CAP. IX.—En que se da aviso al lector de la causa porquel autor, dejando de proseguir con la sucesion de los reyes, quiso contar el gobierno que tuvieron, y sus leyes, costumbres qué tales fueron.

Aunque pudiera escribir lo que pasó en el reinado de Sinchi Roca Inca[31], hijo que fué de Manco Capac, fundador del Cuzco, en este lugar, lo dejé, pareciéndome quen lo de adelante habria confusion para saber por entero la manera que se tuvo en la gobernacion destos señores, porque unos ordenaron unas leyes y otros otras, y así, pusieron unos los mitimaes y otros las guarniciones de gente de guerra en los lugares establecidos en el reino para la defensa dél; y porque son todas cosas grandes y dignas de memoria, y para que las repúblicas que se rigen por grandes letrados y varones, desto tomen aviso, y unos y otros conciban admiracion, considerando que pues en gente bárbara y que no tuvo letras se halló lo que de cierto sabemos que hobo, así en lo del gobierno como en sojuzgar las tierras y naciones, porque debajo de una monarquía obedesciesen á un Señor que sólo fuese soberano y digno para reinar en el imperio que los Incas tuvieron, que fueron más de mill é doscientas leguas de costas; así, por no variar en decir que unos dicen que ciertos dellos constituyeron lo uno, y otros lo otro, en lo cual muchos naturales varian, pondré en este lugar lo que yo entendí y tengo por cierto, conforme á la relacion que dello tomé en la ciudad del Cuzco y de las reliquias que vemos haber quedado destas cosas todos los que en el Perú habemos andado. Y no parezca á los letores que en tomar esta órden salgo de la que al libro conviene que lleve; para que ellos con más claridad lo entiendan se pone, como declaro; y esto haré con gran brevedad, sin querer ocuparme en contar cosas menudas, de que siempre huyo, y así, con ella misma proseguiré en tratar el reynado de los Incas y la sucesion dellos, hasta que con la muerte de Huascar y entrada de los españoles se acabó. Y quiero que sepan los que esto leyeren, que entre todos los Incas, que fueron once, tres salieron entre ellos bastantísimos para la gobernacion de su señorío, que cuentan y no acaban los orejones de loarlos; y estos no se parescieron en las condiciones tanto como en el juicio; los cuales son Huayna Capac, Tupac Inca Yupanqui, su padre, é Inca Yupanqui, padre del uno y agüelo del otro. Y tambien se puede presumir, que como estos fuesen tan modernos, que está el reyno lleno de indios que conocieron á Tupac Inca Yupanqui, y con él anduvieron en las guerras, y á sus padres oyeron lo que Inca Yupanqui hizo en el tiempo de su reinado, podria ser destas cosas, vistas[32] casi por los ojos, tener más lumbre para las poder contar, y lo sucedido á los otros señores, sus proxinitores, haberse dello mucho olvidado. Aunque, cierto, para lo tener en la memoria, y que no se pierda en muchos años, tienen grande aviso, para no tener letras, que estas ya tengo escripto en la primera parte desta Crónica[33], cómo no se han hallado en todo este reino, ni áun en todo este orbe de las Indias. Y con tanto prosigamos lo comenzado.

CAP. X.—De cómo el Señor, despues de tomada la borla del reino, se casaba con su hermana la Coya, ques nombre de reyna; y cómo era permitido tener muchas mugeres, salvo que, entre todas, sólo la Coya era la legítima y más principal.

Conté brevemente en los capítulos pasados cómo los que habian de ser nobles se armaban caballeros, y tambien las cirimonias que se hacian en el tiempo que los Incas se coronaban por reyes, tomando la corona, que es la borla que hasta los ojos les caia; y fué por ellos ordenado, quel que hobiese de ser rey, tomase á su hermana, hija legítima de su padre y madre, por muger, para que la sucesion del reino fuese por esta vía confirmada en la casa real, pareciéndoles por esta manera, que aunque la tal muger, hermana del rey, de su cuerpo no fuese casta, y, usando con algun hombre, dél quedase preñada, era el hijo que nasciese della y no de muger extraña; porque tambien miraban, que aunque el Inca se casase con muger generosa, queriendo, podia hacer lo mismo y concibir con adulterio, de tal manera, que no siendo entendido, fuese tenido por hijo del señor y natural marido suyo. Por estas cosas, ó porque les paresció á los que lo ordenaron que convenia, era ley entre los Incas que el señor que entre todos quedaba por emperador, tornase á su hermana por muger, la cual tenia por nombre Coya, ques nombre de reyna, y que ninguna se lo llamaba,—como cuando un rey de España casa con alguna princesa que tiene su nombre propio, y entrando en su reyno, es llamada reyna, así llaman las que lo eran del Cuzco, Coya. Y si acaso el que habia de ser tenido por señor no tenia hermana carnal, era permitido que casase con la señora más ilustre que hobiese, para que fuese entre todas sus mugeres tenida por la más principal; porquestos señores, no habia ninguno dellos que no tuviese más de setecientas mugeres para servicio de su casa y para sus pasatiempos; y así, todos ellos tuvieron muchos hijos que habian en éstas que tenian por mugeres ó mancebas, y eran bien tratadas por él y estimadas de los indios naturales; y aposentado el rey en su palacio, ó por donde quier que iba, eran miradas y guardadas todas por los porteros y camayos, ques nombre de guardianes; y si alguna usaba con varon, era castigada con pena de muerte, dándole á él la misma pena. Los hijos que los señores habian en estas mugeres, despues que eran hombres, mandábanles proveer de campos y heredades, que ellos llaman chácaras, y que de los depósitos ordinarios les diesen ropas y otras cosas para su aprovechamiento, porque no querian dar señorío á estos tales, porque en habiendo alguna turbacion en el reyno, no quisiesen intentar de quedarse con él con la presuncion de ser hijos del rey. Y así, ninguno tuvo mando sobre provincia, aunque, cuando salian á las guerras y conquistas, muchos dellos eran capitanes y preferidos á los que iban en los reales; y el señor natural que heredaba el reyno los favorescia, puesto que si urdian algun levantamiento, eran castigados cruelísimamente; y ninguno dellos hablaba con el rey, aunque más su hermano fuese, que primero no pusiese en su cerviz carga liviana y fuese descalzo, como todos los demás del reyno, á le hablar.

CAP. XI.—Cómo se usó entre los Incas que del Inca que hobiese sido valeroso, que hobiese ensanchado el reyno ó hecho otra cosa digna de memoria, la hobiese dél en sus cantares y en los bultos; y no siendo sino remisio y cobarde, se mandaba que se tratase poco dél.

Entendí, quando en el Cuzco estuve[34], que fué uso entre los reyes Incas, que el rey que entre ellos era llamado Inca, luego como era muerto, se hacian los lloros generales y continos, y se hacian los otros sacrificios grandes, conforme á su religion y costumbre; lo cual pasado, entre los más ancianos del pueblo se trataba sobre qué tal habia sido la vida y costumbres de su rey ya muerto, y qué habia aprovechado á la república, ó qué batalla habia vencido que dado se hobiese contra los enemigos; y tratadas estas cosas entre ellos, y otras que no entendemos, por entero, se determinaban, si el rey difunto habia sido tan venturoso que dél quedase loable fama, para que por su valentía y buen gobierno meresçiese que para siempre quedase entre ellos, mandaban llamar los grandes quiposcamayos, donde las cuentas se fenescen y sabian dar razon de las cosas que sucedido habian en el reyno, para que estos lo comunicasen con otros quentrellos, siendo escogidos por más retóricos y abundantes de palabras, saben contar por buena órden cada cosa de lo pasado, como entre nosotros se cuentan por romances y villancicos; y estos en ninguna cosa entienden que en aprender y saberlos componer en su lengua, para que sean por todos oidos en regocijos de casamientos y otros pasatiempos que tienen para aquel propósito. Y así, sabido lo que se ha de decir de lo pasado en semejantes fiestas de los señores muertos, y si se trata de guerra por el consiguiente, con órden galana cantaban de muchas batallas que en lugares de una y otra parte del reyno se dieron; y por el consiguiente, para cada negocio tenian ordenados sus cantares ó romances, que, viniendo á propósito, se cantasen, para que por ellos se animase la gente con lo oir y entendiesen lo pasado en otros tiempos, sin lo inorar, por entero. Y estos indios que por mandado de los reyes sabian estos romances, eran honrados por ellos y favorescidos, y tenian cuidado grande de los enseñar á sus hijos y á hombres de sus provincias los más avisados y entendidos que entre todos se hallaban; y así, por las bocas de unos lo sabian otros, de tal manera, que hoy dia entre ellos cuentan lo que pasó ha quinientos años, como si fueran diez.

