CAP. XXII.—Cómo se ponian los mitimaes, y cuántas suertes dellos habia, y cómo eran estimados por los Incas.

En este capítulo quiero escrebir lo que toca á los indios que llaman mitimaes, pues en el Perú tantas cosas dellos se cuentan, y tanto por los Incas fueron honrados y privilegiados y tenidos, despues de los orejones, por los más nobles de las provincias; y esto digo, porque en la Historia, que llaman, de Indias, está escripto por el autor, que estos mitimaes eran esclavos de Huaina Capac[65]. En estos descuidos caen todos los que escriben por relacion y cartapacios, sin ver ni saber la tierra de donde escriben, para poder afirmar la verdad.

En la mayor parte de las provincias del Perú, ó en todas ellas, habia y aun hay de estos mitimaes[66], y tenemos entendido que hobo tres maneras ó suertes dellos; lo cual convino grandemente para la sustentacion[67] dél y para su conservacion, y áun para su poblacion; y entendido cómo y de qué manera estaban puestos estos mitimaes y lo que hacian y entendian, conocerán los letores cómo supieron los Incas acertar en todo para la gobernacion de tantas tierras y provincias como mandaron.

Mitimaes llaman á los que son traspuestos de una tierra en otra; y la primera manera ó suerte de mitimaes mandada poner por los Incas, era, que despues que por ellos habia sido conquistada alguna provincia ó traida nuevamente á su servicio, tuvieron tal órden para tenella segura, y para que con brevedad los naturales y vecinos della supiesen cómo la habian de servir y de tener, y para desde luego entendiesen lo demás que entendian y sabian sus vasallos de muchos tiempos, y para que estuviesen pacíficos y quietos, y no todas veces tuviesen aparejo de se rebelar, y si por caso se tratase dello, hobiese quien lo estorbase,—trasmutaban de las tales provincias la cantidad de gente que della parecia convenir que saliese; á los cuales mandaban pasar á poblar otra tierra del temple y manera de donde salian, si fria fria, si caliente caliente, en donde les daban las tierras y campos y casas tanto y más como dejaron; y de las tierras y provincias que de tiempo largo tenian pacíficas y amigables y que habian conoscido voluntad para su servicio, mandaban salir otros tantos ó más y entremetellos en las tierras nuevamente ganadas y entre los indios que acababan de sojuzgar, para que dependiesen dellos las cosas arriba dichas, y los impusiesen en su buena órden y pulicía, para que, mediante este salir de unos y entrar de otros, estuviese todo seguro con los gobernadores y delegados que se ponian, segun y como digimos en los capítulos de atrás.

Y conosciendo los Incas cuánto se siente por todas las naciones dejar sus patrias y naturalezas propias, porque con buen ánimo tomasen aquel destierro, es averiguado que honraban á estos tales que se mudaban, y que á muchos dieron brazaletes de oro y de plata y ropas de lana y de pluma y mugeres, y eran privilegiados en otras muchas cosas; y así, entre ellos habia espías que siempre andaban escuchando lo que los naturales hablaban é intentaban, de lo cual daban aviso á los delegados, ó con priesa grande iban al Cuzco á informar dello al Inca. Con esto, todo estaba seguro y los mitimaes temian á los naturales y los naturales á los mitimaes, y todos entendian en obedecer y servir llanamente. Y si en los unos ó en los otros habia motines ó tramas ó juntas, hacianse grandes castigos; porque los Incas, algunos dellos fueron vengativos y castigaban sin templanza y con gran crueldad.

Para este efecto estaban puestos los unos mitimaes, de los cuales sacaban muchos para ovejeros y rabadanes de los ganados de los Incas y del sol, y otros para roperos, y otros para plateros, y otros para canteros y para labradores, y para debujar y esculpir y hacer bultos; en fin, para lo que más le mandaban y dellos requerian servir. Y tambien mandaban que de los pueblos fuesen á ser mitimaes á las montañas de los Andes, á sembrar maíz y criar la coca y beneficiar los árboles de fruta, y proveer de la[68] que faltaba en los pueblos donde con los frios y con las nieves no se pueden dar ni sembrar estas cosas.

Para el segundo efecto que los mitimaes se pusieron, fué, porque los indios de las fronteras de los Andes, como son Chunchos y Moxos Cheriguanaes, que los más dellos tienen sus tierras á la parte de Levante á la decaida de las sierras, y son gentes bárbaras y muy belicosas, y que muchos dellos comen carne humana, y que muchas veces salieron á dar guerra á los naturales de acá y les destruyan sus campos y pueblos, llevando presos los que dellos podian; para remedio desto, habia en muchas partes capitanías y guarniciones ordinarias, en las cuales estaban algunos orejones. Y porque la fuerza de la guerra no estuviese en una nacion, ni presto supiesen concertarse para alguna rebelion ó conjuracion, sacaban para soldados destas capitanías, mitimaes de las partes y provincias que convenian, los cuales eran llevados á donde digo, y tenian sus fuertes, que son pucaraes, para defenderse, si tuviesen necesidad; y proveian de mantenimiento á esta gente de guerra, del maíz y otras cosas de comida que los comarcanos proveian de sus tributos y derramas que les eran echadas; y la paga que se les hacia, era, en algunos tiempos mandalles dar algunas ropas de lana y plumas ó braceletes de oro y de plata á los que se mostraban más valientes; y tambien les daban mujeres de las muchas que en cada provincia estaban guardadas en nombre del Inca; y como todas las más eran hermosas, teníanlas y estimábanlas en mucho. Sin esto les daban otras cosas de poco valor; lo cual tenian cargo de proveer los gobernadores de las provincias, porque tenian mando y poder sobre los capitanes á quien estos mitimaes obedecian. Y sin las partes dichas, tenian algunas destas guarniciones en las fronteras de los Chachapoyas y Bracamoros, y en el Quito, y en Caranque, que es adelante del Quito, al Norte, junto á la provincia que llaman de Popayan, y en otras partes donde seria menester, así en Chile como en los llanos y sierras.

La otra manera de poner mitimaes era más extraña; porque, aunque esotras son grandes, no es novedad poner capitanes y gente de guarnicion en fronteras, puesto que hasta agora no ha faltado quien así lo haya acertado á hacer; y era, que si por caso, andando conquistando la tierra de sierras ó valles ó campaña ó en ladera aparejada para labranza y crianza, y que fuese de buen temple y fértil, que estuviese desierta y despoblada, que fuese como he dicho y teniendo las partes que he puesto, luego con mucha presteza mandaban que de las provincias comarcanas que tuviesen el mismo temple que aquellas, para la sanidad de los pobladores, que viniesen tantos que bastasen á poblarlas, á los cuales luego repartian los campos, proveyéndolos de ganados y mantenimientos todo lo que habian menester, hasta tener fructo de sus cosechas; y tan buenas obras se hacian á estos tales, y tanta diligencia en ello mandaba poner el rey, que en breve tiempo estaba poblado y labrado y tal, que era gran contento verlo. Y desta manera se poblaron muchos valles en los llanos y pueblos en la serranía de los que los Incas vian, como de los que por relacion sabian haber en otras partes; y á estos nuevos pobladores, por algunos años no les pedian tributo ni ellos lo daban, ántes eran proveidos de mujeres y coca y mantenimientos, para que con mejor voluntad entendieren en sus poblaciones.

Y desta manera habia en estos reinos, en los tiempos de los Incas, muy poca tierra que pareciese fertil que estuviese desierta, sino todo tan poblado como saben los primeros chripstianos que en este reino entraron. Que por cierto no es pequeño dolor contemplar, que siendo aquellos Incas gentiles é idólatras, tuviesen tan buena órden para saber gobernar y conservar tierras tan largas, y nosotros, siendo chripstianos, hayamos destruido tantos reinos; porque, por donde quiera que han pasado chripstianos conquistando y descubriendo, otra cosa no parece sino que con fuego se va todo gastando. Y háse de entender, que la ciudad del Cuzco tambien estaba llena de gentes estranjeras, todo de industria; porque habiendo muchos linages de hombres, no se conformasen para levantamiento ni otra cosa que fuese deservicio del rey; y [de] esto hoy dia están en el Cuzco Chachapoyas y Cañares y de otras partes, de los que han quedado de los que allí se pusieron.

