X.

Segundo informe de D. Custodio Sá y Farias sobre el Puerto de San José.

EXMO. SEÑOR:

Muy Señor mio:—En egecucion de la superior órden de V.E., en que me manda exprese mi dictámen sobre los establecimientos de la Costa Patagónica, en vista de los documentos y oficios que se han producido desde que se dió principio al importante objeto de estos descubrimientos, siendo el de mayor consideracion el de evitar que otra cualquier nacion se pueda establecer en aquella costa, en grave perjuicio del derecho incontestable que tiene el Rey Nuestro Señor á aquellos terrenos: de que igualmente podria resultar el grande inconveniente de que se internasen por aquel continente, procurando la comunicacion con nuestras poblaciones inmediatas á la cordillera de Chile: y que siendo este el fin principal, no es de menor consecuencia el útil establecimiento de la pescaria de la ballena, formándose una fábrica en lugar á propósito para conseguirse; sin perder de vista la extraccion de la sal, ramo tan considerable para el abasto de esta provincia, como para la salazon de carnes que se mandan conducir á España: lo que todo consta con evidencia por el contesto de las reales órdenes expedidas á este superior gobierno.

Sin embargo de que considero estos delicados é importantes puntos superiores á mi débil capacidad, no puedo dejar de sugetar mi obediencia á los preceptos de V.E., exponiendo mi dictámen, sino con el acierto que deseára, con aquel celo y fidelidad con que mi deseo procura acreditarse en el real servicio.

En consecuencia de las averiguaciones y exámenes que se han producido hasta el presente en la costa Patagónica, consta no haberse descubierto puerto mas á propósito que el de San José, en que puedan entrar toda calidad de embarcaciones, aunque sean de alto bordo, sin embarazos ni bajios, ni falta de fondo que pongan en peligro su navegacion: y sin embargo de haber en sobre dicha costa otros puertos, estos solamente pueden dar entrada á las embarcaciones, con la circunstancia de deber esperar la subida de las mareas y vientos favorables para introducirse en ellos, siendo obligados á fondear sobre la costa con el peligro de un viento de travesia que las estrelle en ella, lo que no sucede en el de San José, pues en la bahía que antecede á este puerto, que tiene 20 leguas de abra, y mas de profundidad, con un fondo admirable, no hay que temer su entrada. De esta se pasa, al lado del sur por un estrecbo de tres cuartos de legua de ancho, que dá tránsito al puerto, que es otra bahía capaz de contener en su seno una armada, de la misma suerte limpio y de buen fondo.

Si alguna potencia extrangera intentase establecerte en esta costa, no despreciaría el puerto de San José, no solo por lo que llevo expuesto, mas porque podria entrar en él con mayor número de navios, para con ellos poder hacer oposicion, cuando se intentase expulsarla de allí: por ser natural que no emprendiese una conquista en país ageno, sin fuerzas suficientes para sostentarla.

En la informacion que presentó á V.E. el teniente de infanteria D. José Salazar, sobre las calidades de la situacion del Puerto de San José, donde existió 17 meses, se expresa que el temperamento es saludable, sus aguas sanas, aunque algo gruesas; que son muchos los manantiales de ellas; que el trigo y cebada que sembró, produció, que tiene abundante leña de arbustos de espinillo y poleo: que la península es abundante de pastos y muy defendida, porque su garganta ó angostura no tiene mas de media legua, y que está segura, y cierra 50 ó 60 leguas que dicha península tiene de largo. Que en el puerto entran muchas ballenas; que vió una salina de sal de piedra de 4 ó 5 leguas de circunferencia; que en aquella costa hay ricos y abundantes pescados y mariscos, y que aquel campo abunda de liebres, huanacos y leones, de que se sustenta aquel destacamento.

De cuya exposicion se debe inferir que las primeras informaciones se dieron sin preceder las exactas averiguaciones que pedia un asunto de tanta consecuencia, y que por sus circunstancias, sino debe despreciar aquel puerto y su continente, es de necesidad explorarlo con mas proligidad, antes de decidirse por ningun proyecto de poblaciones.

Se ha supuesto segun las primeras noticias, que el terreno de dicho puerto no es propio para sementeras; pero esto era preciso que la experiencia lo demostrase, haciendo repetidas pruebas en diferentes situaciones. Alegan que no hay aguas suficientes, sin embargo, de haber algunos pozos en que la hay salobre; mas que á distancia de 3 ó 5 leguas se hallan manantiales de agua muy buena, de donde se puede conducir para gasto del establecimiento. Tambien en este se pueden fabricar balsas ó algibes en que se puedan recoger las llovedizas, supliendo el arte el defecto de la naturaleza. La falta de leñas es otro obstáculo que se propone para su permanencia, pero no se niega que hay bastantes de pequeños y delgados arbustos. La última dificultad consiste en ser el puerto desabrigado en su fondeadero, por ser el terreno que lo cerca bajo; pero esto se puede vencer con buenas amarras, buscando el fondo mas adaptado para las anclas, y me consta lo hay y mas abrigado al lado del oeste, próximo á tierra. Hay muchos puertos que tienen este y mayores defectos; pero con todo no se abandonan, cuando de ellos resulta utilidad al soberano que los posee.

Es innegable que este Puerto de San José es el mas á propósito para el establecimiento de una armazon de ballenas, pues antes de entrar á él, existe la gran bahía, en donde se podrá hacer la pesca, sin salir al mar largo, aun dentro del mismo puerto; pues en él, en menos de dos meses, se pescaron y beneficiaron 14 ballenas, como lo afirma el teniente D. Juan Salazar.

Los Portugueses, en todas las armazones que tienen establecidas en la costa del Brasil, salen en lanchas pequeñas al mar alto á hacer la pesca, y á remolque con las mismas lanchas conducen á tierra las ballenas para beneficiarlas. Me hago cargo de no haber en esta situacion leñas gruesas para el abasto de una semejante fábrica, pero esta falta se puede prevenir conduciéndola de donde la haya mas próxima, en embarcaciones proporcionadas á este tragin. Mayor inconveniente tienen las embarcaciones extrangeras que vienen de tan lejos á estos mares, y benefician las ballenas y la esperma sobre sus cubiertas; para lo que necesariamente deben conducir leñas, y este embarazo no los priva de continuar en este trabajo todos los años, en la estacion propia.

Es tambien dicho Puerto de San José muy útil para la extraccion de la sal, por la gran cantidad y buena calidad que en él existe, de cuyo artículo podrán cargar las embarcaciones, que á él naveguen con víveres ó comercio; siendo tan importante este ramo para el abasto de estas provincias, y salazon de carnes que deben pasar á España.

Semejantes establecimientos en sus principios, Exmo. Señor, no se pueden conseguir sin expensas y sin inconvenientes; pues si todo se hallase á medida de nuestros deseos, ni el arte, ni las diligencias y trabajos tendrian mérito.

De la conservacion de este puerto y de este establecimiento se sigue igualmente la utilidad de que nuestros navios que pasan al mar del sur, y de este al del norte, sabiendo que pueden en él recalar ó arribar en urgente necesidad, tendrán la consolacion de hallar un tal abrigo en unos mares tan tempestuosos y en los dominios de su Agusto Soberano. Bien considero que las embarcaciones que alli arriben no hallarán los socorros que necesiten; pero los podrá haber con el tiempo, formándose un depósito de los géneros mas precisos, para poder con ellos acudir á las necesidades de las embarcaciones arribadas. Y siendo las aguadas para las mismas el renglon mas importante, ninguna dificultad considero en que se vayan á hacer en el puerto del Rio Negro, que se halla tan próximo de aquella bahía, enviando los toneles ó pipas en embarcaciones que demanden poco fondo.

