673 Criollo que cai en desgracia tiene que sufrir un poco; naides lo ampara tampoco si no cuenta con recursos. El gringo es de más discurso: cuando mata, se hace el loco.
674 No sé el tiempo que corrió en aquella sepoltura; si de ajuera no lo apuran, el asunto va con pausa; tienen la presa sigura y dejan dormir la causa.
675 Inora el preso a que lado se inclinará la balanza, pero es tanta la tardanza que yo les digo por mí: el hombre que dentre allí deje ajuera la esperanza.
676 Sin perfecionar las leyes perfecionan el rigor; sospecho que el inventor habrá sido algún maldito: por grande que sea un delito, aquella pena es mayor.
677 Eso es para quebrantar el corazón mas altivo; los llaveros son pasivos, pero más secos y duros tal vez que los mesmos muros en que uno gime cautivo.
678 No es en grillo ni en cadenas en lo que usté penará, sino en una soledá y un silencio tan projundo, que parece que en el mundo es el único que está.
679 El más altivo varón y de cormillo gastao allí se verá agobiao y su corazón marchito, al encontrarse encerrao a solas con su delito.
680 En esa cárcel no hay toros, allí todos son corderos; no puede el más altanero, al verse entre aquellas rejas, sino amujar las orejas y sufrir callao su encierro.
681 Y digo a cuantos inoran el rigor de aquellas penas, yo, que sufrí las cadenas del destino y su inclemencia: que aprovechen la esperencia del mal en cabeza ajena.
682 ¡Ay! Madres, las que dirigen al hijo de sus entrañas, no piensen que las engaña, ni que les habla un falsario lo que es el ser presidiario no lo sabe la campaña.
683 Hijas, esposas, hermanas, cuantas quieren a un varón, díganles que esa prisión es un infierno temido, donde no se oye más ruido que el latir del corazón.
684 Alla el día no tiene sol, la noche no tiene estrellas; sin que le valgan querellas encerrao lo purifican, y sus lágrimas salpican en las paredes aquellas.
685 En soledá tan terrible de su pecho oye el latido; lo sé, porque lo he sufrido, y, creameló el aulitorio, tal vez en el purgatorio las almas hagan más ruido.
686 Cuentan esas horas eternas para más atormentarse; su lágrima al redamarse calcula, en sus afliciones, contando sus pulsaciones, lo que dilata en secarse.
687 Allí se amansa el más bravo, allí se duebla el más juerte; el silencio es de tal suerte que, cuando llegue a venir, hasta se le han de sentir las pisadas a la muerte.
688 Adentro mesmo del hombre se hace una revolución: metido en esa prisión, de tanto no mirar nada, le nace y queda grabada la idea de la perfección.
689 En mi madre, en mis hermanos, en todos pensaba yo; al hombre que alli dentró de memoria más ingrata, fielmente se le retrata todo cuanto ajuera vió.
690 Aquel que ha vivido libre de cruzar por donde quiera, se aflige y se desespera de encontrarse allí cautivo: es un tormento muy vivo que abate la alma más fiera.
691 En esa estrecha prisión, sin poderme conformar, no cesaba de esclamar: ¡qué diera yo por tener un caballo en que montar y una pampa en que correr!
692 En un lamento constante se encuentra siempre embretao; el castigo han inventao de encerrarlo en las tinieblas, y alli esta como amarrao a un Fierro que no se duebla.
693 No hay un pensamiento triste que al preso no lo atormente; baja un dolor permanente agacha al fin la cabeza, porque siempre es la tristeza hermana de un mal presente.
694 Vierten lágrimas sus ojos, pero su pena no alivia; en esa constante lidia sin un momento de calma, contempla con los del alma felicidades que envidia.
695 Ningún consuelo penetra detrás de aquellas murallas; el varón de mas agallas, aunque más duro que un perno, metido en aquel infierno sufre, gime, llora y calla.
696 De juror el corazón se le quiere reventar, pero no hay sino aguantar aunque sosiego no alcance. ¡Dichoso, en tan duro trance, aquel que sabe rezar!
697 ¡Dirige a Dios su plegaria el que sabe una oración! En esa tribulación gime olvidado del mundo, y el dolor es más projundo cuando no halla compasión. 698 En tan crueles pesadumbres, en tan duro padecer, empezaba a encanecer después de muy pocos meses; alli lamenté mil veces no haber aprendido a leer.
699 Viene primero el juror, después la melancolia; en mi angustia no tenía otro alivio ni consuelo, sino regar aquel suelo con lágrimas noche y día.
700 ¡A visitar otros presos sus familias solían ir! Naides me visitó a mí mientras estuve encerrado. ¡Quien iba a costiarse allí a ver a un desamparado!
701 ¡Bendito sea el carcelero que tiene buen corazón! Yo sé que esta bendición pocos pueden alcanzarla, pues si tienen compasión su deber es ocultarla.
702 Jamás mi lengua podrá espresar cuanto he sufrido; en ese encierro metido, llaves, paredes, cerrojos se graban tanto en los ojos que uno los ve hasta dormido.
* * * * *
703 El mate no se permite; no le permiten hablar; no le permiten cantar para aliviar su dolor, y hasta el terrible rigor de no dejarlo fumar.
704 La justicia es muy severa; suele rayar en crueldá: sufre el pobre que allí está calenturas y delirios, pues no esiste pior martirio que esa eterna soledá.
705 Conversamos con las rejas por solo el gusto de hablar, pero nos mandan callar y es preciso conformarnos; pues no se debe irritar a quien puede castigarnos.
706 Sin poder decir palabra sufre en silencio sus males, y uno en condiciones tales, se convierte en animal, privao del don principal que Dios hizo a los mortales.
707 Yo no alcanzo a comprender por que motivo será que el preso privado está de los dones más preciosos que el justo Dios bondadoso otorgó a la humanidá.
708 Pues que de todos los bienes, en mi inorancia lo infiero, que le dió al hombre altanero su Divina Majestá, la palabra es el primero, el segundo es la amistá.
709 Y es muy severa la ley que, por un crimen o un vicio, somete al hombre a un suplicio el más tremendo y atroz, privado de un beneficio que ha recebido de Dios.
710 La soledá causa espanto; el silencio causa horror; ese continuo terror es el tormento más duro, y en un presidio siguro está demás tal rigor.
711 Inora uno si de allí saldrá pa la sepoltura; el que se halla en desventura busca a su lao otro ser, pues siempre es güeno tener companeros de amargura.
712 Otro más sabio podrá encontrar razón mejor; yo no soy rebuscador, y ésta me sirve de luz: se los dieron al Señor al clavarlo en una cruz.
713 Y en las projundas tinieblas en que mi razón esiste, mi corazón se resiste a ese tormento sin nombre, pues el honbre alegra al hombre y el hablar consuela al triste.
* * * * *
714 Grábenlo como en la piedra cuanto he dicho en este canto, y, aunque yo he sufrido tanto, debo confesarlo aquí: el hombre que manda allí es poco menos que un Santo.
715 Y son güenos los demás (a su ejemplo se manejan), pero por eso no dejan las cosas de ser tremendas; piensen todos y compriendan el sentido de mis quejas.
716 Y guarden en su memoria con toda puntualidá lo que con tal claridá les acabo de decir: mucho tendran que sufrir si no creen en mi verdá.
717 Y si atienden mis palabras no habrá calabozos llenos; manejense como güenos; no olviden esto jamás; aqui no hay razón de más; mas bien las puse de menos.
718 Y con esto me despido (todos han de perdonar): ninguna debe olvidar la historia de un desgraciado. Quien ha vivido encerrado poco tiene que contar.