Tiénese por muy cierto de los mitimaes, que [se] usaron desde Inca Yupanqui, el que puso las postas, y el primero que entendió [en] engrandecer el templo de Curicancha, como se dirá en su lugar; y aunque otros algunos indios dicen que fueron puestos estos mitimaes desde el tiempo de Viracocha Inga, padre de Inca Yupanqui, podrálo creer quien quisiere, que yo hice tanta averiguacion sobre ello, que torno [á] afirmar haberlo inventado Inca Yupanqui; y así lo creo y tengo para mí; y con tanto, pasemos adelante.

CAP. XXIII.—Del gran concierto que se tenia cuando salian del Cuzco para la guerra los Señores, y cómo castigaban los ladrones.

Conté en los capítulos de atrás de la manera que salia el Señor á visitar el reino, para ver y entender las cosas que en él pasaban; y agora quiero dar á entender al lector cómo salian para la guerra y la órden que en ello se tenia. Y es, que como estos indios son todos morenos y alharaquientos y que en tanto se parecen los unos á otros, como hoy dia vemos los que con ellos tratamos; para quitar inconvenientes y que los unos á los otros se entendiesen, porque si no era cuando algunos orejones andaban visitando las provincias, nunca en ninguna dejaron de hablar en lengua natural, puesto que por la ley que lo ordenaba eran obligados á saber la lengua del Cuzco, y en los reales era lo mesmo, y lo que es en todas partes; pues está claro, que si el Emperador tiene un campo en Italia, y hay españoles, tudescos, borgoñones, flamencos é italianos, que cada nacion hablará en su lengua;—y por esto, se usaba en todo este reino, lo primero, de las señales en las cabezas diferentes las unas de otras; porque si eran Yuncas[69], andaban arrebozados como gitanos[70]; y si eran Collas, tenian unos bonetes como hechura de morteros, hechos de lana; y si Canas; tenian otros bonetes mayores y muy anchos; los Cañares traian unas coronas de palo delgado como aro de cedazo; los Guancas unos ramales que les caian por debajo de la barba, y los cabellos entrenchados; los Canchis[71] unas vendas anchas coloradas ó negras por encima de la frente; por manera, que así estos como todos los demás, eran conocidos por estas [señales] que tenian por insinia[72], que era tan buena y clara, que aunque hobiera juntos quinientos mill hombres, claramente se conoscieran los unos á los otros. Y hoy dia, donde vemos junta de gente, luego decimos, estos son de tal parte, y estos de tal parte; que por esto, como digo, eran unos de otros conocidos.

Y los reyes, para que en la guerra, siendo muchos, no se embarazasen y desordenasen, tenian esta órden: que en la gran plaza de la cibdad del Cuzco estaba la piedra de la guerra, que era grande, de la forma y hechura de un pan de azúcar, bien engastonada y llena de oro; y salia el rey con sus consejeros y privados á donde mandaba llamar á los principales y caciques de las provincias, [para saber] de los cuales los que entre sus indios eran más valientes, para señalar por mandones y capitanes; y sabido, se hacia el nombramiento; que era, que un indio tenia cargo de diez, y otro de cincuenta, y otro de ciento, y otro de quinientos, é otro de mill, é otro de cinco mill, y otro de diez mill; y estos que tenian estos cargos, era cada uno de los indios de su patria, y todos obedecian al capitan general del rey. Por manera, que siendo menester enviar diez mill hombres [á] algun combate ó guerra, no era menester más de abrir la boca y mandarlo, y si cinco mill[73], por el consiguiente; y lo mesmo para descubrir el campo, y para escuchas y rondas, á los que tenian menos gente. Y cada capitanía llevaba su bandera, y unos eran honderos, y otros lanceros, y otros peleaban con macanas, y otros con ayllos y dardos, y algunos con porras.

Salido el Señor del Cuzco, habia grandísima órden, aunque fuesen con él trescientos mill hombres; iban con concierto por sus jornadas de tambo á tambo, á donde hallaban proveimiento para todos, sin que nada faltase, é muy cumplido, é muchas armas y alpargates y toldos para la gente de guerra, y mugeres é indios para servirlos y llevarles sus cargas de tambo á tambo, á donde habia el mesmo proveimiento y abasto de mantenimiento; y el Señor se alojaba y la guarda estaba junto á él, y la demás gente se aposentaba en la redonda en los muchos aposentos que habia; y siempre iban haciendo bailes y borracheras, alegrándose los unos á los otros.

Los naturales de las comarcas por donde pasaban, no habian de ausentarse ni dejar de proveer lo acostumbrado y servir con sus personas á los que iban á guerra, sopena de que eran castigados en mucho; y los soldados y capitanes, ni los hijos de los mismos Incas, eran osados á les hacer ningun mal tratamiento ni robo ni insulto, ni forzaban á muger ninguna, ni les tomaban una sola mazorca de maíz; y si salian deste mandamiento y ley de los Incas, luego les daban pena de muerte; y si alguno habia hurtado, lo azotaban harto más que en España, é muchas veces le daban pena de muerte. Y haciéndolo ansí, en todo habia razon y órden, y los naturales no osaban dejar de servir y proveer á la gente de guerra bastantemente, y los soldados tampoco querian roballos ni hacelles mal, temiendo el castigo. Y si habia algunos motines ó conjuraciones ó levantamientos, los principales y más movedores llevaban al Cuzco á buen recaudo, donde los metian en una cárcel que estaba llena de fieras, como culebras, víboras, tigres, osos, y otras sabandijas malas; y si alguno negaba, decian que aquellas serpientes no le harian mal, y si mentia, que le matarian; y este desvarío tenian y guardaban por cierto. Y en aquella espantosa cárcel tenian siempre, por delitos que hecho habian, mucha gente, los cuales miraban de tiempo á tiempo; y si su suerte tal habia sido que no le hobiesen mordido [á] algunos dellos, sacábanlos, mostrando grande lástima, y dejábanlos volver á sus tierras. Y tenian en esta cárcel carceleros los que bastaban para la guarda della, y para que tubiesen cuidado de dar de comer á los que se prendian, y áun á las malas sabandijas que allí tenian. Y cierto, yo me reí bien de gana cuando en el Cuzco oí que solia haber esta cárcel, y aunque me dijeron el nombre, no me acuerdo, y por eso no lo pongo[74].

CAP. XXIV.—Cómo los Incas mandaron hacer á los naturales pueblos concertados, repartiendo los campos en donde sobrello podrian haber debates, y cómo se mandó que todos generalmente hablasen la lengua del Cuzco.

En los tiempos pasados, ántes que los Incas reinasen, es cosa muy entendida que los naturales destas provincias no tenian los pueblos juntos como ahora los tienen, sino fortalezas con sus fuertes, que llaman pucaraes[75], de donde salian á se dar los unos á los otros guerra; y así siempre andaban recatados y vivian con grandísimo trabajo y desasosiego. Y como los Incas reinaron sobre ellos, paresciéndoles mal esta órden y la manera que tenian en los pueblos, mandáronles, procurándolo en unas partes con halagos y en otras con amenazas, y en todos lugares con dones que les hacian, á que tuvieren por bien de no vivir como salvajes, mas ántes, como hombres de razon, asentasen sus pueblos en los llanos y laderas de las sierras juntos en barrios, como y de la manera que la disposicion de la tierra lo ordenase; y desta manera, los indios, dejados los pucaraes que primeramente tenian, ordenaron sus pueblos de buena manera, así en los valles de los llanos, como en la serranía y llanura de Collao; y para que no tuviesen enojo sobre los campos y heredades, los mismos Incas les repartieron los términos, señalando lo que cada uno habia de tener, en donde se puso límites, para conocimiento de los que habian y despues dellos nasciesen. Esto claro lo dicen los indios hoy dia, y á mí me lo dijeron en Xauxa, á donde dicen que uno de los Incas les repartia entre unos y otros los valles y campos que hoy tienen, con la cual órden se han quedado y quedarán. Y por muchos lugares destos que estaban en la sierra, iban echadas acequias sacadas de los rios con mucho primor y grande ingenio de los que las sacaron; y todos los pueblos, los unos y los otros, estaban llenos de aposentos y depósitos de los reyes, como en muchos lugares está dicho.

