UNA TAREA INCONCLUSA El respeto de los derechos humanos ha hecho inmensos progresos, afirman unos. Para otros, en cambio, no so'lo se los sigue vulnerando en todas partes, sino que el resurgimiento casi mundial del liberalismo amenaza los logros de los cincuenta u'ltimos a+/-os. Avances en algunos sitios, retrocesos en otros, y por doquier nuevas reivindicaciones. Pero a medida que las sociedades cambian, +quie'n lucha hoy di'a y con que' armas para defender la dignidad humana y hacer realidad la aspiracio'n universal a un mundo mejor? +Que' hacen los Estados, los ciudadanos, las instancias internacionales para promover derechos de los que au'n esta' privada gran parte de la humanidad? +La mundializacio'n facilita ese combate o lo entorpece? Una sola certeza en este mar de preguntas: el largo combate para obtener "todos los derechos para todos" esta' lejos de haber concluido. LA LARGA MARCHA La defensa de los derechos humanos es un combate interminable. Frente a todas las arbitrariedades, pero tambie'n frente a los nuevos desequilibrios que amenazan los logros obtenidos, la sociedad civil internacional se moviliza. Los conflictos armados, las violaciones flagrantes y sistema'ticas de los derechos humanos y la negacio'n de las libertades fundamentales siguen a la orden del di'a en diversos lugares del mundo. +Que' para'metros permitiri'an determinar la situacio'n actual de esos derechos y libertades? Dejemos de lado una visio'n cuantitativa que tiende a contabilizar las violaciones y los atropellos que se cometen a diario. Esa aproximacio'n es equi'voca, pues es indudable que, entre la ausencia de matanzas, de desapariciones forzosas o de detenciones arbitrarias y la plena vigencia de los derechos humanos, son in~umerables las situaciones intermedias, aque'llas en las que la ausencia del delito no supone el imperio de la justicia. La intimidacio'n, el chantaje, la complicidad pueden tambie'n dar una apariencia de orden. La Declaracio'n Universal de los Derechos Humanos, sus pactos y otros instrumentos y mecanismos internacionales constituyen el correlato normativo y teo'rico de conquistas tangibles y de una ampliacio'n sistema'tica de la nocio'n de derechos humanos en el transcurso de las cinco u'ltimas de'cadas. Aprobada el 1948 por la comunidad internacional cono una norma comu'n de aplicacio'n que reconoci'a la dignidad inherente y los derechos inalienables de todas las personas en todos los pai'ses, la Declaracio'n Universal respondio' en su di'a al clamor mundial para que se pusiera fin a los horrores de las guerras mundiales. Ma's tarde, el combate por los derechos humanos fue tambie'n un arma poderosa para acabar con regi'menes totalitarios con los de Europa del Este, con dictaduras militares sangrientas en todos los continentes y para limitar o frenar el autoritarismo de gobiernos nacidos de democracias formales. Esa lucha ha sido en ocasiones portadora de democracia, entendida no so'lo cono re'gimen de gobierno, sino con espacio para el ejercicio de las libertades fundamentales. Todos recordamos co'mo la opinio'n pu'blica internacional contribuyo' con su insistente reclamo en favor de los derechos humanos a la cai'da de regi'menes como los de Marcos en Filipinas, Somoza en Nicaragua, Pinochet en Chile, Pol Pot en Camboya o el apartheid en Suda'frica. "Todos los Derechos para Todos" es en definitiva lo que expresa la declaracio'n Universal que sigue siendo la fuente de inspiracio'n o el patro'n por el que medimos nuestros logros. Ningu'n Estado le iega validez y todos los pai'ses la han suscrito. Pero, +significa ellos algo ma's que un mero reconocimiento formal? Cuando los estados suscriben la Declaracio'n Universal, asumen el compromiso de hacer efectivos los derechos expli'citamente formulados en sus arti'culos, de garantizar sus vigencia y sancionar a quienes los violen. Hay una tendencia general en el mundo a integrar esos instrumentos internacionales no pase de ser una mera aspiracio'n. No es entonces la existencia de textos constitucionales lo que define de democracia, sino la instauracio'n de un Estado de derechos con las instancias y los recursos que garanticen su aplicacio'n en provecho de los ciudadanos. No obstante, frente a una opinio'n internacional cri'tica y alerta, ningu'n Estado, gobernante, autoridad poli'tica, militar o judicial se atreveri'a hoy a negar la existencia de esos derechos fundamentales. Ahi' reside el avance ma's importante de los u'ltimos a+/-os: el nivel de conciencia que han alcanzado millones de individuos en el mundo entero. Ciudadanos de los rincones ma's apartados que desconocen el texto de la Declaracio'n Universal, reivindican los "derechos humanos", como hemos comprobado n numerosas comunidades campesinas de la regio'n andina de Ame'rica Latina. Gracias a la existencia, el dinamismo y la voluntad reivindicativa de miles de asociaciones - desde la accio'n