Y entendida la órden que se tenia para no se olvidar de lo que pasaba en el reyno, es de saber, que muerto el rey dellos, si valiente habia sido y bueno para la gobernacion del reyno, sin haber perdido provincia de las que su padre les dejó, ni usado de bajezas ni poquedades, ni hecho otros desatinos que los príncipes locos con la soltura se atreven á hacer en su señorío, era permitido y ordenado por los mismos reyes, que fuesen ordenados cantares honrados y que en ellos fuesen muy alabados y ensalzados, en tal manera, que todas las gentes admirasen en oir sus hazañas y hechos tan grandes, y que estos no siempre ni en todo lugar fuesen publicados ni apregonados, sino cuando estuviese hecho algun ayuntamiento grande de gente venida de todo el reyno para algun fin, y cuando se juntasen los señores principales con el rey en sus tiempos y solaces, ó cuando hacian los taquis[35] ó borracheras suyas. En estos lugares, los que sabian los romançes, á voces grandes, mirando contra el Inca, le cantaban lo que por sus pasados habia sido hecho; y si entre los reyes alguno salia remisio, cobarde, dado á vicios, y amigo de holgar sin acrescentar el señorío de su imperio, mandaban que destos tales hobiese poca memoria ó casi ninguna; y tanto miraban esto, que si alguna se hallaba, era por no olvidar el nombre suyo y la sucesion; pero en lo demás se callaba, sin contar los cantares de otros que de los buenos y valientes. Porque tuvieron en tanto sus memorias, que, muerto uno destos señores tan grandes, no aplicaba su hijo para sí otra cosa que el señorío, porque era ley entre ellos que la riqueza y el aparato real del que habia sido rey del Cuzco, no lo hobiese otro en su poder, ni se perdiese su memoria; para lo cual se hacia un bulto de mano[36], con la figura que ellos ponerle querian, al cual llamaban del nombre del rey ya muerto; y solian estos bultos ponerse en la plaza del Cuzco, cuando se hacian sus fiestas, y en rededor de cada bulto destos reyes estaban sus mugeres y criados, y venian todos, aparejándose allí su comida y bebida, porque el Demonio debia de hablar en aquellos bultos, pues que esto por ellos se usaba; y cada bulto tenia sus truanes ó decidores, questaban con palabras alegres contentando al pueblo; y todo el tesoro que el señor tenia siendo vivo, estaba en poder de sus criados y familiares, y se sacaba á las fiestas semejantes con gran aparato; sin lo cual, no dejaban de tener sus chácaras, ques nombre de heredades, donde cogian sus maízes y otros mantenimientos con que sustentaban las mugeres con toda la demás familia destos señores que tenian bultos y memorias, aunque ya eran muertos. Y cierto esta usanza fué harta parte para que en este reyno hobiese la suma tan grande de tesoros que se han visto por nuestros ojos; y á españoles conquistadores he oydo que, cuando, descubriendo las provincias del reyno, entraron en el Cuzco, habia destos bultos, lo cual paresció ser verdad, cuando dende á poco tiempo, queriendo tomar la borla Manco Inca Yupanqui, hijo de Huayna Capac, públicamente fueron sacados en la plaza del Cuzco, á vista de todos los españoles é yndios que en ella en aquel tiempo estaban.

Verdad es, que habian ya habido los españoles mucha parte del tesoro, y lo demás se escondió y puso en tales partes, que pocos ó no ninguno debe saber dél; ni de los bultos ni otras cosas suyas grandes hay ya otra memoria que la que ellos dan y tienen en sus cantares[37].

CAP. XII.—De cómo tenian coronistas para saber sus hechos, y la órden de los quipos como fué, y lo que dello vemos agora.

F ordenado por los Incas lo que ya habemos escripto acerca del poner los bultos en sus fiestas, y en que se escogiesen algunos de los más sábios dellos, para que en cantares supiesen la vida de los señores qué tal habia sido y cómo se habian habido en el gobierno del reyno, para el efecto por mí dicho. Y es tambien de saber, que, sin esto, fué costumbre dellos y ley muy usada y guardada, de escoger cada uno, en tiempo de su reynado, tres ó cuatro hombres ancianos de los de su nacion, á los cuales, viendo que para ello eran hábiles y suficientes, les mandaba que todas las cosas que sucediesen en las provincias durante el tiempo de su reynado, ora fuesen prósperas, ora fuesen adversas, las tuviesen en la memoria, y dellas hiciesen y ordenasen cantares, para que por aquel sonido se pudiese entender en lo foturo haber así pasado; con tanto questos cantares no pudiesen ser dichos ni publicados fuera de la presencia del Señor; y eran obligados estos que habian de tener esta razon durante la vida del rey, no tratar ni decir cosa alguna de lo que á él tocaba, y luego que era muerto, al sucesor en el imperio le decian, casi por estas palabras: "¡Oh Inca grande y poderoso, el Sol y la Luna, la Tierra, los montes y los árboles, las piedras y tus padres te guarden de infortunio y hagan próspero, dichoso y bienaventurado sobre todos cuantos nacieron! Sábete, que las cosas que sucedieron á tu antecesor son éstas." Y luego en diciendo esto, los ojos puestos al suelo, y bajadas las manos, con gran humildad le daban cuenta y razon de todo lo que ellos sabian; lo cual podrian muy bien hacer, porque entre ellos hay muchos de gran memoria, subtiles de ingenio, y de vivo juizio, y tan abastados de razones, como hoy dia somos testigos los que acá estamos é los oimos. Y así, dicho esto, luego que por el rey era entendido, mandaba llamar á otros de sus indios viejos, á los cuales mandaba que tuviesen cuidado de saber los cantares que aquéllos tenian en la memoria, y de ordenar otros de nuevo de lo que pasaba en el tiempo de su reynado, y que las cosas que se gastaban y lo que las provincias contribuian, se asentasen en los quipos, para que supiesen lo que daban y contribuyan muerto él y reynando su progenitor. Y si no era en un dia de gran regocijo, ó en otro que hobiese lloro ó tristeza por muerte de algun hermano ó hijo del rey, porque estos tales dias se permitia contar su grandeza dellos y su orígen y nascimiento, fuera destos, á ninguno era permitido tratar dello, porque estaba así ordenado por los señores suyos, y si lo hacian, eran castigados rigurosamente.

Sin lo cual tuvieron otra órden para saber y entender cómo se habia de hacer en la contribucion, en las provincias, de los mantenimientos, ora pasase el rey con el ejército, ora fuese visitando el reyno, ó que sin hacer nada desto, se entendiese lo que entraba en los depósitos y pagaba á los súbditos, de tal manera, que no fuesen agraviados, tan buena y subtil, que ecede en artificio á los carastes que usaron los mexicanos para sus cuentas y contratacion; y esto fué los quipos, que son ramales grandes de cuerdas anudadas, y los que desto eran contadores y entendian el guarismo destos nudos, daban por ellos razon de los gastos que se habian hecho, ó de otras cosas que hobiesen pasado de muchos años atrás; y en estos nudos contaban de uno hasta diez, y de diez hasta ciento, y de ciento hasta mill; y en uno destos ramales está la cuenta de lo uno, y en otro lo del otro; de tal manera esto, que para nosotros es una cuenta donosa y ciega, y para ellos singular. En cada cabeza de provincia habia contadores á quien llamaban quiposcamayos[38], y por estos nudos tenian la cuenta y razon de lo que habian de tributar los questaban en aquel distrito, desde la plata, oro, ropa y ganado, hasta la leña y las otras cosas mas menudas, y por los mismos quipos se daba á cabo de un año, ó de diez, ó de veinte, razon á quien tenia comision de tomar la cuenta, tan bien, que un par de alpargatas no se podian esconder.

Yo estaba incrédulo en esta cuenta, y aunque lo oia afirmar y tratar, tenia lo más dello por fábula; y estando en la provincia de Xauxa, en lo que llaman Marcavillca[39], rogué al señor Guacarapora[40] que me hiciese entender la cuenta dicha de tal manera que yo me satisficiese á mí mismo, para estar cierto que era fiel y verdadera; y luego mandó á sus criados que fuesen por los quipos, y como este señor sea de buen entendimiento y razon para ser indio, con mucho reposo satisfizo á mi demanda, y me dijo, que para que mejor lo entendiese, que notase que todo lo que por su parte habia dado á los españoles desde que entró el gobernador don Francisco Pizarro en el valle, estaba allí sin faltar nada: y así ví la cuenta del oro, plata, ropa que habian dado, con todo el maíz, ganado y otras cosas, que en verdad yo quedé espantado dello. Y es de saber otra cosa, que tengo para mí por muy cierto, segun han sido las guerras largas, y las crueldades, robos y tiranías que los españoles han hecho en estos indios, que si ellos no estuvieran hechos á tan grande órden y concierto, totalmente se hubieran todos consumido y acabado; pero ellos, como entendidos y cuerdos y que estaban impuestos por príncipes tan sábios, entre todos determinaron que si un ejército de españoles pasase por cualquiera de las provincias, que si no fuere el daño que por ninguna vía se puede escusar, como es destruir las sementeras y robar las casas y hacer otros daños mayores questos, que en lo demás, todas las comarcas tuviesen en el camino real, por donde pasaban los nuestros, sus contadores, y éstos tuviesen proveimiento lo más ámplio que ellos pudiesen, porque con achaque no los destruyesen del todo; y así eran proveidos; y despues de salidos, juntos los señores, iban los quipos de las cuentas, y por ellos, si uno habia gastado más que otro, lo que ménos habian proveido lo pagaban, de tal suerte, que iguales quedasen todos.