Parece que la Providencia ha permitido que las naciones extrangeras, principalmente la inglesa, no haya descubierto este puerto, porque si esto hubiera acontecido, sin embargo de sus incomodidades, que me parecen insignificantes, se hubiera aprovechado de él; pues ansiosamente lo ha solicitado conseguir en la costa Patagónica.

El Rey de Inglaterra, Carlos II, expresamente ordenó al Caballero Juan Narborough, pasase á reconocer el Estrecho de Magallanes y la costa Patagónica entre dicho estrecho y las poblaciones españolas, con órden de abrir, si le fuese posible, alguna correspondencia con los indios de Chile, estableciendo con ellos cualquiera especie de comercio. Las vistas de este soberano en ordenar este viage, no eran solamente de hacer alianza con estos pueblos bárbaros para intimidar á los españoles y encerrarlos por este lado, mas se extendian á otras ventajas independientes de estos motivos políticos. Consideraba que el comercio inmediato con estos indios, podria ser sumamente útil á la nacion inglesa, extrayendo por los mismos indios el oro de las minas mas ricas que los indios de Chile ocultan á los españoles, dándoles en cambio armas y municiones de guerra y otras comodidades que les hiciesen abrir sus minas; y que por la asistencia de los ingleses y su proteccion, vendrian á formar estos indios un pueblo considerable, eta. (Voyage de Anson tom. I, pág. 231.) Estos mismos pensamientos y deseos pueden aun existir, y me parece muy importante el prevenirlos en semejante caso, y mucho mas despues de llegar á su noticia esta descubierta, y teniendo noticia de ser este un puerto capaz de contener la mayor armada, y de una entrada tan fácil y segura.

Paso á reflexionar que, sin embargo de no poder entrar en el puerto del Rio Negro sino embarcaciones de pequeño porte, con todo no debemos abandonarlo, porque de las márgenes de su rio é islas, se pueden extraer leñas para el abasto de la armazon que se pretende establecer en el de San José, por ser el lugar mas vecino de este; se pueden en dicho rio hacer las aguadas para los buques que la necesiten, siendo para este y otros fines indispensable conservar aquel presidio, para que cubra y defienda de los indios estos trabajos, y para procurar de atraer estos bárbaros al comercio de ganados y caballos, que pueden pasar de allí, como han pasado por tierra 100 caballos y 80 reses vacunas el año de 1783, tiempo en que dicho Salazar pasó desde San José al establecimiento del Rio Negro: y segun la extension de aquella península y sus abundantes pastos, se podrá aumentar el ganado, de suerte que pueda ministrar carnes á todas las poblaciones que se establecen en la costa Patagónica; pues si los ingleses pretendian tener habilidad para extraer por medio de los indios el oro de Chile, y comerciar con ellos, ¿porqué no la tendremos nosotros para extraer de los indios Pampas ganado y caballos?

El descubrimiento de este Rio Negro no se ha concluido: el piloto de la real armada, D. Basilio Villarino, lo hizo hasta la latitud de 39 grados, y me parece muy conveniente que se concluya; pues con bien fundadas razones debemos arguir, que desde su orígen encamina su curso hácia las inmediaciones de la ciudad de Mendoza; y verificándose, como es de presumir, podrá dar la mano esta ciudad y las poblaciones circunvecinas, con la del Rio Negro, trayendo víveres á ella, y llevando en retorno la sal: cuya averiguacion tambien facilitaria un camino de tierra, para de Mendoza conducir ganados y caballos al Rio Negro. No dejo de advertir que el camino de tierra no se podrá transitar sin que sea por un cuerpo de tropas milicianas: pero como esto no se practicaria sino raras veces, no cansaria grande incómodo, quedando el camino del rio conocido para los viages mas repetidos. Este camino de tierra tambien seria importante en caso de ser preciso bajar un socorro de gente al Rio Negro ó Puerto de San José, desde Mendoza y demas ciudades vecinas; pues de no haberlo se veria en la precision de hacer el gran rodeo de venir á buscar las campañas de Buenos Aires.

Esta averiguacion y exámen no se debe hacer en faluas ni pequeñas embarcaciones de quilla, mas sí en canoas, porque encontrando estas obstáculos en el rio, se sirgan con facilidad, pasándolas por encima de los arrecifes, y si encuentran saltos, se descargan y arrastran por tierra hasta vencer las dificultades en donde se vuelve á cargar; lo que no se puede practicar con embarcaciones de quilla. De esta suerte navegan los portugueses por todos los rios del Brasil, sin que les impida ni saltos ni arrecifes. Yo mismo navegué en canoas 324 leguas, desde la ciudad de San Pablo, en el Brasil, hasta la poblacion del Rio Igatimí, bajando por el Rio Tieté, que tiene 30 arrecifes y dos grandes saltos, la mayor parte de aquellos en que es preciso descargar las canoas, y saliendo al rio Paraná, que navegué 80 leguas aguas abajo, subí el rio Igatimí que tiene 16 ó 17 arrecifes, trabajosos de subir, y los mas de descargar las canoas y subirlas á la carga; y en dos meses llegué á aquella poblacion, con ocho canoas cargadas de gente y víveres. Igual tiempo gasté en el regreso á San Pablo, y cuando se quiera adoptar este método, que es el mas propio, lo circunstanciaré con toda claridad.

De abandonarse la poblacion del Rio Negro, se signe el abandonar los medios que nos pueden facilitar el descubrimiento de los terrenos incultos que median entre nuestras poblaciones de Mendoza vecinas á la cordillera de Chile y este establecimiento, por ser incontestable, que por este rio y sus brazos se facilitará con mas comodidad, de que por tierra: ni me hacen fuerza las dificultades halladas por el piloto Villarino en la navegacion del rio; pues así como él lo descubrió hasta el parage donde llegó y dejó de continuar por falta de socorro, ¿porqué no se podrá continuar lo que falta hasta donde sea posible? Ademas, que en semejantes rios hay cierta estacion del año en que corren mas caudalosos, que es el tiempo de las lluvias, y en este rio con mayor razon, en el tiempo en que se derriten las nieves de la cordillera, de la cual necesariamente han de bajar muchos brazos y orígenes que le forman, y escogiéndose esta estacion para la navegacion, se hará la misma con mas facilidad y menos inconvenientes; mas siempre en las embarcaciones que quedan indicadas.

A V.E. he oido reflexionar muchas veces cuanto seria importante al real servicio y en utilidad de los moradores de esta capital, que las guardias que guarnecen la frontera para embarazar las incursiones de los indios Pampas, se avanzasen á mas distancia de la en que se hallan, no solo para desahogo de las estancias de ganados, como para prevenir á que los indios no llegasen con tanta facilidad á los sitios poblados á robar y matar los pobladores. Este proyecto seria muy conveniente poderle poner en práctica, pues vemos la opresion en que está la frontera há tantos años, sin poderse dilatar sus moradores fuera del cordon que forman las guardias.

Por esta misma razon, sobre las que llevo expuestas, me parece importantísima la conservacion del establecimiento del Rio Negro, que dá la mano al de San José, y queda mas próximo de esta capital: así fuera posible formar á lo menos otro en la punta del E de la Sierra del Volcan, que podria ser en el sitio donde los Jesuitas habian dado principio á una reduccion de indios pampas, llamada Nuestra Señora del Pilar, que se abandonó. Sin duda se pondrán muchas objeciones á un tal establecimiento tan separado de la capital; pero es cierto que si no se procura el ir avanzando terreno, siempre nos conservaremos en el mismo estado oprimidos.