719 Lo que les voy adecir ninguno lo ponga en duda: y aunque la cosa es peluda, hare la resolución; es ladino el corazón, pero la lengua no ayuda.
720 El rigor de las desdichas hemos soportado diez años, pelegrinando entre estraños, sin tener donde vivir, y obligados a sufrir una máquina de daños.
721 El que vive de ese modo de todos es tributario; falta la cabeza primario y los hijos que él sustenta se dispersan como cuentas cuando se corta el rasario.
722 Yo anduve ansí como todos, hasta que al fin de sus días supo mi suerte una tía y me recogió a su lado; allí viví sosegado y de nada carecía.
723 No tenía cuidado alguno ni que trabajar tampoco, y como muchacho loco lo pasaba de holgazán; con razón dice el refrán que lo güeno dura poco.
724 En mí todo su cuidado y su cariño ponía; como a un hijo me quería con cariño verdadero, y me nombró de heredero de los bienes que tenía.
725 El Juez vino sin tardanza cuanto falleció la vieja. "De los bienes que te deja", me dijo, "Yo he de cuidar: es un rodeo regular y dos majadas de ovejas".
726 Era hombre de mucha labia, con mas leyes que un dotor, me dijo: "Vos sos menor, y por los años que tienes no podés manejar bienes; voy a nombrarte un tutor."
727 Tomó un recuento de todo, porque entendía su papel, y después que aquel pastel lo tuvo bien amasao, puso al frente un encargao, y a mí me llevó con él.
728 Muy pronto estuvo mi poncho lo mismo que cernidor; el chiripá estaba pior, y aunque para el frio soy guapo ya no me quedaba un trapo ni pa el frío, ni pa el calor.
729 En tan triste desabrigo tras de un mes, iba otro mes; guardaba silencio el Juez, la miseria me invadía, me acordaba de mi tía al verme en tal desnudez.
730 No se decir con fijeza el tiempo que pasé allí; y despues de andar ansí como moro sin señor, pasé a poder del tutor que debia cuidar de mí.
731 me llevó consigo un viejo que pronto mostró la hilacha, dejaba ver por la facha que era medio cimarrón, muy renegao, muy ladrón, y le llamaban Vizcacha.
732 Lo que el Juez iba buscando sospecho, y no me equivoco; pero este punto no toco ni su secreto aviriguo; mi tutor era un antiguo de los que ya quedan pocos;
733 viejo lleno de camándulas, con un empaque a lo toro, andaba siempre en un moro metido no sé en qué enriedos, con las patas como loro de estribar entre los dedos.
734 Andaba rodiao de perros que eran todo su placer, jamas dejó de tener menos de media docena, mataba vacas ajenas para darles de comer.
735 Carniábamos noche a noche alguna res en el pago, y dejando alli el rezago alzaba en ancas el cuero, que se lo vendía a un pulpero por yerba, tabaco y trago.
736 ¡Ah!, Viejo más comerciante en mi vida lo he encontrado. Con ese cuero robao el arreglaba el pastel, y allí entre el pulpero y él, se estendía el certificao.
737 La echaba de comedido; en las transquilas, lo viera, se ponía como una fiera si cortaban una oveja; pero de alzarse no deja un vellón o unas tijeras.
738 Una vez me dió una soba que me hizo pedir socorro, porque lastimé a un cachorro en el rancho de unas vascas; y al irse se alzó unas guascas: para eso era como zorro.
739 "¡Ahijuna!", dije entre mí, "Me has dao esta pesadumbre; ya verás; cuanto vislumbre una ocasión medio güena, te he quitar la costumbre de cerdiar yeguas ajenas."
740 Porque maté una vizcacha otra vez me reprendió; se lo vine a contar yo, y no bien se lo hube dicho: "Ni me nuembres ese bicho", me dijo, y se me enojó.
741 Al verlo tan irritao hallé prudente callar. "Este me va a castigar", dije entre mí, "si se agravia." Ya vi que les tenía rabia, y no las volví a nombrar.
742 Una tarde halló una punta de yeguas medio bichocas; despues que voltió unas pocas, las cerdiaba con empeño: yo vide venir al dueño, pero me callé la boca.
743 El hombre venía jurioso y nos cayó como un rayo; se descolgó del caballo revoliando el arriador, y lo cruzó de un lazazo ahi no más a mi tutor.
744 No atinaba don Vizcacha a qué lado disparar, hasta que logró montar, y, de miedo del chicote, se lo apretó hasta el cogote, sin pararse a contestar.
745 Ustedes creerán tal vez que el viejo se curaría… No, señores, lo que hacía, con mas cuidao dende entonces, era maniarlas de día para cerdiar a la noche.
746 Ese jué el hombre que estuvo encargao de mi destino; siempre anduvo en mal camino, y todo aquel vecindario decía que era un perdulario, insufrible de dañino.
747 Cuando el juez me lo nombró, al dármelo de tutor, me dijo que era un señor el que me debía cuidar, enseñarme a trabajar y darme la educación.
748 ¡Pero que había de aprender al lao de ese viejo paco!; que vivía como un chuncaco en los bañaos, como el tero; un haragán, un ratero, y más chillón que un varraco.
749 Tampoco tenía más bienes ni propiedad conocida que una carreta podrida, y las paredes sin techo de un rancho medio deshecho que le servía de guarida.
750 Después de las trasnochadas allí venía a descansar; yo desiaba aviriguar lo que tuviera escondido, pero nunca había podido, pues no me dejaba entrar.
751 Yo tenía unas jergas viejas, que habian sido mas peludas; y con mis carnes desnudas, el viejo, que era una fiera, me hechaba a dormir ajuera con unas heladas crudas.
752 Cuando mozo jué casao, aunque yo lo desconfío, y decía un amigo mío que, de arrebatao y malo, mató a su mujer de un palo porque le dió un mate frío.
753 Y viudo por tal motivo nunca se volvió a casar; no era fácil encontrar ninguna que lo quisiera: todas temerían llevar la suerte de la primera.
754 Soñaba siempre con ella, sin duda por su delito, y decía el viejo maldito, el tiempo que estuvo enfermo, que ella dende el mesmo infierno lo estaba llamando a gritos.
755 siempre andaba retobao: con ninguno solía hablar; se divertía en escarbar y hacer marcas con el dedo, y en cuanto se ponía en pedo me empezaba a aconsejar.
756 Me parece que lo veo con su poncho calamaco, despues de echar un güen taco, ansí principiaba a hablar: "Jamás llegues a parar ande veas perros flacos."
757 "El primer cuidao del hombre es defender el pellejo. Lleváte de mi consejo, fijáte bien en lo que hablo: el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo."
758 "Hacéte amigo del juez; no le des de que quejarse; y cuando quiera enojarse vos te debés encoger, pues siempre es güeno tener palenque ande ir a rascarse."
759 "Nunca le llevés la contra, porque él manda la gavilla: allí sentao en su silla, ningún güey le sale bravo; a uno le da con el clavo y a otro con la cantramilla."
760 "El hombre, hasta el más soberbio, con más espinas que un tala, aflueja andando en la mala y es blando como manteca: hasta la hacienda baguala cai al jagüel con la seca."
761 "No andés cambiando de cueva; hacé las que hace el ratón. Conserváte en el rincón en que empezó tu esistencia: vaca que cambia querencia se atrasa en la parición."
762 Y menudiando los tragos aquel viejo, como cerro, "No olvidés", me decía, "Fierro, que el hombre no debe crer en lágrimas de mujer ni en la renguera del perro."
763 "No te debes afligir aunque el mundo se desplome. Lo que más precisa el hombre tener, según yo discurro, es la memoria del burro, que nunca olvida ande come."