Y en cada valle hay esta cuenta hoy dia, y siempre hay en los aposentos tantos contadores como en él hay señores, y de cuatro en cuatro meses fenescen sus cuentas por la manera dicha; y con la órden que han tenido, han podido sufrir combates tan grandes, que si Dios fuese servido que del todo hobiesen cesado con el buen tratamiento que en este tiempo reciben, y con la buena órden y justicia que hay, se restaurarian y multiplicarian, para que en alguna manera vuelva á ser este reyno lo que fué, aunque yo creo que será tarde ó nunca. Y es verdad que yo he visto pueblos, y pueblos bien grandes, y de una sola vez que cripstianos españoles pasen por él, quedar tal, que no parecia sino que fuego lo habia consumido; y como las gentes no eran de tanta razon, ni unos á otros se ayudaban, perdíanse despues con hambres y enfermedades, porque entre ellos hay poca caridad, y cada uno es señor de su casa, y no quiere más cuenta. Y esta órden del Perú débese á los señores que lo mandaron y supieron ponerla en todas las cosas tan grande como vemos los que acá estamos, por estas y otras cosas mayores; y con tanto pasaré adelante.

CAP. XIII.—Cómo los Señores del Perú eran muy amados por una parte y temidos por otra de todos sus súbditos, y cómo ninguno de ellos, aunque fuese gran señor muy antiguo en su linage, podia entrar en su presencia, si no era con una carga en señal de grande obediencia.

Es de notar, y mucho, que como estos reyes mandaron tan grandes provincias y en tierra tan larga, y en parte tan áspera y llena de montañas y de promontorios nevados, y llanos de arena secos de árboles y faltos de agua, que era necesario gran prudencia para la gobernacion de tantas naciones y tan distintas unas de otras en lenguas, leyes y religiones, para tenellas todas en tranquilidad y que gozasen de la paz y amistad con él; y así, no embargante que la ciudad del Cuzco era la cabeza de su imperio, como en muchos lugares hemos apuntado, de cierto en cierto término, como tambien diremos, tenian puestos sus delegados y gobernadores, los cuales eran los más sábios, entendidos y esforzados que hallarse podian, y ninguno tan mancebo que ya no estuviese en el postrer tercio de su edad. Y como le fuesen fieles y ninguno osase levantarse, y tenia de su parte á los mitimaes, ninguno de los naturales, aunque más poderoso fuese, osaba intentar ninguna rebelion, y si alguna intentaba, luego era castigado el pueblo donde se levantaba, embiando presos los movedores al Cuzco. Y desta manera eran tan temidos los reyes, que si salian por el reyno y permitian alzar algun paño de los que iban en las andas, para dejarse ver de sus vasallos, alzaban tan gran alarido, que hacian caer las aves de lo alto donde iban volando, á ser tomadas á manos; y todos los temian tanto, que de la sombra que su persona hacia no osaban decir mal. Y no era esto solo; pues es cierto, que si algunos de sus capitanes ó criados salian á visitar alguna parte del reyno para algun efecto, le salian á recibir al camino con grandes presentes, no osando, aunque fuese sólo, dejar de cumplir en todo y por todo el mandamiento dellos.

Tanto fué lo que temieron á sus príncipes en tierra tan larga, que cada pueblo estaba tan asentado y bien gobernado como si el Señor estuviera en él para castigar los que lo contrario hiciesen. Este temor pendia del valor que habia en los señores y de su misma justicia, que sabian que por parte de ser ellos malos, si lo fuesen, luego el castigo se habia de hacer en los que lo fuesen, sin que bastase ruego ni cohecho ninguno. Y como siempre los Incas hiciesen buenas obras á los questaban puestos en su señorío, sin consentir que fuesen agraviados, ni que les llevasen tributos demasiados, ni que les fuesen hechos otros desafueros, sin lo cual, muchos que tenian provincias estériles y que en ellas sus pasados habian vivido con necesidad, les daban órden que las hacian fértiles y abundantes, proveyéndoles de las cosas que en ella habia necesidad; y en otras donde habia falta de ropa, por no tener ganados, se los mandaban dar con gran liberalidad. En fin, entendíase, que así como estos señores se supieron servir de los suyos y que les diesen tributos, así ellos les supieron conservar las tierras y traellos de bastos á muy pulíticos, y de desproveidos, que no les faltase nada; y con estas buenas obras, y con que siempre el Señor á los principales daba mugeres y preseas ricas, ganaron tanto las gracias de todos, que fueron dellos amados en estremo grado, tanto que yo me acuerdo por mis ojos haber visto á indios viejos, estando á vista del Cuzco, mirar contra la ciudad y alzar un alarido grande, el cual se les convertia en lágrimas salidas de tristeza, contemplando el tiempo presente y acordándose del pasado, donde en aquella ciudad por tantos años tuvieron señores de sus naturales, que supieron atraellos á su servicio y amistad de otra manera que los españoles.

Y era usanza y ley inviolable entre estos señores del Cuzco, por grandeza y por la estimacion de la dignidad real, questando él en su palacio, ó caminando con gente de guerra, ó sin ella, que ninguno, aunque fuese de los más grandes y poderosos señores de todo su reyno, no habia de entrar á le hablar, ni estar delante de su presencia, sin que primero, tirándose los zapatos, que ellos llaman oxotas, se pusiese en sus hombros una carga para entrar con ella á la presencia del Señor, en lo cual no se tenia cuenta que fuese grande ni pequeña, porque no era por más de que supiesen el reconocimiento que habian de tener á los señores suyos; y entrando dentro, vueltas las espaldas al rostro del Señor, habiendo primero hecho reverencia, quellos llaman mocha, dice á lo que viene ó oye lo que les mandado, lo cual pasado, si quedaba en la Córte por algunos dias y era persona de cuenta, no entraba más con la carga; porque siempre estaban los que venian de las provincias en la presencia del Señor en convites y en otras cosas que por ellos eran hechas.

CAP. XIV.—De cómo fué muy grande la riqueza que tuvieron y poseyeron los reyes del Perú y cómo mandaban asistir siempre hijos de los señores en su Córte.

Por la gran riqueza que habemos visto en estas partes, podremos creer ser verdad lo que se dice de las muchas que tuvieron los Incas; porque yo creo, lo que ya muchas veces tengo afirmado, que en el mundo no hay tan rico reyno de metal, pues cada dia se descubren tan grandes veneros, así de oro como de plata; y como en muchas partes de las provincias cogiesen en los rios oro, y en los cerros sacasen plata, y todo era por un rey, pudo tener y poseer tanta grandeza; y dello yo no me espanto de estas cosas, sino como toda la ciudad del Cuzco y los templos suyos no eran hechos los edificios de oro puro. Porque, lo que hace á los príncipes tener necesidad y no poder atesorar dineros, es la guerra, y desto tenemos claro ejemplo en lo que el Emperador ha gastado desdel año que se coronó hasta este; pues aviendo más plata y oro que ovieron los reyes d'España desde el rey don Rodrigo hasta él, ninguno dellos tuvo tanta necesidad como S. M. y si no tuviera guerras, y su asiento fuera en España, verdaderamente, con sus rentas y con lo que ha venido de las Indias, toda España estuviera tan llena de tesoros como lo estaba el Perú en tiempo de sus reyes.

Y esto tráigolo á comparacion, que todo lo que los Incas habian, lo gastaban no en otra cosa que arreos de su persona y ornamento de los templos y servicio de sus casas y aposentos; porque en las guerras, las provincias les daban toda la gente, armas y mantenimientos que fuese necesario, y si [á] alguno de los mitimaes daban algunas pagas de oro en alguna guerra que ellos tuviesen por dificultosa, era poca y que en un dia lo sacaban de las minas; y como preciaron tanto la plata y oro, y por ellos fuese tan estimada, mandaban sacar en muchas partes de las provincias cantidad grande della, de la manera y con la órden que adelante se dirá.