Esta poblacion, ó presidio en un sitio del Volcan, me parece importante, porque con ella iremos poco á poco facilitando y asegurando un camino de tierra para los establecimientos de la costa Patagónica que juzgo indispensablemente preciso, ya para la comunicacion con ellos, ya para en caso de ser necesario por algun incidente enviar de aquí socorro de tropas, tener estos puestos de reserva para víveres, pertrechos y transportes por un camino carretero hasta el Rio Negro, y mas adelante. El estar el Volcan 80 leguas de esta capital, no debe servir de obstáculo á su fundacion, pues todos los establecimientos de América tuvieron sus principios distantes de los socorros, y no por esto dejaron de conservarse. Mucho mas distantes están los del Rio Negro y San José, rodeados de indios bárbaros, y con todo no recelamos que los indios nos obliguen á desalojarlos[5].

[Nota 5: Lo mismo se verifica respecto del establecimiento del Rio Negro, segun la informacion de D. Francisco Viedma, en que muestra que aquel terreno tiene todas las circunstancias propias para deber existir la poblacion en él.]

Despues que V.E. se dignó facilitarme el parecer del Super-intendente D. Antonio Viedma, sobre los establecimientos del puerto Deseado, y Bahía de San Julian, he mudado el concepto que formaba de estas situaciones, que se habian figurado antecedentemente con un aspecto melancólico, faltos de todas aquellas circunstancias que pudiesen animar la empresa de poblarlos. Pero este Ministro, celoso del servicio del Rey, y muy inteligente observador, demuestra con evidencia las ventajas que él mismo experimentó, y que principalmente el puerto de San Julian merece todas las atenciones para repoblarse. Su informe es expresivo, convincente y claro, y contiene cuanto se puede desear sobre el asunto.

Presento el mapa geográfico que V.E. fué servido mandarme ordenase de los terrenos descubiertos, lo que hice por las noticiar adquiridas, y planos que se han elevado de los nuevos puertos descubiertos: por él se conocerá la correspondencia que tienen unos con otros, y la que tiene esta capital con ellos. Sería yo feliz si V.E. aprobase el celo con que deseo desempeñar el concepto con que V.E. me honra, cuando me dispensa las ocasiones de emplearme en el real servicio, y de haberlo hecho con acierto.

Dios guarde á V.E. muchos años. Buenos Aires, 12 de Agosto de 1786.

CUSTODIO SA Y FARIAS.

XI.

Noticia individual de los Caciques, ó Capitanes Peguenches y Pampas que residen al Sud, circunvecinos á las fronteras de la Punta del Sauce, Tercero y Saladillo, jurisdiccion de la ciudad de Córdoba: como asimismo á la del Pergamino, Rayos y Pontezuela de la capital de Buenos Aires y Santa Fé: el número que gobierna cada uno, y de los lugares y aguadas que ocupan, y distancias, los cuales se hallan situados sobre los caminos hollados; el de las Víboras descubierto por el Coronel D. José Benito de Acosta, y el Maestre de Campo D. Ventura Montoya en la expedicion que se hizo el año de 76, y el nuevamente descubierto, llamado el de las Tunas, por los Maestres de Campo Diego de las Casas y D. Ventura Echeverria, en la presente expedicion, y año de 79.

CACIQUES. NUM. DE INDIOS.

  1. Puñaleph, anciano, vive sobre el camino de las Víboras, en el
     parage de Colchague, y gobierna 10 indios con sus familias, en 10
     toldos: siendo sus aguadas 7 pozos cavados: dista de la Punta del
     Sauce, 100 leguas poco mas ó menos…………………………10

  2. Lepian, anciano, tiene 20 en 10 toldos, y vive en Tenel, que
     quiere decir recado hallado. Tienen dos aguadas cavadas y
     cercadas, y dista un dia de camino de
     Calchague……………………………………………….20

3. Yanquelemus, asimismo anciano, tiene otros 20 en 10 toldos. Vive en dicho Tenel, y tienen dos pozos cavados y cercados………………………………………………. 20

4. Curruguilí, que al presente relaciona esta noticia con José Bruno, en mi presencia y capitanes. Tiene 10 indios en 6 toldos, siendo la aguada una laguna llovediza y pozo cavado, y viven en Antoruè, que quiere decir toro muerto, y dista un dia de camino de Tenel………………………………………………..10

  5. Culucalquin, que quiere decir aguila: tiene 16 indios en 10
     toldos, y habitan en Maripìl, que quiere decir víbora. Sus
     aguadas son 5 pozos pequeños, y dista de Antoruè medio dia de
     camino………………………………………………….10

  6. Ancapichui, de mediana edad, que quiere decir perdices, cuñado
     de Curruguilí, tiene 15 indios en 10 toldos: vive en Chadelanguen,
     que quiere decir agua salada, y sus aguadas son 5 pozos cavados:
     dista un dia de camino de Maripìl………………………….15

  7. Tumuilemuí, que quiere decir monte, hermano de Curruguilí,
     tiene 6 indios en 6 toldos. Vive en Metrenquel, que quiere decir
     poste parado. Sus aguadas son 4 pozos cavados, y dista un dia de
     camino de Chadelanguen…………………………………….6

NOTA.—Los lugares y parages que van mencionados, quedan al poniente del camino, con rumbo al naciente, y confinan con los caciques y lugares nuevamente descubiertos sobre las Nuevas Tunas, por dichos Maestres de Campo D. Diego de las Casas y D. Ventura Echeverria, hallándose dichas tolderias en el medio del referido camino y de las espresadas Nuevas Tunas descubiertas: siendo las tolderias avanzadas en la presente expedicion hecha, por los citados Maestres de Campo Casas y Echeverria.

  8. El cacique Maripol tiene 10 indios en 5 toldos, siendo la aguada
     dentro de un médano grande que se llama Teguás, y dista tres
     dias de camino de Metrenquel……………………………..10

  9. En el citado parage se encontraron 3 tolderias mas, y unos y
     otros con los antecedentes componian 22 indios, à los que se les
     trajo la chusma de 48 piezas……………………………..22

10……………………………………………………….

11. Llancan tiene 30 indios en 10 toldos, vive en Colulanquen, que quiere decir laguna grande, como en efecto lo es, con tres ojos de agua que la forman, y dista cinco leguas de Teguás, y en el mismo camino, rumbo al sud…………………………… …30

 12. Rainao, que vive en el mismo Colulanquen, y es el que mas
     supone entre aquellos indios, tiene 30 indios en 15 toldos…..30

 13. Aygopillan, que reside en la dicha laguna, tiene 20 indios en
     10 toldos………………………………………………20

 14. Catruen, que vive à la vista de las antecedentes tolderias,
     tiene 8 indios en 4 toldos, siendo la aguada 2 pozos cavados….8

 15. Painemanque, que quiere decir Condor anciano, tiene 14
     indios, inclusos cuatro hijos, en 7 toldos: vive en el parage de
     Quilquil, que quiere decir pajaro chiquito, cuyas aguadas son 4
     pozos cavados y cercados. Dista dos leguas del antecedente, sito
     sobre el mismo camino, tras de un cerro pequeño…………….14

 16. Guaiquiante, que quiere decir Sol, anciano, tiene 15 indios,
     con inclusion de cinco hermanos en 10 toldos: vive en Arpiel, lugar
     de monte por el que pasa el camino rumbo al sud; y sus aguadas son
     6 pozos cavados. Dista dos leguas de Quilquil, y hay lagunas de
     agua llovediza………………………………………….15

 17. Canipayú, que quiere decir pericote, de mediana edad, tiene
     15 indios y 5 hermanos en 7 toldos, viven en Chin. Sus aguadas son
     2 pozos grandes cercados, distantes de Arpiel como dos leguas..15

 18. Carimanque, que quiere decir condor, tiene 10 soldados en 7
     toldos: vive en Mamucanan, siendo su aguada un pozo cercado y tres
     lagunas llovedizas, y reside á la vista de Chin…………….10

 19. Antuanque, que quiere decir avestruz, tiene 20 soldados en 16
     toldos: vive en Conquaì, que dista medio dia de camino de los
     antecedentes. Sus aguadas son 2 pozos cavados y tres lagunas
     grandes llovedizas………………………………………20