764 "Deja que caliente el horno el dueño del amasijo; lo que es yo, nunca me aflijo y a todito me hago el sordo: el cerdo vive tan gordo, y se come hasta los hijos."
765 "El zorro que ya es corrido dende lejos la olfatea; no se apure quien desea hacer lo que le aproveche la vaca que más rumea es la que da mejor leche."
766 "El que gana su comida güeno es que en silencio coma; ansina, vos, ni por broma querás llamar la atención: nunca escapa el cimarrón si dispara por la loma."
767 "Yo voy donde me conviene y jamás me descarrío; lleváte el ejemplo mío, y llenarás la barriga: aprendé de las hormigas: no van a un noque vacío."
768 "A naides tengás envidia: es muy triste el envidiar; cuando veás a otro ganar, a estorbarlo no te metas: cada lechón en su teta es el modo de mamar."
769 "Ansí se alimentan muchos mientras los pobres lo pagan; como el cordero hay quien lo haga en la puntita, no niego; pero otros, como el borrego, todo entera se la tragan."
770 "Si buscás vivir tranquilo dedicate a solteriar más si te querés casar, con esta alvertencia sea: que es muy difícil guardar prenda que otros codicean."
771 "Es un bicho la mujer que yo aquí no lo destapo, siempre quiere al hombre guapo; mas fijate en la eleción, porque tiene el corazón como barriga de sapo."
772 Y gangoso con la tranca, me solia decir: "Potrillo, recién te apunta el cormillo, mas te lo dice un toruno: no dejés que hombre ninguno te gane el lao del cuchillo."
773 "Las armas son necesarias, pero naides sabe cuándo; ansina, si andás pasiando, y de noche sobre todo, debés llevarlo de modo que al salir, salga cortando."
774 "Los que no saben guardar son pobres aunque trabajen; nunca, por más que se atajen, se librarán del cimbrón: al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen."
775 "Donde los vientos me llevan allí estoy como en mi centro; cuando una tristeza encuentro tomo un trago pa alegrarme: a mí me gusta mojarme por ajuera y por adentro."
776 "Vos sos pollo, y te convienen toditas estas razones; mis consejos y leciones no echés nunca en el olvido: en las riñas he aprendido a no peliar sin puyones."
777 Con estos consejos y otros que yo en mi memoria encierro, y que aquí no desentierro, educándome seguía, hasta que al fin se dormía mesturao entre los perros.
778 Cuando el viejo cayó enfermo, viendo yo que se empioraba y que esperanza no daba de mejorarse siquiera, le truje una culandrera a ver si lo mejoraba.
779 No cuanto lo vió, me dijo: "Este no aguanta el sogazo: muy poco le doy de plazo; nos van ha dar un epetáculo, porque debajo del brazo le ha salido un tabernáculo."
780 Dice el refrán que en la tropa nunca falta un güey corneta: uno que estaba en la puerta le pegó el grito ahi no más: "Tabernáculo,… ¡Que bruto! Un tubérculo dirás."
781 Al verse ansí interrumpido, al punto dijo el cantor: "No me parece ocasión de meterse los de ajuera; tabernáculo, senor, le decía la culandrera."
782 El de ajuera repitió, dándole otro chaguarazo: "Allá va un nuevo bolazo copo y se la gano en puerta a las mujeres que curan se las llama curanderas."
783 No es güeno -dijo el cantor- muchas manos en un plato y diré al que ese barato ha tomao de entrometido, que no creia haber venido a hablar entre literatos.
784 Y para seguir contando la historia de mi tutor, le pediré a ese dotor que en mi inorancia me deje, pues siempre encuentra el que teje otro mejor tejedor.
785 Seguía enfermo, como digo, cada vez más emperrao; yo estaba ya acobardao y lo espiaba dende lejos; era la boca del viejo la boca de un condenao.
786 Allá pasamos los dos noches terribles de invierno: el maldecía al padre Eterno como a los Santos benditos, pidiendolé al diablo a gritos que lo llevara al infierno.
787 Debe ser grande la culpa que a tal punto mortifica; cuando vía una reliquia se ponía como azogado, como si a un endemoniado le echaran agua bendita.
788 Nunca me le puse a tiro, pues era de mala entraña; y viendo herejía tamaña, si alguna cosa le daba, de lejos se la alcanzaba en la punta de una caña.
789 "Será mejor", decía yo, "Que abandonado lo deje, que blasfeme y que se queje, y que siga de esta suerte, hasta que venga la muerte y cargue con este hereje."
790 Cuando ya no pudo hablar le até en la mano un cencerro, y al ver cercano su entierro, arañando las paredes, espiró allí entre los perros y este servidor de ustedes.
791 Le cobré un miedo terrible después que lo vi dijunto; llamé al alcalde, y al punto acompañado se vino de tres o cuatro vecinos a arreglar aquel asunto.
792 "Anima bendita", dijo un viejo medio ladiao "Que Dios lo haiga perdonao, es todo cuanto deseo, le conocí un pastoreo de terneritos robaos."
793 "Ansina es", dijo el alcalde; "Con eso empezó a poblar; yo nunca podré olvidar las travesuras que hizo; hasta que al fin fué preciso que le privasen carniar."
794 "De mozo fue muy jinete: no lo bajaba un bagual; pa ensillar un animal sin necesitar de otro, se encerraba en el corral, y alli golpiaba el potro."
795 "Se llevaba mal con todos: era su costumbre vieja el mesturar las ovejas, pues al hacer el aparte sacaba la mejor parte, y despues venía con quejas."
796 "Dios lo ampare al pobrecito", dijo en seguida un tercero. "Siempre robaba carneros; en eso tenía destreza: enterraba las cabezas y despues vendía los cueros."
797 "¡Y qué costumbre tenía cuando en el jogón estaba! Con el mate se agarraba estando los piones juntos. -Yo tallo -decía-y apunto- y a ninguno convidaba."
798 "Si ensartaba algún asao -¡pobre! ¡Como si lo viese!-, Poco antes de que estuviese primero lo maldecía, luego después lo escupía para que naides comiese."
799 "Quien le quitó esa costumbre de escupir el asador fue un mulato resertor que andaba de amigo suyo: un diablo muy peliador que le llamaban Barullo."
800 "Una noche que les hizo como estaba acostumbrao, se alzó el mulato enojao y le gritó: -¡viejo indino, yo te he de enseñar, cochino, a echar saliva al asao!-"
801 "Lo saltó por sobre el juego con el cuchillo en la mano; ¡la pucha el pardo liviano! En la mesma atropellada le largó una puñalada que la quitó otro paisano…"
802 "Y ya caliente Barullo, quiso seguir la chacota; se le había erizao la mota lo que empezó la reyerta: el viejo ganó la puerta y apeló a las de gaviota."
803 "De esa costumbre maldita dende entonces se curó; a las casas no volvió: se metió en un cicutal y alli escondido pasó esa noche sin cenar."
804 Esto hablaban los presentes, y yo, que estaba a su lao al oir lo que he relatao, aunque él era un perdulario, dije entre mí: "¡Que rosario le estan lanzando al finao!".
805 Luego comenzó el alcalde a registrar cuanto había, sacando mil chucherias y guascas y trapos viejos, temeridá de trebejos que para nada servían.
806 Salieron lazos, cabrestos, coyundas y maniadores, una punta de arriadores, cinchones, maneas, torzales una porción de bozales y un montón de tiradores.
807 Habia riendas de domar frenos, estribos quebraos; bolas, espuelas, recaos, unas pavas, unas ollas, y un gran manojo de argollas de cinchas que había cortao.
