Indi'genas amazo'nicos: Al margen de las utopi'as Pedro Garci'a Un reciente texto publicado por OIT califica la situacio'n indi'gena en el Peru' como de {exclusio'n social dura}. \Que' se ha querido decir con esto? Que en los procesos econo'micos y socioculturales del Peru' no se han dado oportunidades a los pueblos indi'genas para participar, en te'rminos de igualdad, en los beneficios del desarrollo, ni se han reconocido sus contribuciones -histo'ricas y contempora'neas- al proceso de formacio'n de la cultura, de la sociedad y de la economi'a del pai's. Ma's catego'ricamente, el Comite' sobre Derechos Econo'micos, Sociales y Culturales de la OIT ha expresado que estos pueblos no encuentran, en el Peru', condiciones para ejercitar efectivamente sus derechos. Si bien el concepto de {exclusio'n} se basa en para'metros europeos, en el Peru' no nos estari'amos refiriendo a ciertos sectores marginales -que es a lo que alude este concepto en los pai'ses del norte-, sino a ma's del 60% de la poblacio'n que sufre por debajo de la li'nea de pobreza. Lo cierto es que, en te'rminos generales, la poblacio'n indi'gena peruana se encuentra excluida. Por desgracia, la proyeccio'n de la {modernizacio'n}, eufemismo orientador de las actuales poli'ticas econo'micas, sociales y culturales, no permite mirar el futuro de los pueblos indi'genas con optimismo. La {modernizacio'n}, tal como es entendida en el marco neoliberal, contrasta conceptualmente con las aspiraciones indi'genas. Conceptos como comunidad, solidaridad, racionalidad del consumo, utilidad social o biodiversidad, se oponen frontalmente a las ideas de individualismo, competencia, rentabilidad, acumulacio'n y predominancia del papel del mercado en la orientacio'n de las opciones socioecono'micas. Se trata de una visio'n del desarrollo que, ya teo'ricamente, excluye a los indi'genas. La pra'ctica que deriva de ella no es sino coherente con el modelo. En una reciente presentacio'n, un dirigente indi'gena se referi'a en los siguientes te'rminos a la frustracio'n indi'gena ante la provocadora llamada al desarrollo: {Muchas veces nos repiten: \por que' no presentar una imagen ma's amable de la problema'tica indi'gena? Como dirigente joven me gustari'a poder presentar la problema'tica de la poblacio'n indi'gena amazo'nica en un tono optimista y moderno. }Dar a conocer a los pueblos indi'genas amazo'nicos como creadores de culturas milenarias con vigencia hacia el futuro, disen~ando vi'as de comunicacio'n donde los ma's avezados ingenieros no aciertan a orientarse, aportando conocimientos a los conceptos de biologi'a molecular -como empiezan a descubrir algunos modernos textos cienti'ficos-, adoptando modelos econo'micos alternativos -basados en una reciprocidad y solidaridad que tanto necesita la moderna economi'a- o viabilizando sistemas de socializacio'n -como nuestras pra'cticas de atencio'n a los ancianos, las viudas o los hue'rfanos-, descubriendo un sinnu'mero de nuevos remedios y productos de importancia trascendental -como la un~a de gato hoy, o el jebe y la curarina ayer-, abriendo a todos ustedes las puertas a las maravillas de nuestra literatura oral, nuestros ma'gicos cantos o nuestras artes gra'ficas corporales, o nuestra singular inventiva arquitecto'nica, o mostra'ndoles nuestro apoyo y nuestra sabiduri'a para cuidar, junto a ustedes, nuestro fra'gil planeta. }Deseari'a poder decir: ya pasamos la etapa de la incomprensio'n y vamos ahora a concentrarnos en mostrar nuestra cara alegre, nuestra contribucio'n a la felicidad universal. }Lastimosamente, nuestros pueblos se ven obligados a seguir presentando tristezas ante quienes quieran escucharnos. }Disculpen entonces que, una vez ma's, nosotros aparezcamos con una cara seria. Todavi'a las alegres sonrisas de nuestros hijos, de nuestros ancianos y de nuestras mujeres no forman parte de la lista de los intereses del Estado.