 20. Pichuimanque, tiene 10 soldados en 6 toldos: vive en
     Chaquilque, en distancia de medio dia de camino de Conquaì: sus
     aguadas son 3 pozos cavados. Este lugar está sobre el camino de
     las Nuevas Tunas, descubierto á la izquierda y rumbo al sud….10

 21. Mariñanco tiene 10 indios en 6 toldos: vive en Chadí, à la
     vista de Chaquilque……………………………………..10

 22. Maliguenu, que quiere decir piedras, tiene 10 indios en 6
     toldos, y vive à la vista de Chadí………………………..10

 23. Antemanque, tiene 11 indios en 6 toldos, y vive en dicho Chadí;
     siendo la aguada 3 pozos cavados………………………….11

 24. Nancopillan, ya viejo, tiene 20 soldados en 10 toldos, vive en
     Checau, que dista tres leguas de Chadí. Su aguada es un pozo cavado
     y cercado, bastante grande……………………………….20

 25. Curripulquí, anciano, tiene 18 indios en 10 toldos: vive en
     dicho Checau, que dice médano colorado. Está à la vista del
     cacique Nancopillan, y tiene pozos cavados…………………18

 26. Lanquenerrí, tiene 20 indios en 9 toldos, vive en Caichigua,
     que dista un dia de camino de Checau sobre el mismo carril. Sus
     aguadas son pozos cavados y pequeños………………………20

 27. Chañal tiene 30 indios en 20 toldos, y vive en Relanquen,
     distante medio dia de camino de Caichigua. Sus aguadas son pozos
     cavados y pequeños………………………………………30

 28. Maripí tiene 26 indios en 14 toldos, y dista un dia de camino
     de Caichigua, siendo sus aguadas 10 pozos cavados…………..26

 29. Creyu tiene 20 soldados en 10 toldos, y que vive en Rarrin, un
     dia de camino de Colulanquen, siendo sus aguadas pozos cavados.20

 30. Painequeo tiene 17 indios en 8 toldos: vive en Meuco. Sus
     aguadas son 8 pozos cavados pequeños, y dista un dia de camino,
     sin agua, de Meuco………………………………………17

 31. Cheuquel, viejo, tiene 20 soldados en 10 toldos: vive en
     Checalgo, distante un dia de camino de Meuco, y tiene pozos
     cavados………………………………………………..20

 32. Caipì tiene 10 soldados en 6 toldos: vive en Colcó, que quiere
     decir médano, y dista un dia y medio de camino de
     Checalgo………………………………………………10

 33. Caripí tiene 20 soldados en 10 toldos, y vive en Trobalanquen,
     dos dias de camino de Colcó, siendo sus aguadas 7 pozos
     cavados……………………………………………….20

 34. Calloani tiene 17 indios en 10 toldos: vive en Checalgo un dia
     de camino de Trobalanquen, siendo sus aguadas pozos
     cavados……………………………………………….17

     =Del carril citado se aparta otro al naciente, en el que viven
     los Caciques siguientes:—
=

35. Puiñanco tiene 30 indios en 20 toldos: vive en Curruman y se mantienen en pozos cavados………………………………30

 36. Anteñanco tiene 20 indios en 10 toldos, y vive en Trobal, junto
     à una laguna salada, que dista un dia de camino de
     Curruman………………………………………………20

 37. Labangenri tiene 20 indios en 10 toldos, y vive en Caichigoa
     que quiere decir agua de cerro, y que es laguna permanente:
     dista dia y medio de camino de Trobal…………………….20

 38. Canigurri tiene 10 soldados en 8 toldos: vive en Renanco, un
     dia de camino de Caichigoa………………………………10

 39. Catrinaoel tiene 30 indios en 20 toldos, y vive en el mismo
     parage de Renanco………………………………………30

 40. Colomilla tiene 24 soldados en 11 toldos, y vive en Guadameo,
     que quiere decir calabaza. Sus aguadas son pozos cavados,
     distante un dia de camino de Renanco……………………..24

 41. Curuante que quiere decir sol, que tiene 10 soldados en 5
     toldos, y vive en Remeloo, distante un dia de camino de Guadameo,
     siendo sus aguadas pozos cavados…………………………10

 42. Cauchuante tiene 30 indios en 10 toldos: vive en Cunloó, medio
     dia de camino de Remeloo, y tiene pozos cavados……………30

 43. Tipayante tiene 10 soldados en 6 toldos: vive en Intimeu, un
     dia de camino de Cunloó, y tiene pozos cavados…………….10

 44. Rapimanqui tiene 8 soldados en 4 toldos: vive en Noalmapú, un
     dia de camino de Intime. Su aguada son pozos cavados………..8

 45. Runcapayù tiene 8 soldados en 4 toldos: vive cerca de
     Noalmapú……………………………………………….8

46. Viscalanxen tiene 8 soldados en 4 toldos: vive en Chadilanquen, medio dia de camino del antecedente. Sus aguadas son pozos cavados………………………………………………..8

Suman todas las partidas 748.

NOTA.—Siguiendo el mismo camino y rumbo al sud, con tres dias de camino, se encuentran las tolderias del cacique Painemanque, que tiene 60 indios, y vive sobre el Rio Chadilé, que es hondo y barrancoso, y que lo pasan por puentes de sogas, que llaman quanpie, y son Peguenches. A las riberas del mismo rio, segun la relacion de los intérpretes, habitan los caciques Ancaloan, Gaiquillan, Guanchupan, Nobolueni, Yanquetur, Buenomilla, Umiguanqui, Antemanqui, Llanquel, que vive en Potot: y sobre el mismo rio, donde hay dos puentes en distancia de media legua una de la otra, Colomanon y Cologoan, todos caciques. Los dichos intérpretes no dicen el nùmero de indios que gobierna cada uno, y solo dan à entender que tienen mayor número que los anteriores nombrados; y dan noticia de que mas adentro, hácia las faldas de la Cordillera, hay otros rios caudalosos, distantes dos dias de camino de Chadileu, y que se llaman, Vucilco y Neuquen, cuyo tránsito dicen ser sin agua. Que los indios Huilliches son enemigos de estos, y que nacen dichos rios de las Cordilleras: asimismo declaran de los cautivos cristianos que tienen los caciques è indios particulares, à saber:—El cacique Lepian tiene una niña y un negrito, de los que llevaron del Saladillo, y tropa del Canónigo: y un soldado del dicho, llamado Peñegant, tiene otra niña chica: y otro, llamado Lemudes, tiene otro negro. Villaguili, hermano de Currugulí, tiene una niña del Saladillo. Antiguanqui, cacique, tiene otro niña chica. Mariñaneco, cacique, tiene una señora mayor. Antemaique, cacique, tiene un niño. Currupulqui, cacique viejo, tiene un niño que habla castellano. Guaichullanqui tiene un mozo grande. Cariqueu, sobrino de Quedequeu, cacique, está casado con una señora. Puillalef, hijo de Colomilla, cacique, tiene una niña chica. Ayllaphí, hijo de Cheuquemilla, tiene un mulato grande, llamado José. Carigoan, soldado de Carimanque, tiene una señora grande muchos años há. Humiante, soldado de Canipayú, tiene un mozo. Ruiquilante, hermano de Canipayú, tiene un hija de Bengolea del Rio Cuarto, que porque le mataron un hermano se la dieron en pago. Yucanante, hermano de Canipayú, tiene un mozo grande desde mucho tiempo. Guanquemilla, yerno de Raiñaneo, tiene un mozo grande, llamado Juan, de la jurisdiccion de Buenos Aires, el que dicen lo hallaron perdido.