808 Salieron varios cencerros, alesnas, lonjas, cuchillos, unos cuantos cojinillos un alto de jergas viejas, muchas botas desparejas y una infinidá de anillos.
809 Había tarros de sardinas, unos cueros de venao, unos ponchos aujeriaos, y en tan tremendo entrevero apareció hasta un tintero que se perdió en el juzgao.
810 Decía el alcalde muy serio: "Es poco cunato se diga; había sido como hormiga. He de darle parte al Juez. ¡Y que me venga después con que no se los persiga!"
811 Yo estaba medio azorao de ver lo que sucedía; entre ellos mesmos decían que unas prendas eran suyas, pero a mi me parecía que estas eran aleluyas.
812 Y cuando ya no tuvieron rincón donde registrar, cansaos de tanto huroniar y de trabajar en balde, "Vámosnos", dijo el alcalde, "Luego lo haré sepultar."
813 Y aunque mi padre no era el dueño de ese hormiguero, el, allí muy cariñero, me dijo con muy buen modo: "Vos serás heredero y te harás cargo de todo."
814 "Se ha de arreglar este asunto como es preciso que sea; voy a nombrar albacea uno de los circustantes; las cosas no son como antes tan enredadas y feas."
815 "¡Bendito Dios!", pensé yo, "Ando como un pordiosero, y me nuembran heredero de toditas estas guascas. ¡Quisiera saber primero lo que se han hecho mis vacas!"
816 Se largaron, como he dicho, a disponer el entierro; cuando me acuerdo me aterro: me puse a llorar a gritos al verme allí tan solito con el finao y los perros.
817 Me saqué el escapulario, se lo colgué al pecador, y como hay en el Señor misericordia infinita, rogué por la alma bendita del que antes jué mi tutor.
818 No se calmaba mi duelo de verme tan solitario; ahí le champurrié un rosario como si juera mi padre, besando el escapulario que me había puesto mi madre.
819 "Madre mía", gritaba yo, "¿dónde estarás padeciendo? El llanto que estoy virtiendo lo redamarías por mí, si vieras a tu hijo aquí todo lo que esta sufriendo."
820 Y mientras ansí clamaba sin poderme consolar, los perros, para aumentar mas mi miedo y mi tormento, en aquel mesmo momento se pusieron a llorar.
821 Libre Dios a los presentes de que sufran otro tanto; con el muerto y esos llantos les juro que faltó poco para que me vuelva loco en medio de tanto espanto.
822 Decían entonces las viejas, como que eran sabedoras, que los perros cuando lloran es porque ven al demonio; yo creia en el testimonio como cré siempre el que inora.
823 Ahi dejé que los ratones comieran el guasquerío y como anda a su albedrío todo el que güerfano queda, alzando lo que era mío abandoné aquella cueva.
824 Supe después que esa tarde vino un pión y lo enterró; ninguno lo acompañó ni lo velaron siquiera; y al otro día amaneció con una mano dejuera.
825 Y me ha contao además el gaucho que hizo el entierro -al recordarlo me aterro, me da pavor este asunto- que la mano del dijunto se la había comido un perro.
826 Tal vez yo tuve la culpa porque de asustao me fuí; supe, despues que volví, y asigurárselos puedo, que los vecinos, de miedo, no pasaban por allí.
827 Hizo del rancho guarida la sabandija mas sucia -el cuerpo se despeluza y hasta la razón se altera-; pasaba la noche entera chillando allí una lechuza.
828 Por mucho tiempo no pude saber lo que me pasaba; los trapitos con que andaba eran puras hojarascas; todas las noches soñaba con viejos, perros y guascas.
829 Anduve a mi voluntá, como moro sin señor; ese jué el tiempo mejor que yo he pasado tal vez; de miedo de otro tutor, ni aporté por lo del Juez.
830 "Yo cuidaré", me había dicho, "De lo de tu propiedá: todo se conservará, el vacuno y los rebaños, hasta que cumplas 30 años, en que seás mayor de edá."
831 Y aguardando que llegase el tiempo que la ley fija, pobre como lagartija y sin respetar a naides, anduve cruzando el aire como bola sin manija.
832 Me hice hombre de esa manera bajo el más duro rigor; sufriendo tanto dolor muchas cosas aprendí; y, por fin, vítima fuí del mas desdichado amor.
833 De tantas alternativas esta es la parte peluda infeliz y sin ayuda, fué estremado mi delirio, y causaban mi martirio los desdenes de una viuda.
834 Llora el hombre ingratitudes sin tener un jundamento; acusa sin miramiento a la que el mal le ocasiona, y tal vez en su persona no hay ningún merecimiento.
835 Cuando yo mas padecía la crueldá de mi destino, rogando al poder divino que del dolor me separe, me hablaron de un adivino que curaba esos pesares.
836 Tuve recelos y miedos, pero al fin me disolví: hice coraje y me fuí donde el adivino estaba, y por ver si me curaba, cuanto llevaba le di.
837 Me puse, al contar mis penas, mas colorao que un tomate, y se me añudó el gaznate cuando dijo el hermitaño: "Hermano, le han hecho daño y se lo han hecho en un mate."
838 "Por verse libre de usté lo habrán querido embrujar." Despues me empezó a pasar una pluma de avestruz, y me dijo:"De la Cruz recebí el don de curar."
839 "Debés maldecir", me dijo, "A todos tus conocidos; ansina el que te ha ofendido pronto estará decubierto, y deben ser maldecidos tanto vivos como muertos."
840 Y me recetó un hincao en un trapo de la viuda, frente a una planta de ruda, hiciera mis horaciones, diciendo: "No tengás duda; eso cura las pasiones."
841 A la viuda, en cuanto pude, un trapo le manotié; busqué la ruda y al pie, puesto en cruz, hice mi rezo; pero, amigos, ni por eso de mis males me curé.
842 Me recetó otra ocasión que comiera abrojo chico; el remedio no me esplico, mas, por desechar el mal, al ñudo en un abrojal fí a ensangrentarme el hocico.
843 Y con tanta medecina me parecía que sanaba; por momentos se aliviaba un poco mi padecer, mas si a la viuda encontraba, volvia la pasión a arder.
844 Otra vez que consulté su saber estrordinario, recibió bien su salario, y me recetó aquel pillo que me colgase tres grillos ensartaos como rosario.
845 Por fin la última ocasión que por mi mal lo fí a ver, me dijo: "No, mi saber no ha perdido su virtú; yo te daré la salú: no triunfará esa mujer.
846 "Y tené fe en el remedio, pues la cencia no es chacota; de esto no entendés ni jota. Sin que ninguno sospeche, cortále a un negro tes motas y hacélas hervir en leche."
847 Yo andaba ya desconfiando de la curación maldita, y dije: "Este no me quita la pasión que me domina; pues que viva la gallina, aunque sea con la pepita."
848 Ansí me dejaba andar, hasta que, en una ocasión, el Cura me echó un sermón, para curarme sin duda, diciendo que aquella viuda era hija de confisión.
849 Y me dijo estas palabras que nunca las he olvidao: "Has de saber que el finao ordenó en su testamento que naides de casamiento le hablara en lo sucesivo; y ella prestó el juramento mientras él estaba vivo."
850 "Y es preciso que lo cumpla, porque ansí lo manda Dios; es necesario que vos no la vuelvas a buscar, porque si llega a faltar se condenarán los dos."
851 Con semejante alvertencia se completó mi redota; le vi los pies a la sota, y me le alejé a la viuda, mas curao que con la ruda, con los grillos y las motas.
852 Despues me contó un amigo que al Juez le había dicho el cura que yo era un cabeza dura y que era un mozo perdido; que me echaran del partido, que no tenía compostura.