de familiares de las vi'ctimas de violaciones a las organizaciones con un radio de accio'n internacional - se han ganado batallas que pareci'an perdidas de antemano. Presenciamos la emergencia de una cultura mundial de los derechos humanos basada en el reconocimiento impli'cito de que las organizaciones de ciudadanos ejercen un derechos de "vigilancia" frente al comportamiento de los Estados. Esa conciencia cada vez ma's aguda de la sociedad civil no puede dejara de repercutir en as poli'ticas de los gobiernos. De ahi' que otro a'mbito en el que se constatan avances es el de los mecanismos e instrumentos juri'dicos internacionales establecidos con el consenso de la mayori'a de los ai'ses. Un claro ejemplo: la lucha de las mujeres por la superacio'n de las discriminaciones de que son objeto. La proclamacio'n por las Naciones Unidas de una declaracio'n especi'fica de proteccio'n y reconocimientos de los derechos de la mujer, en 1967, asi' omo la conferencia de Beigin en 1995 y la puesta en marcha de sus acuerdos han sido algunos de los jalones internacionales en el avance social de la mujer debidos en gran parte a la accio'n de militantes en el terreno. Pero la aparicio'n de una conciencia e'tica mundial va acompa+/-ada de nuevas fracturas que esta'n transformando el panorama poli'tico y econo'mico del planeta. Globalizacio'n acelerada, revalorizacio'n del mercado en detrimento de su regulacio'n social y estatal, preeminencia de la productividad y la competitividad sobre la equidad, debilitamiento de los Estados-nacio'n, emergencias de nuevos bloque econo'micos, son algunos de los aspectos ma's evidentes de esa transformacio'n. El proceso de globalizacio'n no es por el momento sino'nimo de acceso de todos a uno valores universales comunes. Pero, a la vez que acentu'a la exclusio'n y la polarizacio'n, ese proceso actual de globalizacio'n crea un escenario que favorece el fortalecimiento de mecanismos internacionales de proteccio'n de los derechos humanos. Esa es una de las principales ambig^nedades de la situacio'n actual con la que habra' que contar en el futuro, pues esta' modificando la percepcio'n que los sujetos tienen de sus derechos, asi' como los escenarios para los ejercicios de los mismos. Cabe preguntarse entonces si en los u'ltimos diez a+/-os de cruzada liberal las libertades y lo derechos fundamentales han progresado de manera significativa. La respuesta es en general negativa, entre otras cosas porque lo que esta' reemplazando al Estado fuerte no es un Estado peque+/-o pero eficaz, sino un Estado de'bil, que tiende a gobernar basa'ndose e los vi'nculos poli'ticos, la corrupcio'n y el clientelismo. En este nuevo escenario hay que poner de relieve dos aspectos esenciales para el avance de los derechos humanos en el mundo: la lucha contra la impunidad y el reconocimiento del cara'cter indivisible de aque'llos. Son frecuentes las maniobras juri'dicas y propagandi'sticas, a menudo ilegales y violentas, para proteger a los responsables intelectuales, materiales o poli'ticos de espantosos cri'menes contra las personas y contra la humanidad. La impunidad ha llegado a otorgarse por ley para liberar de responsabilidad a instituciones militares en su conjunto. En la mayori'a de los casos el otorgamiento de la impunidad ha sido el resultado de negociaciones entre gobiernos elegidos democra'ticamente y militares que abandonaban el poder, o entre organizaciones militares insurgentes y gobiernos de transicio'n tras periodos de violencia interna (como fue el caso entre las guerrillas de El Salvador y Guatemala con sus respectivos gobiernos y fuerzas militares). Superar la impunidad requiere medidas concretas para que se conozca la verdad, se haga justicia y se otorgue adecuada reparacio'n a las vi'ctimas o a sus familiares. Para el progreso de la humanidad, para la reconciliacio'n, para poder dar vuelta a la pa'gina, "hay que haberla leido antes". Ello remite tambie'n a la constitucio'n de un nuevo orden internacional, ya que los mecanismos de la impunidad y la arbitrariedad actu'a tambie'n a nivel de la comunidad mundial y las grandes potencias modifican a menudo las reglas de juego en funcio'n del oportunismo poli'tico o de los imperativos econo'micos, condenando o absolviendo los cri'menes de los Estados segu'n se trate de pai'ses "enemigos" o de eventuales "aliados". En cuanto al principio de indivisibilidad, expresa en primer te'rmino el rechazo de una jerarquizacio'n de los derechos humanos junto con el reconocimiento de la relacio'n diale'ctica entre las libertades individuales y las condiciones indispensables para su ejercicio. En ese sentido, la pe'rdida de derechos econo'micos, sociales y culturales que afecta a los trabajadores de casi todos los pai'ses es uno de los aspecto actuales ma's preocupantes. La disminucio'n del nivel de ingresos, las deplorables condiciones laborales, la inestabilidad, la