Todas estas noticias, parte de ellas son dadas por José Largo y su muger Teresa Lopez, pampas cristianos que fueron de la reduccion de Jesuitas, y que al presente se hallan en el Chaco, y parte por José Bruno renegado cristiano, por el cacique Curuilì, y el sobrino del cacique Lepian, que se hallan presentes. Los que asimismo dan razon de los renegados cristianos que habitan en el Chaco, Luis Ramon y Juan Antonio, pampas de la reduccion del Rio Cuarto que residen en Tenel, Lepian y Llanquelemus. Es lo que se ha podido adquirir de los referidos indios, y aunque he procurado inquirir con preguntas y repreguntas, no se ha podido conseguir mas individual noticia. Dada en esta frontera del Rio Tercero y Saladillo, en 14 de Agosto de 1779.

DIEGO DE LAS CASAS.

Por el seguimiento del enemigo que hicimos en la invasion que se egecutó en esta frontera del Saladillo, y la presente expedicion de 12 de Junio, se ha logrado la ventaja de haberles descubierto á dichos enemigos, los carriles, y desentrañádoles en parte sus habitaciones, para mejor lograr castigarles en lo sucesivo: mayormente con la vaquia que se ha tomado, de que se carecia en tantos años, como que ni aun los capitanes fronterizos conocian el parage de las Tunas que se está fortaleciendo. En el dia pueden guiar las marchas aun los mas escasos de luces, de los que concurrieron á dicha expedicion.

CASAS.

XII.

Diario de la expedicion, que de órden del Exmo. Señor Virey acabo de hacer contra los indios bárbaros Peguenches.

El dia 18 de Febrero de este año, (para el que tenia anteriormente dispuesta la marcha para campaña) salí de esta ciudad de Mendoza entre tres y cuatro de la tarde, con un corto número de gente que se juntó, sin embargo de tener citadas para aquel dia todas las compañías: y puesto en marcha llegué al ponerse el sol à la barranca del rio, donde me mantuve aquella noche.

Dia 19. En este dia pasè revista de la gente que tenia, y siendo muy corto el número, me fué preciso dar parte de ellos al Justicia Mayor de esta, (que en mi ausencia habia quedado con el mando de las armas) para que inmediatamente hiciese salir y seguirme todos los que se habian quedado; y asimismo me mandase la caballada destinada. Y por este motivo tuve que mantenerme en aquel parage hasta la resulta de mi órden.

Dia 20. Todo este dia estuve esperando la gente y caballos que tenia pedidos; hasta que viendo no parecia ni lo uno ni lo otro, egecuté lo que expresa el dia siguiente.

Dia 21. Viendo la total inobediencia de los vecinos y moradores en concurrir al cumplimiento de su obligacion, mandé á la ciudad al capitan de infanteria, D. Pedro de Encinas, con dos subalternos y 30 hombres, con órden de que hiciese salir todas las personas ùtiles, á excepcion de las empleadas en justicia y rentas, bajo las penas que ya tenia publicadas por bando.

Dia 22. Como con lo que practicaba ya el capitan Encinas me iba llegando alguna, aunque poca gente, emplee este dia en alistarla è incorporarla con la otra, que ya estaba. Pero habiendo observado en toda que muchos se presentaban de dia, y se desaparecian de noche, regresàndose à sus casas, tuve que tomar otra resolucion que cortase este inconveniente.

Dia 23. A las doce de él, viendo que aun no parecia el expresado capitan Encinas, mandè aprontarse à la gente para marchar de aquel parage; á cuyo tiempo tuve aviso de que ya venia aquel, marchando con la que habia recogido. Como de facto llegó de allí à poco con solos 53 hombres, entre patricios, portugueses y santiagueños: y haciéndome presente el capitan que aquella gente y sus caballos no habian comido en dos dias, les mandé dar racion, con órden de seguirme luego; pues yo en el instante me puse en marcha con la que tenia, hácia el Fuerte de San Carlos, y habiendo llegado al ponerse el sol à la Cañada del Carrizal, (7 leguas de distancia) hice alto para que cenase la gente: lo que practicado, marché à las ocho de aquella noche hasta la Estacada, que dista de este último parage 10 leguas, donde llegamos á las cuatro de la mañana; y á las nueve y media me alcanzò allí la partida, que se habia quedado atras.

Dia 24. En este parage me detuve hasta la una para las dos de la tarde, en que marché y llegué al citado Fuerte de San Carlos, distante 12 leguas, à las nueve y media de la noche.

Dia 25, 26 y 27. Estos los empleè en formar y alistar toda la gente; que hasta entonces mucha parte de ella habia andado desparramada por las estancias circunvecinas, en recoger ganados y caballos. Arreglè hasta diez compañías, cada una de á 60 hombres con sus respectivos oficiales: lo que no me dió poco que hacer, por haberse presentado aquellas tan escasas de gente, que unas solo tenian 10 hombres, otras 7 y alguna 3. Hecho el arreglo y repartidas las listas á cada capitan, se dieron estos y sus subalternos à reconocer á la respectiva gente que debian mandar; que componia el nùmero de 681, inclusives 10 artilleros que manejaban cuatro cañones y tres pedreros de bronce.

Dia 28. Este dia me fué preciso detenerme á esperar los víveres que habia quedado mandarme el Justicia Mayor: de los que por fin llegaron siete cargas solas, de las veintiuna que debian ser: cuyas raciones distribuí á los soldados, por ahorrar el costo de las cabalgaduras de su conduccion, respecto à ser aquellas de bizcocho, tabaco y charque.

Dia 29. A las diez de este dia, sin embargo de no haber llegado lo restante de los víveres, me puse en marcha, y llegué à las tres y media de aquella tarde à lo de Alvarado, distante 7 leguas.

Marzo 1.º Al romper el dia me puse en marcha, y á las once de él llegué à Llaucha, distante 8 leguas.

Dia 2. Salí de este parage, y como a las diez de la mañana llegué á la Ciénaga de los Papagayos, distante tres leguas, donde hice alto para esperar el aviso de la partida que anteriormente habia mandado à las junta de los rios Atuel y Diamante, á bombear el campo del enemigo, por ser el parage preciso de su establecimiento.

Dia 3. En este dia mandè a las òrdenes del reformado D. Melchor
Sanabria, 12 hombres, al Paso de las Salinas, que llaman Orillas del
Diamante
, á esperar el correo, llevando órden de mandar los
exploradores de la junta de los rios, acerca de que notasen.

Dia 4. A la una de este, viendo que no habia aviso de uno ni otro de dicho parage, marchè al Arroyo de las Cortaderas, distante 6 leguas, donde llegué à las cuatro y media de la tarde; del que despaché á dicho Sanabria dos hombres al Paso de las Salinas, participándole la nueva determinacion que habia tomado, y el parage à donde me podia salir à encontrar.

Dia 5. En el mismo parage me mantuve todo este dia, esperando a ver si en él venia algun aviso de alguno de los dichos parages.

Dia 6. Como à las doce de este llegò un hombre despachado por Sanabria, participando no haber novedad alguna hasta el presente, y pidiendo refresco para su gente, que se le mandó; y previno que al siguiente dia 7 marchaba con el cuerpo para el Arroyo de la Faja. Pero como a las nueve y media de la noche recibí aviso de Sanabria, participando habèrsele juntado el capitan D. Mateo Urtubia, que fué reconocer la junta de los rio Atuel y Diamante, diciendo que en todos aquellos parages no se notaba rumor ni rastro alguno; y si solo se reconocia la huella vieja, por donde habia pasado el enemigo el año anterior.

Dia 7. Al salir el sol seguí mi marcha para el Rio Diamante, distante 5 leguas: llegué y acampé en él á las diez y media de aquel; y distribuyendo racion á la gente, segui para el rio Atuel, distante 16 leguas, que fue forzoso andar de trasnochada, por no haber donde refrescar la gente, ni pastorear los animales.