853 Tal vez por ese consejo y sin que mas causa hubiera, ni que otro motivo diera, me agarraron redepente y en el primer contingente me echaron a la frontera.
854 De andar persiguiendo viudas me he curao el deseo; en mil penurias me veo, mas pienso volver tal vez a ver si sabe aquel Juez lo que se ha hecho de mi rodeo.
855 Martín Fierro y sus dos hijos, entre tanta concurrencia, siguieron con alegría celebrando aquella fiesta. Diez años, los más terribles, había durado la ausencia, y al hallarse nuevamente era su alegría completa. En ese mesmo momento uno que vino de ajuera, a tomar parte con ellos suplicó aue lo almitieran. Era un mozo forastero de muy regular presencia, y hacía poco que en le pago andaba dando sus güeltas. Asiguran algunos que venía de la frontera; que había pelao a un pulpero en las últimas carreras; pero andaba despilcho, no traia una prenda güena: un recadito cantor daba fe de sus pobrezas. Le pidió la bendición al que causaba la fiesta y, sin decirles su nombre, les declaró con franqueza que el nombre de Picardía es el único que lleva. Y para contar su historia a todos pide licencia, diciéndoles que en seguida iban a saber quien era. Tomo al punto la guitarra, la gente se puso atenta, y ansí cantó Picardía en cuanto templó las cuerdas:
856 -Voy a contarles mi historia (perdónenme tanta charla), y les diré al principiarla, aunque es triste hacerlo ansí: a mi madre la perdí antes de saber llorarla.
857 Me quedé en el desamparo, y al hombre que me dió el ser no lo pude conocer; ansí, pues, dende chiquito, volé como el pajarito en busca de qué comer.
858 O por causa del servicio, que tanta gente destierra, o por causa de la guerra, que es causa bastante seria, los hijos de la miseria son muchos en esta tierra.
859 Ansí, por ella empujado, no sé las cosas que haría, y aunque con verguenza mía, debo hacer esta alvertencia: siendo mi madre Inocencia, me llamaban Picardía.
860 Me llevó a su lado un hombre para cuidar las ovejas, pero todo el día eran quejas y guascazos a lo loco, y no me daba tampoco siquiera unas jergas viejas.
861 Dende la alba hasta la noche, en el campo me tenía; cordero que se moría -mil veces me sucedió- los caranchos lo comían, pero lo pagaba yo.
862 De trato tan rigoroso muy pronto me acobardé; el bonete me apreté buscando los mejores fines, y con unos volantines me fuí para Santa Fé.
863 El pruebista principal a enseñarme me tomó, y ya iba aprendiendo yo a bailar en la maroma, mas me hicieron una broma y aquello me indijustó.
864 Una vez que iba bailando, porque estaba el calzón roto, armaron tanto alboroto que me hicieron perder pie; de la cuerda me largué y casi me descogotó.
865 Ansí me encontre de nuevo sin saber dónde meterme, y ya pensaba volverme cuando, por fortuna mía, me salieron unas tías que quisieron recogerme.
866 Con aquella parentela, para mí desconocida, me acomodé ya en seguida, y eran muy buenas señoras; pero las más rezadoras que he visto en toda mi vida.
867 Con el toque de oración ya principiaba el rosario; noche a noche un calendario tenían ellas que decir, y a rezar solían venir muchas de aquel vecindario.
868 Lo que allí me aconteció siempre lo he de recordar, pues me empiezo a equivocar y a cada paso refalo, como si me entrara el Malo cuanto me hincaba a rezar.
869 Era como tentación lo que yo esperimenté, y jamas olvidaré cuanto tuve que sufrir, porque no podia decir "Artículos de la fe".
870 Tenía al lao una mulata que era nativa de allí; se hincaba cerca de mí como el ángel de la guarda; ¡pícara!, Y era la parda la que me tentaba ansí.
871 "Rezá", me dijo mi tía, "Artículos de la fe". Quise hablar y me atoré; la dificultá me aflige; miré a la parda, y ya dije: "Artículos de Santa fé".
872 Me acomodó el coscorrón que estaba viendo venir, yo me quise corregir, a la mulata miré y otra vez volví a decir: "Artículos de Santa fé".
873 Sin dificultá ninguna rezaba todito el día, y a la noche no podía ni con un trabajo inmenso; es por eso que yo pienso que alguno me tentaría.
874 Una noche de tormenta vi a la parda y me entró chucho; los ojos -me asusté mucho- eran como refocilo: al nombrar a San Camilo, le dije San Camilucho.
875 Esta me da con el pie, aquella otra con el codo: ¡ah, viejas, por ese modo, aunque de corazón tierno, yo las mandaba al infierno con oraciones y todo!
876 Otra vez, que como siempre la parda me perseguía, cuando yo acordé, mis tías me habían sacao un mechón al pedir la estirpación de todas las herejías.
877 Aquella parda maldita me tenía medio afligido, y ansí; me había sucedido que, al decir "Estirpación", le acomodé "Entripación" y me cayeron sin ruido.
878 El recuerdo y el dolor me duraron muchos días; soñe con las herejías que andaban por estirpar y pedía siempre al rezar la estirpación de mis tías.
879 Y dale siempre rosarios, noche a noche sin cesar; dale siempre barajar salves, trisagios y credos; me aburrí de esos enriedos y al fin me mandé mudar.
880 Anduve como pelota, y más pobre que una rata: cuando empecé a ganar plata se armó no sé que barullo: yo dije: a tu tierra, grullo, aunque sea con una pata.
881 Eran duros y bastantes los años que allá pasaron; con lo que ellos me enseñaron formaba mi capital; cuanto vine, me enrolaron en la Guardia Nacional.
882 Me habia ejercitao al naipe, el juego era mi carrera; hice alianza verdadera y arreglé una trapisonda con el dueño de una fonda que entraba en la peladera.
883 Me ocupaba con esmero en floriar una baraja; el la guardaba en la caja en paquetes, como nueva; y la media arroba lleva quien conoce la ventaja.
884 Comete un error inmenso quien de la suerte presuma; otro mas hábil lo fuma, en un dos por tres lo pela, y lo larga que no vuela, porque le falta una pluma.
885 Con un socio que lo entiende se arman partidas muy güenas; queda allí la plata ajena, quedan prendas y botones: siempre cain a esas riuniones zonzos con las manos llenas.
886 Hay muchas trampas legales, recursos del jugador; no cualquiera es sabedor a lo que un naipe se presta: con una cincha bien puesta se la pega uno al mejor.
887 Deja a veces ver la boca, haciendo el que se descuida; juega el otro hasta la vida y es siguro que se ensarta, porque uno muestra una carta y tiene otra prevenida.
888 Al monte, las precauciones no han de olvidarse jamás; debe afirmarse además los dedos para el trabajo, y buscar asiento bajo que le dé la luz de atrás.
889 Pa tallar, tome la luz; dé la sombra al alversario; acomódese al contrario en todo juego cartiao: tener ojo ejercitao es siempre muy necesario.
890 El contrario abre los suyos, pero nada ve el que es ciego: dandole soga, muy luego se deja pescar el tonto; todo chapetón cre pronto que sabe mucho en el juego.
891 Hay hombres muy inocentes y que a las carpetas van; cuando azariados están -les pasa infinitas veces- pierden en puertas y en treses, y dándoles mamarán.
892 El que no sabe no gana aunque ruegue a Santa Rita; en la carpeta a un mulita se le conoce al sentarse, y conmigo era matarse: no podían ni a la manchita.
893 En el nueve y otros juegos llevo ventaja y no poca, y siempre que dar me toca el mal no tiene remedio, porque sé sacar del medio y sentar la de la boca.