Y entendido por ellos cuán gran trabajo seria caminar por tierra tan larga y á donde á cada legua y á cada paso habia nueva lengua, y que seria gran dificultad el entender á todos por interpretes, escogiendo lo más seguro, ordenaron y mandaron, so graves penas que pusieron, que todos los naturales de su imperio entendiesen y supiesen la lengua del Cuzco generalmente, así ellos como sus mujeres; de tal manera, que aun la criatura no hobiese dejado el pecho de su madre, cuando le comenzasen á mostrar la lengua que habia de saber. Y aunque al principio fué dificultoso, y muchos se pusieron en no querer deprender más lenguas de las suyas propias, los reyes pudieron tanto, que salieron con su intencion, y ellos tovieron por bien de cumplir su mandado; y tan de veras se entendió en ello, que en el tiempo de pocos años se sabia y usaba una lengua en más de mill y doscientas leguas; y aunque esta lengua se usaba, todos hablaban las suyas, que eran tantas, que aunque lo escribiese no lo creerian.

Y como saliese un capitan del Cuzco ó alguno de los orejones á tomar cuenta ó residencia, ó por juez de comision, entre algunas provincias, ó para visitar lo que le era mandado, no hablaba en otra lengua que la del Cuzco, ni ellos con él. La cual es muy buena, breve y de gran comprehension y abastada de muchos vocablos, y tan clara, que en pocos dias que yo la traté, supe [lo] que me bastaba para preguntar muchas cosas por donde quiera que andaba. Llaman al hombre en esta lengua luna [runa], y á la mujer guarare [huarmi], y á el padre yaya, y al hermano[76] guayqui [huauque], y á la hermana[77] nana [ñaña], y á la luna quilla, y al mes por el consiguiente, y al año guata, y al dia pinche [punchau], y á la noche tota [tuta], y á la cabeza llaman oma y á los orejas lile [rinri], y á los ojos naui [ñahui], y á las narices sunga [zenca ó singa] y los dientes queros [quiru], y á los brazos maqui y á las piernas chaqui.

Estos vocablos solamente pongo en esta Corónica, porque agora veo que para saber la lengua que antiguamente se usó en España, andan variando, atinando unos á uno y otros á otro; porque los tiempos que han de venir, es sólo para Dios saber los sucesos que han de tener; por tanto, para si algo viniere que enfrie ó haga olvidar lengua que tanto cundió y por tanta gente se usó, que no estén vacilando cuál fué la primera ó la general, ó de dónde salió, ó lo que sobre esto más se desea. Y con tanto, digo que fué mucho beneficio para los españoles haber esta lengua, pues podian con ella andar por todas partes, en algunas de las cuales ya se vá perdiendo.

CAP. XXV.—Cómo los Incas fueron limpios del pecado nefando y de otras fealdades que se han visto en otros príncipes del mundo.

En este reino del Perú, pública fama es entre todos los naturales dél, cómo en algunos pueblos de la comarca de Puerto Viejo se usaba el pecado nefando de la sodomia,—y tambien en otras tierras habria malos cómo en las demás del mundo. Y notaré de esto una gran virtud destos Incas, porque, siendo señores tan libres y que no tenian á quién dar cuenta, y ni habia ninguno tan poderoso entre ellos que se la tomase, y que en otra cosa no entendian las noches y los dias que en darse á lujuria con sus mujeres, y otros pasatiempos;—y jamás se dice ni cuenta que ninguno dellos usaba el pecado susodicho, ántes aborrecian á los que lo usaban, teniéndolos en poco como á viles apocados, pues en semejante suciedad se gloriaban. Y no solamente en sus personas no se halló este pecado, pero ni áun consentian estar en sus casas ni palacios ningunos que supiesen que lo usaban; y áun sin todo esto, me parece que oí decir, que si por ellos era sabido de alguno que tal pecado hubiese cometido, castigaban[le] con tal pena, que fuese señalado y conocido entre todos. Y en esto no hay que dudar, sino ántes se ha de creer que en ninguno dellos cupo tal vicio, ni de los orejones, ni de otras muchas naciones; y los que han escripto generalmente de los indios, condenándolos en general en este pecado, afirmando que son todos sodométicos, han acargádose en ello y, cierto, son obligados á desdecirse, pues ansí han querido condenar tantas naciones y gentes, que son harto más limpios en esto de lo que yo puedo afirmar. Porque, dejando aparte lo de Puerto Viejo, en todo el Perú no se hallaron estos pecadores, sino como es en cada cabo y en todo lugar uno, ó seis, ó ocho, ó diez, y estos, que de secreto se daban á ser malos; porque los que tenian por sacerdotes en los templos, con quien es fama que en los dias de fiesta se ayuntaban con ellos los señores, no pensaban ellos que cometian maldad ni que hacian pecado, sino por sacrificio y engaño del Demonio se usaba[78]. Y aun que por ventura podria ser que los Incas inorasen que tal cosa en los templos se cometiese; [y] puesto que disimulaban algo, era por no hacerse mal quistos, y con pensar que bastaba que ellos mandasen por todas partes adorar el sol y á los más sus dioses, sin entremeterse en proibir religiones y costumbres antiguas, que es á par de muerte á los que con ellas nascieron quitárselas.

Y aun tambien tenemos por entendido, que antiguamente, ántes que los Incas reinasen, en muchas provincias andaban los hombres como salvajes, y los unos salian á se dar guerra á los otros, y se comian como agora hacen los de la provincia de Arma y otros de sus comarcas; y luego que reinaron los Incas, como gente de gran razon y que tenian santas y justas costumbres y leyes, no solamente ellos no comian aquel manjar, porque de otros muchos ha sido y es muy estimado, pero pusiéronse en quitar tal costumbre á los que con ellos trataban, y de tal manera, que en poco tiempo se olvidó y totalmente se tiró, que en todo su señorío, que era tan grande, no se comian ya de muchos años ántes. Los que agora han sucedido, muestran que en ello les vino beneficio notable de los Incas, por no imitar ellos á sus pasados en comer aqueste manjar, en los sacrificios de hombres y niños.

Publican unos y otros,—que aún, por ventura, algun escriptor destos que de presto se arroja lo escribirá,—que mataban, habia dias de sus fiestas, mill ó dos mill niños y mayor número de indios; y esto y otras cosas son testimonio que nosotros los españoles levantamos á estos indios, queriendo con estas cosas que dellos contamos, encubrir nuestros mayores yerros y justificar los malos tratamientos que de nosotros han recebido. No digo yo que no sacrificaban y que no matavan hombres y niños en los tales sacrificios; pero no era lo que se dice ni con mucho. Animales y de sus ganados sacrificaban, pero criaturas humanas menos de lo que yo pensé, y harto, segund contaré en su lugar.

Así que, tengo sabido por dicho de los orejones antiguos, que estos Incas fueron limpios en este pecado, y que no usaban de otras costumbres malas de comer carne humana, ni andar envueltos en vicios públicos, ni eran desordenados, antes ellos á sí propios se corregian. Y si Dios permitiera que tuvieran quien con celo de chripstiandad, y no con ramo de codicia, en lo pasado les dieran entera noticia de nuestra sagrada religion, era gente en quien bien imprimiera, segund vemos por lo que agora con la buena órden que hay se obra. Pero, dejemos lo que se ha hecho, á Dios, quél sabe por que; y en lo que de aquí adelante se hiciere, supliquémosle nos dé su gracia, para que paguemos en algo á gentes que tanto debemos y que tan poco nos ofendió para haber sido molestados de nosotros, estando el Perú y las demás Indias tantas leguas d'España, y tantos mares en medio.

CAP. XXVI.—De cómo tenian los Incas consejeros y ejecutores de la justicia, y la cuenta que tenian en el tiempo.

