Todos a una: Los derechos en cuestio'n Eduardo Ca'ceres Para no morir de hambre o para hacer negocios es indispensable tener derechos. La frase resume, de manera simple, los resultados del trabajo de economistas que, adema's de competir por el premio Nobel, tienen poco en comu'n. Amartya Sen ha demostrado que la principal explicacio'n en relacio'n al diferente impacto, en te'rminos de mortandad humana, de grandes hambrunas en Asia y _frica, es el grado de derechos de los que disponi'an las poblaciones afectadas. No so'lo salarios: tambie'n acceso a tierras, movilidad, organizacio'n, etce'tera. Douglas North (premio Nobel de Economi'a 1993) ha insistido repetidas veces sobre la importancia de instituciones (reglas de juego, es decir, derechos, leyes, constumbres) para un eficaz funcionamiento del mercado. Su ausencia deforma la economi'a pues incrementa los llamados {costos no econo'micos de la transaccio'n}. A diferencia de Sen, North tiene una visio'n ma's restringida de los derechos -de hecho concentra su atencio'n en los derechos de propiedad-, pero no deja de notar que e'stos son mucho ma's que enunciados juri'dicos. Componentes de una cultura, piedras angulares de una e'tica social, podri'amos decir desde nuestra propia perspectiva. La ausencia de derechos afecta, por tanto, a todos los estratos de la poblacio'n. A unos los pone al borde del exterminio; a otros los conduce a la incertidumbre que alentara' comportamientos especulativos y parasitarios. Sin derechos interiorizados, reconocidos y vigentes, regresamos a la ley de la selva. Contradiciendo este consenso contempora'neo, en nuestro pai's las poli'ticas en curso expresan el principio opuesto: {para no morir de hambre, asi' como para hacer negocios, hay que prescindir de los derechos}. Lo primero subyace a las poli'ticas sociales en vigencia; lo segundo se expresa en el generalizado desmantelamiento de los derechos sindicales y de las comunidades campesinas, asi' como en la generalizada desregulacio'n de la economi'a. Pobreza y derechos: \El huevo o la gallina? Se reproduce en este Informe la resolucio'n del Comite' de Derechos Econo'micos, Sociales y Culturales de la ONU sobre la situacio'n de estos derechos en el pai's. Antes de adoptarla el Comite' examino' el Informe presentado por el gobierno peruano y escucho' a la delegacio'n presidida por el entonces ministro de Justicia, Carlos Hermoza M. Asimismo, recibio' el texto y la sustentacio'n de un informe alternativo preparado por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. La dureza de la resolucio'n no se puede explicar exclusivamente por el dramatismo de las cifras sobre pobreza, desempleo y subempleo en el pai's. Las {preocupaciones} del Comite' se enrai'zan en la comprobacio'n de que las autoridades peruanas persisten en la lo'gica de querer primero erradicar la pobreza para {despue's} atender la carencia de derechos. Tras la idea de {erradicar la pobreza} con prescindencia de derechos se oculta una visio'n reduccionista, meramente cuantitativa de la pobreza. Todas las aproximaciones medianamente serias al tema insisten en que la pobreza es un feno'meno de mu'ltiples dimensiones, estructural y subjetivo a la vez. Estructural, en tanto hay condiciones ajenas a los individuos que la reproducen; subjetivo, en tanto se interioriza como anulacio'n de capacidades y debilitamiento de la autoestima. Varios siglos de luchas sociales y debates teo'ricos llevaron a las sociedades modernas de las {leyes de pobres} (propias del siglo XVIII) a los derechos sociales contempora'neos. La tesis subyacente a este proceso afirma que de lo que se trata no es de {segregar} -en beneficencias, casas de pobres o programas {focalizados}-, sino de integrar, a trave's del trabajo, la educacio'n y la vida ciudadana, a los que se encuentran en una situacio'n de pobreza. \Beneficencia u justicia? Pareciera obvio reconocer que sociedades crecientemente integradas seri'an las que mejor expresari'an los valores de la modernidad capitalista. A mayor nu'mero de {competentes}, mayor competencia y productividad; a mayor individuacio'n -autoestima y conciencia de