894 En el truco, al más pintao solía ponerlo en apuro; cuando aventajar procuro, sé tener, como fajadas, tiro a tiro el as de espadas, o flor, o envite siguro.
895 Yo sé defender mi plata y lo hago como el primero: el que ha de jugar dinero preciso es que no se atonte; si se armaba una de monte, tomaba parte el fondero.
896 Un pastel, como un paquete, se llevarlo con limpieza; dende quc a salir empiezan no hay carta que no recuerde; sé cuál se gana o se pierde en cuanto cain en la mesa.
897 También por estas jugadas suele uno verse en aprietos; mas yo no me comprometo porque sé hacerlo con arte, y aunque les corra el descarte no se descubre el secreto.
898 Si me llamaban al dao, nunca me solía faltar un cargado que largar, un cruzao para el mas vivo, y hasta atracarles un chivo sin dejarlos maliciar.
899 Cargaba bien una taba, porque la sé manejar; no era manco en el billar, y por fin de lo que esplico, digo que hasta con pichicos era capaz de jugar.
900 Es un vicio de mal fin el de jugar, no lo niego; todo el que vive del juego anda a la pesca de un bobo, y es sabido que es un robo ponerse a jugarle a un ciego.
901 Y esto digo claramente porque he dejao de jugar; y le puedo asigurar, como que fuí del oficio: más cuesta aprender un vicio que aprender a trabajar.
902 Un nápoles mercachifle que andaba con un arpista, cayó también en la lista sin dificultá ninguna: lo agarré a la treinta y una y le daba bola vista.
903 Se vino haciendo el chiquito, por sacarme esa ventaja; en el pantano se encaja, aunque robo se le hacía; lo cegó santa lucía y desocupó las cajas.
904 ¡Lo hubieran visto afligido llorar por las chucherías! "Me gañao con picardía", decía el gringo y lagrimiaba, mientras yo en un poncho alzaba todita su mercheria.
905 Quedó allí aliviao del peso sollozando sin consuelo; había caido en el anzuelo, tal vez porque era domingo, y esa calidá de gringo no tiene Santo en el cielo.
906 Pero poco aproveché de fatura tan lucida; el diablo no se descuida, y a mí me seguía la pista un ñato muy enredista que era Oficial de partida.
907 Se me presentó a esigir la multa en que había incurrido, que el juego estaba prohibido, qus iba a llevarme al cuartel tuve que partir con él todo lo que había alquirido.
908 Empecé a tomarlo entre ojos por esa albitrariedá; yo había ganao, es verdá, con recursos, eso sí; pero el me ganaba a mí fundao en su autoridá.
909 Decían que por un delito mucho tiempo anduvo mal; un amigo servicial lo compuso con el Juez, y poco tiempo después lo pusieron de Oficial.
910 En recorrer el partido continuamente se empleaba; ningún malevo agarraba, pero traia en un carguero gallinas, pavos, corderos que por ahi recoletaba.
911 No se debía permitir el abuso a tal estremo. Mes a mes hacía lo mesmo, y ansí decía el vecindario: "Este ñato perdulario ha resucitao el diezmo."
912 La echaba de guitarrero y hasta de concertador: sentao en el mostrador lo hallé una noche cantando y le dije: "Co…mo…quiando con ganas de oir un cantor."
913 Me echó el ñato una mirada que me quiso devorar, mas no dejó de cantar y se hizo el desentendido; pero ya había conocido que no lo podía pasar.
914 Una tarde que me hallaba de visita… vino el ñato, y para darle un mal rato dije juerte: "na…to…ribia, no cebe con la agua tibia", y me la entendió el mulato.
915 Era todo en el juzgao, y como que se achocó, ahi no más me contestó: "Cuanto el caso se presiente te he de hacer tomar caliente, y has de saber quién soy yo."
916 Por causa de una mujer se enredó más la cuestión; le tenía el ñato afición; ella era mujer de ley, moza con cuerpo de güey, muy blanda de corazón.
917 La hallé una vez de amasijo; estaba hecha un embeleso, y le dije: "Me intereso en aliviar sus quehaceres, y ansí, señora, si quiere yo le arrimaré los güesos."
918 Estaba el ñato presente sentado como de adorno; por evitar un trastorno ella, al ver que se dijusta, me contestó: "Si usté gusta, arrímelos junto al horno."
919 Ahi se enredó la madeja y su enemistá conmigo; se declaró mi enemigo, y, por aquel cumplimiento, ya sólo buscó el momento de hacerme dar un castigo.
920 Yo vía que aquel maldito me miraba con rencor, buscando el caso mejor de poderme echar el pial; y no vive más el lial que lo que quiere el traidor.
921 No hay matrero que no caiga, ni arisco que no se amanse; ansí, yo, dende aquel lance, no salía de algún rincón, tirao como el San Ramón después que se pasa el trance.
922 Me le escapé con trabajo en diversas ocasiones; era de los adulones; me puso mal con el Juez; hasta que al fin una vez me agarró en las eleciones.
923 Ricuerdo que esa ocasión andaban listas diversas; las opiniones dispersas no se podían arreglar: decían que el Juez, por triunfar, hacía cosas muy perversas.
924 Cuando si riunió la gente vino a proclamarla el ñato, diciendo con aparato "Que todo andaría mal, si pretendía cada cual votar por un candilato."
925 Y quiso al punto quitarme la lista que yo llevé, mas yo se la mesquiné, y ya me gritó: "¡anarquista! Has de votar por la lista que ha mandao el Comiqué."
926 Me dió verguenza de verme tratado de esa manera; y como si uno se altera ya no es fácil que se ablande, le dije: "Mande el que mande, yo he de votar por quien quiera."
927 "En las carpetas de juego y en la mesa eletoral, a todo hombre soy igual, respeto al que me respeta, pero el naipe y la boleta naides me lo ha de tocar."
928 Ahi no más ya me cayó a sable la polecía; aunque era una picardía me decidí a soportar, y no los quise peliar por no perderme ese día.
929 Atravesao me agarró y se aprovechó aquel ñato; dende que sufrí ese trato no dentro donde no quepo; fi a jinetiar en el cepo por cuestión de candilatos.
930 Injusticia tan notoria no la soporté de flojo; una venda de mis ojos vino el suceso a voltiar: vi que teníamos que andar como perro con tramojo.
931 Dende equellas eleciones se siguió el batiburrillo; aquél se volvió un ovillo del que no había ni noticia, ¡es señora la justicia… Y anda en ancas del mas pillo!
932 Después de muy pocos días, tal vez por no dar espera y que alguno no se juera, hicieron citar la gente, pa riunir un contingente y mandar a la frontera.
933 Se puso arisco el gauchaje: la gente está acobardada; salió la partida armada y trujo como perdices unos cuantos infelices que entraron en la voltiada.
934 Decía el ñato con soberbia: "¡Esta es una gente indina! Yo los rodié a la sordina: no pudieron escapar; y llevaba orden de arriar todito lo que camina."
935 Cuando vino el Comendante dijeron: "¡Dios nos asista!" Llegó les clavó la vista (yo estaba haciendome el zonzo); le echó a cada uno un responso y ya lo plantó en la lista.
936 "¡Cuadráte!", Le dijo a un negro. "Te estás haciendo el chiquito, cuando sos el más maldito que se encuentra en todo el pago. Un servicio es el que te hago, y por eso te remito."
937 "Vos no cuidás tu familia ni le das los menesteres; visitás otras mujeres, y es preciso, calavera, que aprendás en la frontera a cumplir con tus deberes."