Dia 8. A las tres llegué al rio Atuel, donde me detuve todo él; y de allí despachè una partida de 55 hombres, los 5 para recorrer el campo, y los otros para sostenerlos en caso necesario.

Dia 9. A las tres de este recibí aviso del capitan D. Jacinto Lemus, en que me decia haber recibido un correo del capitan de los indios santiagueños, Mateo Delgado, quien le participaba, que por el parage que salieron los enemigos con el robo de Chile, se veian cinco rastros, y que estos habian retrocedido: que aquellos llegaban hasta el parage de los Chacayes, distante de Atuel 6 leguas. Que en este concepto era de parecer me mudase al rio de los Sauces, por estar bueno de pastos. Con este aviso me puse en marcha à las dos de la tarde, y como media legua antes de llegar á los Chacayes, recibì otro correo del expresado capitan Lemus, reiterándome pasase à dicho rio de los Sauces, respecto á que los antedichos cinco rastros se encaminaban al sur, no quedando duda ser de indios. Con esta noticia aceleré la marcha, y como à las once de la noche recibì otro correo del mismo, avisàndome hallarse ya en el rio de los Sauces; pero con bastante cuidado de ser asaltado por el enemigo, y así me diese prisa en llegar. Como de facto llegué á las dos y media de la mañana, donde acampé todo aquel dia; mandando 14 hombres á explorar el campo, respecto à contemplarme ya una jornada del parage donde podrian estar las tolderias del enemigo; y poco antes de ponerse el sol, se divisò un humo hecho de aquel. Esta partida me dió aviso à las ocho de la noche de haberse internado los rastros antecedentes como hácia el Potrero, que llaman del Rio de San Pedro; y que por la Sierra de la enderecera del Corral de los Huanacos se observaba otro humo: y que con esta novedad hacian ánimo de internarse á su reconocimiento; y que en esta atencion procurase yo avanzarme al Rio de San Pedro para sostenerlo: lo que egecutè como se verá por el dia siguiente.

Dia 10. Al salir el sol me puse en marcha, y habiendo llegado à dicho rio á las once y media, que dista del de los Sauces 6 leguas, luego que aposté, recibí aviso de la dicha partida, previnièndome su oficial no notarse novedad alguna hasta el Corral de Huanacos, ni por el otro lado. Que él proseguia su marcha, y que no dejase yo de llegar en toda aquella tarde al expresado Corral de Huanacos: como de facto lo verifiqué à las seis de la tarde, distante este parage del antecedente 7 leguas. La expresada partida llegò á mi campo à las doce de la noche, trayendo dos cautivas, madre è hija; dejando otra muerta, por haberse querido huir al pillarla, y parecerle à la gente de lejos ser hombre que pudiese dar aviso en las tolderias.

Dia 11. Este dia, con la ocasion de haber examinado por el lenguaraz, Justo Antonio Guajardo, à dichas prisioneras, y haber declarado que los caciques Guentenau y Troco habitaban 14 leguas de allí, seguí la marcha con las precauciones que pedian las circunstancias, y en ella volvì à examinar à aquellas, y preguntàndoles por el cacique Ancan, dijeron que acababa de llegar de las Pampas de Buenos Aires con bastante hacienda robada y una cautiva; y que acompañaba al expresado Ancan el cacique Troco. Y examinadas nuevamente se justificó lo contrario, porque habiendo hecho la empresa en sus tolderias, y examinàdolas con las demas cautivas, han declarado que dicho Ancan se hallaba por Buenos Aires, con la determinacion de asaltar á aquellos pagos, y se ha verificado ser cierto todo lo dicho respecto que à vuelta de nuestra marcha hemos encontrado la toldería del referido Ancan vacia, que à la sazon hizo fugar sus familias, por habernos sentido el dia antecedente.

En este mismo dia llegué à los altos de la Sierra del Rio Grande, internàndome todo el dia por las laderas y cumbres de aquella, sin embargo de su aspereza; no obstante de que entre medio de las sierras se hallan varios valles abundantes de pastos y aguadas. Dista este parage del antecedente 12 leguas, donde hice alto: pero habiéndose divisado, al ponerse el sol, hácia su horizonte, una eminencia, en que parecia haber tolderias, mandè una partida de 25 hombres á su reconocimiento; y dejando la hacienda y caballada custodiada en aquel parage, marché luego, siguiendo la ruta de los exploradores, con los que dí à las dos leguas, y me dijeron no haber novedad alguna, y que lo que nos habia parecido tolderias no lo eran: con lo que acampè en dicho parage.

Dia 12. Al amanecer de este, marché hasta la orilla del Rio Grande, que dista dos leguas, donde me detuve hasta las cuatro y media de la tarde, por no ser sentido del enemigo: en que seguí la marcha por su orilla hasta la oracion, encontré su vado y lo pasé; no siendo posible por otra parte, por lo caudaloso de él; pues á la verdad le llaman con razon el Rio Grande de aquellos parages. Pasado el rio me fuí encaminando por la misma huella de los animales que hallabamos del enemigo, y siguiendo siempre la partida avanzada que mandé á cargo del lenguaraz Guajardo.

Dia 13 y 14. A las cuatro de la mañana de este, despues de haber andado 10 leguas en la noche anterior, me dió aviso dicho Guajardo, que marchase prontamente, por estar ya inmediato una toldería, que era preciso avanzar antes de amanecer. Con esto, acelerando yo la marcha, llegué antes de salir el sol á las tolderias, que rodeamos y asaltamos con la mayor presteza: pero sin embargo, nos habian sentido los indios y empezaron á querer huir por la barranca del rio, ocultándose entre sus peñascos; sin dejar muchos de ellos de hacer frente: por lo que fué preciso hacer fuego, que no fué mi primera intencion, siempre que no fuese preciso. Lo primero, por ver si los podia tomar á todos vivos; y lo segundo por no alborotar la comarca y perder el lance con otras tolderias que pudiese haber inmediatas. Como de facto habia una á distancia de tres cuartos de legua; de lo que, cerciorado de las patrullas, mandé 300 hombres á embestirlas, que, aunque puestas en fuga, se logró matarles 28, y tomarles prisioneros 19.

Entre los muertos de la primera toldería, lo fueron los tres caciques, Lliguenquen, hermano de Ancan, y el famoso Guentenau, el mas anciano de esta nacion Peguenche, y el mas terrible ladron de nuestros campos y de las Pampas; y el tercero, el capitanejo Longopag. Yo sentí mucho la muerte pronta de estos tres perillanes, pues á haber vivido, hubiera tenido el gusto de mandarselos á V.E., para que por su edad y proezas hubiera sabido cosas que la casualidad de su muerte nos ha ocultado. Estas dos tolderias las hallamos en el parage que llaman el Campanario, (así dicho por un cerro eminente que tiene figura de tal) en medio de ambas cordilleras, jurisdiccion del Rio de la Plata, y á las dereceras de Maule, al E de dicho parage; que segun las marchas se regulan 129 leguas desde Mendoza hasta el expresado Campanario.

Luego de la accion despaché 200 hombres para arrear nuestras caballadas y ganados, que como he dicho las dejé á 6 leguas de distancia, con la custodia correspondiente, y me mantuve en el campo de batalla todo aquel dia, corriendo los cerros inmediatos por ver si se dejaban ver enemigos: como de facto se logró tomar algunos; y como á las cuatro de la tarde se descolgó de la serranía una china montada en una yegua, y se nos entregó, creyendo fuesemos de los suyos, segun despues dijo.

