APRODEH, Premio Internacional por la Paz 1998: CONSTRUYAMOS UNA CULTURA DE DERECHOS Por Rosario Narva'ez (*) Al recibir el premio con el que nos distingue la fundacio'n danesa FREDSFONDEN, quienes formamos parte de APRODEH, no podemos dejar de recordar los quince an~os que anteceden a este reconocimiento. An~os oscuros y difi'ciles marcados, la mayor parte de ellos, por el incesante incremento de las violaciones sistema'ticas a los DD.HH. y al DIH, marcados por incertidumbre y amenazas; marcados por al impunidad transformada en ley en julio de 1995. Pero tambie'n, an~os en los cuales la indiferencia y el olvido fueron cediendo lugar a la sorpresa, la indignacio'n y el repudio. An~os en los cuales la valenti'a la tenacidad de muchos familiares, el compromiso de activistas de diversos ori'genes sociales, poli'ticos y religiosos, comenzo' hacer -como nunca antes en la histaria de nuestro pai's - De los Derechos Humanos una asunto pu'blico nacional. Al conversar con mis compan~eros en torno a estas palabras de agradecimiento, recogi' de ellos la idea de que este reconocimiento debi'amos entenderlo como un reconocimiento que rebasa largamente los li'mites de nuestra institucio'n. A trave's de nosotros. Hoy, la fundacio'n FREDSFONDEN, reconoce el compromiso y el esfuerzo de todas las personas e instituciones comprometidas con la causa de los Derechos Humanos en el pai's. De los activistas y familiares, de los abogados y periodistas, de los estudiantes y artistas, de los religiosos y poli'ticos, de los militares retirados y los miles de ciudadanos comunes y corrientes que con su accio'n y su palabra, au'n a costa de su seguridad e incluso de su libertad, han comenzado a transformar la crisis vivida en estos an~os en ocasio'n para sembrar la simiente de un nuevo pai's. Puede parecer parado'jico que este reconocimiento llegue cuando, a primera vista, la situacio'n de los derechos Humanos en el pai's habri'a mejorado de manera sensible. De hecho estamos lejos de aquellos an~os en los que el Peru' se alternaba con Turqui'a en el primer lugar en cuanto a detenidos-desaparecidos en el mundo. Aunque lentamente, parte de los presos inocentes han recuperado su libertad. Sin embargo, el momento no podri'a ser ma's propicio. En primer lugar, porque subsisten gravi'simas situaciones de violacio'n sistema'tica de los derechos Humanos -de las cuales la ma's peligrosa es la impunidad hecha ley-; y en segundo lugar, porque la vigencia de los derechos humanos no puede reducirse a la ausencia de violaciones graves. Tambie'n a partir del terror encubierto y del temor generalizado puede edificarse una apariencia de orden y tranquilidad que no es tal. Para valorar la vigencia de los derechos Humanos en el pai's tenemos que mirara antes que a las estadi'sticas al pai's real, a la manera como los peruanos nos valoramos y valoramos a los otros, al trato cotidiano que el Estado dispensa al ma's sencillo de sus ciudadanos. Tenemos que preguntar a la peruana que hoy tampoco tuvo trabajo y cuyos hijos enfermaron si siente en su situacio'n se esta' vulnerando su condicio'n de humana o si quiza's piensa que sino es consecuencias de un destino adverso al cual so'lo podri'a enfrentar con la ayuda de algu'n benefactor poderoso. Es alli', en la vida cotidiana donde se define la vigencia o no de los derechos humanos en el Peru'. Los desastres naturales que afectan al pai's no han hecho sino sacar a la luz la inmensa precariedad en la cual vivimos los peruanos. El desborde de las urgencias inmediatas -agua potable-, un techo bajo el cual dormir, comida para hoy, algunas medicinas- pareciera hacer superflua la preocupacio'n por la construccio'n de una cultura de derechos en el pai's. En APRODEH estamos convencidos de lo contrario: una sociedad altamente vulnerable frente a cualquier desastre natural. A una sociedad sin derechos -"todos y para todos"- le costara' mucho ma's reconstruirse y tendera' ma's bien a recurrir a la beneficencia ajena y someterse al clientelaje. Al igual que quienes redactaron hace ma's de doscientos an~os la declaracio'n francesa de los derechos del hombre y del ciudadano, seguimos pensando que "la ignorancia, el olvido y el desprecio de los derechos del hombre son las u'nicas causas de las desgracias pu'blicas y de la corrupcio'n de los Gobiernos". Es por ello que, al recibir este reconocimiento por el trabajo desarrollado en estos an~os, nos ratificamos en nuestra voluntad de contribuir a la construccio'n de una cultura de derechos en el pai's, componente indispensable de la equidad social. Hoy no podemos dejar de recordar a los miles de activistas de esta causa que, a lo largo y ancho del mundo, confrontan amenazas, persecucio'n, prisio'n y maltratos. Menos au'n podemos dejar de recordar a quienes como Angel Escobar Jurado, secretario del Comite' de Derechos Humanos de Huancavelica y a Mari'a Elena Moyano, quienes con su vida dieron fe de un compromiso con la causa de los derechos humanos. Es por ello que nos aunamos a la exigencia de que este 50 aniversario de la declaracio'n universal de los DD.HH, las naciones unidas aprueben mecanismos de proteccio'n para el trabajo de derechos Humanos y de sancio'n a quienes obstaculicen. Asi' mismo, dado nuestro compromiso con la lucha por la verdad y la justicia, contra la impunidad en cualquiera de sus formas, quisie'ramos llamar actuar en funcio'n de garantizar que este an~o se constituya el Tribunal Penal Internacional y que se aprueben los principios para la proteccio'n y a Promocio'n de los DD.HH. mediante la lucha contra la impunidad. Es decir que se garantice de manera universal, y de una vez y parta siempre el derecho a saber -por parte de las vi'ctimas y sus familiares, asi' como la sociedad en su conjunto-, el derecho a la justicia -a una justicia equitativa y efectiva-, el derecho a obtener reparacio'n, y el derecho a que las violaciones no se repitan nunca ma's. Hace cincuenta an~os, tras la trauma'tica experiencia de dos guerras mundiales, los estados subscribieron una declaracio'n que buscaba plasmar una de las utopi'as ma's audaces del mundo moderno: una convivencia basada en el mutuo reconocimiento de la dignidad humana, el respeto y la tolerancia, la vigencia de todos los derechos para todos. El tiempo recorrido nos ha permitido comprobar las enormes dificultades para plasmar estos ideales. Pero tambie'n, nos ha permitido ratificar la intuicio'n ba'sica que subyace a esta utopi'a: se trata de una profunda e incuestionable aspiracio'n humana. Y quiza's sea por eso que, a pesar de dificultades y reveses, se trata de una causa que nos conmueve y nos entusiasma. Muchas gracias a los amigos de FREDSFONDEN por este reconocimiento, a todos y cada uno de ustedes, que nos han acompan~ado a lo largo de estos quince an~os. Ojala' algu'n di'a nuestro pai's pueda recibir un premio mucho mayor: el de ser un pai's en el que los derechos humanos se respetan y es posible construir caminos propios hacia la felicidad .