938 "Vos también sos trabajoso; cuando es preciso votar hay que mandarte llamar y siempre andás medio alzao; sos un desubordinao, y yo te voy a filiar."
939 "¿cuánto tiempo hace que vos andás en este partido? ¿Cuantas veces has venido a la citación del juez? No te he visto ni una vez: has de ser algún perdido."
940 "Este es otro barullero que pasa en la pulpería predicando noche y día y anarquizando a la gente: irás en el contingente por tamaña picardía."
941 "Dende la anterior remesa vos andás medio perdido; la autoridá no ha podido jamás hacerte votar: cuando te mandan llamar te pasás a otro partido."
942 "Vos siempre andas de florcita: no tenés renta ni oficio; no has hecho ningún servicio; no has votado ni una vez. ¡Marchá!… Para que dejés de andar haciendo perjuicio."
943 "Dame vos tu papeleta: yo te la voy a tener. Esta queda en mi poder; despúes la recogerás, y ansí, si te resertás, todos te puedan prender."
944 "Vos, porque sos ecetuao, ya te querés sulevar; no vinistes a votar cuando hubieron eleciones; no te valdrán ececiones: ¡yo te voy a enderezar!"
945 Y a éste por este motivo y a otro por otra razón, toditos, en conclusión, sin que escapara ninguno, jueron pasando uno a uno a juntarse en un rincón.
946 Y allí las pobres hermanas, las madres y las esposas redamaban cariñosas sus lágrimas de dolor; pero gemidos de amor no remedian estas cosas.
947 Nada importa que una madre se desespere o se queje, que un hombre a su mujer deje en el mayor desamparo; hay que callarse, o es claro que lo quiebran por el eje.
948 Dentran despúes a empeñarse con este o aquel vecino; y, como en el masculino, el que menos corre, vuela, deben andar con cautela las pobres, me lo imagino.
949 Muchas al Juez acudieron, por salvar de la jugada; el les hizo una cuerpiada, y, por mostrar su inocencia, les dijo: "Tengan pacencia pues yo no puedo hacer nada."
950 Ante aquella autoridá permanecían suplicantes, y, después de hablar bastante, "Yo me lavo"; dijo el Juez, "Como Pilatos los pies: esto lo hace el Comendante."
951 De ver tanto desamparo el corazón se partía; había madre que salía con dos; tres hijos o más, por delante y por detrás, y las maletas vacías.
952 "¿Dónde irán?", Pensaba yo, "¿a perecer de miseria? Las pobres, si de esta feria hablan mal, tienen razón; pues hay bastante materia para tan justa aflición."
953 Cuando me llegó mi turno dije entre mí: "Ya me toca", y aunque mi falta era poca no sé por que me asustaba; les asiguro que estaba con el Jesús en ia boca.
954 Me dijo que yo era un vago, un jugador, un perdido; que dende que fí al partido andaba de picaflor; que había de ser un bandido como mi antesucesor.
955 Puede que uno tenga un vicio y que de él no se reforme, mas naides esta conforme con recebir ese trato: yo conocí que era el ñato quien le había dao los informes.
956 Me dentro curiosidá, al ver que de esa manera tan siguro me dijera que jué mi padre un bandido; luego, lo habrá conocido, y yo inoraba quien era.
957 Me empeñé en aviriguarlo; promesas hice a Jesús; tuve por fin una luz y supe con alegría que era el autor de mis días el guapo sargento Cruz.
958 Yo conocía bien su historia y la tenía muy presente: sabía que Cruz, bravamente, yendo con una partida, había jugado la vida por defender a un valiente.
959 Y hoy ruego a mi Dios piadoso que lo mantenga en su gloria; se ha de conservar su historia en el corazón del hijo; el al morir me bendijo yo bendigo su memoria.
960 Yo juré tener enmienda y lo conseguí de veras; puedo decir ande quiera que, si faltas he tenido, de todas me he corregido dende que supe quién era.
961 El que sabe ser güen hijo a los suyos se parece; y aquel que a su lado crece y a su padre no hace honor, como castigo merece de la desdicha el rigor.
962 Con un empeño costante mis faltas supe enmendar; todo conseguí olvidar, pero, por desgracia mía, el nombre de Picardía no me lo pude quitar.
963 Aquel que tiene güen nombre muchos dijustos se ahorra, y entre tanta mazamorra no olviden esta alvertencia: aprendí por esperencia que el mal nombre no se borra.
964 He servido en la frontera en un cuerpo de milicias; no por razón de justicia como sirve cualesquiera.
965 La bolilla me tocó de ir a pasar malos ratos por la facultá del ñato, que tanto me persiguió.
966 Y sufrí en aquel infierno esa dura penitencia, por una malaquerencia de un Oficial subalterno.
967 No repetiré las quejas de lo que se sufre allá: son cosas muy dichas ya y hasta olvidadas, de viejas.
968 Siempre el mesmo trabajar, siempre el mesmo sacrificio, es siempre el mesmo servicio, y el mesmo nunca pagar.
969 Siempre cubiertos de harapos, siempre desnudos y pobres, nunca le pagan un cobre ni le dan jamás un trapo.
970 Sin sueldo y sin uniforme lo pasa uno aunque sucumba: confórmese con la tumba; y si no… No se conforme.
971 Pues si usté se ensoberbece o no anda muy voluntario, le aplican un novenario de estacas… Que lo enloquecen.
972 Andan como pordioseros sin que un peso los alumbre, porque han tomao la costumbre de deberle años enteros.
973 Siempre hablan de lo que cuesta; que allá se gasta un platal: ¡pues yo no he visto ni un rial en lo que duró la fiesta!
974 Es servicio estrordinario bajo el jusil y la vara, sin que sepamos qué cara le ha dao Dios al comisario.
975 Pues si va a hacer la revista se vuelve como una bala: es lo mesmo que luz mala para perderse de vista.
976 Y de yapa cuando va, todo parece estudiao: van con meses atrasaos de gente que ya no está.
977 pues si adrede que lo hagan, podrán hacerlo mejor: cuando cai, cai con la paga del contingente anterior.
978 porque son como sentencia para buscar al ausente, y el pobre que está presente que perezca en la endigencia;
979 hasta que, tanto aguantar el rigor con que lo tratan o se resierta, o lo matan, o lo largan sin pagar.
980 De ese modo es el pastel, porque el gaucho -ya es un hecho- no tiene ningún derecho, ni naides vuelve por él.
981 ¡La gente vive marchita! Si viera cuando echan tropa: les vuela a todos la ropa que parecen banderitas.
982 De todos modos lo cargan, y al cabo de tanto andar, cuando lo largan, lo largan como pa echarse a la mar.
983 Si alguna prenda le han dao se la vuelven a quitar: poncho, caballo, recao, todo tiene que dejar.
984 Y esos pobres infelices, al volver a su destino, salen como unos longinos sin tener con que cubrirse.
985 A mí me daba congojas el mirarlos de ese modo, pues el más aviao de todos es un perejil sin hojas.
986 Aura poco ha sucedido, con un invierno tan crudo, largarlos a pie y desnudos pa volver a su partido.
987 Y tan duro es lo que pasa que, en aquella situación, les niegan un mancarrón para volver a su casa.
988 ¡Lo tratan como a un infiel! Completan su sacrificio no dándole ni un papel que acredite su servicio.