Y sacando tanta suma, y no podiendo el hijo dejar que la memoria del padre, que se entiende su casa y familiares con su bulto, estuviese siempre entera, estaban de muchos años allegados tesoros, tanto, que todo el servicio de la casa del rey, así de cántaros para su uso como de cocina, todo era oro y plata; y esto no en un lugar y en una parte lo tenia, sino en muchas, especialmente en las cabeceras de las provincias, donde habia muchos plateros, los cuales trabajaban en hacer estas piezas; y en los palacios y aposentos suyos habia planchas destos metales, y sus ropas llenas de argenteria y desmeraldas y turquesas y otras piedras preciosas de gran valor. Pues para sus mugeres tenian mayores riquezas para ornamento y servicio de sus personas, y sus andas todas estaban engastonadas en oro y plata y pedrería. Sin esto, en los depósitos habia grandísima cantidad de oro en tejuelos, y de plata en pasta, y tenian mucha chaquira, ques en estremo menuda, y otras joyas muchas y grandes para sus taquis y borracheras; y para los sacrificios eran más lo que tenian destos tesoros; y como tenian y guardaban aquella ceguedad de enterrar con los difuntos tesoros, es de creer que cuando se hazian los osequias y entierros destos reyes, que seria increible lo que meterian en las sepulturas. En fin, sus atambores y asentamientos y estrumentos de música y armas para ellos eran deste metal; y por engrandecer su señorío, paresciéndoles que lo mucho que digo era poco, mandaban por ley que ningun oro ni plata que entrase en la ciudad del Cuzco, della pudiese salir, sopena de muerte, lo cual ejecutaban luego en quien lo quebrantaba; y con esta ley, siendo lo que entraba mucho y no saliendo nada, habia tanto, que si cuando entraron los españoles se dieran otras mañas y tan presto no ejecutaran su crueldad en dar la muerte á Atahuallpa, no sé qué navíos bastaran á traer á las Españas tan grandes tesoros como están perdidos en las entrañas de la tierra y estarán, por ser ya muertos los que lo enterraron.

Y como se tuviesen en tanto estos Incas, mandaron más, que en todo el año residiesen en su córte hijos de los señores de las provincias de todo el reino, porque entendiesen la órden della y viesen su magestad grande, y fuesen avisados cómo le habian de servir y obedecer, de que heredasen sus señoríos y curacazgos; y si iban los de unas provincias, venian los de otras. De tal manera se hacia esto, que siempre estaba su córte muy rica y acompañada; porque sin esto, nunca dejaban destar con él muchos caballeros de los orejones, y señores de los ancianos, para tomar consejo en lo que se habia de proveer y ordenar.

CAP. XV.—De cómo se hacian los edificios para los Señores, y los caminos reales para andar por el reino.

Una de las cosas de que yo mas me admiré, contemplando y notando las cosas deste reino, fué pensar cómo y de qué manera se pudieron hacer caminos tan grandes y soberbios como por él vemos, y que fuerzas de hombres bastáran á los hacer, y con que herramientas y estrumentos pudieron allanar los montes y quebrantar las peñas, para hacerlos tan anchos y buenos como están; porque me parece que si el Emperador quisiese mandar hacer otro camino real, como el que va del Quito á Cuzco, ó sale de Cuzco para ir á Chile, ciertamente creo, con todo su poder para ello no fuese poderoso, ni fuerzas de hombres le pudiesen hazer, sino fuese con la órden tan grande que para ello los Incas mandaron que hobiese. Porque si fuera camino de cincuenta leguas, ó de ciento, ó docientas, es de creer, que aunque la tierra fuese más áspera, no se tuviera en mucho, con buena diligencia, hacerlo; mas estos eran tan largos, que habia alguno que tenia mas de mill y cien leguas, todo hechado por sierras tan ágras y espantosas, que por algunas partes, mirando abajo, se quitaba la vista, y algunas destas sierras drechas y llenas de piedras, tanto, que era menester cavar por las laderas en peña viva, para hacer el camino ancho y llano; todo lo cual hacian con fuego y con sus picos. Por otros lugares habia subidas tan altas y ásperas, que salian de lo bajo escalones para poder subir por ellos á lo más alto, haciendo entre medias dellos algunos descansos anchos para el reposo de las gentes. En otros lugares habia montones de nieve, que era más de temer, y esto no en un lugar, sino en muchas partes, y no así como quiera, sino que no va ponderado ni encarecido como ello es ni como lo vemos; y por estas nieves, y por donde habia montañas de árboles y céspedes, lo hacian llano, y empedrado, si menester fuese.

Los que leyeren este libro y hobieren estado en el Perú, miren el camino que va desde Lima á Xauxa por las sierras tan ásperas de Huarochiri[41], y por la montaña nevada de Pariacaca[42], y entenderán, los que á ellos lo oyeron, si es más lo que ellos vieron, que no lo que yo escribo; y sin esto, acuérdense de la ladera que abaja al rio de Apurímac[43], y cómo viene el camino por las sierras de los Paltas, Caxas y Ayauacas[44] y otras partes deste reyno, por donde el camino va tan ancho como quince piés, poco más ó ménos; y en tiempo de los reyes estaba limpio, sin que hobiese ninguna piedra ni hierba nacida, porque siempre se entendia en lo limpiar; y en lo poblado, junto á él, habia grandes palacios y alojamiento para la gente de guerra, y por los desiertos nevados y de campaña, habia aposentos donde se podian muy bien amparar de los frios y de las lluvias; y en muchos lugares, como es en el Collao[45] y en otras partes, habia señales de sus leguas, que eran como los mojones d'España con que parten los términos, salvo que son mayores y mejor hechos los de acá. A estos tales llaman topos, y uno dellos es una legua y media de Castilla[46].

Entendido de la manera que iban hechos los caminos y la grandeza dellos, diré con la facilidad que eran hechos por los naturales, sin que les recreciese muerte ni trabajo demasiado; y era, que determinado por algun rey que fuese hecho alguno destos caminos tan famosos, no era menester muchas provisiones ni requerimientos ni otra cosa que decir el rey, hágase esto, porque luego los veedores iban por las provincias marcando la tierra y los indios que habia de[47] una á otra, á los cuales mandaba que hiciesen los tales caminos; y así, se hacian desta manera, que una provincia hacia hasta otra á su costa y con sus indios, y en breve tiempo lo dejaban como se lo pintaba; y otras hacian lo mismo, y áun, si era necesario, á un tiempo se acababa gran parte del camino, ó todo él; y si allegaban á los despoblados, los indios de la tierra adentro questaban más cercanos, venian con vituallas y herramientas á los hacer, de tal manera, que con mucha alegría y poca pesadumbre era todo hecho; porque no les agraviaban en un punto, ni los Incas ni sus criados les metian en nada.

Sin todo esto, se hicieron grandes calzadas de excelente edificio, como es la que pasa por el valle de Xaquixaguana, y sale de la ciudad del Cuzco, y va por el pueblo de Muhina. Destos caminos reales habia muchos en todo el reyno, así por la sierra como por los llanos. Entre todos, cuatro se tienen por los más importantes, que son los que salian de la ciudad del Cuzco, de la misma plaza della, como crucero, á las provincias del reino, como tengo escripto en la Primera parte desta Crónica, en la fundacion del Cuzco[48]; y por tenerse en tanto los señores, cuando salian por estos caminos, sus personas reales con la guarda convenible iban por uno, y por otro la demás gente; y áun en tanto tuvieron su poderío, que muerto uno de ellos, el hijo, habiendo de salir á alguna parte larga, se le hacia camino por sí mayor y más ancho que el de su antecesor; mas esto era si salia [á] alguna conquista el tal rey, ó á hacer cosa digna de tal memoria que se pudiese decir que por aquello era más largo el camino que para él se hizo. Y esto vemos claro, porque yo he visto junto á Vilcas tres ó cuatro caminos; y áun una vez me perdí por el uno, creyendo que iba por el que agora se usa; y á estos llaman, al uno camino del Inca Yupanqui, y al otro de Tupac Inca; y el que agora se usa y usará para siempre, es el que mandó hacer Huaina Capac, que llegó acerca del rio de Angasmayo, al Norte, y al Sur, mucho adelante de lo que agora llamamos Chile; caminos tan largos, que habia de una parte á otra más de mill y doscientas leguas.

CAP. XVI.—Cómo y de qué manera se hacian las cazas reales por los Señores del Perú.