Puestas al anochecer las patrullas avanzadas, que pedian las circunstancias del tiempo y del terreno, en parage rodeado de enemigos, segun lo que habian dicho las prisioneras, á breve rato me dió aviso uno de los oficiales, que respecto de la claridad de la luna habian divisado 6 indios, que habian bajado del cerro á bombearnos, pero que inmediatamente se habian desaparecido: y de la otra banda del rio, me avisó otro oficial de otra patrulla haber divisado algunos enemigos, y que á las dos de la mañana los habia acometido, sin mas suceso que el haber disparado á uno, dicho oficial, su carabina y haberle muerto el caballo, marchándose el ginete, pero herido, segun pensaba, por el parage donde hirió el caballo; no determinándose el oficial á seguirlos hasta el dia, por no caer en alguna emboscada. Y llegando despues al parage donde habia derribado al caballo, lo hallaron muerto, y á su lado un sombrero de cuero, forrado de alquimia y una lanza, como tambien un caballo ensillado: por lo que es de creer que muerto el dueño, lo retiraron sus compañeros.

Con lo ocurrido del dicho tiro, se alborotó nuestra caballada, que no estaba lejos; de tal suerte que estuvo para llevarnos por delante ó descomponernos la formacion: y lo hubiera hecho si no hubiera sido por algunos fusilazos que se le tiró por delante, con lo que mudó su tropel de rumbo; al que acudiendo yo con 25 hombres los pude contener y sosegar, no habiendo mas desgracia en toda la accion de nuestra parte, que un hombre herido, que despues murió, de haberle alcanzado, por hallarse desviado, uno de los tiros.

De los enemigos murieron 106, en que se deben contar algunas mugeres y chicos, que en la confusion no se pudo evitar su estrago; y hubiera sido total, á no contener yo el justo despique de los nuestros: digo justo, porque algunos llevaban consigo el reciente dolor de la muerte inhumana de aquellos mismos bárbaros; y lo mas, la total disolucion de sus haciendas y campos. Se han tomado 123 prisioneros entre mugeres, niñas y niños de 10 á 11 años para abajo; y de las primeras una nieta del cacique Guentenau, que ya era reconocida entre ellos por cacica, aunque soltera, por no haber en su nacion quien pudiese comprarla en 100 pagas, en que segun su rito estaba avaluada su mano. Se les han tomado 99, entre caballos y yeguas, 17 vacas lecheras, 1,114 ovejas, 200 cabras, que unas y otras se les dieron de raciones á nuestra gente. En sus toldos se encontraron cuatro cotas de malla de acero, 58 lomillos y 131 lanzas; 11 de las que en otras ocasiones les habian tomado á los nuestros, y las 20 suyas: dos llaves de fusil del Rey, una plancha de otra, varias menudencias, como algunos frenos chapeados, espuelas de plata, tembladeras y otros chismes de este uso. A las prisioneras se les trata con la humanidad con que se me esplicó la prevencion de V.E., no permitiendo se les llegase á su ropa; conduciéndolas á esta, donde quedan distribuidas en casas de mi satisfaccion, para su cuidado y educacion. No se ha traido indio grande alguno porque los que no pudieron escaparse en la accion (que fueron pocos) quisieron mas bien morir que entregarse.

Dia 15. Bien queria yo haber proseguido con otras empresas, pero me ví precisado á no internarme mas: lo primero, por contemplarme muy falto de caballada, que en una marcha tan larga y de caminos tan fragosos la miraba muy aniquilada: lo segundo, por estar cerciorado de las prisioneras, que por todas aquellas serranias eran muchas las tolderias é indiadas que habia: y lo tercero, el tener presente la proximidad de las cosechas de este país. Por esto pues, dí la órden de marchar, y estando ensillando me dieron aviso de que por la orilla opuesta del rio se divisaban seis indios, con lo que hice salir una partida en su alcance, mandada por el Comandante del Fuerte de San Carlos, D. Francisco Esquivel y Aldao, quien por mas que se empeñò no les pudo dar alcance, pues se habian ya retirado aquellos á los cerros. No obstante, el expresado Aldao me mandó pedir 50 hombres de fusil para seguirlos, lo que no tuve por conveniente por la imposibilidad de alcanzarlos, y el temor de acabar de fatigar nuestros caballos y acaso perder la accion. Respecto á lo dicho, y á que conceptué que, aunque no se dejaban ver mas que aquellos pocos enemigos, podria estar oculto entre la aspereza del cerro algun trozo: como se empezó á conocer despues que, retirándose de mi órden dicho Aldao, se empezaron á divisar detras de aquellos seis indios otros, al parecer, como 40, sin poderse acabar de conocer por el estorbo de las peñas, si eran estos solos ó mucho mayor número, como verosimilmente podia suceder.

Incorporado conmigo dicho Comandante Aldao, seguí la marcha al parage de las Arenillas, distancia del Campanario seis leguas, y adonde llegué á la una del dia, donde dí descanso á la gente. A poco rato me dieron aviso, de que por la retaguardia nos venian siguiendo 10 indios, y así mandé 60 hombres que luego volvieron diciendo que con su vista se habian retirado los enemigos á las alturas. A las tres de la tarde me puse en marcha, y á poco rato hallándome en la cuesta de los Chacleis, (donde paré esta noche) y que dista tres leguas de las Arenillas, divisé en la cumbre del otro lado del Rio Chiquito un humo, que nos hizo este mismo enemigo que se acababa de retirar, y me presumí que lo harian para avisar nuestra inmediacion á otras tolderias de indios, para que viesen, como se verificó al dia siguiente, la ruta de este camino ó cuesta de los Chacleis. Se determinó internarnos por este camino: lo primero, por reconocer los valles que entre medio del Rio Grande se ofrecen, con abundantes pastos y aguas que en ellos se encuentran, y ser aquí la precisa residencia del cacique Ancan y sus aliados; y por practicar la diligencia con eficacia, para poderles invadir en caso de encontrarlo, y por descubrir dichos valles que entre estas serranias se hallan: como de facto se han verificado, segun y en los mismos términos que se me tenia informado por el práctico, ó lenguaraz, Joaquin Antonio Guajardo.

Dia 16 y 17. Puesto en marcha al aclarar el dia, dimos á las diez de él con las tolderias que dijimos el dia antecedente, y en ellas conocimos hacer poco rato se habian huido sus habitantes, pues encontramos en ellas varias menudencias, sacos de sal y ponchos á medio tejer: y habiéndose aprovechado de estos despojos la gente, les hice dar fuego á aquellas y seguí la marcha hasta el Arroyo Bullinco, que dista cuatro leguas, y de allí hasta el parage Minchemelinqué, que dista tres leguas: es de muchas aguas y pastos.

Dia 18. Marchamos y llegamos al valle, ó Cabecera del Yeso, á la una y media de la tarde; y á las dos continuamos, y llegamos al ponerse el sol al parage llamado el Rio de Montañez, que dista 4 leguas y 8 del Arroyo Bullinco.

Dia 19. En este dia pasamos dos veces el Rio Grande, y llegamos á la una y media de la tarde, á la junta de los rios, que dista 4 leguas; y caminando despues de comer, llegamos á puestas de sol á las Cuevas, que distan otras 4 leguas, donde hicimos noche, por ser parage de muchos pastos, bellas aguas y buena leña.

Dia 20. Salí despues de mediodia, y llegué á las cinco de la tarde al parage de las Cuevas, que dista tres leguas; y como á las nueve de la noche me dió parte el capitan Ortubia, que venia cubriendo de retaguardia, á las órdenes del capitan D. José Garcia, que se divisaban 10 ginetes enemigos que seguian nuestra marcha, y que á su retaguardia se notaba mucho polvo, como que los seguia mayor número. Con este aviso mandé acercar á nuestro campo nuestras caballadas, y despaché dos partidas á reconocer el terreno, quedando yo con la tropa sobre las armas toda la noche: pero habiendo amanecido y disipada la novedad, di órden de marchar.