derechos-, mayor ciudadani'a y, por ende, mejores condiciones para la vigencia de las instituciones liberales. Sin embargo, el curso reciente de la mayor parte de las sociedades modernas contradice este paradigma. Las causas probablemente no se encuentren en algu'n desajuste transitorio sino en problemas ma's de fondo: la concentracio'n de la riqueza y de la propiedad, la subordinacio'n de la economi'a a la ganancia y no a las necesidades, la reduccio'n del ciudadano a la condicio'n de consumidor. A esto se suma, en nuestro caso, la reproduccio'n de relaciones sociales y poli'ticas que contradicen el paradigma modernizador. Una reflexio'n, escrita hace ma's de doscientos an~os, nos puede dar algunas claves para esclarecer nuestra peculiar situacio'n: {Si los hombres fuesen justos a su debido tiempo, no existiri'an los pobres, en vista de lo cual no tendri'amos que darles limosna ni tampoco atribuirnos el me'rito de la benevolencia.} El texto pertenece a Immanuel Kant, uno de los padres del liberalismo contempora'neo. No so'lo acierta al explicar la pobreza como consecuencia de la injusticia, sino que tambie'n devela la relacio'n entre limosna -sea e'sta privada o social, privada o pu'blica- e injusticia. Para Kant, el {instinto de la benevolencia (es aque'l) por medio del cual compensamos lo que hemos obtenido ilegalmente}. En sus Lecciones de E'tica, la benevolencia se contrapone al respeto al derecho de los dema's hombres. Lo actuado por {benevolencia} no es, sin embargo, algo meramente privado. Nos genera un {me'rito}, una especial consideracio'n ante los dema's, un estatus especial. Si algo unifica diversas formas de ejercicio del poder, desde los antiguos imperios hasta muchas {democracias} contempora'neas, es el tratar de legitimarse como benefactoras de sus su'bditos/{ciudadanos}. Cuando la compensacio'n de la injusticia remplaza el reconocimiento de derechos estamos lejos de la modernidad en cualquiera de sus variantes. No es casual entonces la particular empati'a, en el caso peruano, entre autoritarismo y {gasto social} pasando por encima de la reto'rica ultraliberal que se predica para un pu'blico ma's restringido. \Que' imagen ma's clara del uso del {me'rito de la benevolencia} que las ima'genes del presidente Fujimori inaugurando colegios, canales de regadi'o, postas, etce'tera, a lo largo y ancho del pai's? Ahora bien: si es e'ste el principal mecanismo de legitimacio'n social del re'gimen, resulta difi'cil suponer que tales acciones apuntan a erradicar lo que las motiva: la pobreza. Quienes analizaron el feno'meno de los autoritarismos europeos de las primeras de'cadas del siglo vincularon la emergencia de tales regi'menes con la destruccio'n de las seguridades econo'micas mi'nimas y el debilitamiento extremo de la subjetividad de los individuos y los movimientos sociales. Los Estados totalitarios construyeron sistemas de proteccio'n social muy minuciosos que, sin embargo, estaban lejos de ser sistemas de derechos universales. La clave de los mismos era la sujecio'n al li'der, al partido, la aceptacio'n del lugar asignado en la estructura estamental de la sociedad. Es por ello que cuando se trato' de construir un orden internacional capaz de prevenir la emergencia de feno'menos similares, se enunciaron derechos integrales y universales. No fue la presio'n del campo socialista la que definio' la inclusio'n en la Declaracio'n Universal de los Derechos Humanos, junto a la libertad de creencia y circulacio'n, de los derechos al trabajo, la atencio'n en salud, la educacio'n, etce'tera. A la base estaba la tesis de que ni el mercado ni un re'gimen poli'tico liberal construyen la igualdad. Simplemente la suponen. La igualdad entre los seres humanos es el resultado de procesos ma's complejos, culturales y poli'ticos. Supone la ruptura de trabas materiales a la libertad, a la capacidad de disponer por si' mismo. Presume el reconocimiento mutuo, el respeto universal, la aceptacio'n del cara'cter racional y razonable de los seres humanos. La igualdad supone la libertad, y e'sta se identifica con la autonomi'a. Para que la autonomi'a no sea un mero