989 Y tiene que regresar más pobre de lo que jué; por supuesto, a la mercé del que lo quiere agarrar.
990 Y no averigüe después de los bienes que dejó: de hambre, su mujer vendió por dos lo que vale diez.
991 Y como están convenidos a jugarle manganeta, a reclamar no se meta, porque ése es tiempo perdido.
992 Y luego, si a alguna estancia a pedir carne se arrima, al punto le cain encima con la ley de la vagancia.
993 Y ya es tiempo, pienso yo, de no dar más contingente: si el Gobierno quiere gente, que la pague y se acabó.
994 Y saco así en conclusión, en medio de mi inorancia, que aquí el nacer en estancia es como una maldición.
995 Y digo, aunque no me cuadre decir lo que naides dijo: la provincia es una madre que no defiende a sus hijos.
996 Mueren en alguna loma en defensa de la ley, o andan lo mesmo que el güey, arando pa que otros coman.
997 Y he de decir ansí mismo porque de adentro me brota que no tiene patriotismo quien no cuida al compatriota.
998 Se me va por donde quiera esta lengua del demonio: voy a darles testimonio de lo que vi en la frontera.
999 Yo sé que el único modo, a fin de pasarlo bien, ee decir a todo: amén, y jugarle risa a todo.
1000 El que no tiene colchón en cualquier parte se tiende; el gato busca el jogón y ese es mozo que lo entiende.
1001 De aquí comprenderse debe, aunque yo hable de este modo, que uno busca su acomodo siempre lo mejor que puede.
1002 Lo pasaba como todos este pobre penitente; pero salí de asistente, y mejoré en cierto modo;
1003 pues aunque esas privaciones causen desesperación, siempre es mejor el jogón de aquel que carga galones.
1004 De entonces en adelante algo logré mejorar, pues supe hacerme lugar al lado del Ayudante.
1005 El se daba muchos aires: pasaba siempre leyendo; decían que estaba aprendiendo pa recebirse de flaire.
1006 Aunque lo pifiaban tanto, jamás lo vi dijustao; tenía los ojos paraos como los ojos de un Santo.
1007 Muy delicao, dormía en cuja; y no sé por qué sería, la gente lo aborrecía y le llamaban La Bruja.
1008 Jamás hizo otro servicio ni tuvo mas comisiones que recebir las raciones de víveres y de vicios.
1009 Yo me pasé a su jogón al punto que me sacó, y ya con el me llevó a cumplir su comisión.
1010 Estos diablos de milicos de todo sacan partido: cuando nos vían riunidos se limpiaban los hocicos.
1011 Y decían en los jogones como por chocarrería: "Con La Bruja y Picardía van a andar bien las raciones."
1012 A mí no me jué tan mal, pues mi Oficial se arreglaba; les diré lo que pasaba sobre este particuiar.
1013 Decían que estaba de acuerdo La Bruja y el provedor, y que recebía lo pior; puede ser, pues no era lerdo.
1014 Que a más en la cantidá pegaba otro dentellón, y que por cada ración le entregaban la mitá.
1015 y que esto lo hacía del modo como lo hace un hombre vivo: firmando luego el recibo, ya se sabe, por el todo.
1016 Pero esas murmuraciones no faltan en campamento. Déjenme seguir mi cuento, o historia de las raciones.
1017 La Bruja las recebía, como se ha dicho, a su modo; las cargabamos, y todo se entriega en la mayoría.
1018 Sacan allí en abundancia lo que les toca sacar, y es justo que han de dejar otro tanto de ganancia.
1019 Van luego a la compañía; las recibe el Comendante, el que, de un modo abundante, sacaba cuanto quería.
1020 Ansí la cosa liviana va mermada, por supuesto; luego se le entrega el resto al oficial de semana. Araña, ¿quien te arañó? Otra araña como yo.
1021 Este le pasa al sargento aquello tan reducido, y, como hombre prevenido, saca siempre con aumento.
1022 Esta relación no acabo si otra menudencia ensarto, el sargento llama al cabo para encargarle el reparto.
1023 El también saca primero y no se sabe turbar: naides le va a aviriguar si ha sacado más o menos.
1024 Y sufren tanto bocao y hacen tantas estaciones, que ya casi no hay raciones cuando llegan al soldao.
1025 ¡Todo es como pan bendito! Y sucede de ordinario tener que juatarse varios para hacer un pucherito.
1026
Dicen que las cosas van
con arreglo a la ordenanza.
¡Puede ser! Pero no alcanzan;
¡Tan poquito es lo que dan!
1027 Algunas veces, yo pienso, y es muy justo que lo diga, solo llegaban las migas que habían quedao en los lienzos.
1028 Y esplican aquel infierno en que uno está medio loco diciendo gue dan tan poco porque no paga el Gobierno.
1029 Pero eso yo no lo entiendo, ni a aviriguarlo me meto; soy inorante completo nada olvido y nada apriendo.
1030 Tiene uno que soportar el tratamiento mas vil: a palos en lo civil a sable en lo militar.
1031 El vistuario es otro infierno; si lo dan, llega a sus manos en invierno el de verano, y en el verano el de invierno.
1032 Y yo el motivo no encuentro ni la razón que esto tiene, mas dicen que eso ya viene arreglao dende adentro.
1033 Y es necesario aguantar el rigor de su destino; el gaucho no es argentino sino pa hacerlo matar.
1034 Ansi ha de ser, no lo dudo; y por eso decía un tonto: "Si los han de matar pronto, mejor es que estén desnudos,"
1035 pues esa miseria vieja no se remedia jamás; todo el que viene detrás como la encuentra la deja.
1036 Y se hallan hombres tan malos que dicen de güena gana: "El gaucho es como la lana: se limpia y compone a palos."
1037 Y es forzoso el soportar aunque la copa se enllene; parece que el gaucho tiene algún pecao que pagar.
1038 Esto contó Picardía y después guardó silencio, mientras todos celebraban con placer aquel encuentro. Mas una casualidá, como que nunca anda lejos, entre tanta gente blanca llevó tambien un moreno, presumido de cantor y que se tenía por güeno. Y como quien no hace nada, o se descuida de intento, pues siempre es muy conocido todo aquel que busca pleito, se sentó con toda calma, echo mano al estrumento y ya le pegó un ragido: era fantástico el negro; y para no dejar dudas, medio se compuso el pecho. Todo el mundo conoció la intención de aquel moreno: era claro el desafío dirigido a Martín Fierro, hecho con toda arrogancia, de un modo muy altanero. Tomó Fierro la guitarra, pues siempre se halla dispuesto, y ansí cantaron los dos, en medio de un gran silencio:
MARTÍN FIERRO 1039 Mientras suene el encordao, mientras encuentre el compás yo no he de quedarme atrás sin defender la parada, y he jurado que jamás me la han de llevar robada.
1040 Atiendan, pues, los oyentes y cáyense los mirones; a todos pido perdones, pues a la vista resalta que no está libre de falta quien no está de tentaciones.
1041 A un cantor le llaman güeno cuando es mejor que los piores; y sin ser de los mejores, encontrándose dos juntos, es deber de los cantores el cantar de contrapunto.
1042 El hombre debe mostrarse cuando la ocasión le llegue; hace mal el que se niegue, dende que lo sabe hacer; y muchos suelen tener vanagloria en que los rueguen.
1043 Cuando mozo fuí cantor (es una cosa muy dicha); mas la suerte se encapricha y me persigue costante: de ese tiempo en adelante canté mis propias desdichas.
1044 Y aquellos años dichosos trataré de recordar; veré si puedo olvidar tan desgraciada mudanza, y quien se tenga confianza tiemple, y vamos a cantar.
1045 Tiemple y cantaremos juntos; trasnochadas no acobardan. Los concurrentes aguardan, y porque el tiempo no pierdan, haremos gemir las cuerdas hasta que las velas no ardan.
1046 Y el cantor que se presiente, que tenga o no quien lo ampare, no espere que yo dispare aunque su saber sea mucho: vamos en el mesmo pucho a prenderle hasta que aclare.