Como la ciudad del Cuzco era la más principal de todo el Perú, y en ella residian lo más del tiempo los reyes, tenian en la misma ciudad muchos de los principales del pueblo que eran entre todos los más avisados y entendidos, para sus consejeros; porque todos afirman, que ántes que intentasen cosa ninguna y de importancia, lo comunicaban con estos tales, allegando su parecer á los más votos; y para la gobernacion de la ciudad, y que los caminos estuviesen seguros, y por ninguna parte se hiciesen ningunos insultos ni latrocinios, de los más reputados[79] destos, nombraban para que siempre anduviesen castigando á los que fuesen malos; y para esto, andaban siempre mucho por todas partes. De tal manera entendian los Incas en proveer justicia, que ninguno osaba hacer desaguisado ni hurto. Esto se entiende cuanto á lo tocante á los que andaban hechos ladrones, ó forzaban mujeres, ó conjuraban contra los reyes; porque en lo demás, muchas provincias hobo que tuvieron sus guerras unos con otros, y del todo no pudieron los Incas apartallos dellas.

En el rio que corre junto al Cuzco se hacia la justicia de los que allí se prendian ó de otra parte traian presos, á donde les cortaban las cabezas y les daban muerte de otras maneras, como á ellos les agradaba. Los motines y conjuraciones castigaban mucho, y más que á todos, los que eran ladrones y tenidos ya por tales; los hijos y mujeres de los cuales eran aviltados y tenidos por á rentados entre ellos mismos.

En cosas naturales alcanzaron mucho estos indios, así en el movimiento del sol como en el de la luna; y algunos indios decian habia cuatro cielos grandes, y todos afirman que el asiento y silla del gran Dios Hacedor del mundo es en los cielos. Preguntándoles yo muchas veces si alcanzan quel Mundo se ha de acabar, se ríen; y sobre esto saben poco, y si algo saben, es lo que Dios permite quel Demonio les diga. A todo el Mundo llaman Pacha, conociendo la vuelta quel sol hace, y las crecientes y menguantes de la luna. Contaron el año por ello, al cual llaman guata, y lo hacen de doce lunas, teniendo su cuenta en ello; y usaron de unas torrecillas pequeñas, que agora están muchas por los collados del Cuzco algo cuidadas[80], para por la sombra quel sol hacia en ellas, entender en sementeras y en lo que ellos más sobre esto entienden. Y estos Incas miraban mucho en el cielo y en las señales dél, lo cual tambien pendia de ser ellos tan grandes agoreros. Cuando las estrellas corren, grande es la grita que hacen y el mormullo que unos con otros tienen.

CAP. XXVII.—Que trata la riqueza del templo de Curicancha y de la veneracion que los Incas le tenian.

Concluido con algunas cosas que para mi propósito convienen que se escriban, volveremos luego con grand brevedad á contar la sucesion de los reyes que hobo hasta Guascar; y agora quiero decir del grande, riquísimo y muy nombrado templo de Curicancha, que fué el más principal de todos estos reinos.

Y es público entre los indios, ser este templo tan antiguo como la mesma ciudad del Cuzco; más de que Inca Yupanqui, hijo de Viracocha Inga, lo acrescentó en riquezas y paró tal como estaba cuando los chrisptianos entraron en el Perú; y lo más del tesoro fué llevado á Caxamarca por el rescate de Atahuallpa, como en su lugar diremos. Y dicen los orejones, que despues de haber pasado la dudosa guerra que tuvieron los vecinos del Cuzco con los Chancas, que agora son señores de la provincia de Andaguaylas, que como de aquella vitoria que dellos tuvieron quedase Inca Yupanqui tan estimado y nombrado, de todas partes acudian señores á le servir, haciéndole las provincias grandes servicios de metales de oro y plata; porque, en aquellos tiempos, habia grandes mineros y vetas riquísimas; y viéndose tan rico y poderoso, acordó de ennoblecer la Casa del Sol,—que en su lengua llaman Indeguaxi [Intihuasi], y por otro nombre la llamaban Curicancha, que quiere decir cercado de oro,—y acrecentalla con riqueza. Y por que todos los que esto vieren ó leyeren acaben de conocer cuán rico fué el templo que hobo en el Cuzco y el valor de los que edificaron y en él hicieron tan grandes cosas, porné aquí la memoria dél, segund que yo ví é oí á muchos de los primeros chripstianos que oyeron á los tres[81] que vinieron desde Caxamarca, que [le] habian visto; aunque los indios cuentan tanto dello y tan verdadero, que no es menester otra probanza.

Tenia este templo en circuito más de cuatrocientos pasos, todo cercado de una muralla fuerte, labrado todo el edificio de cantería muy excelente de fina piedra muy bien puesta y asentada, y algunas piedras eran muy grandes y soperbias; no tenian mezcla de tierra ni cal, sino con el betun que ellos suelen hazer sus edificios, y están tan bien labradas estas piedras, que no se le parece mezcla ni juntura ninguna. En toda España no he visto cosa que pueda compararse á estas paredes y postura de piedra, sino la torre que llaman la Calahorra, questá junto con la puente de Córdoba, y á una obra que ví en Toledo, cuando fuí á presentar la Primera parte de mi Corónica al príncipe don Felipe, ques el hospital que mandó hacer el arzobispo de Toledo Tavera[82]; y aunque algo se parecen estos edificios á los que digo, los otros son más primos, digo cuanto á las paredes y á las piedras estár primísimamente labradas y asentadas con tanta sotilidad; y esta cerca estaba derecha y muy bien trazada. La piedra me pareció ser algo negra y tosca y excelentísima[83]. Habia muchas puertas, y las portadas muy bien labradas; á media[84] pared, una cinta de oro de dos palmos de ancho y cuatro dedos de altor. Las portadas y puertas estaban chapadas con planchas de este metal. Más adentro estaban cuatro casas no muy grandes labradas desta manera, y las paredes de dentro y de fuera chapadas de oro, y lo mesmo el enmaderamiento, y la cobertura era paja que servia por teja. Habia dos escaños en aquella pared, en los cuales daba el sol en saliendo, y estaban las piedras sotilmente horadadas y puestas en los agujeros muchas piedras preciosas y esmeraldas. En estos escaños se sentaban los reyes, y si otro lo hacia, tenia pena de muerte.

A las puertas destas casas estaban puestos porteros que tenian cargo de mirar por las vírgenes, que eran muchas hijas de señores principales, las más hermosas y apuestas que se podian hallar; y estaban en el templo hasta ser viejas; y si alguna tenia conocimiento con varon, la mataban ó la enterraban viva, y lo mesmo hacian á él. Estas mujeres eran llamadas mamaconas; no entendian en más de tejer y pintar ropa de lana para servicio del templo y en hacer chicha, que es el vino que hacen, de que siempre tenian llenas grandes vasijas.

En la una destas casas, que era la más rica, estaba la figura del sol, muy grande, hecha de oro, obrada muy primamente, engastonada en muchas piedras ricas; y estaban en aquélla algunos de los bultos de los Incas pasados que habian reinado en el Cuzco, con gran multitud de tesoros.

A la redonda deste templo habia muchas moradas pequeñas de indios questaban diputados para servicio dél, y habia un cercuito donde metian los corderos blancos y los niños y hombres que sacrificaban. Tenian un jardin que los terrones eran pedazos de oro fino, y estaba artificiosamente sembrado de maizales, los cuales eran [de] oro, así las cañas dello como las hojas y mazorcas; y estaban tan bien plantados, que aunque hiciesen recios vientos no se arrancaban. Sin todo esto tenian hechas más de veinte ovejas de oro con sus corderos, y los pastores con sus hondas y cayados, que las guardaban, hechos deste metal. Habia mucha cantidad de tinajas de oro y de plata y esmeraldas, vasos, ollas y todo género de vasijas, todo de oro fino. Por otras paredes tenian esculpidas y pintadas otras mayores cosas. En fin, era uno de los ricos templos que hubo en el mundo.

El gran sacerdote, llamado Vilaoma [Villac Umu], tenia su morada en el templo, y con los sacerdotes hacia los sacrificios ordinarios con grandes supersticiones, segund su costumbre. A las fiestas generales iba el Inca á se hallar presente á los sacrificios, y se hacian grandes fiestas. Habia dentro en la casa y templo más de treinta trojes de plata, en que echaban el maíz, y tenia este templo muchas provincias que contribuian con tributos para su servicio. En algunos dias era visto el Demonio por los sacerdotes, y daba respuestas vanas y conformes á el que las daba.