En la primera parte[49] conté ya cómo en este reino del Perú habia suma grandísima de ganado doméstico y bravo, urcos, carneros y pacos, vicunias y ovejas, llamas, en tanta manera, que así lo poblado como lo que no lo era andaba lleno de grandes manadas; porque por todas partes habia y hay excelentes pastos para que bien se pudiese criar. Y es de saber, que aunque habia tanta cantidad, era mandado por los reyes, que so graves penas, ninguno osase matar ni comer hembra ninguna, y si lo quebrantaban, luego eran castigados, y con este temor no lo osaban comer. Multiplicábanse tanto, ques de no creer lo mucho que habia en el reino cuando los españoles entraron en él; y lo principal porquesto se mandaba, es porque hobiese abasto de lanas para hacer ropas; porque, cierto, en muchas partes, si faltase del todo este ganado, no sé cómo podrian las gentes guarecerse del frio, por la falta que tenian de lanas para hacer ropas. Y así, con esta órden, eran muchos los depósitos que por todas partes habia llenos de ropa, así para la gente de guerra, como para los demás naturales; y la más desta ropa se hacia de la lana del ganado de los guanacos y vicunias.

Y cuando el Señor queria hacer alguna caza real, es de oir lo mucho que se mataba y tomaba á manos de hombres; y tal dia hubo, que se tomó más de treinta mill cabezas de ganado; mas cuando el rey lo tomaba por pasatiempo y salia para ello de propósito, poníanle las tiendas en el lugar que á él le parescia; porque como fuese en lo alto de la serranía, en ninguna parte dejaba de haber este ganado y tanto como habemos dicho; de donde, habiéndose ya juntado cincuenta ó sesenta mill personas, ó cien mill, si mandado les era, cercaban los breñales y campañas de tal manera, que con el ruido que iban haciendo en el resonido de sus voces, bajaban de los altos á lo más llano; en donde poco á poco se vienen juntando unos hombres con otros, hasta quedar asidos de las manos, y en el redondo que con sus propios cuerpos hacian, está la caza detenida y represada, y el Señor puesto á la parte que á él más le place, para ver la matanza que della se hace; y entrando otros indios con unos que se llaman ayllos, ques para prender por los piés, y otros con bastones y porras, comienzan de tomar y matar; y como hay tan gran cantidad de ganado detenido y entre ellos tantos de los guanacos, que son algunos mayores que pequeños asnillos, largos de pescuezos, como camellos, procuran la salida, echando por la boca la roña que tienen[50], en los rostros de los hombres, y con hender por donde pueden con grandes saltos. Y cierto, se dice ques cosa despanto ver el ruido tan grande que tienen los indios por les tomar, y el estruendo que ellos hacen para salir, tanto, que se oye gran trecho de donde pasa. Y si el rey quiere matar alguna caza sin entrar en la rueda questá hecha, lo hace como á él le place[51].

Y en estas cazas reales se gastaban muchos dias; y muerta tanta cantidad de ganado, luego se mandaba por los veedores llevar la lana de todo ello á los depósitos ó á los templos del sol, para que las mamaconas entendiesen en hacer ropas finísimas para los reyes, que lo eran tanto, que parescian de sargas de seda, y con colores tan perfectos cuanto se puede afirmar. La carne de esto que sacaban, della comian los que estaban allí con el rey, y della se secaba al sol[52], para tener puesta en los depósitos, para proveimiento de la gente de guerra; y todo este ganado se entiende que era de lo montesino, y no ninguno de lo doméstico. Tomábase entre ellos muchos venados y biscachas, raposas y algunos osos y leones pequeños.

CAP. XVII.—Que trata la órden que tenian los Incas, y cómo en muchos lugares hacian de las tierras estériles fértiles, con el proveimiento que para ello daban.

Una de las cosas de que más se tiene envidia á estos señores, es entender cuán bien supieron conquistar tan grandes tierras y ponellas, con su prudencia, en tanta razon como los españoles las hallaron, cuando por ellos fué descubierto este nuevo reyno; y de questo sea así muchas veces me acuerdo yo, estando en alguna provincia indómita fuera destos reynos, oir luego á los mismos españoles: "Yo seguro, que si los Incas anduvieran por aquí, que otra cosa fuera esto;" es decir, no conquistaron los Incas esto como lo otro, porque supieran servir y tributar. Por manera, que, cuanto á esto, conocida está la ventaja que nos hacen, pues con su órden las gentes vivian con ella y crecian en multiplicacion, y de las provincias estériles hacian fértiles y abundantes, en tanta manera y por tan galana órden como se dirá.

Siempre procuraron de hacer por bien las cosas y no por mal en el comienzo de los negocios; despues, algunos Incas hicieron grandes castigos en muchas partes; pero antes, todos afirman que fué grande la benevolencia y amicicia con que procuraban el atraer á su servicio estas gentes. Ellos salian del Cuzco con su gente y aparato de guerra y caminaban con gran concierto hasta cerca de donde habian de ir y querian conquistar, donde muy bastantemente se informaban del poder que tenian los enemigos y de las ayudas que podian tener y de qué parte les podrian venir favores, y por qué camino; y esto entendido por ellos, procuraban por las vías á ellos posibles, estorbar que no fuesen socorridos, ora con dones grandes que hacian, ora con resistencias que ponian; entendiendo, sin esto, de mandar hacer sus fuertes, los cuales eran en cerros ó laderas, hechos en ellos ciertas cercas altas y largas, con su puerta cada una, porque perdida la una, pudiesen pasarse á la otra, y de la otra hasta lo más alto. Y enviaban escuchas de los confederados para marcar la tierra y ver los caminos y conoscer del arte questaban aguardando, y por donde habia mas mantenimiento; y sabiendo por el camino que habian de llevar y la órden con que habian de ir, enviábales mensajeros propios, con los cuales les enviaba decir quel queria tenerlos por parientes y aliados, por tanto, que con buen ánimo y corazon alegre, saliesen á lo recebir y recibirlo en su provincia, para que en ella le sea dada la obediencia, como en las demás; y por que lo hagan con voluntad, enviaba presentes á los señores naturales.

Y con esto, y con otras buenas maneras que tenian, entraron en muchas tierras sin guerra, en las cuales mandaba á la gente de guerra que con él iba, que no hiciesen daño ni injuria ninguna, ni robo, ni fuerza; y si en esta provincia no habia mantenimientos, mandaba que de otras partes se proveyese; porque á los nuevamente venidos á su servicio no les paresciese, desde luego, pesado su mando y conocimiento, y el conocelle y aborrecelle fuese en un tiempo. Y si en alguna destas provincias no habia ganado, luego mandaba que le diesen por cuenta tantas mill cabezas, lo cual mandaban que mirasen mucho y con ello multiplicasen, para proveerse de lana para sus ropas; y que no fuesen osados de comer ni matar ninguna cria por los años y tiempo que le señalaba. Y si habia ganado y tenian de otra cosa falta, era lo mismo; y si estaban en collados y breñales, bien les hacian entender con buenas palabras, que hiciesen pueblos y casas en lo más llano de las sierras y laderas; y como muchos no eran diestros en cultivar las tierras, avezábanles como lo habian de hacer, emponiéndoles en que supiesen sacar acequias y regar con ellas los campos.

En todo lo sabian proveer tan acertadamente, que cuando entraba por amistad alguno de los Incas en provincias de estas, en breve tiempo quedaba tal, que parescia otra, y los naturales, le daban la obidiencia, consintiendo que sus delegados quedasen en ellas, y lo mismo los mitimaes. En otras muchas que entraron de guerra y por fuerza de armas, mandábase que en los mantenimientos y casas de los enemigos se hiciese poco daño, diciéndoles el Señor: "presto serán estos nuestros como los que ya lo son." Como esto tenian conocido, procuraban que la guerra fuese la mas liviana que ser pudiese, no embargante que en muchos lugares se dieron grandes batallas, porque todavía los naturales dellos querian conservarse en la libertad antigua, sin perder sus costumbres y religion por tomar otras extrañas; más durando la guerra, siempre habian los Incas lo mejor, y vencidos, no los destruyan de nuevo, antes mandaban restituir los presos, si algunos habia, y el despojo y ponerlos en posesion de sus haciendas y señorío, amonestándoles que no quieran ser locos en tener contra su persona real competencias ni dejar su amistad, antes quisieran ser sus amigos, como lo son los comarcanos suyos. Y diciendo esto, dábanles algunas mujeres hermosas y piezas ricas de lana ó de metal de oro.

Con estas dádivas y buenas palabras, habia las voluntades de todos, de tal manera, que sin ningun temor los huidos á los montes se volvian á sus casas, y todos dejaban las armas; y el que mas vezes via al Inca, se tenia por bien aventurado y dichoso.

Los señoríos nunca los tiraban á los naturales. A todos mandaban unos y otros que por Dios adorasen el sol; sus demás religiones y costumbres no se las proivian, pero mandábanles que se gobernasen por las leyes y costumbres que usaban en el Cuzco, y que todos hablasen la lengua general.