} No se ofrecen oportunidades y el desarrollo indi'gena se debate en un medio real muy agresivo, donde el ejercicio de sus humanidades -tan promisorias para tiempos de paz- se ve permanentemente aplazado en medio de sus luchas por obtener un mi'nimo de seguridad territorial y mantener el acceso al disfrute de la naturaleza que por siglos se reservaron con sumo cuidado y con un detallista control del consumo. En la falta de comprensio'n y de intere's por la contribucio'n de los pueblos indi'genas al desarrollo esta' la explicacio'n de su exclusio'n. Exclusio'n que se da tambie'n cuando la alternativa es una integracio'n condicionada por factores etnocidas, que los niegan como pueblo diferente, o genocidas, que los conducen hacia la muerte. *** El propo'sito de acortar los espacios a los pueblos indi'genas amazo'nicos, que resultan un obsta'culo para algunas de las prioridades poli'ticas estatales en la Amazoni'a -la privatizacio'n de los recursos naturales y la exploracio'n y explotacio'n de hidrocarburos-, se plasma en la normativa y, con mayor dureza, en la pra'ctica poli'tica diaria en las marginadas regiones de asentamiento indi'gena. Pese a la declaracio'n constitucional que adjetiva al Peru' como un pai's plurie'tnico, la poli'tica encaminada a marginar, reducir, integrar y {campesinizar} sistema'ticamente a los pueblos indi'genas, al decir de las organizaciones indi'genas en su informe a la OIT, se mantiene firme. La seguridad territorial de los pueblos indi'genas, que esta' en la base de los mandatos del Pacto Internacional de los Derechos Econo'micos, Sociales y Culturales, sigue siendo un tema capital. El paquete legislativo que, en 1995, intento' poner barreras definitivas a las pretensiones territoriales de los pueblos indi'genas, recibio' una fuerte oposicio'n y no logra au'n imponerse. Pese a las promociones gubernamentales, ninguna comunidad ha solicitado la parcelacio'n, venta o hipoteca de sus tierras. Si bien hasta la fecha la mal llamada Ley de Tierras (26505) no ha sido reglamentada y su aplicacio'n parcial se reduce a regiones econo'micamente priorizadas, todo indica que las tierras indi'genas esta'n en la mira del capital, principalmente extranjero. Las nuevas normas sobre Zonas de Proteccio'n Ecolo'gica y las anunciadas reformas de la Ley Forestal y de Aguas, unidas a la amenaza latente de las subastas de tierras libres eriazas anunciada por la Ley 26505 y su sustitutoria, la 26681, parecen dirigidas a poner en manos del capital privado, nacional y extranjero, los recursos y los espacios que sirven a la subsistencia ba'sica de las comunidades indi'genas. Aun cuando existe la esperanza de una reconsideracio'n del texto, el Proyecto de Ley de Recursos Naturales muestra con crudeza lo que los derechos indi'genas significan para la visio'n moderna. En el arti'culo 17 se contempla que las comunidades campesinas y nativas tienen libre acceso a los recursos de uso ritual o para la subsistencia en a'reas fuera de su titulacio'n hasta que el Estado los entregue en exclusiva a terceros. Los objetivos son precisos: limitar los derechos de las poblaciones indi'genas sobre los recursos naturales de sus territorios, sean o no titulados, hasta el momento en que alguien pueda tener intereses econo'micos sobre ellos. Es un planteamiento que puede criticarse como colonial, pero que esta' en la base de la nueva poli'tica modernizadora. Las normas que permiten acelerar la titulacio'n y el registro de predios particulares en la regio'n y la imposicio'n de crecientes dificultades a la titulacio'n de las comunidades indi'genas, sobre bases correctas, alejan notablemente las posibilidades de los pueblos indi'genas de alcanzar sus objetivos territoriales en lo que parece presentarse como una u'ltima oportunidad histo'rica. El Decreto Legislativo 838 garantiza la adjudicacio'n gratuita de tierras en zonas de emergencia que sean solicitadas por particulares que hayan vivido un tiempo en la zona o por los beneficiarios de reforma agraria, entre ellos las comunidades nativas. Sin embargo, al no dar prioridad a las comunidades e igualarlos, en la ley, con los colonos a la hora de acceder a esas tierras, muchos comuneros desplazados esta'n siendo excluidos del derecho a sus tierras de origen. Particularmente notorio e injusto es el caso de las comunidades asha'ninkas y nomastsiguenkas que han iniciado el retorno a sus hogares despue's de largos an~os de haber estado sometidas a procesos de extrema violencia y que