Otras muchas cosas pudiera decir deste templo, que dejo, porque me parece que basta lo dicho para que se entienda cuán grande cosa fué; porque no trato de la argentería, chaquira, plumaje de oro y otras cosas, que si las escribiera, no fueran creidas. Y, lo que tengo dicho, aún viven chripstianos que vieron la mayor parte dello, que se llevó á Caxamaca para el rescate de Atahualpa; pero mucho escondieron los indios y está perdido y enterrado. Aunque todos los Incas habian adornado este templo, en tiempo de Inca Yupanqui se acrecentó de tal manera, que cuando murió y Tupac-Inca, su hijo, hobo el imperio, quedó en esta perficion.

CAP. XXVIII.—Que trata los templos que sin este se tenian por más principales, y los nombres que tenian.

Muchos fueron los templos que hobo en este reino del Perú, y algunos se tienen por muy antiguos, porque fueron fundados ántes, con muchos tiempos, que los Incas reinasen, así en la serrania de los altos, como en la serrania (así) de los llanos; y reinando los Incas, se edificaron de nuevo otros muchos en donde se hacian sus fiestas é sacrificios. Y porque hacer mencion de los templos que habia en cada provincia en particular, seria cosa muy larga y prolija, determino de contar en este lugar solamente los que tuvieron por más eminentes é principales. Y así, digo, que despues del templo de Curicancha, era la segunda guaca de los Incas el cerro de Guanacaure, que está á vista de la ciudad, y era por ellos muy frecuentado y honrado por lo que algunos dicen quel hermano del primer Inca se convertió en aquel lugar en piedra, al tiempo que salian de Pacaritambo [Pacarec Tampu], como al principio se contó. Y habia en este cerro antiguamente oráculo por donde el maldito Demonio hablaba; y estaba enterrado á la redonda suma de grande tesoro, y en algunos dias se sacrificaban hombres y mujeres, á los cuales, antes que fuesen sacrificados, los sacerdotes les hacian entender que habian de ir á servir [á] aquel Dios que allí adoraban, allá en la gloria que ellos fingian con sus desvaríos que tenian; y así, teniéndolo por cierto los que habian de ser sacrificados, los hombres se ponian muy galanos y ataviados con sus ropas de lana fina, y llautos de oro, y patenas, y brazaletes, y sus oxotas con sus correas de oro; y despues de haber oido el parlamento que los mentirosos de los sacerdotes les hacian, les daban á beber mucho de su chicha con grandes vasos de oro, y solenizaban [con] cantares el sacrificio, publicando en ellos, que, por servir á sus dioses, ofrecian sus vidas de tal suerte, teniendo por alegre recebir en su lugar la muerte. Y habiendo bien endechado estas cosas, eran ahogados por los ministros, y puestos en los hombros sus quipes[85] de oro y un jarrillo de lo mesmo en la mano, los enterraban á la redonda del oráculo, en sus sepulturas. Y á estos tales tenian por santos canonizados entre ellos, creyendo sin duda ninguna que estaban en el cielo sirviendo á su Guanacaure. Las mujeres que sacrificaban iban vestidas asimismo ricamente con sus ropas finas de colores y de pluma, y sus topos de oro, y sus cucharas, y escudillas y platos, todo de oro; y así aderezadas, despues que han bien bebido, las ahogaban y enterraban, creyendo, ellas y los que las mataban, que iban á servir á su diablo ó Guanacaure. Y hacíanse grandes bailes y cantares, cuando se hacian semejantes sacrificios questos. Tenian este ídolo, donde estaba el oráculo, con sus chácaras, yanaconas, y ganados, y mamaconas, y sacerdotes que se aprovechaban de lo más dello.

El tercero oráculo y guaca de los Incas era el templo de Vilcanota, bien nombrado en estos reinos, y á donde, permitiéndolo nuestro Dios y Señor, el Demonio tuvo grandes tiempos poder grande y hablaba por boca de los falsos sacerdotes, que para servicio de los ídolos en él estaban. Y estaba este templo de Vilcanota poco más de veinte leguas del Cuzco, junto al pueblo de Chungara; y fué muy venerado y estimado y que se ofrecieron muchos dones y presentes, así por los Incas y señores, como por los ricos hombres de las comarcas [de] donde venian á sacrificar; y tenia sus sacerdotes y mamaconas y sementeras, y casi cada año se hacian en este templo ofrendas de la capacocha, que es lo que luego diré. Dábase grande crédito á lo que el Demonio decia por sus respuestas, y á tiempos, se hacian grandes sacrificios de aves y ganados y otros animales.

El cuarto templo estimado y frecuentado por los Incas y naturales de las provincias, fué la guaca de Ancocagua, donde tambien habia oráculo muy antiguo y tenido en gran veneracion. Estaba pegado con la provincia de Hátun Cana, y á tiempos iban de muchas partes con grand veneracion á este demonio á oir sus vanas respuestas; y habia en él grand suma de tesoros, porque los Incas y todos los demás los ponian allí. Y dícese tambien, que sin los muchos animales que sacrificaban á este diablo, que ellos tenian por dios, hacian lo mesmo de algunos indios é indias, así y como conté que se usaba en el cerro de Guanacaure. Y que hobiese en este templo la riqueza que se dice, tiénese por verdad, porque despues de haber los españoles ganado al Cuzco con más de tres años, y haber los sacerdotes y caciques alzado los grandes tesoros que todos estos templos tenian, oí decir que un español llamado Diego Rodríguez Elemosin (así) sacó desta guaca más de treinta mill pesos de oro; y sin esto se ha hallado más, y todavía hay noticia de haber enterrado grandísima cantidad de plata y oro en partes que no hay quien lo sepa, si Dios no, y nunca se sacarán si no fuera acaso ó de ventura.

Sin estos templos, se tuvo otro por tan estimado y frecuentado como ellos, y más, que habia por nombre la Coropuna, que es en la provincia de Condesuyo, en un cerro muy grande cubierto á la contina de nieve que de invierno y de verano no se quita jamás. Y los reyes del Perú con los más principales dél visitaban este templo, haciendo presentes y ofrendas como á los ya dichos; y tiénese por muy cierto, que de los dones y capacocha que á este templo se le hizo, habia muchas cargas de oro y plata y pedrería enterrado en partes que dello no se sabe, y los indios escondieron otra suma grande que estaba para servicio del ídolo y de los sacerdotes y mamaconas, que tambien tenia muchos el templo[86]; y como haya tan grandes nieves, no suben á lo alto, ni saben atinar á donde están tan grandes tesoros. Mucho ganado tenia este templo, y chácaras y servicio de indios y mamaconas. Siempre habia en él gente de muchas partes, y el Demonio hablaba aquí más sueltamente que en los oráculos dichos, porque á la contina daba mill respuestas, y no á tiempos, como los otros. Y áun agora en este tiempo, por algun secreto de Dios, se dice que andan por aquella parte diablos visiblemente, que los indios los ven y dellos reciben grand temor. Y á chrisptianos he yo oido que han visto los mesmos en figura de indios y aparecérseles y desaparecérseles en breve espacio de tiempo. Algunas veces sacrificaban mucho en este oráculo, y así mataban muchos ganados y aves, y algunos hombres y mujeres.

Sin estos oráculos, habia el de Aperahua, en donde por el troncon de un árbol respondia el oráculo, y que junto á él se halló cantidad de oro; y el de Pachacama, ques de los Yuncas, y otros muchos, así en la comarca de Andesuyo, como en la de Chinchasuyo y Omasuyo, y otras partes deste reino, de los cuales pudiera decir algo más; mas, pues que lo dije en la Primera parte[87], que trata de las fundaciones, no trataré desto más que de los oráculos, los que tenian más devocion todos los Incas con las demás naciones, sacrificaban algunos hombres y mujeres y mucho ganado; y á donde no habia este crédito, no derramaban sangre humana ni mataban hombres, sino ofrecian oro y plata. A las guacas que tenian en ménos, que eran como ermitas, ofrecian chaquira y plumas y otras cosas menudas y de poco valor. Esto digo, porque la opinion que los españoles tenemos en afirmar que en todos los templos sacrificaban hombres, es falsa; y esto es la verdad segund lo que yo alcancé, sin tirar ni poner más de lo que yo entendí y para mí tengo por cierto.

