NO UNA SINO VARIAS EMERGENCIAS Eduardo Ca'ceres Valdivia APRODEH Quiza's uno de los si'ntomas ma's evidentes de la precaria situacio'n de los Derechos Humanos en el Peru' sea el habernos acostumbrado a medir su vigencia a trave's del recuento de las violaciones : torturas, muertes, desapariciones. En esta o'ptica tener derechos es equivalente a contar con un precario salvoconducto para atravesar un letal campo de batalla. Frente a esta visio'n reduccionista es posible imaginar otra. En ella los derechos antes que meros salvoconductos, son valores que animan la convivencia social. Son expresio'n del mutuo reconocimiento de la dignidad e igualdad intri'nsecas a los seres humanos. Su vigencia se mediri'a antes que por el nu'mero de violaciones o de sanciones a los violadores, por la cultura de una sociedad, es decir por ha'bitos, si'mbolos, relaciones y valores que se expresan en la vida cotidiana. De alli' la creciente referencia a la "cultura de derechos" como una suerte de ima'gen-objetivo de lo deseable en relacio'n con los Derechos Humanos. Ahora bien, esta "cultura de derechos" se construye en el contexto de las tradiciones y desafi'os de una sociedad dada. Y si en las sociedades liberales de tradicio'n individualista la puerta de entrada a la construccio'n de tal "cultura de derechos" es el generalizado reconocimiento del individuo auto'nomo, en sociedades como la nuestra, marcadas por la heterogeneidad cultural, el proceso debera' encontrar sus fundamentos en las diversas experiencias histo'ricas y formas de vida cuya precaria articulacio'n define al Peru'. El reciente trabajo de Sinesio Lo'pez, "Ciudadanos reales e imaginarios" (IDS, 1997), resume bastante bien este proceso relacionando las estrategias de construccio'n ciudadana con las matrices culturales presentes en el pai's. La conclusio'n es clara: en nuestra experiencia la ciudadani'a social ha precedido a la ciudadani'a poli'tica. La vivencia de los "derechos" ha estado vinculada antes que al voto y a las libertades individuales, a la conquista de condiciones de trabajo y vida dignas. Es por ello que la saludable disminucio'n de las gravi'simas violaciones que sacudieron al pai's no debe significar abandonar la preocupacio'n por la situacio'n de los Derechos Humanos en el pai's. Por el contrario, se trata de ampliar la mirada, preguntarnos en torno a la presencia o ausencia de una real cultura de derechos en el pai's. Dado el peso decisivo que lo social ha tenido en el desarrollo de la nocio'n y la vivencia de los derechos, la situacio'n de los derechos econo'micos, sociales y culturales puede ser un buen termo'metro de la situacio'n global. En el mes de mayo de 1997 el Comite' de Naciones Unidas sobre Derechos Econo'micos, Sociales y Culturales aprobo' un conjunto de observaciones sobre el Peru' tras analizar el informe presentado por el gobierno asi' como un informe alternativo elaborado en la Mesa de Trabajo sobre Derechos Econo'micos, Sociales y Culturales promovida por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Se trata de uno de los documentos ma's duros, en te'rminos de cri'ticas, emitido por dicho organismo en los u'ltimos an~os. Asumiendo una perspectiva de conjunto antes que casui'stica, el Comite' expreso' su preocupacio'n por el agravamiento de la exclusio'n social y cultural, por el incremento de la desigualdad econo'mica, por la supresio'n en el texto constitucional de una serie de derechos que estaban presentes en la Constitucio'n de 1979, por la manutencio'n de diversos mecanismos de discriminacio'n por razones e'tnicas o de ge'nero, por la destruccio'n de los derechos laborales, por el deterioro de la calidad educativa y las amenazas sobre los sistemas pu'blicos de salud. Ma's alla' de la enumeracio'n de estos graves problemas, el documento trasluce la preocupacio'n por el desencuentro entre poli'ticas sociales -orientadas a "aliviar la pobreza extrema"- y derechos sociales. Probablemente haya sido la intervencio'n oral del entonces ministro de justicia, Carlos Hermoza Moya, la que hizo tomar conciencia de este anacro'nico desencuentro. Para el vocero de la delegacio'n peruana ante el Comite', no es posible garantizar derechos si "antes" no se erradica la pobreza. Y obviamente para esto basta con programas "focalizados" de "inversio'n social". El consenso contempora'neo -al que no escapa el Banco Mundial- apunta en la direccio'n opuesta. Tras la idea de "erradicar la pobreza" prescindiendo de derechos, se oculta una visio'n reduccionista, meramente cuantitativa de la pobreza. Todas las aproximaciones