se encuentran con que sus tierras han sido entregadas a madereros a trave's de contratos otorgados en los momentos a'lgidos de la contienda y que -sin explicar co'mo es que pudieron sacar maderas de regiones en las que el eje'rcito teni'a dificultades para el ingreso- hoy alegan no haber encontrado comunidades al recibir el contrato. En cualquier caso, cabe mencionar que, en algunas regiones -como Loreto y Ucayali-, la titulacio'n de comunidades ha sido parcialmente atendida e inclusive se han emitido resoluciones para el establecimiento de dos a'reas reservadas en beneficio de poblaciones indi'genas sin contacto permanente. Sin embargo, se siguen emitiendo dispositivos internos -sin base legal y contradictorios con el Convenio 169- que dificultan el reconocimiento de los derechos territoriales de poblaciones indi'genas (con argumentos como el desconocimiento de la identidad indi'gena basada en rasgos externos como el apellido, el tipo de vestimenta o el uso eficiente del castellano), o recortan sus pretensiones (principalmente el taman~o, la posibilidad de abarcar tierras a ambos lados de un ri'o, etce'tera). *** Con respecto al desarrollo, el Convenio 169 fijaba un criterio nuevo. El desarrollo indi'gena pasaba de ser una imposicio'n gubernamental -con resultados generalmente catastro'ficos- a ser una cuestio'n interactiva, donde los pueblos indi'genas, a trave's de la consulta y una participacio'n entendida en sentido amplio, podri'an expresar sus aspiraciones y necesidades e intervenir como protagonistas de su propio desarrollo. El e'xito de la {un~a de gato}, un producto del que, segu'n la revista Caretas, se exportaron el pasado an~o 726,63 toneladas con un valor FOB de 1.671,249 do'lares, es un ejemplo de las posibilidades de reorientar el desarrollo mirando hacia los indi'genas. Se trata de uno, entre cientos, de los productos de la farmacopea asha'ninka, uno entre varios millares de los productos vegetales utilizados por este pueblo que, es a su vez, uno de los sesenta pueblos originarios de la regio'n amazo'nica, una de las dos grandes a'reas de asentamiento indi'gena en el Peru'. Pero, evidentemente, un desarrollo basado en los recursos de la biodiversidad y en la riqueza de los variados aportes de la sabiduri'a indi'gena no es la apuesta del gobierno. O no lo es si es que no parte de la iniciativa del capital extranjero, como ha ocurrido con la {un~a de gato}. Desde la propia conceptualizacio'n de la pobreza indi'gena hasta las medidas disen~adas para su erradicacio'n, la cultura del Estado se impone como criterio uniforme. Si en las iniciativas para el desarrollo la atencio'n a las demandas indi'genas es muy limitada, es menor au'n la consideracio'n de otras especias de determinacio'n. De hecho, las poli'ticas de ajuste han llevado a gran nu'mero de las comunidades andinas y amazo'nicas a entrar en un circuito de dependencia de los programas de apoyo social, fuertemente politizados e integradores. Dentro del aparato estatal, el tema {poblaciones indi'genas} se encuentra relegado a una Unidad dentro de la Oficina de Desarrollo Productivo de la Gerencia de Desarrollo Humano del Ministerio de la Mujer. La Oficina tiene como finalidad expresa la promocio'n de la integracio'n y el desarrollo productivo de las {poblaciones indi'genas}, categorizadas como un {grupo objetivo}. *** La Direccio'n de Educacio'n Bilinguee ha sido desmantelada y se promueve progresivamente la castellanizacio'n de la educacio'n de los nin~os indi'genas. En la revista Unidad Indi'gena de CORPI- San Lorenzo se informa de un buen nu'mero de profesionales indi'genas de la educacio'n relegados en su aspiracio'n a cubrir plazas de escuelas bilinguees, da'ndose preferencia a profesores hispanohablantes. Es importante considerar que esos nuevos y capaces profesionales han surgido, en buena parte, del propio esfuerzo de las organizaciones indi'genas y del apoyo de la cooperacio'n internacional. Si desde un punto de vista formal la satisfaccio'n del derecho estari'a mejorando en las comunidades indi'genas -considerando el nu'mero de colegios construidos o el grado de escolarizacio'n-, las modalidades educativas encaminan a los escolares