Y puesto gobernador por el Señor con guarniciones de gente de guerra, parten para lo de adelante; y si estas provincias eran grandes, luego se entendia en edificar templo del sol, y colocar las mujeres que ponian en los demás, y hacer palacios para los señores; y cobraban los tributos que habian de pagar, sin llevarles nada demasiado, ni agravialles en cosa ninguna, encaminándoles en su pulicía y en que supiesen hacer edificios, traer ropas largas, y vivir concertadamente en sus pueblos; á los cuales, si algo les faltaba, de que tuviesen necesidad, eran proveidos y enseñados como lo habian de sembrar y beneficiar. De tal manera se hacia esto, que sabemos en muchos lugares que no habia ganado, lo hubo y mucho desdel tiempo que los Incas lo sojuzgaron; y en otros que no habia maíz, tenello despues sobrado. Y en todo lo demás andaban como salvages, mal vestidos y descalzos, y desde que conocieron á estos señores, usaron de camisetas, lazos y mantas, y las mujeres lo mismo, y de otras buenas cosas; tanto, que para siempre habrá memoria de todo ello. Y en el Collao y en otras partes mandó pasar mitimaes á la sierra de los Andes, para que sembrasen maíz y coca, y otras frutas y raíces, de todos los pueblos la cantidad conviniente; los cuales con sus mujeres vivian siempre en aquella parte donde sembraban, y cogian tanto de lo que digo, que se sentia poco la falta, por traer mucho destas partes y no haber pueblo ninguno, por pequeño que fuese, que no tuviese destos mitimaes. Adelante trataremos cuantas suertes habia destos mitimaes, y [que] hacian los unos y entendian los otros.

CAP. XVIII.—Que trata la órden que habia en el tributar las provincias á los reyes, y del concierto que en ello se tenia.

Pues en el capítulo pasado escribí la manera que en sus conquistas los Incas tuvieron, será bien decir en éste cómo tributaban tantas naciones, y cómo en el Cuzco se entendia lo que venia de los tributos; pues es cosa muy notoria y entendida, ningun pueblo de la sierra ni valle de los llanos dejó de pagar el tributo de derrama que le era impuesto por los que para ello tenian cargo; y aun tal provincia hubo, que diciendo los naturales no tener con que pagar tributo, les mandó el rey que cada persona de toda ella fuese obligada de le dar cada cuatro meses un cañuto algo grande lleno de piojos vivos, lo cual era industria del Inca, para emponellos y avisallos en el saber tributar, y contribuir; y así, sabemos que pagaron su tributo de piojos algunos dias, hasta que, habiéndoles mandado dar ganado, procurar de lo criar, y hacer ropas, y buscar con que tributar para el tiempo de adelante.

Y la órden que los orejones del Cuzco y los más señores naturales de la tierra dicen que se tenia en el tributar, era esta: que desde la ciudad del Cuzco, el que reinaba, enviaba algunos principales criados de su casa á visitar por el uno de los cuatro reales caminos que salen de aquella ciudad, que ya tengo escripto[53] llamarse Chincha Suyo el uno, en el cual entran las provincias que hay hasta Quito, con todos los llanos de Chincha para abajo hácia el Norte; y el segundo se llama Conde Suyo, ques donde se incluyen las regiones y provincias questán hácia la mar del Sur y muchas de la serranía; al tercero llaman Colla Suyo, ques por donde contaron todas las provincias que hay hácia la parte del Sur hasta Chile. El último camino llaman Ande Suyo[54]; por este van á todas las tierras questán en las montañas de los Andes, que se estiende en las faldas y vertientes dellas.

Pues como el Señor quisiese saber lo que habian de tributar todas las provincias que habia del Cuzco hasta Chile, camino tan largo, como muchas veces he dicho, mandaba salir, como digo, personas fieles y de confianza, las cuales iban de pueblo en pueblo mirando el traje de los naturales y posibilidad que tenian, y la grosedad de la tierra, ó si en ellas habia ganados, ó metales, ó mantenimientos, ó de las demás cosas quellos querian y estimaban; lo cual mirado con mucha diligencia, volvian á dar cuenta al Señor de todo ello; el cual mandaba hacer Córtes generales y que acudiesen á ellas los principales del reino; y estando allí los señores de las provincias que le habian de tributar, les hablaba amorosamente, que pues le tenian por solo Señor y monarca de tantas tierras y tan grandes, que tuviesen por bien, sin recibir pesadumbre, de le dar los tributos debidos á la persona real, el cual él queria que fuesen moderados y tan livianos, que ellos fácilmente lo pudiesen hacer. Y respondídole conforme á lo que él deseaba, tornaban á salir de nuevo con los mesmos naturales algunos orejones á imponer el tributo que habian de dar; el cual era en algunas partes más que el que dan los españoles en este tiempo; pero con la órden tan grande que se tenia en lo de los Incas, era para no sentirlo la gente, y crecer en multiplicacion; y con la desorden y demasiada codicia de los españoles, se fueron disminuyendo en tanta manera, que falta la mayor parte de la gente, y del todo se acabara de consumir por su codicia y avaricia que los más, ó todos, acá tenemos, si la misericordia de Dios no lo remediara con permitir que las guerras hayan cesado, ques cierto se han de tener por azotes de su justicia, y que la tasacion se haya hecho de tal manera y moderacion, que los indios con ella gozan de gran libertad y son señores de sus personas y haciendas, sin tener más pecho ni subsidio que pagar cada pueblo lo que le ha sido puesto por tasa. Estotra de adelante. Un poco más largo[55].

Visitando los que por los Incas son enviados las provincias, entrando en una, en donde ven por los quipos la gente que hay, asi hombres como mujeres, viejos é niños, en ella[56], y mineros de oro ó plata, mandaban á la tal provincia, que puestos en las minas tantos mill indios, sacasen de aquellos metales la cantidad que les señalaban, mandando que lo diesen y entregasen á los veedores que para ello ponian; y porque en el inter que andaban sacando plata los indios que eran señalados, no podian beneficiar sus heredades y campos, los mismos Incas ponian por tributo á otras provincias que les viniesen á les hacer la sementera á sus tiempos y coyuntura; de tal manera, que no quedase por sembrar; y si la provincia era grande, della mesma salian indios á cojer metales y á sembrar y labrar las tierras; y mandábase, que si estando en las minas adolesciese alguno de los indios, que luego se fuese á su casa y viniese otro en su lugar; mas que ninguno cojiese metales que no fuese casado, para que sus mujeres le adrezasen el mantenimiento y su brevaje; y sin esto, se guardaba de enviar mantenimientos bastantes á estos tales. De tal manera se hacia, que aunque toda su vida estuvieran en las minas, no lo tuvieran por gran trabajo; ni ninguno moria por darselo demasiado. Y sin todo esto, en el mes le era permitido dejar de trabajar algunos dias, para sus fiestas y solazes; y no unos [mismos] indios estaban á la continua en los mineros, sino de tiempo á tiempo los mandaban, saliendo unos y entrando otros.

Tal manera tuvieron los Incas en esto, que les sacaban tanto oro y plata en todo el reino, que debió de haber año que les sacaron más de cincuenta mill arrobas de plata, y más de quince mill de oro, y siempre sacaban destos metales para servicio suyo. Y estos metales eran traidos á las cabeceras de las provincias, y de la manera y con la órden con que los sacaban en las unas, los sacaban en las otras, de todo del reino; y si no habia metal que sacar en otras tierras, para que pudiesen contribuir, echaban pechos y derramas de cosas menudas, y de mugeres y muchachos; los cuales se sacaban del pueblo sin ninguna pesadumbre, porque si un hombre tenia un solo hijo ó hija, este tal no le tomaban, pero si tenia tres ó cuatro, tomábales una para pagar el servicio.

Otras tierras contribuian con tantas mill cargas de maíz como en ella habia casas, lo cual se daba cada cosecha[57] y á costa de la misma provincia. En otras regiones proveian por la mesma órden de tantas cargas de chuño[58] seco como los otros hacian de maíz; lo cual hacian otros, y contribuian de quínua[59] y de las otras raíces. En otros lugares daban cada uno tantas mantas como indios en él habia casados, y en otros tantas camisetas como eran cabezas. En otros se echaba por imposicion que contribuyesen con tantas mill cargas de lanzas, y otras con hondas y ayllos con todas las demás armas que ellos usan. A otras provincias mandaban que diesen tantos mill indios puestos en el Cuzco, para que hiciesen los edificios públicos de la ciudad y los de los reyes, proveyéndoles de mantenimiento necesario. Otros tributaban maromas para llevar las piedras; otros tributaban coca. De tal manera se hacia esto, que desde lo más menudo hasta lo más importante les tributaban á los Incas todas las provincias y comarcas del Perú; en lo cual hobo tan grande órden, que ni los naturales dejaban de pagar lo ya debido é impuesto, ni los que cojian los tales tributos osaban llevar un grano de maíz demasiado. Y todo el mantenimiento y cosas pertenecientes para el proveimiento de la guerra, que se contribuian, se despendia en la gente de guerra ó en las guarniciones ordinarias questaban puestas en partes del reino, para la defensa dél. Y cuando no habia guerra, lo más de todo lo comian y gastaban los pobres, porque estando los reyes en el Cuzco, ellos tenian sus anaconas[60], que es nombre de criado perpétuo, y tantos, que bastaban á labrar sus heredades y sus casas y sembrar tanto mantenimiento que bastase, sin lo que para su plato se traia de las comarcas siempre, muchos corderos y aves, y pescado, y maíz, coca, raíces, con todas las frutas que se cogen. Y tal órden habia en estos tributos que los naturales los pagaban, y los Incas se hallaban tan poderosos, que no tenian guerra ninguna que se recreciese.