CAP. XXIX.—De cómo se hacia la Capaccocha y cuánto se usó entre los Incas, lo cual se entiende dones y ofrendas que hacian á sus ídolos.

En este lugar entra bien, para que se entienda, lo de la capaccocha, pues todo era tocante al servicio de los templos ya dichos y de otros; y por noticia que se tiene de indios viejos que son vivos y vieron lo que sobre esto pasaba, escribiré lo que de ello tengo entendido que es verdad. Y así, dicen que se tenia por costumbre en el Cuzco, por los reyes, que cada año hacian venir á aquella ciudad á todas las estatuas[88] y bultos de los ídolos que estaban en las guacas, que eran los templos donde ellos adoraban; las cuales eran traidas con mucha veneracion por los sacerdotes y camayos dellas, ques nombre de guardianes; y como entrasen en la ciudad, eran recebidas con grandes fiestas y procesiones y aposentadas en los lugares que para aquello estaban señalados y establecidos; y habiendo venido de las comarcas de la ciudad, y áun de la mayor parte de las provincias, número grande de gente, así hombres como mujeres, el que reinaba, acompañado de todos los Incas y orejones, cortesanos y principales de la ciudad, entendian en hacer grandes fiestas y borracheras y táquis.

Ponian en la plaza del Cuzco la gran maroma de oro que la cercaba toda, y tantas riquezas y pedrería, cuanto se puede pensar por lo que se ha escripto de los tesoros questos reyes poseian; lo cual pasado, se entendia en lo que todos los años por ellos se usaba, que era, questas estátuas y bultos y sacerdotes se juntaban para saber por boca dellos el suceso del año, si habia de ser fértil, ó si habia de haber esterilidad; si el Inca tenia larga vida, ó si por caso moriria en aquel año; si habian de venir enemigos por algunas partes, ó si algunos de los pacíficos se habian de revelar. En conclusion, eran repreguntados destas cosas y de otras mayores y menores que va poco desmenuzarlas; porque tambien preguntaban si habria peste, ó si vernia alguna morriña para el ganado, y si habria mucho multiplico dél. Y esto se hacia y preguntaba, no á todos los oráculos juntos, sino á cada uno por sí; y si todos los años los Incas no hacian esto, andaban muy recatados y vivian descontentos y muy temerosos, y no tenian sus vidas por seguras.

Y así, alegrado al pueblo y hechas sus solenes borracheras y banquetes y grandes táquis y otras fiestas que ellos usan, diferente en todo á las nuestras, en que los Incas están con gran triunfo y á su costa se hacen los convites, en que habia suma de grandes tinajas de oro y plata, y vasos de otras cosas, porque todo el servicio de su cocina, hasta las ollas y vasos de servicio, era de oro y plata;—mandaban á los que para aquello estaban señalados y tenian las veces del Gran Sacerdote, que tambien estaba presente á estas fiestas con tan grand pompa y triunfo como el mesmo rey, acompañado de los sacerdotes y mamaconas que allí se habian juntado,—que hiciesen á cada ídolo su pregunta destas cosas, el cual respondia por boca de los sacerdotes que tenian cargo de su bulto; y éstos, como estaban bien beodos, adivinaban lo que más vian que hacia al gusto de los que preguntaban, inventando por ellos y por el diablo, questaba en aquellas estátuas. Y hechas las preguntas á cada ídolo, por ser los sacerdotes tan astutos en maldades, pedian algund término para responder, para que con más devocion y crédito dellos oyesen sus desvarios; porque decian que querian hacer sus sacrificios, para que estando gratos á los altos dioses suyos, fuesen servidos de responder lo que habia de ser; y así, eran traidos muchos animales de ovejas y corderos, y cuis y aves, que pasaba el número de más de dos mill corderos y ovejas; y estos eran degollados, haciendo sus exorcismos diabólicos y sacrificios vanos á su costumbre; y luego denunciaban lo que soñaban ó lo que fingian, ó por ventura lo que el diablo les decia; y al dar de las respuestas, teníase gran cuenta en mirar lo que decian y cuantos dellos conformaban en un dicho ó suceso de bien ó de mal; y así hacian con las demás respuestas, para ver cuál decia verdad y acertaba lo que habia de ser en el dicho año.

Esto hecho, luego salian los limosneros de los reyes con las ofrendas que ellos llaman capaccocha, y juntándose la limosna general, eran vueltos los ídolos á los templos; y si pasado el año habian acaso acertado alguno de aquellos soñadores, alegremente mandaba el Inca que lo fuese de su casa.

La capaccocha, como digo, era ofrenda que se pagaba en lugar de diezmo á los templos, de muchos vasos de oro y plata y de otras piezas y piedras, y cargas de mantas ricas, y mucho ganado. Y á las que habian salido inciertas y mentirosas, no les daban el año venidero ninguna ofrenda, ántes perdian reputacion. Y para hacer esto, se hacian grandes cosas en el Cuzco, mucho más de lo que yo escribo. Y agora, despues de fundada la Audiencia y haberse ido Gasca á España[89], entre algunas cosas que se trataban en ciertos pleitos, se hacia mencion de esta capaccocha; y ello y todo lo demás que hemos escripto es cierto que se hacia y usaba. Y contemos agora de la gran fiesta de Hátun Raimi[90].

CAP. XXX.—De cómo se hacían grandes fiestas y sacrificios á la grande y solene fiesta llamada Hátun Raimi.

Muchas fiestas tenian en el año los Incas, en las cuales hacian grandes sacrificios conforme á la costumbre dellos, y ponerlas todas en particular, era menester hacer de solo ello un volúmen; y tambien hacen poco al caso y ántes conviene que no se trate de contar los desvaríos y hechicerías que en ellas se hacian, por algunas causas; y solamente porné la fiesta de Hátun Raimi[91], porque es muy nombrada. En muchas provincias se guardaba, y era la principal de todo el año y en que más los Incas se regocijaban, y más sacrificios se hacian; y esta fiesta celebraban por fin de agosto, cuando ya habian cogido sus maices, papas, quinua[92], oca[93], y las demás semillas que siembran. Y llaman á esta fiesta, como he dicho, Hátun Raimi, que en nuestra lengua quiere decir fiesta muy solene, porque en ella se habian de rendir gracias y loores al gran Dios hacedor de los cielos y la tierra, á quien llamaban, como muchas veces he dicho, Ticiviracocha, y al Sol, y á la Luna, y á los otros dioses suyos, por les haber dado buen año de cosechas para su mantenimiento. Y para celebrar esta fiesta con mayor devocion y solenidad, se dice que ayunaban diez ó doce dias, abstiniéndose de comer demasiado y no dormir con sus mugeres, y beber solamente por la mañana, que es cuando ellos comen, chicha, y despues, en el dia, tan solamente agua, y no comer ají, ni traer cosa en la boca, y otras cirimonias que entre ellos se guardaban en semejantes ayunos. Lo cual pasado, habian traido al Cuzco mucha suma de corderos, y de ovejas, y de palomas y cuis, y otras aves y animales, los cuales mataban para hacer el sacrificio; y habiendo degollado la multitud del ganado, untaban con la sangre dellos las estátuas y figuras de sus dioses, ó diablos, y las puertas de los templos y oráculos, á donde colgaban las asaduras; y despues de estar un rato, los agoreros y adivinos miraban en los livianos sus señales, como los gentiles, anunciando lo que se les antojaban, á lo cual daban mucho crédito.

Y acabado el sacrificio, el grand sacerdote con los demás sacerdotes iban al templo del sol, y despues de haber dicho sus salmos malditos, mandaban salir á las vírgenes mamaconas arreadas ricamente y con mucha multitud de chicha quellas tenian hecha, y entre todos los que se hallaban en la gran ciudad del Cuzco se comian los ganados y aves que para el sacrificio vano se habian muerto, y bebian de aquella chicha, que tenian por sagrada, dándosela á beber en grandes vasos de oro, y estando ella en tinajas de plata de las muchas que habia en el templo.