indi'genas hacia un limbo sin provecho entre la cultura materna y la cultura oficial. El grado de desercio'n y de fracaso escolar es, comprensiblemente, alto, y limita el acceso de los estudiantes indi'genas a los estudios de niveles superiores. Mientras que en regiones como el Ri'o Tigre, Corrientes y Pastraza -como en otras- se desarrollan enfermedades ende'micas como la hepatitis B., falsiparum, malaria o rabia, sin la menor atencio'n de los servicios estatales, e'stos se presentan impositivamente a las comunidades con programas, no solicitados ni deseados, de planificacio'n familiar, incluyendo aque'llos que se basan en la promocio'n de la esterilizacio'n voluntaria. La promocio'n de la colonizacio'n de {espacios vaci'os}, junto a la promocio'n de esterilizacio'n de los pobladores originarios, deberi'a analizarse en todo su potencial discriminador. Seri'a importante considerar el informe que ha elaborado la organizacio'n AIDESEP en convenio con el Ministerio de Salud en referencia a la prevalencia de marcadores serolo'gicos de hepatitis B y Delta. Se trata de un informe alarmante. En las zonas de estudio, 59,7% de los comuneros analizados han sido infectados y el 9,4% son portadores cro'nicos de una enfermedad, como lo es la hepatitis B., ma's mortal que el SIDA y con un proceso de contagio igualmente veloz. El estudio partio', no obstante, de una iniciativa indi'gena, y se sigue a la espera de las medidas de urgencia que la situacio'n amerita. Si consideramos que muchas de las enfermedades ende'micas que hacen estragos sobre las comunidades indi'genas son nuevas, resultado de las desordenadas poli'ticas de ocupacio'n y explotacio'n amazo'nica y lo poco que esas poblaciones cuentan en la distribucio'n del gasto social, la injusticia de la situacio'n se revela con crudeza. *** Por otra parte, 1996 ha estado marcado por una profundizacio'n de la problema'tica originada en la penetracio'n de las empresas petroleras trasnacionales en los territorios indi'genas. Son ya ma's de veinte las federaciones en conflicto. Las facilidades otorgadas por el gobierno a las empresas se suceden, implementa'ndose medidas de estabilidad juri'dica y tributaria, facilidades y excepciones aduaneras, desregulacio'n del mercado de consumo, facultades para que el contratista pase a ser el duen~o de los hicrocarburos extrai'dos, libre disponibilidad de divisas, consolidacio'n de contratos para fines tributarios, posibilidad de recurrir al arbitraje internacional ante los conflictos contractuales, derogacio'n de normativa de proteccio'n laboral, incremento de la superficie de concesiones, facilidades para la instalacio'n de la infraestructura de transporte y distribucio'n, medidas favorables a las empresas en el re'gimen bancario, de seguros, etce'tera. En esta promocio'n sin barreras, los pueblos indi'genas se han visto inmersos, de forma sorpresiva, en una nueva y grave problema'tica, incluyendo aquellos pueblos sin contactos previos o los pueblos en recomposicio'n tras el periodo de violencia. El contraste entre las casi 18 millones de hecta'reas concedidas a un grupo de veintido's empresas petroleras trasnacionales y los cuatro millones de hecta'reas tituladas a la totalidad de pueblos indi'genas de la Amazoni'a es patente. Pese a que, en un principio, algunas organizaciones se resignan a negociar condiciones mi'nimas, el incumplimiento de los acuerdos y las alteraciones de la paz social que acompan~a a las incursiones petroleras han ido acelerando un proceso de reflexio'n y ana'lisis que ha tenido como resultado una firme reaccio'n frente a los atropellos. Las empresas se han encontrado con una respuesta organizativa inesperada de parte del movimiento indi'gena, una dificultad que habi'a sido minimizada por los promotores estatales. Las denuncias por CORPI del derrame petrolero en el ri'o Rojo; la fuerte posicio'n de la Federacio'n Nativa del Ri'o Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD) en defensa de los pueblos no contactados de Madre de Dios, afectados por incursiones petroleras; las denuncias de los quechuas de lago Anatico (FEDIQUEP) y de las comunidades del Ri'o Tigre y Corrientes (FECONACO y FECONAT) por la contaminacio'n