medianamente serias al tema insisten que la pobreza es un feno'meno de mu'ltiples dimensiones, estructural y subjetivo a la vez. Estructural, en tanto hay condiciones ajenas a los individuos que la reproducen; subjetivo, en tanto se interioriza como anulacio'n de capacidades y debilitamiento de la autoestima. Varios siglos de luchas sociales y debates teo'ricos, llevaron a las sociedades modernas de las "Leyes de Pobres" (propias del s. XVIII) a los Derechos Sociales contempora'neos. La tesis subyacente a este proceso afirma que de lo que se trata no es de "segregar" -en beneficencias, casas de pobres o programas "focalizados"- sino de integrar a trave's del trabajo, la educacio'n, la vida ciudadana a los que se encuentran en una situacio'n de pobreza. Cuando la compensacio'n de la injusticia reemplaza el reconocimiento de derechos estamos lejos de la modernidad en cualquiera de sus variantes. No es casual entonces la particular emapti'a en el caso peruano, entre autoritarismo y "gasto social" pasando por encima de la reto'rica ultraliberal que se predica para un pu'blico ma's restringido. Basta ver cualquiera de los noticieros televisivos para encontrarnos con la imagen del presidente providencial que personalmente atiende las necesidades de los pobres y damnificados. Para justificar el desmantelamiento, se ha dicho que en nuestro pai's los fragmentarios sistemas de derechos existentes eran una traba a la modernizacio'n, un freno al incremento de la productividad. Que, en realidad, ocultaban la pervivencia de rasgos gremiales corporativos y creaban privilegios estamentales orientados a bloquear el progreso y el ascenso social. Ma's au'n: la previsio'n de estos derechos desde el Estado, adema's de gravar innecesariamente a la economi'a, estaba signada por la ineficiencia y el burocratismo. Una de'cada de experimento neoliberal son suficientes para comenzar a verificar las afirmaciones antes sen~aladas. Si los derechos laborales eran la principal traba al incremento de la productividad, hoy, cuando estos han sido pra'cticamente arrasados, deberi'amos estar viviendo el boom de una economi'a altamente competitiva, cuya insercio'n internacional tendri'a como rasgo central un geome'trico crecimiento exportador. Si tales derechos eran en realidad privilegios estamentales, hoy deberi'amos tener un mundo laboral crecientemente diferenciado a partir de la productividad y con ingresos perca'pita acordes con la calificacio'n. La calidad de nuestros servicios educativos y de salud deberi'a haber mejorado al ritmo del crecimiento del mercado, en tanto y en cuanto el incremento de los ingresos de la mayori'a permitiri'a cubrir con fuentes propias lo que antes regalaba el Estado. Esto, evidentemente, no es asi', y no hay el menor asomo de que tal sea el horizonte para los pro'ximos an~os. Lo que se esta' haciendo al liquidar derechos sociales es justamente reforzar el clientelismo. La desproteccio'n extrema no incentiva el riesgo y la innovacio'n: castra las potencialidades creativas, lleva a replegarse en lo ata'vico como lo u'nico seguro. Una vez ma's, la pseudo- modernizacio'n que arcai'za la sociedad. Las ilusiones de algunos discursos recientes no soportan el menor ana'lisis. Menos au'n miradas ma's profundas, como la que lleva a Ce'sar Rodri'guez Rabanal a afirmar: {La propaganda poli'tica celebra la emergencia de un supuesto nuevo peruano, moderno, que destaca por su versatilidad y rapidez, mientras en realidad se trata del agotamiento de sus energi'as fi'sicas y psi'quicas en el desarrollo de estrategias de supervivencia.} (La violencia de las horas. Caracas: Nueva Sociedad, 1995, p. 15). Hace ya buen tiempo Amartya Sen demostro' que la principal explicacio'n en relacio'n al diferente impacto, en te'rminos de mortandad humana, de grandes hambrunas en Asia y Africa es el nivel de capacidades y "derechos"(entitlements) de los que disponi'an las poblaciones afectadas. Lo que nosotros traducimos por "derechos" Sen lo explica como "dominios sobre bienes y servicios". Si el razonamiento de Sen puede extenderse a todo tipo de desastre natural que afecte a una poblacio'n, es indudable que los efectos de la corriente del Nin~o se vera'n incrementados por una poli'tica centralista que veta la participacio'n de gobiernos locales y poblacio'n organizada y pretende hacer de la desgracia ajena ocasio'n para el ejercicio de la beneficiencia. Frente a ello, insistir en una lo'gica distinta de desarrollar la vida social, a partir de derechos que generan responsabilidades, no so'lo es importante, es tambie'n urgente. .