Para saber cómo y de qué manera se pagaban los tributos y se cogian las otras derramas, cada guata, que es nombre de año, despachaba ciertos orejones como juezes de comision, porque no llevaban poder de más de mirar las provincias y avisar á los moradores si alguno estaba agraviado lo dijese y se quejase, para castigar á quien le hubiese hecho alguna sinjusticia; y recibidas las quejas, si las habia, ó entendido si en alguna parte algo se dejaba por pagar, daba la vuelta al Cuzco, de donde salia otro con poder para castigar quien tuviese culpa. Sin esta diligencia, se hacia otra mayor, que era, que de tiempo á tiempo parecian los principales de las provincias, donde el dia que á cada nacion le era permitido hablar, proponia delante del Señor el estado de la provincia y la necesidad ó hartura que en ella habia, y el tributo si era mucho ó poco, ó si lo podian pagar ó no; á lo cual eran despachados á su voluntad, estando ciertos los señores Incas que no mentian, sino que les decian la verdad; porque si habia cautela, hacian gran castigo y acrecentaban el tributo. Las mugeres que daban las provincias, dellas las traian al Cuzco para que lo fuesen de los reyes, y dellas dejaban en el templo del sol.

CAP. XIX.—De cómo los reyes del Cuzco mandaban que se tuviese cuenta en cada año con todas las personas que morian y nacian en todo su reino, y cómo todos trabajaban y ninguno podia ser pobre con los depósitos.

Para muchos efectos concuerdan los orejones que en el Cuzco me dieron la relacion, que antiguamente, en tiempo de los reyes Incas, se mandaba por todos los pueblos y provincias del Perú, que los señores principales y sus delegados supiesen cada año los hombres y mugeres que habian sido muertos, y todos los que habian nacido; porque así para la paga de los tributos, como para saber la gente que habia para la guerra y la que podia quedar por defensa del pueblo, convenia que se tuviese ésta; la cual fácilmente podian saber, porque cada provincia, en fin del año, mandaba asentar en los quipos por la cuenta de sus nudos todos los hombres que habian muerto en ella en aquel año, y por el [con] siguiente los que habian nacido. Y por principio del año que entraba, venian con los quipos al Cuzco, por donde se entendia, así los que en aquel año habian nacido, como los que faltaban por ser muertos. Y en esto habia gran verdad y certidumbre, sin en nada haber fraude ni engaños. Y entendido esto, sabian el Señor y los gobernadores los indios que destos eran pobres y las mugeres que eran viudas, y si bien podian pagar los tributos, y cuánta gente podia salir para la guerra; y otras muchas cosas que para entre ellos se tenian por muy importantes.

Y como sea este reino tan largo, como en muchos lugares de esta escriptura tengo dicho, y en cada provincia principal habia número grande de depósitos llenos de mantenimientos y de otras cosas necesarias y provechosas para el provehimiento de los hombres; si habia guerra, gastábase, por donde quiera que iban los reales, de lo questaba en estos aposentos, sin tocar en lo que los confederados suyos tenian, ni allegar á cosa ninguna que en sus pueblos hobiese; y si no habia guerra, toda la multitud de mantenimientos que habia, se repartia por los pobres y por las viudas. Estos pobres habian de ser los que eran viejos demasiadamente, los que eran cojos, mancos ó tollidos, ó toviesen otras enfermedades; porque si estaban sanos, ninguna cosa les mandaban dar. Y luego eran tornados á hinchir los depósitos con los tributos que eran obligados á dar; y si por caso venia algun año de mucha esterilidad, mandaban así mesmo abrir los depósitos y prestar á las provincias los mantenimientos necesarios; y luego, en el año que hobiese hartura, lo daban y volvian por su cuenta y medida cierta. Aunque los tributos que á los Incas se daban no sirvieran para otras cosas que para las dichas, era bien empleado, pues tenian su reino tan harto y bien proveido.

No consentian que ninguno fuese haragan y anduviese hurtando el trabajo de otros, sino á todos mandaban trabajar. Y así, cada señor, en algunos dias, iba á su chácara y tomaba el arado en las manos y aderezaba la tierra, trabajando en otras cosas. Y aún los mismos Incas lo hacian, puesto que era por dar buen ejemplo de sí; porque se habia de tener por entendido, que no habia de haber ninguno tan rico que por serlo quisiese baldonar y afrentar al pobre; y con su órden no habia ninguno que lo fuese en toda su tierra, porque, teniendo salud, trabajaba y no le faltaba, y estando sin ella, de sus depósitos le proveian de lo necesario. Ni ningun rico podia traer más arreo ni ornamento de los pobres, ni diferenciar el vestido y traje, salvo á los señores y curacas, que estos, por la dignidad suya, podian usar de grandes franquezas y libertades, y lo mesmo los orejones, que entre todas las naciones eran jubilados.

CAP. XX.—De cómo habia gobernadores puestos en las provincias, y de la manera que tenian los reyes, cuando salian á visitarlas, y cómo tenian por armas unas culebras ondadas con unos bastones.

Por muy cierto se averigua de los reyes deste reino, en el tiempo de su señorio y reinado tuvieron en todas las cabeceras de las provincias,—como eran Vilcas, Xauxa, Bombon, Caxamalca, Guancabamba, Tomebamba, Latacunga[61], Quito, Carangui; y por la otra parte del Cuzco, hácia el Mediodia, Hatuncana, Hatuncolla, Ayavire, Chuquiabo, Chucuito, Paria, y otros que van hasta Chile,—sus delegados; porque en estos lugares habia mayores aposentos y mas primos que en otros muchos pueblos deste gran reino, y muchos depósitos; y eran como cabezas de provincias ó de comarcas, porque de tantas á tantas leguas venian los tributos á una destas cabeceras, y de tantas á tantas, iba á otra; habiendo en esto tanta cuenta, que ningun pueblo dejaba de tener conocido á donde habia de acudir. Y en todas estas cabeceras tenian los reyes templos del sol y casa de fundicion y muchos plateros, que no entendian en todo el tiempo en más que en labrar ricas piezas de oro, ó grandes vasijas de plata; y habia mucha gente de guarnicion, y, como dije, mayordomo mayor ó delegado que estaba sobre todos, y á quien venia la cuenta de lo que entraba, y el que era obligado á la dar de lo que salia. Y estos tales gobernadores no podian entremeterse en mandar en la jurisdiccion agena y que tenia á cargo otro como él; mas en donde él estaba, si habia algun escándalo y alboroto, tenia poder para castigarlo, y más si era cosa de conjuracion ó de levantarse algun tirano, ó de querer negar la obidiencia al rey; porque es cierto que toda la fuerza estaba en estos gobernadores. Y si los Incas no cayeran en ponerlos y en que hubiese los mitimaes, muchas veces se levantaran los naturales y esimieran de sí el mando real; pero con tantas gentes de guerra y tanto proveimiento de mantenimientos, no podian, si entre todos, los unos y los otros, no hobiese trama de traicion ó levantamiento; lo cual habia pocas veces, porque estos gobernadores que se ponian, eran de gran confianza, y todos orejones y que los más dellos tenian sus chácaras, que son heredades, en la comarca del Cuzco, y sus casas y parientes; y si alguno no salia bastante para gobernar lo que tenia á cargo, luego le era quitado el mando y puesto otro en su lugar.

Y estos, si en algunos tiempos venian al Cuzco á negocios privados ó particulares con los reyes, dejaban en sus lugares tenientes, no á los que ellos querian, sino á los que sabian que harian[62] con más fidelidad lo que les quedaba mandado, y más á servicio de los Incas. Y si alguno destos gobernadores ó delegados moria en su presidencia, los naturales, cómo y de qué habia muerto con mucha presteza enviaban la razon ó probanza dello al Señor, y aun los cuerpos de los muertos llevaban por el camino de las postas, si vian que convenia. Lo que tributaba cada término destas cabeceras y contribuian los naturales, así oro, como plata, y ropa y armas, con todo lo demás que ellos daban, lo entregaban por cuenta á los camayos que tenian los quipos, los cuales hacian en todo lo que por este les era mandado en lo tocante á despender estas cosas con la gente de guerra, ó repartillo con quien el Señor mandaba, ó de llevallo al Cuzco; pero cuando de la ciudad del Cuzco venian á tomar la cuenta, ó á que la fuesen á dar al Cuzco, los mesmos contadores con los quipos la daban ó venian á la dar á donde no podia haber fraude, sino todo habia de estar cabal. Y pocos años se pasaban sin dar cuenta y razon de todas estas cosas.