Y habiendo comido y muchas veces bebido, estando, así el rey como el grand sacerdote, como todos los demás, bien alegres y calientes dello, siendo poco mas de mediodia, se ponian en órden y comenzaban los hombres á cantar con voz alta los villancicos y romances que para semejantes dias por sus mayores fué inventado, que todo era dar gracias á sus dioses, prometiendo de servir los beneficios recebidos. Y para esto tenian muchos atabales de oro engastonados algunos en pedreria, los cuales les tañian[94] sus mujeres, que juntamente con las mamaconas sagradas les ayudaban á cantar.

Y en mitad de la plaza tenian puesto, á lo que dicen, un teatro grande con sus gradas, muy adornado con paños de plumas llenos de chaquira de oro, y mantas grandes riquísimas de su tan fina lana, sembrados de argenteria de oro y de pedreria. En lo alto de este trono ponian la figura de su Ticiviracocha, grande y rica; al cual, como ellos tenian por Dios soberano hacedor de lo criado, lo ponian en lo más alto y le daban el lugar más eminente; y todos los sacerdotes estaban junto á él; y el Inca con los principales y gente común le iban á mochár, tirándose los alpargates, descalzos, con grand humildad; y encogian los hombros y, hinchando los carrillos, soplaban hácia él, haciendo la mocha, que es como decir reverencia.

Abajo deste trono se tenia la figura del sol, que no oso afirmar de lo que era hecha, y tambien ponian la de la luna y otros bultos de dioses esculpidos en palos y en piedras; y crean los letores, que tenemos por muy cierto, que ni en Jerusalem, Roma, ni en Persia, ni en ninguna parte del mundo, por ninguna república ni rey dél se juntaba en un lugar tanta riqueza de metales de oro y plata y pedreria como en esta plaza del Cuzco, cuando estas fiestas y otras semejantes se hacian; porque eran sacados los bultos de los Incas, reyes suyos, ya muertos, cada uno con su servicio y aparato de oro y plata que tenian, digo los que habiendo sido en vida buenos y valerosos, piadosos con los indios, generosos en les hacer mercedes, perdonadores de injurias; porque á estos tales canonizaba su ceguedad por sanctos, y honraban sus huesos, sin entender que las animas ardian en los infiernos, y creían questaban en el cielo. Y lo mesmo era de algunos otros orejones ó de otra nacion, que por algunas causas que en su gentilidad hallaban, los llamaban tambien sanctos. Y llaman ellos á esta manera de canonizar ylla, que quiere decir cuerpo del que fué bueno en la vida[95]; y en otro entendimiento, yllapa significa trueno ó relámpago; y asi llaman los indios á los tiros de artilleria yllapa, por el estruendo que hace[96].

Pues juntos el Inca y el grand sacerdote con los cortesanos del Cuzco y mucha gente que venia de las comarcas, teniendo sus dioses puestos en tálamo, los mochaban, que es hacerles reverencia, lo que ellos usaban ofreciéndoles muchos dones de ídolos de oro pequeños y ovejas de oro, y figuras de mujeres, todo pequeño, y otras muchas[97] joyas. Y estaban en esta fiesta de Hátun Raimi quince ó veinte dias, en los cuales se hacian grandes táquis y borracheras y otras fiestas á su usanza; lo cual pasado, daban fin al sacrificio, metiendo los bultos de los ídolos en los templos, y los de los Incas muertos en sus casas.

El sacerdote mayor tenia aquella dignidad por su vida, y era casado, y era tan estimado, que competia en razones con el Inca, y tenia poder sobre todos los oráculos y templos, y quitaba y ponia sacerdotes. El Inca y él jugaban muchas veces á sus juegos, y eran estos tales de grand linaje y de parientes poderosos, y no daban la tal dignidad á hombres bajos ni oscuros, aunque tuviesen mucho merecimiento.—Nobles se llaman todos los que vivian en la parte del Cuzco, que llamaban orencuzcos y anancuzcos[98], y los hijos descendientes dellos, aunque en otras partes residiesen en otras tierras. Yo me acuerdo, estando en el Cuzco el año pasado de mill quinientos y cincuenta por el mes de agosto, despues de haber cogido sus sementeras, entrar los indios con sus mugeres por la ciudad con gran ruido, trayendo los arados en las manos y algunas pajas y maíz, hacer fiesta en solamente cantar y decir cuanto en lo pasado solian festejar sus cosechas. E porque no consienten los apos[99] y sacerdotes questas fiestas gentílicas se hagan en público, como solian, ni en secreto lo consintirian, si lo supiesen; pero como haya tantos millares de indios sin se haber vuelto chripstianos, de creer es, que, en donde no los vean, harán lo que se les antojare. La figura de Ticiviracocha, y la del sol y la luna, y la maroma grande de oro, y otras piezas conocidas, no se han hallado, ni hay indio, ni chripstiano que sepa ni atine á dónde están[100]; pero aunque mucho, esto es poco para lo que está enterrado en el Cuzco y en los oráculos y en otras partes deste grand reino.

CAP. XXXI.—Del segundo rey ó Inca que hobo en el Cuzco, llamado Sinchi Roca. [101]

Pues con la más brevedad que pude escribí lo que entendí de la gobernacion y costumbre de los Incas, quiero volver con mi escriptura á contar lo que hobo desde Manco Capac hasta Guascar, como atrás prometí. Y así, deste como de otros no dan mucha noticia los orejones, porque, á la verdad, hicieron pocas cosas; porque los inventores de lo escripto y los más valerosos de todos ellos, fueron Inca Iupanqui y Tupac Inca, su hijo, y Guayna Capac su nieto; aunque tambien lo debe causar la razon, que ya tengo escripta, de ser éstos los más modernos.

Luego, pues, que fué muerto Manco Capac y hechos por él los lloros generales y osequias, Sinchi Roca Inca toma la borla ó corona con las cirimonias acostumbradas, procurando luego de alargar la casa del sol y allegar á sí la más gente que pudo con halagos y grandes ofrecimientos, llamando, como ya se llamaba á la nueva poblacion, Cuzco. Y algunos de los indios naturales dél afirman, que á donde estaba la grande plaza, ques la misma que agora tiene, habia un pequeño lago y tremedal de agua que les era dificultoso para el labrar los edificios grandes que querian comenzar y edificar; mas, como esto fuese conocido por el rey Sinchi Roca[102], procura con ayuda de sus aliados y vecinos deshacer aquel palude, cegándolo con grandes losas y maderos gruesos, allanando por encima donde el agua solia estar, de tal manera, que quedó como agora lo vemos. Y aún cuentan más, que todo el valle del Cuzco era estéril y jamás daba buen fruto la tierra dél de lo que sembraron, y que de dentro de la grand montaña de los Andes trajeron muchos millares de cargas de tierra, la cual tendieron por todo él; con lo cual, si es verdad, quedó el valle muy fértil, como agora lo vemos.

Este Inca hobo en su hermana y mujer muchos hijos: al mayor nombraron Lloque Yupanqui[103]. Y visto por los comarcanos al Cuzco la buena órden que tenian los nuevos pobladores que en él estaban, y cómo traian á su amistad las gentes más por amor y binivolencia que no por armas ni rigor, algunos capitanes y principales vinieron á con ellos tener sus pláticas, holgándose de ver el templo de Curicancha y la buena órden con que se regian; que fué causa que firmaron con ellos amistades de muchas partes. Y dicen más, que como hobiesen venido al Cuzco, entre estos que digo, un capitan del pueblo que llaman Zañu[104], no muy léjos de la ciudad, que rogó á Sinchi Roca[105], con gran veemencia que en ello puso, que tuviese por bien que una hija que él tenia muy apuesta y hermosa, la quisiese recibir para darla por mujer á su hijo. Entendido esto por el Inca, pesóle, porque era lo que se le pedia cosa, que si lo otorgaba, iba contra lo establecido y ordenado por su padre, y si no concedia al dicho deste capitan, quél y los demás los tenian por hombres inhumanos, publicando que no eran más de para sí. Y habiendo tomado consejo con los orejones y principales de la ciudad, paresció á todos que debia de recibir la doncella para la casar con su hijo, porque hasta que tuviesen más fuerza y potencia, no se habian de guiar en aquel caso por lo que su padre dejó mandado. Y así, dicen que respondió al padre de la que habia de ser mujer de su hijo, que la trajiesen; y se hicieron las bodas con toda solenidad, á su costumbre é modo, y fué llamada en el Cuzco Coya; y una hija que tenia el rey, que habia de ser mujer de su hermano, fué colocada en el templo de Curicancha, á donde ya habian puesto sacerdotes y se hacian sacrificios delante de la figura del sol, y habia porteros para guarda de las mujeres sagradas de la manera y como está contado. Y como este casamiento se hizo, cuentan los mismos indios que aquella parcialidad se juntó con los vecinos del Cuzco, y haciendo grandes convites y borracheras, confirmaron su hermandad y amistad de ser todos unos; y por ello se hicieron grandes sacrificios en el cerro de Guanacaure y en Tampuquiro y en el mesmo templo de Curicancha. Lo cual pasado, se juntaron más de cuatro mill mancebos, y hechas las cirimonias que para ello se habian inventado, fueron armados caballeros y quedaron tenidos por nobles, y les fueron rasgadas las orejas y puestos en ellas aquel redondo que usar solian.