de los ri'os y lagunas como resultado de los trabajos de explotacio'n petrolera, son algunos de los casos concretos en los que se manifiesta que la pasividad no va a ser ya la norma y que todas las partes van a tener que hacer esfuerzos hacia la racionalidad y el equilibrio. Pero si las medidas promocionales fueron muy considerables, la proteccio'n de la actividad petrolera ante las iniciativas indi'genas no se ha hecho esperar. Las empresas han obtenido normas favorables para salir airosas de cada nuevo problema. Un dispositivo anuncia la obligatoriedad de llegar a un acuerdo con la empresa en treinta di'as o, en caso contrario, resignarse a aceptar una servidumbre obligada con amenaza de expropiacio'n. Otro condiciona las posibilidades de denuncia de los delitos ecolo'gicos al dictamen previo las autoridades del sector. Un tercero trata de confundir el compromiso de consulta previa -un procedimiento sen~alado en el Convenio 169, vigente en el Peru'- con la invitacio'n a la presentacio'n, en Lima, de los tecnicismos de los Estudios de Impacto Ambiental. Afortunadamente, algunas iniciativas permiten vislumbrar ciertas esperanzas. Estado, empresas y movimiento indi'gena parecen empezar a comprender que tensionar las situaciones no beneficiara' a nadie, y comienzan a ofrecerse espacios interactivos. La propia instalacio'n de un despacho para los asuntos indi'genas en la Defensori'a del Pueblo es otro aporte de intere's; cabe esperar que su actuacio'n no se reduzca a la proteccio'n de los derechos civiles y poli'ticos, sino que tome en cuenta iniciativas para el desarrollo de los derechos econo'micos, sociales y culturales con los que aque'llos interactu'an. *** Para terminar, importa resaltar dos ocasiones en las que el movimiento indi'gena amazo'nico del Peru' se ha visto reconocido, en el plano internacional, con importantes distinciones a federaciones locales. En un caso, la Organizacio'n Indi'gena de la Regio'n de Atalaya (OIRA) ha recibido el Premio Anti-Slavery en me'rito al proceso de liberacio'n de las comunidades atrapadas en poder de los madereros que tuvo como colofo'n la victoria electoral en los comicios municipales provinciales y distritales de una poblacio'n mantenida durante siglos en condiciones de esclavitud. En el otro, la FENAMAD ha recibido el Premio Bartolome' de Las Casas por su cerrada defensa de los pueblos Yora, Nahua, Amahuaca y Mashco-Piro del Alto Ri'o de las Piedras, voluntariamente aislados y acechados por las incursiones de la actividad petrolera en las tierras de su asentamiento actual. En ambos casos -esclavos en proceso de liberacio'n e indi'genas en extrema vulnerabilidad ante su primer contacto- se evidencia el contraste entre las situaciones que motivaron la premiacio'n y la visio'n de los planificadores del gobierno peruano que, lejos de atender a la realidad de los procesos que se viven actualmente en las zonas marginadas de los Andes y de la Amazoni'a -y que exigen un replanteamiento del tejido social con criterios de justicia histo'rica-, plantea una agresiva e indiscriminada intervencio'n empresarial en la regio'n, al costo (social) que sea. En general, se ha producido un auge de la capacidad de propuesta en el movimiento indi'gena, y el Estado deberi'a estar atento a estas sen~ales. La definitiva seguridad territorial; el desarrollo a partir de la biodiversidad y de la proteccio'n del conocimiento indi'gena; los programas de formacio'n del profesorado bilinguee y otros procesos de formacio'n dirigidos a mejorar y diversificar la capacidad de iniciativas de desarrollo desde las propias perspectivas y necesidades de bienestar; el acceso a la educacio'n, la salud o la administracio'n de justicia tomando como base orientadora el cara'cter pluricultural de pai's; el establecimiento de instancias estatales de consulta y participacio'n, o el acomodo de la legislacio'n a los compromisos internacionales voluntariamente asumidos por el Peru' -como es el caso del Convenio 169-, son, entre otras, propuestas ba'sicas desde las que iniciar un Peru' que seri'a moderno no por la sumisio'n a planteamientos externos, sino por la revaloracio'n de sus propias potencialidades internas. .