Dia 21. Al amanecer de este dia marché y llegué á las once y media al Valle Hermoso, en donde hice alto por ser ameno, pues le rodean dos arroyos, de los rios el Cobre y Santa Helena; y asimismo hay una laguna de media legua de largo, capaz por su fondo de recibir un barco de los del Rio de la Plata: y á poca distancia del camino se hallan unas salinas, y para pasar á las Diaretas, donde hice noche, hay que pasar una ladera, ó cerro muy encumbrado.

Dia 22. Al aclarar marché, y llegué á las diez y media del dia al parage del Alberjal. Marché á la una y media de la tarde, y llegué á las cinco al Valle de las Animas, donde hice noche.

Dia 23. Al tiempo de marchar mandé 50 hombres de fusil y lanza, á las órdenes del teniente D. Francisco Barros y un práctico, á recojer 36 caballos, que por flacos habiamos dejado hácia el Rio de los Sauces; y á poca distancia por la costa del rio encontraron un perro de los indios y varios rastros de caballos. Siguiendo al perro 4 de los nuestros, hallaron dos indios muertos á balazos, segun las heridas de las cabezas, y con visos hacía poco los habian muerto: de que inferimos que habrian estado allí algunos indios á la recogida de la fruta, de que hacen chicha, y que por alguna altercacion los habrian muerto. Siguiendo yo la marcha llegué á las Cortaderas, que es el desemboque de la sierra, por donde se descuelga el Rio Salado, que dista 5 leguas, donde hice alto. Siguiendo la marcha á la una de la tarde, á las cinco y media de la tarde llegué al Rio Atuel, donde pasé la noche; y de donde determiné, como lo hice, mandar tres hombres á dar parte de todo lo hasta allí acaecido al Corregidor de esta.

Dia 24. A las doce de este dia me puse en marcha, y llegué á las cinco y media de la tarde al cerro y aguada que llaman de los Buitres, distante 7 leguas; de cuyo parage despaché un oficial con dos hombres, para que el Comandante del Fuerte de San Carlos me aprontase á mi llegada, en el Valle de Uco y Potrerillo, 300 caballos, por estar falto de ellos el ejército.

Dia 25. Al romper el dia marché, y llegué à las cinco de la tarde al Rio Diamante, é hice alto en una isla que hace el rio mismo, y el cerro que está al N: cuya situacion tomé, por ser la mas adecuada respecto á ser ya tarde, para que el cuerpo subiese á la cumbre ó plano de dicho cerro, que es preciso para tomar camino real. A las diez y media de la noche se armó una tempestad, que despues de muchos relámpagos y truenos descargó una copiosa lluvia, de que provino un gran ruido que parecia caer piedra: hasta que, parando yo mejor el oido, conocí ser una grande avenida que de facto bajaba por entre dos quebradas de dicho cerro: y conociendo el peligro en que estabamos en aquel parage, mandé que todos tomasen á toda priesa las armas y me siguiesen, como lo hicieron; pero no sin que, para pasar el poco trecho de la cañada por donde venia, nos diese la agua hasta cerca de la cintura: pero al fin, á la prontitud de aquella extraordinaria evolucion se debió el que acaso no hubiesen varias desgracias, (pues el plan de la isla iba como el rio) y cuando menos el que no pereciesen ó se imposibilitasen todas, ó las mas de las armas, pertrechos y municiones. Tomada la altura del cerro, mandé hacer muchas fogatas para que se calentase la gente y enjugasen su ropa: y luego que aclaró, mandé bajar á que cada uno buscase sus avios y demas, cuya diligencia duró hasta las nueve de la mañana.

Dia 26. A esta hora me puse en marcha, llegando á las dos leguas al parage del Carrizalito, donde me detuve á hacer tiempo, para que nuestra caballada y ganados pasasen la expresada cuesta, tan penosa y dilatada: lo que verificado, á las dos de la tarde marché, y llegué al ponerse el sol al Arroyo de la Faja, que dista otras tres leguas, donde hice noche.

Dia 27. Al venir el dia me puse en marcha, sin embargo de la lluvia que amenazaba, y llegué al ponerse el sol al parage de los Papagayos, distante 9 leguas; en donde me alcanzó un cabo del Fuerte de San Carlos, que lo habia despachado su Comandante, con 100 caballos para remonta del ejército, que en viage tan penoso venian todos, ó los mas de ellos casi imposibilitados da caminar.

Dia 28. Este dia amaneció lloviendo, y cesando algun tanto el agua, me puse en marcha, y llegué á las doce de él al Corral del Viejo, de la estancia de Llaucha, en que me encontró un sargento del mismo Fuerte de San Carlos, despachado por su Comandante, con otros 130 caballos y mulas: y para mudarlos, y que descasasen algun tanto los prisioneros que venian ateridos de frio, me detuve hasta la una y media; en que proseguí, y llegué á las Piedras Blancas, (distancia 8 leguas) á las cinco y media de la tarde.

Dia 29. Marché, y como á las once y media del dia, llegué al Fuerte de San Carlos que dista 7 leguas, en que me detuve el rato preciso para separar y hacer se quedasen en él aquellos soldados de su guarnicion que me habian seguido en la expedicion, y á que otros, que habian al paso tomado armas allí, las entregasen á disposicion del Comandante, como se hizo: y marché á la estancia de Correa, que dista dos leguas, en que me detuve hasta el dia siguiente.

Dia 30. Luego que amaneció, hice que se separasen y marchasen á cada estancia las respectivas caballadas que habian servido, como asimismo se dejó todo el ganado sobrante, á excepcion de aquel poco que se necesitaba hasta la ciudad. Y marchando, llegué á las cuatro de la tarde al parage de la Estacada, que dista 6 leguas: y dando algun descanso á la tropa, marché de trasnochada, y llegué al salir el sol á la quinta de D. José Lagos, que dista de la Estacada 16 leguas, y del pueblo tres, donde me mantuve todo aquel dia.

Dia 31. Luego que amaneció me puse en marcha, y un poco antes de llegar á la ciudad, me salió á encontrar el Sr. Corregidor, acompañado de los reformados y demas nobleza del pueblo, tomando cada uno su respectivo lugar. Continuamos la marcha, entrando en la ciudad entre el inmenso gentío de todas clases, que con sus incesantes víctores y aclamaciones de Viva el Rey, y continuo disparar de fuegos artificiales, daban bien á entender su júbilo y alegria por el castigo de su comun enemigo: dando el último realce á esta general aclamacion el general repique de las campanas de todas las iglesias y conventos, y el no interrumpido estruendo de la artillería y fusilería; viéndome precisado á dar vuelta á la ciudad en esta conformidad, para contentar á un pueblo que acaba de seguirme con tanto honor en la campaña. De este modo entré en la Plaza mayor, en cuyo Ayuntamiento me esperaba y recibió su Cabildo, dándonos mutuos parabienes de la parte que cada uno habia tenido en el buen éxito de la expedicion. Concluidas estas precisas ceremonias, y entregadas en su almacen las armas, pertrechos, y municiones, y desfiladas las compañías, me retiré à mi casa.

La noche del dia 1.º de Pascua, en cuya tarde recibió este Corregidor la noticia que le despaché desde el Rio Atuel, del buen éxito de la empresa, mandó poner luminarias en toda la ciudad, y hubo repique general de campanas: y al dia siguiente se cantó misa de gracias en la Iglesia Mayor, á que concurrió este Ilmo. Cabildo y todo el pueblo; con que dicho Señor acreditó, que si durante la expedicion dió las mas acertadas disposiciones, tanto para el abasto del ejército, como para mantener el pueblo en la mayor tranquilidad, fué tambien el primero en las demostraciones nada equívocas por el bien de su república y gloria de nuestras armas. En cuya empresa se ha esmerado á competencia en la campaña el honor de los oficiales de estas Milicias, y el amor y constancia al real servicio de la tropa patricia y extrangera.

Mendoza, y Abril 1.º de 1780.

JOSE FRANCISCO DE AMIGORENA.