente en el Cuzco se supo la nueva, mas en toda la tierra se extendió, y recibió Guascar grande espanto y temió más el negocio que hasta allí. Mas, sus consejeros le amonestaron que no desmamparase al Cuzco, sino que enviase de nuevo gentes y capitanes. Y fueron hechos grandes lloros por los muertos, y en los templos y oráculos hicieron sacrificios conforme á lo que ellos usan; y envió á llamar Guascar muchos señores de los naturales del Collao, de los Canches, Cañas, Charcas, Carangas, y á los de Condesuyo, y muchos de los de Chinchasuyo; y como estuviesen juntos, les habló lo que su hermano hacia y les pidió en todo le quisiesen ser buenos amigos y compañeros. Respondieron á su gusto los que se hallaron á la plática, porque guardaban mucho la religion y costumbre de no recebir por Inca sinó aquel que en el Cuzco tomase la borla, la cual habia dias Guascar tenia, y sabia el reino le venia derechamente. Y porque convenia con brevedad proveer en la guerra que tenia, nombró por capitan general á Guanca Auqui, hermano suyo, segun dicen algunos orejones, porque otros quieren decir ser hijo de Ilaquito. Con éste envió por capitanes otros principales de su nacion que habian por nombre Ahuapanti[230], Urco Guaranca é Inca Roca. Estos salieron del Cuzco con la gente que se pudo juntar, yendo con ellos muchos señores de los naturales, y de los mitimaes, y por donde quiera que pasaba Guanca Auqui, sacaba la gente que quería con lo más que era necesario para la guerra; y caminó á mas andar en busca de Atahuallpa, que, como hobiese muerto y vencido á Atoco, como de suso es dicho, siguió su camino endrezado á Tomebamba, yendo con él sus capitanes y muchos principales que habian venido á ganalle la voluntad, viendo que iba vencedor. Los Cañares estaban temerosos de Atahuallpa, porque habian tenido en poco lo que les mandó y habian sido en la prision suya; recelaban no quisiese hacelles algun daño, porque lo conocian que era vengativo y muy sanguinario; y como llegase cerca de los aposentos principales, cuentan muchos indios á quien yo lo oí, que por amansar su ira, mandaron á un escuadron grande de niños y á otro de hombres de toda edad que saliesen hasta las ricas andas, donde venia con gran pompa, llevando en las manos ramos verdes y hojas de palma, y que le pidiesen la gracia y amistad suya para el pueblo, sin mirar injuria pasada; y que con tantos clamores se lo suplicaron y con tanta humildad, que bastara á quebrantar corazones de piedra. Mas, poca impresion hicieron en el cruel de Atahuallpa, porque dicen que mandó á sus capitanes y gente que matasen á todos aquellos que habian venido, lo cual fué hecho, no perdonando sino era algunos niños y á las mujeres sagradas del templo, que por honra del sol, su dios, guardaron sin derramar sangre dellas ninguna.

Y pasado esto, mandó matar algunos particulares en la provincia, y puso en ella capitan é mayordomo de su mano, y juntos los ricos de la comarca, tomó la borla y llamóse Inca en Tomebamba, aunque no tenia fuerza, como se ha dicho, por no ser en el Cuzco; mas, él tenia su drecho en las armas, lo cual tenia por buena ley. Tambien digo que he oido [á] algunos indios honrados, que Atahuallpa tomó la borla en Tomebamba ántes que le prendiesen ni Atoco saliese del Cuzco, y que Guascar lo supo y proveyó luego. Parésceme que lo que se ha escripto lleva más camino.

Guanca Auqui dábase mucha priesa [á] andar, y quisiera llegar á los Cañares ántes que Atahuallpa pudiera hacer el daño que hizo. Y alguna de la gente que escapó de la batalla que se dió en Ambato, se habian juntado con él. Afirman todos que traeria más de ochenta mill hombres de guerra, y Atahuallpa llevaria pocos ménos de Tomebamba; á donde luego salió, afirmando que no habia de parar hasta el Cuzco. Mas, en la provincia de los Paltas, cerca de Caxabamba, se encontraron unos con otros, y despues de haber esforzado y hablado cada capitan á su gente, se dieron batalla; en la cual afirman que Atahuallpa no se halló, ántes se puso en un cerrillo á la ver; y siendo Dios dello servido, no embargante que en la gente de Guascar habia muchos orejones y capitanes que para ellos entendian bien la guerra, y que Guanca Auqui hizo el deber como leal y buen servidor á su rey, Atahuallpa quedó vencedor con muerte de muchos contrarios, tanto, que afirman que murieron entre unos y otros más de treinta y cinco mill hombres, y heridos quedaron muchos.

Los enemigos siguieron el alcance, matando y cautivando y robando los reales; y Atahuallpa estaba tan alegre, que él decia que sus dioses peleaban por él. Y porque ya los españoles habian entrado en este reino habia algunos dias, y Atahuallpa lo supo, fué causa que él en persona no fuese al Cuzco.

No daremos conclusion á estas guerras y batallas que se dieron entre estos indios, porque no fueron con órden, y por llevarla, se quedará hasta su lugar.

Hasta aquí es lo que se me ha ofrecido escrebir de los Incas, lo cual hice todo por relacion que tomé en el Cuzco. Si acertare alguno á lo hacer más largo y cierto, el camino tiene abierto, como yo no lo tuve para hacer lo que no pude, aunque para lo hecho trabajé lo que Dios sabe; que vive y reina para siempre jamás. Que fué visto lo más de lo escripto por el doctor Brabo de Saravia, y el licenciado Hernando de Santillan, oidores de la Audiencia real de Los Reyes.

FIN.