ejercicio mental se requieren derechos, es decir, {dominios sobre bienes y servicios}, para utilizar la adecuada definicio'n de Sen. El contenido de estos dominios depende de la historia. En el inicio de la modernidad la Integralidad de los Derechos Fundamentales se expreso' en la vinculacio'n que se establecio' entre los primeros derechos civiles y el derecho a la propiedad. Para poder tener autonomi'a civil era indispensable contar con propiedad o renta suficiente para garantizar autonomi'a econo'mica. En el contexto de sociedades crecientemente basadas en el trabajo asalariado, la Integralidad de los Derechos devino en reconocimiento de los derechos laborales. Las sucesivas ampliaciones de la Integralidad dan cuenta de una visio'n cada vez ma's rica de los componentes de la dignidad humana. Una encuesta desarrollada por IMASEN a fines de 1995 daba cuenta de que en la percepcio'n de diversos sectores el {derecho a la vida} incorpora aspectos civiles, econo'micos y sociales. La configuracio'n de la economi'a y de la vida social no son ajenas a la vigencia de la dignidad humana. Son terrenos en los que existen derechos que deben no so'lo formularse sino tambie'n concretarse. La existencia de un tejido de instituciones y derechos positivados que garanticen socialmente la existencia humana, lo que hoy se suele llamar {seguridad humana} - econo'mica, alimentaria, ambiental, personal, comunitaria, poli'tica- no tiene por que' contraponerse al ejercicio de las libertades individuales. Por el contrario: es la base indispensable para el ejercicio de e'stas. Desproteccio'n generalizada y crisis poli'tica El detonante de la crisis que afecta seriamente al gobierno de Fujimori ha sido el entrecruzamiento entre economi'a y libertad poli'tica: no so'lo en relacio'n con el Canal Dos (donde se cuestiona el derecho a la propiedad de la mano con el derecho a la libertad de expresio'n), sino tambie'n en relacio'n con sectores ma's amplios de la poblacio'n. Tratar de explicar por que' se llego' a esta situacio'n puede ayudarnos a entender los verdaderos alcances de la fragilidad institucional que el gobierno ha transformado en una de sus condiciones de existencia. No es difi'cil imaginar diversas alternativas de manejo de la situacio'n que le hubieran ahorrado al gobierno pasar del 70% de aprobacio'n ciudadana al 20%. No les era indispensable, de {vida o muerte}, tener que destituir a tres miembros del Tribunal Constitucional o abrir el expediente para la desnacionalizacio'n de Baruch Ivcher. Tras el {e'xito} de la retoma de la casa del embajador de Japo'n, el gobierno pudo haber intentado otros caminos, a primera vista ma's inteligentes. No es que el gobierno haya sido ma's autoritario y arbitrario frente al Tribunal Constitucional de lo que fue frente al Congreso -elegido en 1990- el 5 de abril de 1992; o frente a Ivcher de lo que ha sido en miles de ocasiones frente a inocentes presos, juzgados y condenados por tribunales sin rostro. Es la percepcio'n de la arbitrariedad lo que ha cambiado. Sin caer en el juego de atribuir a las encuestas el ser reflejo de la {opinio'n pu'blica}, no se puede dejar de reconocer que recogen de alguna manera el estado de a'nimo de la sociedad. Y es indudable que ese estado de a'nimo hoy se muestra hostil al gobierno. \En que' consiste el cambio? \Se trata de un repentino descubrimiento del cara'cter autoritario del gobierno? \O ma's bien del desencanto frente al mismo? Si se responde afirmativamente a la primera pregunta estari'amos en un momento en el cual muchos peruanos que creyeron en Fujimori toman conciencia de que menti'a, atropellaba derechos, avalaba la impunidad. Quiza' algunos hayan hecho este proceso en las u'ltimas semanas. Pero es ma's factible pensar que los ma's han llegado a la conclusio'n de que un conjunto de caracteri'sticas del re'gimen que dieron resultados hasta determinado momento, ya no van ma's. Las razones y el momento del cambio tienen que ver, probablemente, con asuntos muy terrenales y no necesariamente principistas. Las mismas encuestas que ponen la aprobacio'n del pPresidente en su punto ma's bajo, presentan un