Tenian gran autoridad estos gobernadores y poder bastante para formar ejércitos y juntar gente de guerra, si súpitamente se recresciese alguna turbacion ó levantamiento, ó que viniese alguna gente extraña por alguna parte á dar guerra; y eran delante del Señor honrados y favorecidos; y desto se quedaron, cuando entraron los españoles, muchos dellos con mando perpétuo en provincias. Yo conozco algunos dellos y estar ya tan aposesionados, que sus hijos heredan lo que era de otros.

Cuando en tiempo de paz salian los Incas á visitar su reino, cuentan que iban por él con gran magestad, sentados en ricas andas, armadas sobre unos palos lisos, largos, de maderas excelentes, engastonadas en oro y en argentería; y de las andas salian dos arcos altos, hechos de oro, engastonados en piedras preciosas, y caian unas mantas algo largas por todas las andas, de tal manera, que las cubrian todas; y si no era queriendo el que iba dentro, no podia ser visto, ni alzaban las mantas sino era cuando entraba y salia; tanta era su estimacion. Y para que le entrase aire y él pudiese ver el camino, habia en las mantas hechos algunos agujeros. Por todas partes destas andas habia riqueza, y en algunas estaban esculpidos el sol y la luna, y en otras unas culebras grandes ondadas, y unos como bastones que las atravesaban;—esto traian por insinia[63], por armas;—y estas andas las llevaban en hombros de señores los mayores y más principales del reino, y aquel que más con ellas andaba, aquel se tenia por más honrado y por más favorecido.

En redor de las andas y á la hila iba la guarda del rey con los archeros y alabarderos, y delante iban cinco mill honderos, y detrás venian otros tantos lanceros, con sus capitanes, y por los lados del camino y por el mesmo camino, iban corredores fieles descubriendo lo que habia y avisando la ida del Señor; y acudia tanta gente por lo ver, que parecia que todos los cerros y laderas estaban llenos della; y todos le daban sus bendiciones alzando alaridos y grita grande á su usanza; llamándoles "Ancha hatun apu, intipchuri, canqui zapallaapu tucuy pacha ccampa uyay sullull[64]"; que en nuestra lengua dirá: "Muy grande y poderoso Señor, hijo del sol, tú sólo eres Señor, todo el mundo te oya en verdad." Y sin esto le decian otras cosas más alto; tanto, que poco faltaba para le adorar por Dios.

Todo el camino iban indios limpiando, de tal manera, que ni yerba ni piedra no parescia, sino todo limpio y barrido. Andaba cada dia cuatro leguas, ó lo que él queria; paraba lo que era servido, para entender el estado de su reino; oia alegremente á los que con quejas le venian, remediando y castigando á quien hacian injusticia. Los que con ellos iban, no se desmandaban á nada ni salian del camino un paso. Los naturales proveian de lo necesario, sin lo cual lo habia tan cumplido en los depósitos, que sobraba, y ninguna cosa faltaba. Por donde iba, salian muchos hombres y mugeres y muchachos á servir personalmente en lo que les era mandado; y para llevar las cargas, los de un pueblo las llevaban hasta otro, de donde los unos las tomaban, y los otros las dejaban; y como era un dia, y cuando mucho dos, no lo sentian, ni dello recebian agravio ninguno. Pues yendo el señor desta manera, caminaba por su tierra el tiempo que le placia, viendo por sus ojos lo que pasaba, y proveyendo lo que entendia que convenia: que todo era cosas grandes é importantes; lo cual hecho, daba la vuelta al Cuzco, principal ciudad de todo su imperio.

CAP. XXI.—Cómo fueron puestas las postas en este reino.

Era tan grande el reino del Perú, que mandaban los Incas lo ya muchas veces dicho desde Chile hasta Quito, y áun del rio de Maule hasta el de Angasmayo; y si estando el rey en el un cabo destos, hobiera de ser informado de lo que pasaba en el otro con quien anduviera por jornadas, aunque fueran grandes, fuera una cosa muy larga; porque, á cabo de haber andado mill leguas, ya seria sin tiempo lo que se habia de proveer, si conviniera, ó remediar otros negocios de gobernacion. En fin, por esto, é por en todo acertar á gobernar las provincias, los Incas inventaron las postas, que fué lo mejor que se pudo pensar ni imaginar; y esto á sólo Inca Yupanqui se debe, hijo que fué de Viracocha Inga, padre de Tupac Inca, segun dél publican los cantares de los indios, y afirman los orejones. No sólo lo de las postas inventó Inca Yupanqui, que otras cosas grandes hizo, como iremos relatando. Y así, desde el tiempo de su reinado, por todos los caminos reales fueron hechas de media legua á media legua, poco más ó ménos, casas pequeñas bien cubiertas de paja é madera, y entre las sierras estaban hechas por las laderas y peñascos de tal manera, que fueron los caminos llenos destas casas pequeñas de trecho á trecho, como es dicho de suso. Y mandóse que en cada una dellas estuviesen dos indios con bastimentos, y que estos indios fuesen puestos por los pueblos comarcanos, y que no estuviesen estantes, sino, de tiempo á tiempo, que fuesen unos y viniesen otros; y tal órden hobo en esto, que no fué menester más de mandarlo para nunca dejarlo de hacer mientras los Incas reinaron.

Por cada provincia se tenia cuidado de poblar las postas que caian en sus términos, y lo mismo hacian en los desiertos campos y sierras de nieve los que estaban más cerca del camino. Y como fuese necesario dar aviso en el Cuzco ó en otra parte á los reyes de alguna cosa que hobiese sucedido ó que conviniese á su servicio, salian de Quito ó de Tomebanba, ó de Chile ó de Caranqui, ó de otra parte cualquiera de todo el reino, así de los llanos como de las sierras, y con demasiada presteza andaban al trote sin parar aquella media legua; porque los indios que allí ponian y mandaban estar, de creer es que serian ligeros y los más sueltos de todos. Y como llegaba junto á la otra posta, comenzaba á apellidar al que está en ella y á le decir: "Parte luego, y ve á tal parte, y avisa desto y esto que ha acaecido, ó desto y esto que tal gobernador hace saber al Inca." Y así como el que está lo ha oido, parte con mayor priesa, y entra, el que viene, á descansar en la casilla, y á comer y beber de lo que siempre en ella está, y el que va corriendo hace lo mesmo.

De tal manera se hacia esto, que en breve tiempo sabian á trescientas leguas, y quinientas, y ochocientas, y más y ménos, lo que habia pasado ó lo que convenia proveer y ordenar. Y con tanto secreto usaban de sus oficios estos que residian en las postas, que por ruego ni amenaza jamás contaban lo que iban á avisar, aunque el aviso hobiese ya pasado adelante. Y por tales caminos, así de sierras ásperas como de montañas bravas, como de promontorios de nieves y secadales de pedregales llenos de abrojos y de espinas de mill naturas, ván estos caminos, que se puede tener por cierto y averiguado, que en caballos ligeros ni mulas no pudiera ir la nueva con más velocidad que estos correos de pié; porque ellos son muy sueltos, y andaba más uno de ellos en un dia, que anduviera en tres un correo á caballo ó á mula; y no digo siempre un indio, sino cómo y de la órden quellos tenian, que era andar uno media legua, y otro otra media legua. Y es de saber, que nunca por tormenta ni por cosa que sucediese, habia de estar posta ninguna despoblada, sino en ella los indios que digo, los cuales, ántes que de allí se fuesen, eran venidos otros á quedar en su lugar.

Y por esta manera eran avisados los señores de todo lo que pasaba en todo su reino y señorío, y proveian lo que más les parescia convenir á su servicio. En ninguna parte del mundo no se lee que se haya hallado tal invençion, aunque sé que, desbaratado Xerxes el Grande, fué la nueva así, por hombres de pié, en tiempo breve. Y cierto fué esto de las postas, muy importante en el Perú, y que se vé bien por ello cuán buena fué la gobernacion de los señores dél. Y hoy dia están en muchas partes de las sierras, junto á los caminos reales, algunas casas destas en donde estaban las postas, y por ellas vemos ser verdad lo que se dice. Y aun tambien he visto yo algunos topos, que son, como atrás dije, á manera de mojones de términos, salvo que estos de acá son grandes y mejor hechos, y era por donde contaban sus leguas, y tiene cada uno legua y media de Castilla.