Pasado esto y otras cosas que sucedieron al rey Sinchi Roca, que no sabemos, despues de ser viejo y de dejar muchos hijos y hijas, murió y fué muy llorado y plañido, y le hicieron osequias muy suntuosas, guardando su bulto para memoria que habia sido bueno, creyendo que su ánima descansaba en los cielos.

CAP. XXXII.—Del tercero rey que hubo en el Cuzco, llamado Lloque Yupanqui.

Muerto, de la manera que se ha contado, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui, su hijo, fué recebido por Señor, habiendo primero ayunado los dias para ello señalados; y como por sus adivinanzas y pensamientos se tuviese grande esperanza que en lo futuro la ciudad del Cuzco habia de florescer, el nuevo rey comenzó á la ennoblecer con nuevos edificios que en ella fueron hechos, y rogó, á lo que cuentan, á su suegro, quisiese con todos sus aliados y confederados pasarse á vivir á su ciudad, á donde le seria guardado su honor y en ella ternia la parte que quisiese. Y el señor ó capitan de Zañu[106] haciéndolo asi, se le dió y señaló para su vivienda la parte más occidental de la ciudad, la cual, por estar en laderas y collados, se llamó Anancuzco; y en lo llano y mas bajo, quedóse el rey con su casa y vecindad; y como ya todos eran orejones, ques tanto como decir nobles, y casi todos ellos hobiesen sido en fundar la nueva ciudad, tuviéronse siempre por ilustres las gentes que vivian en los dos lugares de la ciudad, llamados Anancuzco y Orencuzco. Y aun algunos indios quisieron decir que el un Inca habia de ser de uno destos linajes, y otro del otro; mas no le tengo por cierto, ni que es mas de lo que los orejones cuentan, que es lo que ya está escripto. Por una parte y por otra de la ciudad habia grandes barrios en los collados, porque ella estaba atrazada en cerros y quebradas, como se contó en la Primera parte desta Corónica[107].

No dan relacion que en estos tiempos hobiese guerra notable; ántes afirman, que los del Cuzco, poco á poco, con buenas mañas que para ello tenian, allegaban á su amistad muchas gentes de las comarcas de su ciudad y acrescentaban el templo de Curicancha, así en edificios como en riqueza; que ya buscaban metales de plata y oro, y dello venia mucho á la ciudad al tianquez[108] ó mercado que en ella se hacia; y metíanse en el templo mujeres para no salir dél, segund y como está dicho en otros lugares.

Y reinando desta manera Lloque Yupanqui en el Cuzco, pasándosele lo mas de su tiempo, allegó á ser muy viejo, sin haber hijo en su mujer. Mostrando mucho pesar dello los vecinos de la ciudad, hicieron grandes sacrificios y plegarias á sus dioses, así en Guanacaure como en Curicancha, y en Tamboquiro; y dicen que por uno de aquellos oráculos donde iban [por] respuestas vanas, oyeron que el Inca engendraria hijo que le sucediese en el reino; de lo cual mostraron mucho contento, y alegres con la esperanza, ponian al viejo rey encima de su mujer la Coya, y con tales burlas, á cabo de algunos dias, claramente se conoció estar preñada, y á su tiempo parió un hijo.

Lloque Yupanqui murió, mandando primero que la borla ó corona del imperio fuese puesta y depositada en el templo de Curicancha, hasta que su hijo tuviese edad para reinar, al cual pusieron por nombre Mayta Capac; y por gobernadores dicen que dejó á dos de sus hermanos, los nombres de los cuales no entendí.

Muerto el Inca Yupanqui, fué llorado por todos los criados de su casa, y en muchas partes de la ciudad, conforme á la ceguedad que tenian, se mataron muchas mujeres y muchachos, con pensar que le habian de ir á servir al cielo, donde ya tenian por cierto que su ánima estaba; y santificándole por sancto, mandaron los mayores de la ciudad que fuese hecho bulto para sacar á las fiestas que se hiciesen. Y cierto, grande es el preparamiento que se hacia para enterrar á uno de estos reyes, y generalmente en todas las provincias le lloraban, y en muchas dellas se tresquilaban las mujeres, ciñéndose sogas de esparto; y al cabo del año se hacian unas lamentaciones y sacrificios gentílicos, mucho más de lo que se puede pensar. Y esto, los que se hallaron en el Cuzco el año de mill quinientos y cincuenta, verian lo que allí pasó sobre las honras de Paulo[109], cuando le hicieron su cabo de año; que fué tanto, que las más de las dueñas de la ciudad subieron á su casa á lo ver; y yo me hallé presente, y cierto era para concebir admiracion. Y háse de entender que era aquello nada en comparacion de lo pasado. Y diré agora de Mayta Capac.

CAP. XXXIII.—Del cuarto Inca que hobo en el Cuzco, llamado Mayta Capac y de lo que pasó en el tiempo de su reinado.

Pasado, pues, lo que se ha escripto, Mayta Capac, se fué haciendo grande; el cual, despues de haber hecho las cirimonias que se requerian, le fueron abiertas las orejas; y siendo más hombre, en presencia de muchas gentes, así naturales como extranjeros, que para ello se juntaron, rescebió la corona ó borla del imperio; é porque no tenia hermana con quien casar, tomó por mujer á una hija de un[110] señorete ó capitan del pueblo de Oma, que estaba del[111] Cuzco hasta dos leguas; la cual por nombre habia Mama Cahua Pata.

Hechas las bodas, estaba un barrio cerca de la ciudad, donde vivia un linaje de gente á quien llamaban Alcaviquiza[112], y estos no habian querido tener amistad con los del Cuzco ninguna, y estando llenos de sospechas unos de otros, dicen que yendo á tomar agua una muger del Cuzco á ciertas fuentes que por allí estaban, salió un muchacho del otro barrio y le quebró el cántaro y habló no sé qué palabras; la cual, dando gritos, volvió al Cuzco; y como estos indios son tan alharaquientos, salieron luego con sus armas contra los otros, que tambien habian tomado las suyas al ruido que oian, para ver en lo que paraba el negocio; y llegando el Inca con su gente cerca, se pusieron en órden de pelea, habiendo tomado por achaque cosa tan liviana como entre la india y muchacho habia pasado, para querer sojuzgar los de aquel linaje ó que la memoria dellos se perdiese.

Y esto por los de Alcaviquiza bien era entendido; y como hombres de valor, salieron á la batalla con grand denuedo, que fué la primera que se dió en aquellos tiempos, y pelearon gran rato así los unos como los otros, porque habiendo sido el caso tan súpito, no habian podido allegar favores ni buscar ayudas los de Alcaviquiza; los cuales, aunque mucho pelearon, fueron vencidos despues de ser muertos todos los más, que casi no escaparon cincuenta con la vida. Y luego el rey Mayta Capac, tomando posesion en los campos y heredades de los muertos, usando de vencedor, lo repartió todo por los vecinos del Cuzco, y se hicieron grandes fiestas por la vitoria, yendo todos á sacrificar á los oráculos que tenian por sagrados.

Deste Inca no cuentan los orejones más de que Mayta Capac reynó en el Cuzco algunos años; y estando allegando gente para salir á lo que llaman Condesuyo, le vino tal enfermedad, que hobo de morir, dejando por su heredero al hijo mayor, llamado Capac Yupanqui.