pe'rdida de previsio'n social para millones de personas, que se traducen en un feno'meno creciente de exclusio'n, constituyen un retroceso significativo en la medida en que el subdesarrollo ofrece un terreno propicio a las violaciones de los derechos fundamentales y retrasa el surgimiento de una sociedad civil capaz de dialogar con el Estado. Detra's de ello no so'lo esta' un modelo que favorece el individualismo o el "sa'lvese quien pueda", sino una ausencia de proteccio'n juri'dica como la que existe para los derechos civiles y poli'ticos. El cincuentenario de la Declaracio'n Universal el pro'ximo 10 de diciembre es una ocasio'n para considerar los logros alcanzados y renovar el compromiso de la comunidad internacional y de los ciudadanos frente a la ingente tarea que nos espera. A diario la lectura de los perio'dicos, las ima'genes de la televisio'n nos recuerdan que no existen razones para la autocomplacencia o la satisfaccio'n. Pero la movilizacio'n eficaz y cada vez ma's intensa de los defensores de los derechos humanos, en las ligas nacionales o en las organizaciones mundiales, a menudo a riesgo de sus vidas, constituyen tambie'n un motivo de esperanza. Confirman que lospueblos ya no esta'n dispuestos a abandonar en manos de gobiernos o instancias internaciones el logro de su aspiracio'n a un mundo ma's justo, ma's fraterno y ma's solidario. MU'LTIPLES TRATADOS... POCO RESPETADOS Si todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas decidieran respetar las reglas internacionales sobre derechos humanos dictadas despue's de la Declaracio'n Universal de 1948, sus ciudadanos vivirian a salvo de la arbitrariedad. Desde hace medio siglo han sido firmadas y ratificadas decenas de convenciones, pactos y declaraciones dirigidos todos a proteger a individuos y grupos de las violentas poli'ticas econo'micas de que podri'an ser vi'ctimas. Contrariamente a lo que podri'a hacer pensar el deterioro de las condiciones de vida de buena parte del planeta, las Naciones Unidas se preocuparon, desde comienzos de los an~os cincuenta,de reforzar la legislacio'n nacional en materia de derechos econo'micos y sociales. Este es el terreno en el que se firmaron los primeros tratados, entre los que cabe mencionar el Convenio sobre la libertad sindical y la proteccio'n del derecho de sindicacio'n (1948), seguido muy pronto por el Convenio sobre igualdad de remuneracio'n (1951) y el relativo a la abolicio'n del trabajo forzoso (1957). Pero no por eso fueron olvidados los derechos civiles: el Convenio de ginebra relativo al trato de los prisioneros de guerra fue firmado en 1949 y la Convencio'n internacional sobre la eliminacio'n de todas las formas de discriminacio'n racial fue aprobada en 1965. Los derechos de las mujeres tambie'n fueron reconocidos muy pronto por textos internacionales como la Convencio'n sobre los derechos poli'ticos de la mujer (1952) o la Convencion sobre el consentimiento para el matrimonio, la edad mi'nima para contraer matrimonio y el registro de los matrimonios (1952). Hubo de esperar sin embargo hasta 1966 para que dos textos esenciales, el Pacto internacional sobre derechos civiles y poli'ticos y el relativo a los derechos econo'micos, sociales y culturales, fueran promulgados por las Naciones Unidas. Desde entonces, la accio'n normativa internacional en materia de derechos humanos no se ha interrumpido, de la Convencion sobre la eliminacio'n de todas las formas de discriminacio'n contra la mujer (1979) a aquella contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (1984) y la Convencio'n sobre los derechos del nin~o, adoptada por notable unanimidad en 1989. Mas de treinta convenciones, sin contar la Declaracio'n Universal, los dos pactos de 1966 y las in~umerables declaraciones sin caracter obligatorio fueron asi' aprobadas desde 1968. Los Estados en su mayori'a han firmado y ratificado esos textos que los comprometen. Pero eso no quiere decir que los respeten. En efecto, pueden eludir legitimamente la norma comu'n gracias a la pra'ctica sumamente co'moda de las reservas, que permite a un Estado rechazar ciertas disposiciones del tratado aceptando sin empbargo las demas. Es asi' como la casi totalidad de los pai'ses musulmanes han emitido, en nombre del respeto de los principios isla'micos, reservas a las convenciones relativas a la mujer firmadas por ellos, priva'ndolas asi de su sustancia. Los Estados que han aceptado las convenciones en su totalidad y que han incorporado las disposiones pertinentes en sus legislaciones nacionales son en realidad muy pocos. Los demas han estampado en ellas su firma de mala gana y utilizan todos los recursos del procedimiento internacional para hacer que, en sus pai'ses, sean nulas y sin ningu'n valor. FRANCISCO SOBERON. Presidente de la Asociacio'n Pro Derechos Humanos (Peru'). Vicepresidente de la Federacio'n Internacional de los Derechos Humanos .