cierto rating de los problemas que la poblacio'n siente como los ma's urgentes. Sorprendentemente, mientras so'lo 13% alude a la falta de democracia, 81% menciona el desempleo, el 40% la pobreza y el 34% los bajos salarios. En si'ntesis: un gobierno autoritario, tanto hoy como hace cinco an~os, que aparece ante la poblacio'n como responsable de graves problemas econo'micos y al que se le cuestiona lo que ayer se le toleraba (el autoritarismo), dado que nadie se atreve a cuestionar seria y radicalmente su manejo econo'mico. El empate entre las cri'ticas y resistencias al autoritarismo, por un lado, y el generalizado malestar de la poblacio'n frente a la penuria econo'mica, por otro, podri'a expresar la coincidencia de dos procesos distintos cuya relacio'n definitiva no esta' resuelta. El problema en una coincidencia como la descrita, en la que el contenido latente no sintoniza con el discurso expli'cito, es que deja intocadas las bases del desencuentro entre representantes y representados, entre la vida cotidiana y el discurso poli'tico. El autoritarismo se ha vuelto autodestructivo en la medida que estari'a llegando a su li'mite en la capacidad de identificar o imaginar adversarios que legitimen su despliegue. Proponer adversarios, derrotarlos, ofrecer a los su'bditos algunos de los re'ditos de la victoria -no interesa que sean simplemente simbo'licos-, son algunos de los mecanismos ba'sicos de legitimacio'n de cualquier poder despo'tico. Sin adversarios a combatir, sin luchas de {vida o muerte} en el horizonte, el poder despo'tico corre el riesgo de volverse superfluo. De ahi' su renovada bu'squeda de enemigos, la cotidiana invencio'n de los mismos. El aliado de ayer puede ser el enemigo de hoy. Por otro lado, este despliegue de ima'genes y gestos requiere un auditorio predispuesto. Su'bditos y {clientes} -en su sentido ma's tradicional-, no ciudadanos. Ausencia y deslegitimacio'n de las diversas vi'as de accio'n social y poli'tica. Tambie'n si desaparecieran las carencias, el poder despo'tico podri'a pasar a ser superfluo. El malestar generalizado debido a la penuria alimenta el descontento frente al poder. Y se encuentra con quienes cuestionan el ejercicio del poder por parte de la cu'pula civil- militar. Con quienes lo cuestionan por razones ma's o menos principistas -los derechos humanos, la democracia- o quienes lo hacen por razones ma's prosaicas: cuotas, negocios, complicidades desechas. Que' pueda suceder con el pai's en una encrucijada como la descrita, es imposible de predecir. Conviene preguntarse ma's bien por lo que no sucede y -quie'n sabe- podri'a suceder. Lo que no ha sucedido es que el malestar generalizado se tematice como lo que efectivamente es: cuestionamiento a diversos aspectos del programa econo'mico. Y que desde alli' se proyecte hacia el escenario de crisis del autoritarismo con una alternativa que vincule los derechos econo'micos y sociales de la poblacio'n con sus derechos civiles y poli'ticos, que vincule una perspectiva de desarrollo integral con la democracia. Un curso alternativo tambie'n reclama cambios en el escenario de la crisis poli'tica. Seri'a necesario que al menos alguno de los actores centrales del espectro opositor rompa esta versio'n criolla del Consenso de Washington que se ha instalado entre nosotros: fuera del {modelo} no hay salvacio'n. Existen ya suficientes argumentos -acompan~ados de incipientes experiencias- de que si' es posible una economi'a distinta sin recaer en los errores del pasado. De que es posible -y necesario- recomponer sistemas de proteccio'n de derechos que sean efectivamente universales y que garanticen las condiciones mi'nimas para el ejercicio de la libertad y el reconocimiento de la igualdad de todos los peruanos. En caso contrario, no por ma's macabra esta nueva crisis poli'tica en las alturas dejara' de tener un curso similar a las que nos han acompan~ado a lo largo de nuestra historia republicana. Basta ejercer la memoria y recordar otras coyunturas histo'ricas en las que la crisis se resolvio' en un reacomodo por arriba que dejo' intactas las cosas en la economi'a y la sociedad. .